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UNA NUEVA ETAPA EN LA CRISIS CAPITALISTA |
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"Del tifón en el Sudeste Asiático, Norteamérica y Europa han sentido apenas una brisa. Esta es en resumidas cuentas, la opinión oficial sobre la crisis financiera que ha deparado pérdidas en la zona considerada hasta ahora la más dinámica de la economía mundial. Es una opinión confortable, pero no inverosímil y tampoco es la única posibilidad". (Financial Times, 2/1/98) Temores crecientes ante la
recesión Poco después del crash bursátil
de octubre de 1997, Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal de EEUU,
pronunció un discurso en una cena de caridad en el que aseguraba a los
ilustres invitados que todo estaba bien y la economía americana estaba
"impresionante". Las optimistas declaraciones de Greenspan,
Clinton y otros tras el crash eran previsibles, imaginan que la causa de la
crisis es subjetiva, debido al ambiente entre los inversores
("confianza"). Lo que no sabían los invitados de Greenspan es
que, incluso mientras estaba hablando, un ayudante estaba pasándole
subrepticiamente datos sobre el estado del mercado, así podría considerar
el efecto de cada una de sus palabras. Este pequeño detalle en sí mismo es
suficiente para mostrar el extremo nerviosismo de la burguesía americana. Más
tarde la bolsa se recuperó, principalmente por el gran número de pequeños
inversores que fueron persuadidos para comprar acciones en un mercado
decadente, después que los grandes monopolios hubiesen vendido ya sus
acciones días antes, esta recuperación, sin embargo tiene un carácter
inestable y temporal. La caída de Wall Street, a
pesar de todos los intentos de restarle importancia fue seria. Históricamente,
el Dow Jones cambia diariamente entre el 1 y 2 por ciento. El lunes 27 de
octubre sufrió una caída del 7 por ciento, la doceava peor caída de su
historia, aunque menor que el espectacular crash de octubre de 1987. La
subida del martes fue del 4,7 por ciento, un buen paso adelante, que sin
embargo no recuperó el terreno perdido. A pesar de esto las acciones de
EEUU siguen sobrevaloradas en extremo. Este hecho en sí mismo es suficiente
para asegurar una nueva caída más severa en el futuro, y probablemente no
demasiado lejos. Impresionados como nunca, los
economistas del denominado "nuevo paradigma", rápidamente
decidieron que el crash era una "sobre-reacción". ¡No hay nadie
más ciego que el que no quiere ver!. Esgrimen que el perjuicio será
insignificante ya que sólo el 4 por ciento de las exportaciones
estadounidenses va a Indonesia, Tailandia, Malaisia y Filipinas. La única
razón para el crash según ellos es la sobrevaloración de la bolsa. Según
Stephen Roach, economista de Morgan Staley Dean Witter: "No cuesta
mucho descarrilar un mercado que ha ido a la luna". (Time magazine,
10/11/97) Wall Street decidió que el
crash era una "cosa del mercado", exclusivamente causado por el
elevado valor de las acciones y que no tenía nada que ver con la economía
real. Es verdad que la manía de comprar y vender acciones tiene una dinámica
propia, separada y aparte de la economía real. Sin embargo, no es verdad
que las dos cosas estén totalmente separadas y que una no pueda tener
efecto sobre la otra. Las inquietudes sobre el estado de la economía real,
en determinadas condiciones, pueden traducirse en pánico por vender y
comprar en la bolsa. En una lógica perversa, cuando el desempleo cae en
EEUU, las acciones también caen. Este hecho es en sí una contundente
confirmación de que los intereses de los trabajadores y los capitalistas
son completamente antagónicos. La noticia de más empleos es buena para los
trabajadores y parados, pero es tomada como mala noticia para los
propietarios de acciones, preocupados porque el menor desempleo conduzca a
una presión para subir los salarios y (supuestamente) los precios; también
es verdad a la inversa. Crisis bursátil y recesión Mientras no toda crisis bursátil
conduce a una recesión, en determinadas circunstancias, una cosa puede
conducir (con la demora de algunos meses) a la otra. Desarrollaremos esto más
tarde. Tras el shock inicial, los
capitalistas templaron sus nervios. Por todos los lados vemos declaraciones
de aliento, Clinton nos recuerda que "las bases de la economía
americana están sanas", "no hay motivos para pensar que la bolsa
estadounidense vaya a encaminarse hacia la baja". Según el economista
Allen Sinai de Primark Decision Economics, "la economía USA no va a
ser golpeada por la crisis asiática". Y por último Alan Greenspan, el
mismo hombre que advertía hace doce meses de la "irracional
exuberancia" de la bolsa se apresuró a tranquilizar los nervios de
Wall Street. "Nuestra economía ha gozado de un largo período de buen
crecimiento económico, unido no casualmente a una baja inflación. La
Reserva Federal está dedicada a prolongar este rendimiento". Es interesante comparar estas
tranquilizadores opiniones con los discursos realizados por los economistas
y políticos burgueses, antes, durante e incluso después del gran crash de
Wall Street de 1929. "Representantes de los
treinta y cinco grandes empresas de información bursátil se reunieron en
las oficinas de Hornblower and Weeks y hablaron con la prensa sobre la
marcha de la bolsa, describiéndola como ‘fundamentalmente fuerte’ y que
estaba ‘técnicamente en las mejores condiciones que ha estado en
meses’. Era opinión unánime de todos los allí presentes, que lo peor
había pasado. La firma anfitriona envió una carta al mercado en la cual
afirmaba que ‘comenzando con el comercio, hoy el mercado debería poner la
base para el avance constructivo que creemos caracterizará los años 30’.
Charles E. Mitchell anunció que el problema era ‘puramente técnico’ y
los ‘cimientos permanecían intactos’". (J.
K. Galbraith, The Great Crash 1929). "Eugene M. Stevens,
Presidente del Continental Illiniois Bank dijo: No hay nada en la situación
de los negocios para justificar el nerviosismo’. Walter Teagle dijo que no
se ha producido un ‘cambio fundamental’ en los negocios del petróleo
para justificar tal preocupación’. Charles M. Schwab afirmó que los
negocios del acero han conseguido ‘avances fundamentales’ para conseguir
la estabilidad y agregó que esta ‘situación de fortaleza era responsable
de la prosperidad de la industria’. Samuel Vauclain, Presidente de Baldwin
Locomotive Works, declaró que ‘los cimientos son fuertes’, el
Presidente Hoover dijo que ‘los negocios fundamentales del país, es
decir, la producción y distribución de mercancías, es una base próspera
y fuerte". (Ibid). La descripción de Galbraith
del ambiente de Wall Street tras el crash inicial parece que ha sido escrito
ayer: "Casi todos creían que
la plegaria celestial había pasado y que ahora podría reanudarse la
especulación seria. Los periódicos estaban llenos de perspectivas bursátiles
para la siguiente semana, las acciones volvían a ser baratas y por
consiguiente existía una fuerte demanda de compra, numerosos relatos de las
agencias de corretaje, algunos de ellos inspirados, tuvieron el fabuloso
efecto de incrementar el volumen de órdenes de compra, que se iban
amontonando incluso antes de la apertura de la bolsa. El lunes, en una campaña
orquestada de propaganda en los periódicos, las empresas de bolsa animaban
a recuperar la cordura en los negocios rápidamente. ‘Creemos’, decía
una empresa, ‘que el inversor que persigue seguridad en este tiempo, un
instinto que es siempre una condición de inversión prudente, debería
hacerlo aún con más confianza’. El lunes comenzó el auténtico
desastre". (Ibid). Los tiempos pueden haber
cambiado, pero el sistema y la mentalidad de sus representantes es
exactamente la misma. La efectividad de este tipo de discursos terapéuticos
en prevenir una recesión es la misma que la del hechizo del curandero para
curar el cáncer. Greenspan, olvida sus primeros avisos, y ahora dice que la
caída en el valor de las acciones es un "acontecimiento
saludable". Pasa por alto el hecho de que hace un año cuando públicamente
advertía de la "irracional exuberancia", el índice Dow Jones había
alcanzado la marca récord de 5.000, antes del presente crash había
alcanzado los 8.000, e incluso ahora permanece por encima de los 7.000. Esta
situación sigue siendo un desafío a las leyes económicas de la gravedad,
además el aumento de órdenes de compra le empujará más al alza,
preparando el camino para nuevas y más catastróficas caídas. Greenspan es
evidentemente consciente de esto, pero en determinadas circunstancias la
discreción es la mejor forma de valor. "Como un encantador de
serpientes Greenspan llevó al mercado a un estado catatónico con sus
palabras. ¿o acaso los inversores estaban simplemente exhaustos?. (Time
Magazine, 10/11/97). Indudablemente el último factor fue más importante
que el primero, pero al igual que los salvajes primitivos cuyas vidas están
amenazadas por fuerzas invisibles e incomprensibles, la burguesía está
también preparada para creer en milagros. Es verdad que la actual situación
tiene diferencias importantes con 1929, pero decir esto es decir muy poco.
Cada período del capitalismo tiende a ser diferente a cualquier otro período,
una vez dicho esto, la historia de los ciclos económicos y crash bursátiles
presentan fenómenos similares. La diferencia con el período actual es
esencialmente que el nivel de desarrollo del capitalismo es mucho mayor,
cada vez se ven afectadas más sumas de capital, y la escala potencial para
el desastre es mayor. The Economist, en su Informe del mundo, 1998, señala: "Para finales de 1998 la
industria de sociedades de fondos inmobiliarios dirigirá más fondos que
los existentes en todo el sistema bancario americano, cerca de 4.6 billones
de dólares. El sector de fondos inmobiliarios tiene más de la mitad de sus
activos en acciones, unos treinta millones de americanos poseen ahora
acciones, comparado con los tres millones de antes de la segunda guerra
mundial". (El subrayado es nuestro) "La capitalización del
mercado de valores americano ha aumentado por encima de los 9 billones de dólares,
un nivel igual al 115% del PIB comparado con la anterior cima, el 82% en
1929, en sesenta años sólo ha variado un 48%". La situación de la bolsa USA
tiene muchas similitudes a la situación en vísperas de 1929. Los valores
de las acciones en la bolsa de Nueva York están sobrevaloradas en extremo,
y existe un gran nivel de endeudamiento. Aunque en la actualidad los
economistas afirman que la crisis bursátil no afecta a la economía real,
esto está lejos de la realidad. Una crisis en la economía real puede
provocar un crash en la bolsa, pero en determinadas circunstancias, el
proceso puede producirse a la inversa, como vimos en 1929. El hecho de que
la burguesía se las haya arreglado para eludir una recesión a gran escala
tras el crash de 1987, ha creado una equívoca sensación de seguridad. Los
economistas burgueses defensores del llamado Nuevo Paradigma Económico
toman esta situación como una norma, igual que los generales durante la
segunda guerra mundial que la imaginaban como una lucha en las trincheras. Este optimismo superficial
carece de una base real, aunque es imposible predecir con un grado de
certeza las alzas y bajas de la bolsa, es perfectamente posible predecir la
inevitabilidad de una nueva crisis incluso más severa en los próximos
meses, finalizando en un crash serio en un determinado momento. Es
extremadamente dudoso que los llamamientos a la calma, basados en unas
"supuestas bases fuertes", tenga el mismo efecto sobre los pequeños
inversores en vísperas de una caída seria, cuando sea más evidente que la
situación no está bien en absoluto. En tales condiciones, un crash bursátil
en América tendría serias consecuencias en el mercado interno, y por
consiguiente en el mercado mundial, la inversión sufriría una profunda caída
provocando una recesión. La economía USA ¿Cuánto hay de verdad en
las tranquilizadoras promesas sobre la "solidez" de la economía
USA?. El actual boom ha durado ya seis años y medio (en EEUU), bastante
largo para los niveles de la posguerra, y existen algunos índices que
sugieren que aún queda algo de vida en él. Las ventas de casas están
creciendo todavía en su tasa más alta en diecinueve años; la tasa de
inflación fue del 1,4 por ciento durante el último trimestre, menos de la
mitad que la tasa de 1996. A pesar de la victoria de los trabajadores de UPS
en verano, y los avisos de economistas como Stephen Roach de una
"reacción obrera", los costes salariales siguen manteniéndose,
durante el tercer trimestre de 1997 aumentaron sólo el 0,8 por ciento, y el
desempleo ha caído al nivel más bajo durante una generación. Los
beneficios empresariales permanecen altos superando las estimaciones
trimestrales por decimonovena vez, y el gobierno informó que el déficit
presupuestario del año fiscal 1997 se redujo a 22.600 millones de dólares,
el menor desde 1974 y mejor de lo esperado. El déficit presupuestario se
ha reducido por un lado debido al crecimiento económico y a los mayores
ingresos por impuestos, y por el otro al recorte en los gastos del sistema
de welfare, que ha afectando a los sectores más pobres y depauperados de la
sociedad americana. Se calculaba que las ganancias de capital del sector de
sociedades de inversión y programas de compra de acciones estimulará los
ingresos por impuestos en más de 100.000 millones de dólares y empujará
los gravámenes fiscales del PIB por encima del veinte por ciento, la
tercera vez en la historia americana si excluimos el tiempo de guerra. Esto
podría suponer que el déficit presupuestario federal bajase del 0,5% del
PIB, la sexta parte de Alemania, Gran Bretaña o Francia. Pero tras estas idílicas
imágenes existe el oculto temor de que esta situación no pueda durar.
Clinton sueña con liquidar el déficit presupuestario, como el resto de sus
amigos europeos, pero una nueva recesión echará abajo todo el esquema. Los economistas burgueses
serios como Stephen Roach han admitido lo que los marxistas afirmamos hace
un tiempo, que el actual boom se ha logrado a expensas de la clase obrera,
del aumento colosal de la explotación para generar enormes beneficios a
costa de los nervios y extenuación física de los trabajadores con largas y
duras jornadas laborales en malas condiciones a cambio de bajos salarios.
Marx lo describió como plusvalía absoluta: las horas extraordinarias,
trabajar los fines de semana, sin vacaciones, dos o tres empleos, etc., y
plusvalía relativa, la intensificación de la explotación a través de la
presión en los ritmos de trabajo, aumento de la productividad en menos
horas de trabajo etc., Este es el secreto de la
"explosión de productividad" que ha tenido lugar, y no sólo en
EEUU. Pero esto tiene sus límites, por un lado existe un límite físico; sólo
hay 24 horas en el día y los nervios y fortaleza muscular del trabajador
pueden utilizarse durante un tiempo determinado. La insoportable tensión
puesta sobre los trabajadores y sus familias está atizando un descontento
colosal, frustración y furia que en un cierto momento provocará una reacción.
La huelga de UPS fue sólo un anticipo de esto, si el boom se extiende
durante un período más, bajando el desempleo, inevitablemente conducirá a
nuevas huelgas, donde los trabajadores se esforzarán por ganar lo que han
perdido en el último período. Esto tendrá un efecto sobre los márgenes
de beneficio en un estrecho mercado donde no es posible aumentar los
precios. La presión de las importaciones baratas de Asia agravará la
situación, e inevitablemente conducirá a la exigencia de demandas
proteccionistas por parte de los manufactureros americanos. En su libro La muerte de la
economía, Paul Ormerod señala los efectos de un colapso en los valores de
la bolsa en una economía con un alto nivel de deuda: "El propio Keynes, en un
párrafo del capítulo final de la Teoría General, reconocía la
importancia de las fluctuaciones en el valor de la bolsa sobre el gasto del
consumidor, particularmente en los Estados Unidos. Afirmaba que, en especial
si la gente ha pedido prestado dinero para comprar acciones, la caída de
las bolsas podría intensificar una recesión. Pero no utilizó este
argumento con la fuerza suficiente en el debate sobre el efecto pigou". "El economista americano
James Tobin reavivó esa idea hace diez años, y Edmond Malinvaud, un
distinguido economista francés, que recientemente ha avisado a la Comisión
Europea sobre los peligros prácticos de tal efecto en las actuales
circunstancias. Pero en general, los economistas teóricos han ignorado este
punto, a pesar de su relevancia en estas circunstancias, y en particular en
aquellas economías donde los niveles de deuda son mayores en relación a
los ingresos, Japón, América y Gran Bretaña son los principales
ejemplos". "Cuanto más baja es la
tasa de inflación peor es la situación de los deudores. Si la inflación
se convierte en negativa y el nivel de los precios cae, el problema se
agudiza. Y potencialmente se agrava más en la actualidad por el hecho de
que los precios de muchos de los fondos que poseen la gente y las empresas,
como los depósitos bancarios, no están fijados en términos monetarios.
Comparado con los años treinta, por ejemplo, mucha más gente posee casas,
cuyos precios de los cuales pueden caer tanto como suben". (Paul
Ormerod, The Death of Economics). Incluso dejando a un lado la
cuestión de Asia, tras seis años y medio, el boom en los EEUU
probablemente estaría cerca de su fin. El boom bursátil, que favorece la
especulación sin freno y la consecuente sobreproducción, son elementos que
precisamente pueden verse en el pico del ciclo económico, justo antes de
una recesión. Esto ya fue señalado muchas veces por Marx, y los más
perspicaces economistas burgueses también lo comprenden: "Pero incluso si esa
cadena de acontecimientos nunca ocurriese, algunos analistas creen que los
EEUU están encaminándose hacia una recesión, o una caída severa en 1998.
Si están en lo cierto, el hundimiento del lunes habría sido el primer
disparo del arco proverbial, junto a otros que le seguirán. Aquellos que rápidamente
despacharon la caída de la bolsa y están ahora alardeando de comprar, en
el fondo podrían encontrarse con que están equivocados". (Time
magazine, 10/11/07). Un factor es el nivel de
endeudamiento de los consumidores en EEUU. Según Ron Reuss, economista de
Piper Capital Management de Minneapolis, la mitad de las unidades familiares
con menos de 50.000 dólares de ingresos anuales tienen una deuda no
hipotecaria igual al 24 por ciento de su sueldo neto, algo que nunca ha sido
tan alto. Esta situación se está expresando ya en el aumento de
bancarrotas y el crecimiento más lento del crédito al consumo, que está
ahora sólo el 5% anual, comparado a la cifra más normal del 10-15% en un
boom. En este y otros aspectos para muchos trabajadores el actual boom lo
sienten como una recesión. Dado el elevado número de créditos al consumo
y el de ciudadanos norteamericanos que ahora tienen parte de su riqueza en
acciones (diez veces mayor más que antes de la guerra), una bajada en los
valores de las acciones tendrá un gran impacto en los gastos del
consumidor, precisamente en un momento que la economía USA está desacelerándose
(todo el mundo está de acuerdo en eso) y se enfrenta a una gran afluencia
de importaciones baratas de Asia, que afectarán a los precios y márgenes
de beneficios, y por tanto la inversión ¾la fuerza motora fundamental del
boom¾. De hecho, el principal estímulo para la inversión productiva en la
economía USA ha procedido del sector informático, que ya se ha mostrado
extremadamente volátil y vulnerable a las turbulencias bursátiles. Está
por ver si la rentabilidad de la industria informática podrá sobrevivir
mucho tiempo en las nuevas condiciones, y dado el enorme peso específico de
este sector actualmente en EEUU, emplea a más de nueve millones de personas
¾más que el acero o el automóvil¾, una recesión aquí rápidamente se
transmitiría al resto de la economía USA y mundial. Todas las habladurías sobre
la "fortaleza" de la economía USA pasan por alto la cuestión
fundamental: los efectos del desarrollo mundial en los EEUU. Hugh Johnson,
responsable de inversiones estratégicas de la firma de corretaje First
Albanya advierte: "Siempre es de sabios tomar en serio los mensajes de
los mercados. El mensaje es que la actual crisis en el Sudeste Asiático
afectará no sólo a las economías asiáticas sino también a los EEUU".
El nerviosismo de un sector de la burguesía americana se expresaba en The
Wall Street Journal el 30 de diciembre de 1997; tras señalar debidamente
que la mayoría de los economistas eran optimistas ante las perspectivas de
la economía americana, el artículo señala: "Aún la nota pesimista,
los pronósticos son fatales al predecir incluso momentos decisivos incluso
en tiempos normales ¾es probable hacerlo incluso peor cuando las viejas
normas están cambiando¾. Además los modelos de pronóstico tienden a
elaborar suposiciones que la gente cree racionales mientras los
acontecimientos actuales están a menudo conducidos por oleadas de
irracionalidad, tales oleadas son las que preocupan a los pesimistas". "Aún desconocemos
partes de la historia: cuanta durará la crisis y hasta donde se extenderá
en los países desarrollados. Ha pasado de Tailandia a Indonesia y Corea del
Sur. Y la especulación nerviosa, en las recientes semanas se ha extendido a
Hong Kong, Taiwan, China, Rusia, Ucrania y Brasil". "Hace un año los
inversores en EEUU y en otras zonas veían las economías
"emergentes" como un sitio atractivo para invertir. Ahora, muchos
están escapando, causando con esto la devaluación de las monedas y la
subida de los tipos de interés en muchos de estos países. Otro shock, como
una falta de pago surcoreana, podría hundir más las monedas y aumentar los
intereses, subiendo los costes de capital y ralentizando el crecimiento en
la mayoría del mundo desarrollado. La economía USA sería la más afectada
porque los países en vías de desarrollo juntos absorben una cuarta parte
de las exportaciones americanas". "La incipiente recesión
de Japón, probablemente profundizará, y reducirá las mercancías europeas
y americanas vendidas allí. Y los problemas de los bancos japoneses, que
incluyen seis de los diez más grandes del mundo, exacerban las
preocupaciones. Si los burócratas japoneses no manejan el problema hábilmente
¾los aprensivos directivos de occidente tiene poca confianza en ellos¾,
las repercusiones podrían ser enormes". "El conjunto del sistema
bancario depende de que los principales bancos del mundo se doten mutuamente
de miles de millones de dólares para préstamos a corto plazo, extendidos
con la confianza de una rápida devolución. Si un banco importante fracasa
en Japón, y se manejara mal podría trastornar el flujo de pagos y hacer
que el sistema se agarrotara ¾el equivalente financiero de un golpe". " Nadie está
prediciendo ese desastre, pero el Presidente de la Reserva Federal, Alan
Greenspan está profundamente preocupado. Jeffrey Shafer, un ex funcionario
de la tesorería de Clinton, dice que si aún estuviera en su antiguo
trabajo, ‘estaría en vela toda la noche preocupado sobre una caída mayor
de los bancos en Asia, especialmente en Japón". Fin del "modelo asiático" Los intentos de la burguesía
de negar importancia a la crisis en Asia roza lo cómico. Antes exageraban
la importancia de Asia y ahora tratan de minimizarla. Sin embargo la
importancia de esta región se demuestra en que el 60-65% del crecimiento de
la producción mundial entre 1990 y 1995 procedió de esta zona. Fue esto
precisamente lo que evitó que la recesión mundial de 1990-1992 se
convirtiese en una depresión, por tanto esgrimir que una recesión en Asia
no tendría efectos en la economía mundial es chocar contra los hechos. Hasta ahora esto no ha
ocurrido, incluso no está teóricamente excluido que siguiendo la crisis
bursátil la economía norteamericana se pudiese recuperar algo, y el boom
pudiese chisporrotear durante otros dieciocho meses o dos años, aunque con
tasas más bajas de crecimiento, sin embargo, este escenario
"optimista" no es en absoluto cierto. Según pasan los meses, las
voces expresando alarma están sonando con más fuerza, incluso The
Economist, el más optimista de los portavoces del "capitalismo
liberal", no puede ocultar sus más profundos presentimientos sobre las
perspectivas para la economía mundial. En su editorial del 20/12/97, con el
significativo título Asia y el abismo, admitía que ya era evidente que la
extensión de la crisis a Corea del Sur y Japón tenía muy serias
implicaciones para toda la economía mundial: "Cuando la historia fue
del norte hacia el este, a corea del Sur y Japón, tomó un cariz más
serio. Contrariamente a la idea popular, estos son dos de los países más
grandes de la economía mundial, y también dos de los mayores importadores
del mundo, además de enviar sus inversiones por todo el mundo, una
calamidad financiera allí traería una caída a escala mundial o incluso
una recesión. ¿Es eso probable?. La respuesta, desgraciadamente, es que
tal calamidad aún no puede excluirse". (El subrayado es nuestro). Es divertido seguir las
vueltas y giros de los economistas burgueses, su lucha para explicar los
acontecimientos en Asia donde no hace mucho veían el "nuevo renacer
capitalista". A la vuelta de sus negociaciones en Corea del Sur, el
director del FMI, Michel Camdessus admitía: "El modelo asiático está
pasado de moda". En realidad no había nada nuevo en la ola de
inversiones en el Sudeste Asiático. A este respecto la burguesía manifestó
la misma infantil superstición que aquellos que creen que hay una olla de
oro al final de cada arcoiris. En cada período del
desarrollo capitalista, desde el siglo XVI en adelante, el capitalismo
siempre ha abierto nuevos mercados, comenzando con el
"descubrimiento" del Nuevo Mundo. El saqueo de América del Sur
proporcionó oro y plata que abasteció el período inicial de desarrollo
capitalista en Europa. Más tarde en los siglos XVII y XVIII vimos el
desarrollo de las colonias en Asia, Africa y América y los comienzos de la
división mundial del trabajo que fue intensificada en el siglo XIX con la
"apertura" de China (a través de las Guerras del Opio). Engels
hizo referencia a las exageradas ilusiones de los manufactureros algodoneros
de Lancashire en las ilimitadas perspectivas del mercado Chino (que
posteriormente finalizó con sobreproducción y recesión). Más tarde vimos
la fiebre del oro en California, el desarrollo de Australia, Rusia... Marx explicó hace tiempo que
la burguesía es capaz de "resolver" sus crisis, pero sólo a
costa de preparar nuevas y más profundas en el futuro. Una de las formas en
la cual conseguían esto era precisamente aumentando su participación en el
comercio mundial. La historia de las dos pasadas décadas son un testimonio
gráfico de lo correcto de esta observación. En una entrevista con
Camdessus en El País (1/12/97), le preguntaban si el modelo asiático,
"basado en las exportaciones masivas y la absorción de inversiones
extranjeras" que era supuestamente "un paradigma" había
finalizado, su respuesta fue un modelo de humor inconsciente: "Los modelos económicos
no son eternos. Hay momentos en los que son útiles y otros en los cuales,
como el mundo evoluciona, se pasan de moda y tienen que ser abandonados.
Unamuno solía decir que utilizaba sus ideas como sus botas, las utilizaba y
después las tiraba. Debemos hacer lo mismo con los modelos económicos". Esta asombrosa franqueza por
no decir cinismo, revela con exactitud la verdadera actitud de la burguesía
hacia la "teoría económica" que actualmente es menos útil para
ellos que un buen par de botas. Todos los denominados "paradigmas económicos"
reflejan un intento desesperado de conseguir algún éxito ¾real o
imaginario¾ para revivir el antiguo sueño de la clase capitalista y sus
representantes ideológicos, que el ciclo de booms y recesiones ha terminado
para siempre. La propensión para la autoilusión está directamente
relacionada a los vertiginosos niveles alcanzados por la bolsa,
rentabilidad, crecimiento económico y otros índices que están normalmente
relacionados con la cumbre de un ciclo económico ¾justo antes de una caída
¾. En palabras del proverbio, "la soberbia llega antes de la caída",
y si esta llega, "cuanto mayor sea la caída más dura será". Las soluciones del FMI y
sus consecuencias Camdessus y otros
representantes de las grandes potencias occidentales hasta cierto punto
parecen disfrutar de un perverso placer con el colapso del "modelo asiático".
Parecen creer que pueden escaparse de las consecuencias y en el proceso,
enseñar a aquellos advenedizos orientales una lección de humanidad y
mostrarles quien es el jefe. El director del FMI se jacta de forzar el
cierre de los poco rentable "chaebols" (monopolios industriales
surcoreanos) y los bancos indonesios. La arrogancia, y al mismo tiempo, la
ciega estupidez de estos caballeros, es realmente asombrosa. La medicina repartida por el
FMI es la misma de siempre, se dan préstamos a condición de que toda la
carga de la crisis se sitúe de lleno sobre los hombros de las masas
("austeridad"). El crecimiento debe ser más lento, el desempleo
crece, las fábricas y bancos deben cerrar, los tipos de interés deben
aumentar, los presupuestos deben ser equilibrados y los niveles de vida
deben ser reducidos. A cambio los tiburones internacionales dispensan su
generosidad: 4.000 millones de dólares a Filipinas, 10.000 millones a
Indonesia, y una cantidad mayor a Corea del Sur, la suma final todavía no
está clara. Además otros bancos e instituciones han prestado 17.000
millones de dólares a Tailandia, 13.000 millones a Indonesia, y hay una
promesa de más "ayuda" por parte de EEUU, Australia, Hong Kong,
China, Singapur y otros. El problema es que esta
"ayuda" no se da libre de cargas, todos tendrán que devolverla
con intereses. Los pagos serán arrancados de los trabajadores, campesinos y
clases medias, así agudizarán las tensiones sociales y crearán una
situación explosiva en un país tras otro. Ya ha habido manifestaciones en
Tailandia, en las que han participado no sólo trabajadores sino también
las clases medias e incluso algunos hombres de negocio. La situación de
Corea del Sur, con su poderosa clase obrera, es explosiva o en Indonesia
donde la crisis de la economía está unida a la dictadura corrupta de la
odiada camarilla de Suharto. La ayuda prometida por Japón
y China no es desinteresada, están aterrorizados por que la crisis económica
en Asia les traerá una estrepitosa caída. Estos temores no son infundados,
un crash serio en Japón y China rápidamente causarían un shock en todo el
sistema económico y financiero mundial. Más del 40% de las exportaciones
de Japón van a Asia. Para empeorar la cosa, el sistema bancario tanto de
Japón como de China está sobrecargado de colosales deudas. La fuerza
motriz del crecimiento chino en los últimos años han sido las
exportaciones, también principalmente a Asia. El riesgo de un colapso en
China y Japón es por tanto muy serio. En común con la mayoría de
los estrategas del capital, Camdessus considera que la crisis en Asia no
causará necesariamente una recesión a escala mundial. La economía
mundial, insiste, está aún creciendo a un ritmo anual del 4 por ciento.
Los efectos de la actual crisis podría reducir la tasa de crecimiento en
los EEUU un 1,2 ó 1,3 por ciento. Esto supone que en cualquier caso (y para
los pronósticos más optimistas) la economía mundial ralentizará su
crecimiento el próximo año, con el consecuente aumento del desempleo y caída
en la demanda, en Asia esto será más severo. Si añadimos a esto los
efectos de nuevos recortes en el gasto público en Europa en sintonía con
la introducción de la UME, el dibujo no parece muy esperanzador. Y todo
esto en cualquier caso se basa en una serie de suposiciones: si los
japoneses toman las medidas necesarias para reformar su sistema financiero,
si la crisis no se extiende a China, si las masas en Asia están preparadas
para aceptar profundos recortes en sus niveles de vida con la necesaria
resignación confuciana, si no hay un nuevo colapso en la sobrevalorada
bolsa estadounidense, si los trabajadores americanos no sacan provecho del
pleno empleo para exigir salarios más altos. Estos son demasiados
"si" sobre los que basar pronósticos tan confiados. En la editorial de The
Economist antes mencionada, se expresa un abierto escepticismo en la
capacidad de la burguesía japonesa para salvar la crisis de su sector
financiero: "El 17 de diciembre el
primer ministro de Japón, Ryutaro Hashimoto, anunció un recorte de 16.000
millones de dólares en los impuestos sobre la renta, más de 850.000
millones de yenes rebajados en los ingresos de las empresas. Pero esto sólo
se aplicará durante un año, y sólo cancelará la restricción fiscal que
su gobierno impuso la pasada primavera. También han surgido noticias de un
plan para emitir bonos del estado por valor de 10 billones de yenes para
financiar rescates de bancos. El plan todavía es impreciso, no hay detalles
de cómo se harán los rescates o si será necesario disponer más dinero.
Mr. Hashimoto explica su propósito de acabar con los problemas económicos
que están ‘originando en Japón la depresión. Ese es un buen propósito,
y este plan será un paso en el camino correcto. Pero el riesgo de un
colapso japonés, que empeore el asiático, y después cause una recesión
mundial permanece". El FMI decide Siguiendo las órdenes del
FMI, el órgano por excelencia del capitalismo mundial, el gobierno tailandés
anunció el 8 de diciembre de 1997 el cierre de 56 de los 58 bancos más
endeudados en ese país, que juntos tenían un "agujero negro" de
35.000 millones de dólares. Esto es parte de un acuerdo, a cambio del cual
Tailandia recibirá unos 17.200 millones de dólares en concepto de
"ayuda" de dicha organización. La crisis del sistema bancario
tailandés no es en absoluto excepcional, durante períodos de boom la
especulación abunda, los inversores tienen la ilusión de que el valor de
las acciones, la tierra, etc., aumentará para siempre; esta es la característica
común de cada boom desde el siglo XVII. Es una enfermedad que afecta no sólo
a los tiburones bursátiles sin escrúpulos y deshonestos, sino también a
los más respetables banqueros, que se zambullen en un mar turbulento de
especulación, ignorando las voces (pocas) de precaución. Esta es la base
psicológica real del "nuevo paradigma económico" que, mirándolo
de cerca, demuestra que no es en absoluto nuevo, sino tan viejo como las
montañas, como la historia de los bancos y las bolsas. Durante los años de
"burbuja especulativa" en la década de los ochenta y noventa, los
bancos y otras empresas de Tailandia, Japón y otras economías asiáticas
con mucho dinero en efectivo sobrante buscaban campos sobresalientes donde
invertir y lo encontraron en el mercado inmobiliario. Tampoco esto es nuevo,
también presenciamos la "especulación de la tierra en Florida"
que precedió al crash de 1929 en los EEUU. En ese momento parecía una
buena idea, era hacer dinero fácil sin correr un riesgo molesto y sin tener
que invertir en actividades productivas como la industria. Los precios de la
tierra y la propiedad suben como la espuma de una botella de champaña, y
continúan creciendo hasta que caen. En un cierto punto del ciclo
capitalista, de una forma dialéctica clásica, todo se vuelve en su
contrario. Precisamente aquellos elementos que alimentaron el boom,
empujando la economía hacia delante y arriba, se convierten en la fuente de
inquietudes, el boom inmobiliario que alimentó la expansión económica y
la estimuló, ahora se ha convertido para las economías de países como Japón
y Tailandia en un peligro. Lo mismo ocurre con el crédito que mucha gente
solicita en un boom, pero que como explicó Carlos Marx, y Mr. Micawber
conocía muy bien, al final provoca unos niveles de endeudamiento que
profundiza la crisis y hace la recuperación más difícil. Ahora eso también
es obvio, las deudas públicas, privada y empresarial penden como una rueda
de molino sobre el cuello de la economía y amenaza con aplastarla. En Tailandia, el primero de
los tigres que sucumbió a los ataques concertados de los
"especuladores" (por ejemplo los grandes monopolios), sedientos de
sangre, había un punto débil el endeudado sistema bancario, que fue sin
duda uno de los primeros factores que desencadenó la cadena de
acontecimientos desastrosos. De repente la "confianza" colapsa,
alguien o algún grupo decide que toda la estructura es mala y comienza a
vender, y vende. Este es el desarrollo clásico, que se ve en todo ciclo
económico, y en absoluto es el resultado de las peculiaridades de Tailandia
o Asia, más tarde vamos a ver el mismo fenómeno en EEUU y Europa. A pesar de todos los que
dicen que la crisis bursátil no tiene efectos en la "economía
real", esto está lejos de la realidad. El lunes 8 de diciembre el
gobierno tailandés envió 400 policías al centro comercial de Bangkok para
evitar cualquier incidente que pudiera ocurrir. Sus temores estaban bien
fundados, desde que el gobierno anunció una serie de medidas que dejarían
a 200.000 trabajadores de este sector en paro. Esto sólo es la punta de un
iceberg de agitaciones sociales ya causados por la crisis en Tailandia. No
menos de dos millones de trabajadores ya han perdido sus empleos desde el
comienzo de la crisis en Tailandia en junio de 1997, muchas de las víctimas
son profesionales altamente cualificados, como admitía el ex –
vicepresidente de una de las empresas cerradas por el gobierno, Sampong
Sawasdipahdi: "No es sólo una cuestión
de trabajadores de fábrica, entre los que han perdido sus empleos están
trabajadores de los más cualificados del país". (El País, 9/12/97). Naturalmente los mercados
aplaudieron la "decisión" de llevar adelante los dictados del
FMI, y la bolsa tailandesa creció un 3 por ciento al escuchar las noticias.
Este es un comportamiento bastante típico de las bolsas en todos los
sitios, como ya hemos destacado. Cuando los trabajadores son despedidos y se
anuncian fuertes ataques sobre las condiciones de vida del pueblo tailandés
el mercado aplaude. Pero para cualquiera con ojos para ver o cerebro para
pensar, esto demuestra de manera concluyente los intereses del
"mercado", es decir, los de los grandes monopolios que están
opuestos a los intereses de los trabajadores y las masas. Según se
desarrolle la crisis esta realidad será más evidente en la conciencia de
las masas. El sufrimiento en Tailandia
es real, extendiéndose más allá de los límites de la clase obrera, a la
pequeña burguesía y otras capas sociales que imaginaban eran inmunes a la
crisis del capitalismo. ¿Y los resultados?. Los llamados
"subsidios" son muy pequeños y en gran parte imaginarios. El
"estabilizado" bath está a un cambio de 41,60 baths por dólar
USA, algo que fue interpretado como una victoria, aunque representa una
perdida del 60% desde el 2 de julio. La bolsa de Bangkok, ha registrado una
pérdida de más del 78 por ciento de sus valores desde esa fecha. Por supuesto, los banqueros
nunca pierden. En un esfuerzo por calmar los trémulos nervios de los
inversores, el Banco central de Corea del Sur acordó entregar 476.000
millones de wons (355 millones de dólares) en créditos de emergencia a los
bancos comerciales y sociedades financieras amenazadas con colapsar. El
agujero negro en el sistema financiero coreano es tan profundo que la
"ayuda" inicial del FMI (5.500 millones de dólares) se evaporó
como una gota de agua en el desierto. El won se hundió a un nuevo nivel mínimo
de 1,342 a 40 por dólar USA, La bolsa de Seúl cayó más. En Indonesia, a principios de
diciembre el gobierno anunció la fusión de varios grandes bancos, tras el
cierre el 1 de noviembre de 16 bancos privados considerados insolventes. El
asunto no acaba aquí, ya que es dominio común que otros grandes bancos son
insolventes. Corea del Sur y Japón En un esfuerzo desesperado
por reforzar la economía surcoreana, el FMI acordó un préstamo, pero como
es habitual impuso condiciones draconianas. Exigió un descenso del
crecimiento de la economía entre el 2,7 y 2,8%, un desastre para Corea del
Sur que estaba creciendo a un ritmo del 6% este año, y un aumento de los
tipos de interés del 18-20%, una medida que llevaría, por usar un
eufemismo actual, a una "reestructuración corporativa radical",
es decir, cierre de fábricas general y desempleo masivo en un país donde
el desempleo de masas había desaparecido y donde las infraestructuras para
los desempleados es inexistente. El préstamo del FMI al
principio se declaró que sería de 15 a 20.000 millones de dólares, pero
antes de comenzar estaba claro que es cifra no serviría para las
necesidades reales de la economía surcoreana. Extraoficialmente la cifra
mencionada era de 60.000 millones de dólares. Este sería mayor que el
concedido a México en 1995, pero incluso ni esta cifra solucionaría el
problema. La envergadura del desastre económico en Corea del Sur está sólo
en el comienzo, surgirán nuevos datos que revelarán la profundidad del
colapso. A pesar de la tentativa de
"rescate" a gran escala, no es seguro en absoluto que las medidas
del FMI tenga los efectos deseados en "restablecer la confianza" y
estimular a los bancos extranjeros a reanudar los préstamos en Corea. Los
debastadores efectos sociales de estas medidas están fuera de toda duda,
producirán una inestabilidad política a una escala no vista en décadas,
situando la perspectiva de movimientos revolucionarios de las masas a la
orden del día. En definitiva un duro escenario para grandes inversiones
extranjeras. Una vez tomada la amarga
medicina presentada por el FMI, Corea del Sur esperaba el veredicto del
"mercado"; este no tardó en revelarse: tras una recuperación
inicial, el won cayó de nuevo un 18 por ciento el 30 de diciembre,
siguiendo al pesado dólar comprado por las empresas coreanas endeudadas. La inestabilidad general en
la región necesariamente tuvo su reflejo en la bolsa de Tokio. El índice
Nikkei bajó 292,91 puntos a principios de diciembre, junto al anuncio de
que las nuevas estimaciones situaban el crecimiento del PIB de Japón en
cero, no sólo para 1998, sino también para 1999. En términos reales
(excluyendo la inflación) la economía japonesa sólo creció un miserable
0,5 por ciento en 1997, estas cifras son aún más catastróficas si tenemos
en cuenta que Japón es el segundo país más importante del mundo, y hasta
no hace mucho era la fuerza motriz de la economía mundial, con unas tasas
de crecimiento que en algunas ocasiones incluso sobrepasó los de la URSS
cuando crecía un 10 por ciento anual en los años cincuenta y principios de
los sesenta. Ahora a todos los efectos, Japón ha estado en recesión la
mayor parte de la década, sin visos de acabar mientras la perspectiva de un
colapso serio en Japón está presente para la burguesía. La actividad especulativa en
la cima del boom está inevitablemente acompañada por un gran elemento de
fraude, prácticas sin escrúpulos, malversación y latrocinio manifiesto.
En el período de auge, estas prácticas pasan desapercibidas, y sus
perpetradores son incluso laureados como héroes de la empresa financiera,
en el momento de la verdad, cuando los precios comienzan a caer, estos
fraudes comienzan a emerger. Un aviso temprano fue el colapso de la antigua
y respetada empresa, Barings Bank. Ahora ha salido a la luz que una gran
tajada del sistema bancario japonés está manos de la Mafia conocida como
sokaiya, no normales matones de las calles, sino hombres de negocios
discretos y elegantes en sombríos trajes. La actividad de estos grupos
comenzó a despegar en los años de la "burbuja japonesa", durante
los años ochenta y parte del principio de los noventa. Uno de estos
gansters, Ryuichi Koike acumuló una fortuna de 12.400 millones de yenes
(95,3 millones de dólares) fuera de las principales empresas financieras
japonesas más otros 11.700 millones de yenes (89,9 millones de dólares) a
cambio de mantener silencio sobre ello. Mr. Koike fue arrestado por sus
actividades pero rápidamente salió de la cárcel. Como resultado de sus
tejemanejes, cuatro de las más importantes sociedades financieras quebraron
(Nomura, Nikho, Daiwa y Yaimichi Securities), así como el banco Dai-Ichi
Kangyo. A diferencia de los ciudadanos normales, gente como Koike no pasará
mucho tiempo en la cárcel, tras expresar en público remordimientos por sus
actos diabólicos, serán regalados con una magnanimidad excepcional por los
jueces y les dejarán libres para continuar con sus carreras. Crisis en China Enfrentado a la crisis de los
"tigres" asiáticos, occidente busca consolarse con la idea de que
China podría alejar el problema, pero si examinamos más de cerca esta
cuestión vemos la fragilidad de tales esperanzas. El Presidente Jiang Zemin
repite cada día que la economía china es sólida e inmune a la crisis que
está golpeando al resto de Asia. Hace tiempo Galbraith explicó que en una
crisis las autoridades recurren a cualquier tipo de encanto que pueda tener
el efecto de estabilizar el mercado. El autor del trabajo sobre el crash de
1929 señala también que estos encantos pocas veces tienen el efecto que
desean. Es lo mismo como las afirmaciones repetidas de Clinton que en EEUU
"los cimientos son sólidos". Exactamente las mismas palabras
fueron repetidas una y otra vez por políticos, economistas y banqueros,
antes, durante e incluso después del crash de 1929. No obstante las autoridades
de Pekín son bien conscientes de que los acontecimientos en el resto de
Asia tendrán un efecto sobre China en un futuro no muy lejano. Para
comenzar dos elementos han estimulado directamente el espectacular
crecimiento de China en el último período, la inversión extranjera y las
exportaciones, y ambos se verán afectados por la actual crisis. Los
inversores extranjeros preferirán establecer sus negocios en aquellos países
que han devaluado sus monedas más que China, hasta este momento por lo
menos. Pekín se está resistiendo a una nueva devaluación del yuan, que
pondría en peligro el vínculo entre el dólar de Hong Kong y el dólar
USA. Fue la devaluación del yuan
chino en 1994 lo que proporcionó un enorme estímulo a las exportaciones
chinas y probablemente fue el detonante de la actual crisis en Asia,
agravando el problema de la sobreproducción en los saturados mercados de
Asia. Ahora esta situación se ha invertido, los productos chinos son un 40%
más caros que los de Malaisia, y un 60% más que los de Indonesia, esto hará
inevitable que las exportaciones de China dirigida a Asia, uno de los
principales motores de su desarrollo en los últimos dieciocho años,
disminuya rápidamente en los próximos meses, a menos que China también
devalúe, algo que actualmente se niegan a hacer. La idea de que China puede de
alguna manera aislarse de la crisis asiática pilota la política que ha
sido adoptada por Jiang Zemin y Ziang Rongji. La vieja idea reaccionaria de
la autarquía ("socialismo en un solo país"), fue abandonada tras
la muerte de Mao. El destino de China ¾al igual que Rusia¾, está
directamente ligado a la economía mundial. La participación en los
mercados mundiales ha beneficiado a China (aunque no a Rusia), pero ahora
sufren la otra cara de la moneda. La crisis en Asia golpeará duramente a
China, y esto intensificará las contradicciones sociales en China y con
ellas la lucha entre los diferentes sectores de la burocracia. El ala pro
capitalista de Ziang Rongji ha tenido todas las posibilidades, pero según
se profundice la crisis eso puede cambiar. El rápido crecimiento de la
producción en China ha ocasionado la aparición de la sobreproducción como
señala The Economist (El Mundo 1998): "Los problemas (de Asia)
se verán exacerbados porque China tiene ahora una gran superabundancia de
capacidad manufacturera, cadenas de coches, petroquímicas y televisores en
color. La mayoría de ellas son ineficaces, y el gobierno chino seguirá
aumentado su programa para racionalizar el peor sector ¾el sector estatal¾.
Por lo tanto, China aún se convertirá en más competitiva". Otro artículo señala que: "China, que acumuló a
final del año (1996) 30.000 millones de dólares en stocks, está plagada
de artículos invendibles, desde tejidos de poca calidad a aparatos con diseños
de hace treinta años, producidos en fábricas del período maoísta que ni
los chinos necesitan". (El País, 9/12/97). The Economist (22/11/97)
escribía: "Muchas empresas en ciudades y pueblos sufren de un exceso
de productos en el mercado". Esto no se refiere al sector estatal, sino
al sector "colectivizado" que supone no menos de las dos quintas
partes de la producción no agrícola. Y el mismo artículo continúa:
"La mayor amenaza es una crisis bancaria que podría dejar a la asiática
como una ligera brisa". Se estimaba que los créditos
incobrables a los bancos chinos suponen el equivalente del 30 por ciento del
PIB, dos veces el nivel del Sudeste Asiático. La verdad es que la economía
china continúa creciendo, pero la tasa de crecimiento comienza ya a caer, y
lo hará aún más en los próximos meses. "Esta crisis ha enseñado
a China una gran lección", explica Gordon Cheung, profesor de economía
en la Universidad China de Hong Kong, "ha demostrado a sus dirigentes
que no pueden proceder con una rápida apertura de su mercado sin haber
adaptado previamente sus empresas locales. Se han dado cuenta que la
apertura debe ser gradual y acompañada de medidas de reestructuración de
su economía". (El País, 29/12/97). En el mismo artículo el
economista residente en Hong Kong, Valérie Brunschwig hace una interesante
comparación entre China y las otras economías del sudeste asiático,
demostrando que los puntos de similitud son más significativos que las
diferencias: "En muchos aspectos
China manifiesta las mismas perversiones que las economías asiáticas ahora
abiertamente en crisis: la saturación industrial, una administración
corrupta, los negocios y políticas mixtas, proyectos de construcción
interrumpidos antes de terminarlos, un sistema bancario paralizado, créditos
dudosos por valor de entre 30 y 37,5 billones, etc., " (El País,
29/12/97, el subrayado es nuestro). El mismo artículo cita al
profesor Lau Siu-kai, director del Instituto de Estudios del Sudeste Asiático
en la Universidad China de Hong Kong: "El círculo dirigente
es perfectamente consciente de que será incapaz de resolver la crisis que
está afectando a China, y está alarmado al ver como el FMI y por tanto,
las potencias occidentales, de nuevo toman el control de estas economías,
que ellos ven como una pérdida de autonomía y soberanía". Estas palabras son de una
tremenda importancia para calcular las dimensiones de la crisis actual, no sólo
en un sentido económico, sino también en el político y militar. China es
una gran potencia, no sólo en Asía sino en el mundo, por eso Napoleón
dijo con relación a China: "cuando este gigante despierte, el mundo
entero temblará". En contraste tenemos a Rusia,
donde el colapso del estalinismo y el intento de ir en dirección al
capitalismo ha estado acompañado por un colapso sin precedentes de las
fuerzas productivas, la burocracia china ha mantenido firmemente agarrado el
poder mientras permite el desarrollo de elementos de capitalismo en
determinadas zonas cerca de a costa, y participa en el mercado mundial, así
saca un valioso provecho del acceso al capital extranjero y la moderna
tecnología. Esto ha permitido un alto nivel de crecimiento y un aumento de
las expectativas entre un sector de la población, esta es la base material
por la que el sector pro capitalista ha fortalecido su posición. Sin
embargo, hay otra cara del cuadro. El desarrollo de tendencias
capitalistas ha conducido a un rápido aumento de la desigualdad entre la élite
dirigente y las masas, entre ciudades y campo, entre regiones costeras y del
interior. Las tensiones sociales se han expresado en una oleada de huelgas,
manifestaciones y protestas campesinas. Hay un gran número de desempleados,
quizá 150 millones que han huido de la pobreza rural para buscar empleo en
las ciudades costeras. Se da una explotación brutal de los trabajadores en
las fábricas, la corrupción abunda, además los imperialistas están
ejerciendo una implacable presión sobre Pekín para privatizar las
industrias estatales. Esto supondría una explosión del desempleo y
malestar social. Un sector de la burocracia, temeroso de las consecuencias,
de mala gana está siguiendo el camino de la "reforma". El
reciente 15º Congreso del Partido supuso la victoria del sector pro
capitalista, pero el desarrollo de la crisis puede volver todo el proceso en
su contrario. Los temores de la élite
dirigente se revelaron por la decisión de posponer la convertibilidad del
yuan hasta el año 2000. Pero el test real está por venir, el planeado
cierre de empresas estatales que supondría el despido de 1,2 millones de
trabajadores textiles en los próximos tres años, 600.000 en el próximo año.
La industria química va a despedir a 400.000 trabajadores más en 1998,
pero si el clima económico empeora, todos estos planes no servirán para
nada. Las explosiones sociales, las huelgas en las ciudades y sublevaciones
en los pueblos, además de un agravamiento de las tensiones étnicas (Sinkiang,
Tíbet, Mongolia) pueden precipitar una escisión en la élite dirigente ya
que los éxitos del ala pro capitalista no están en absoluto garantizados.
Después de todo la burocracia china tiene un horrible ejemplo de lo que el
capitalismo ha supuesto para Rusia. Una profunda recesión mundial significa
que todas las apuestas serán anuladas. Incluso si la tendencia pro
capitalista tuviera éxito, no sería sobre las bases de una semi colonia
pro- occidental, dócil y débil como hace cien años. Durante algún tiempo
China ha estado adquiriendo un formidable arsenal de armas, principalmente
de Rusia. China ya ha estado en guerra con Vietnam, y tiene pretensiones
territoriales contra otras naciones asiáticas. En el contexto de crisis
económica y lucha por los mercados, no está descartadas nuevas guerras.
Por otro lado las tensiones entre China y EEUU están ya empezando a salir.
Así, de ser un mercado potencial y un factor de estabilidad para América y
el capitalismo mundial, China se convertirá en un nuevo y poderoso elemento
de inestabilidad en Asia y a escala mundial. Una crisis global En un curioso giro de sus
posturas anteriores, los economistas burgueses ahora tratan de minimizar el
papel de Asia en la economía mundial, señalando que el PIB de Asia
representa sólo el 13 por ciento de las economías capitalistas más
industrializadas (El grupo de los siete). Sin embargo, este argumento
subestima a propósito los efectos en una economía mundial interpenetrada,
de una recesión seria en una de sus partes componentes. La velocidad con la
que el pánico bursátil se extendió de Asia a Latinoamérica, Europa del
Este, Rusia, EEUU y Europa es un aviso. El hecho de que las bolsas de EEUU y
Europa posteriormente se recuperaran (por cuanto tiempo es otra cuestión),
no altera el hecho de que el advenimiento de la "globalización"
que era presentado por algunos como la solución final a la crisis
capitalista, presenta ahora otra cara muy diferente. Como ya hemos explicado no es
verdad que la crisis bursátil no afecte a la economía real. Los precios
(en dólares) de las exportaciones de Asia han caído automáticamente con
relación a los precios en Europa y EEUU, de esta forma automáticamente
toman ventaja en los mercados mundiales. Si añadimos a esto el hecho de que
la misma realidad de la devaluación (que significa un correspondiente
aumento en el precio de las importaciones) más al aumento de los tipos de
interés, obliga a estos países a intentar defender el valor de sus
monedas, lo que significa una profunda reducción en las condiciones de vida
y la correspondiente caída de la demanda doméstica. Por encima de todo
esto, estas economías tienen una urgente necesidad de obtener moneda
extranjera para pagar sus deudas, y la única manera de conseguirlo es
exportando. No hay que ser un genio para ver que el único mercado que puede
(en teoría) absorber todas estas exportaciones a bajo precio de Asia es el
de EEUU y en menor medida Europa Occidental. El producto de la industria
asiática ya era antes muy competitivo, hay enormes cantidades de coches,
televisores, ordenadores, zapatos y textil que no pueden ser absorbidas por
el mercado asiático y que están buscando salida. Lo que preocupa a los
estrategas del capital no es tanto la crisis de la bolsa, o incluso la
existencia de sobreproducción, o la amenaza de una recesión. Lo que más
les preocupa es la amenaza del proteccionismo, que ya ha aparecido en la
forma de devaluaciones competitivas en Asia. Debemos recordar que este fue
uno de los principales métodos de proteccionismo en los años treinta. Esto
es lo que transformó la recesión de 1929-33 en una depresión mundial que
persistió hasta la segunda guerra mundial. En El Capital, Marx describe
el comercio mundial como "el elemento básico y vital de la producción
capitalista". (El capital, C. Marx, Vol. 3). Uno de los principales
motores del período de auge capitalista de 1948-74 fue el crecimiento sin
precedentes del comercio mundial. Sin embargo, las cifras muestran que el
comercio mundial en el último período no ha tenido el mismo efecto en
promover el crecimiento y la inversión productiva que tuvo anteriormente.
No se ha producido una vuelta al tipo de proteccionismo feroz que vimos
entre las dos guerras mundiales, tal cosa habría hecho añicos la delicada
fábrica del comercio mundial que fue creada a lo largo de décadas desde
1945. Tendría los efectos más catastróficos en la economía mundial, y ya
hay signos claros de que las tendencias proteccionistas están emergiendo,
no sólo en Asia, sino también en EEUU. No hace mucho Clinton fue al
Congreso a pedir permiso para proceder con el acuerdo denominado "Vía
Rápida" para desarrollar el libre comercio. En una humillante derrota,
su propósito era aprobarlo por mayoría tanto de Republicanos como de Demócratas.
¿Qué significa esto?. Claramente que un sector de la burguesía de EEUU
estaba preocupada por los efectos de una masiva afluencia de importaciones
extranjeras baratas incluso antes de la crisis bursátil. Están preparándose
para una lucha feroz por los mercados en el período que viene. En otros documentos y artículos
anteriores ya hemos señalado la tendencia hacia la creación de bloques
comerciales regionales. EEUU domina Canadá y México mediante el acuerdo
del TLC (Tratado del Libre Comercio). Clinton quería expandir este al resto
de Latinoamérica, comenzando con Chile. Recientemente visitó Brasil y
Argentina, con la intención de preparar el camino para esto. Brasil y
Argentina son las principales fuerzas implicadas en el bloque comercial
llamado Mercosur. Pero desde la crisis de la bolsa, la propia existencia de
Mercosur está en peligro. La crisis en Asia causó inmediatamente una
crisis similar en Brasil, donde el gobierno se vio obligado a aumentar los
tipos de interés e introducir medidas de austeridad. Incluso, es probable
que el real brasileño tenga que ser devaluado. Esto tendrá unos efectos
calamitosos para Argentina, que envía gran parte de sus exportaciones a
Brasil. Puesto que el peso argentino está sujeto a un tipo de cambio fijo
al dólar USA, la devaluación está excluida. La única opción clara sería
la introducción de medidas proteccionistas que supondrían la ruptura de
Mercosur. La realidad de la globalización
es el alto grado de interpenetración, el cual hace que un factor rápidamente
afecte a otro. La causa se convierte en efecto, y el efecto en causa. Las
perdidas sufridas por los bancos extranjeros en Asia ahora significan que el
coste del crédito en esta zona aumentará, los banqueros están ya
exigiendo un recargo mayor para prestar dinero allí, no sólo en Asia, sino
en Europa del Este, Rusia y en las "economías emergentes" en
general. Sorprendentemente los bancos más afectados no son los japoneses;
un estudio del economista francés W. I. Carr muestra que en los últimos
tres años el volumen de fondos extranjeros en Tailandia, Indonesia y Corea
del Sur (los países de la región que han tenido los mayores recursos de
capital extranjero), los bancos europeos alcanzaba el 27 por ciento (30 por
ciento en Tailandia), junto al 25% de los bancos de EEUU y el 22 por ciento
de bancos japoneses. El problema central: la
sobreproducción ("sobrecapacidad") permanece. Valerie Brunschwig
escribe desde Hong Kong: "Además de las devaluaciones de moneda, el
alcance del contagio dependerá, sobre todo, del grado de exceso de
capacidad de las economías asiáticas y su habilidad para deshacerse de su
exceso de productos a precios bajos en Europa y EEUU. ¿Cuantos vehículos
coreanos e indonesios?,¿ Cuantas toneladas de acero de Tailandia y Corea,
toneladas de cemento y plásticos de Tailandia?,¿ cuantos televisores y
aparatos electrodomésticos de la República Popular China?, o ¿cuantos
microchips de Corea o Taiwan están esperando encontrar compradores?".
(El País, 29/12/97). Brunschwig relata la situación
de los otros países asiáticos, comenzando con "el excedente
gigantesco de cemento en Tailandia, y, en general, todos los materiales de
construcción, desde acero a cerámicas, en un país donde está paralizada
la construcción". El excedente de textiles en Tailandia ha sido
reducido, pero sólo porque la competencia con Vietnam, Filipinas y Laos ha
obligado a cerrar un gran número de fábricas textiles tailandesas. Tales
lecciones no serán obviadas en el Congreso de EEUU y en Europa cuando los
tigres asiáticos busquen deshacerse de sus productos baratos. Comprenden
también muy bien que la devaluación competitiva es un medio de exportar
desempleo. Creer que los manufactureros de EEUU y sus portavoces en el
Congreso se sentarán con los brazos caídos sin hacer nada es de ingenuos. "Lo más
preocupante", continúa Brunschwig, "son las montañas de
productos excedentes en Corea del Sur, que continúan produciendo con
profusión mercancías sin salida para poder mantener trabajadores empleados
en sus empleos de por vida. ‘En Corea del Sur, en casi cada sector de la
actividad productiva, no tienen ni idea de que hacer con sus productos sin
vender’, dice Russel Napier, responsable de estrategia del Crédit
Lyonnais Securities Asia en Hong Kong. Importa poco si hablamos de químicas,
acero, plásticos, automóviles, barcos o incluso ordenadores,
semiconductores o electricidad para el público general. Y concluye el
economista: ‘ya que tienen una necesidad vital de vender, harán añicos
el sistema de precios para inundar Europa y EEUU con sus productos". (Ibid) El enorme exceso de productos
petroquímicos en Corea, Tailandia y Singapur puede conducir a una rápida
caída entre el 15 y 20 por ciento de los precios del plástico en el mundo,
según Janet Yound, analista química de Salomon Brothers en Hong Kong. Aquí
tenemos la "otra cara" de la globalización, algo ya previsto por
Marx hace más de cien años. En su insaciable gula por el beneficio, la
clase capitalista está constantemente buscando nuevos mercados, salidas
para la inversión y fuentes de materias primas. La creación del mercado
mundial es el resultado inevitable del hecho que el desarrollo de las
fuerzas productivas hace tiempo ha superado los estrechos límites de la
propiedad privada y el estado nacional. Cualquiera que no entienda este
hecho fundamental será incapaz de comprender el fenómeno más decisivo que
está teniendo lugar a escala mundial. La participación en el mercado
mundial es ahora una condición necesaria para la producción capitalista,
incluso un gigante como EUU está obligado a participar en la economía
mundial a un nivel sin precedentes en los últimos cien años, cuando por
primera vez irrumpió en la escena de la historia mundial con la guerra
hispano-americana de 1898. Hace diez años, sólo el equivalente del 6 por
ciento del PIB de EEUU era dedicado a las exportaciones, esto se ha
incrementado al 13 por ciento ¾un aumento asombroso en sólo una década¾,
y a la burguesía americana le gustaría elevar esta cifra al 20 por ciento
para finales de la década. Este hecho en sí mismo, es
una ilustración gráfica del proceso previsto por Carlos Marx. Señaló que
por medio de la participación en el comercio mundial, el sistema
capitalista podría durante un tiempo, aliviar sus problemas, desarrollando
nuevos mercados y (en parte) combatiendo la tendencia a la caída de la tasa
de beneficios. Por estos medios se pueden obtener durante un tiempo grandes
beneficios, se pueden retrasar las crisis o aliviarlas (el mercado asiático,
como ya hemos explicado, tuvo el efecto de suavizar los efectos de la recesión
en 1990-92 y prevenir su conversión en depresión al estilo de los años
treinta). Pero esto se consiguió sólo a costa de preparar crisis incluso más
profundas y a una escala más devastadora en el futuro. Es verdad que el grado de
interpenetración de las diferentes economías capitalistas en el mercado
mundial ha alcanzado hasta ahora niveles inimaginados, pero esto no
significa en absoluto que las contradicciones entre ellas hayan sido
eliminadas. Al contrario, significa que han sido exacerbadas a la enésima
potencia y se les ha dado un campo mayor que en el pasado en el que
manifestarse. El impulso natural del capitalismo es apartar todas las
barreras que se encuentran en el camino para extraer plusvalía, algo que se
ha manifestado en cada período del capitalismo desde el capítulo de la
acumulación primitiva, pasando por la esclavitud de las colonias a la
escuela del "libre comercio" a la época moderna del imperialismo
y el capitalismo monopolista. La naturaleza extrema de los antagonismos
generados por la época de decadencia capitalista se reveló en las dos
horribles guerras mundiales. Hoy en día, con el advenimiento de las armas
nucleares (e incluso métodos más horrorosos de guerra química y bacteriológica
que no han llamado mucho la atención), la guerra entre las principales
potencias como medio de resolver estos antagonismo está excluida (aunque no
las "pequeñas" guerras como la Guerra del Golfo). La escena es por lo tanto de
crisis violentas y cataclismos de la economía mundial. Esto destruirá
completamente el relativo equilibrio que ha caracterizado al comercio
mundial, las relaciones mundiales y también las relaciones entre las clases
desde el final de la segunda guerra mundial. Hemos entrado en las aguas
inexploradas del período más convulsivo en la historia del capitalismo. Las sombrías advertencias
del especulador George Soros no son el producto de la imaginación o el
capricho. Como un profeta del Antiguo Testamento, Soros avisa a la burguesía
de calamitosas consecuencias, si no ven la luz, y cesan de adorar al Dios
Mammon. El problema es que Soros no puede ofrecer una alternativa real. Esta
es la característica común de todos los economistas de
"izquierda" burgueses como Galbraith. Advierten a la burguesía
para regular el sistema, pero no se dan cuenta que la planificación y el
capitalismo son dos conceptos que se excluyen mutuamente. Aunque es verdad
que, durante períodos transitorios en un auge económico cuando los
mercados son abundantes, los grandes monopolios y los estados capitalistas
pueden alcanzar "acuerdos de caballeros", para repartirse el botín,
esto se rompe inmediatamente cuando (como en la actualidad) hay una
competencia feroz por los escasos mercados. Así, tales propósitos
permanecen como deseos piadosos. La "teoría" económica
predominante (si se le puede dar ese nombre) afirma justo lo contrario: que
el "mercado", dejado a sí mismo, solucionará todo más pronto o
más tarde. Esto es simplemente una expresión ideológica de la obsesión
con la edad de oro donde la burguesía puede hacer beneficios rápidos, y no
sufrir las consecuencias. Todo lo que estropee esto debe ser destruido sin
piedad. La regla sin límites del
Capital en la forma de los grandes bancos y monopolios nunca ha estado tan
clara como ahora, haciendo una hoguera de todos los controles y
regulaciones. Especialmente en la última década, con las privatizaciones
masivas y el saqueo del estado, fuerzas vastas e incontrolables han sido
desatadas que en cualquier momento puede hacer añicos el inestable
edificio. Todos los avisos caen en oídos sordos, no hay nada nuevo en esto,
como señaló una vez el viejo Hegel, la única lección que uno puede
extraer de la historia es esta: que nadie nunca ha aprendido nada de la
historia. En cualquier caso esto es absolutamente cierto en el caso de la
burguesía, como la historia de cada crisis demuestra. Dejaremos la última palabra
para el más augusto portavoz del capitalismo británico, The Financial
Times, que finalizó su editorial del dos de enero con un sombrío aviso: "Todavía se puede
esperar un cuento con final feliz sobre Norteamérica y la Unión Europea.
Quizás sea el más probable. Pero las incertidumbres son enormes. La crisis
se puede extender, no sólo a otras economías emergentes, sino también
profundizarse en Japón y puede desencadenarse en otros países avanzados.
Los tifones de este tipo nunca se pueden predecir, pero ningún observador
de la situación financiera actual puede estar seguro de que no va a
desencadenarse uno, especialmente en 1998". 2 de enero de 1998
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