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CRASH EN LA BOLSA
Un análisis de la situación económica global


LOS PRIMEROS TEMBLORES

El lunes 27 de octubre las bolsas del mundo fueron sacudidas por un repentino colapso en los precios de las acciones. Escenas caóticas se fueron sucediendo en todas, igual que hace exactamente diez años. El "lunes negro" causó pánico en los círculos financieros y gubernamentales, que apenas pudieron disimular los llamamientos hechos a la calma. ¿Qué significan estos acontecimientos? ¿Qué suponen para el futuro? ¿Anuncian el comienzo de un colapso económico como el crash de Wall Street de 1929 o es una "corrección" menor como sostienen los apologistas del capitalismo? Las respuestas a estas preguntas afectarán de manera importante a las vidas y niveles de vida de cada hombre, mujer y niño del planeta. El propósito de este documento es proporcionar las respuestas.

Una crisis global

Lo primero a destacar es que esta crisis ha tenido un carácter global. En el espacio de dos semanas las bolsas han caído una tras otra como fichas de dominó. En Nueva Zelanda, la primera bolsa que abrió tras el cierre de Wall Street, el valor de las acciones cayó casi un 10% al final de la sesión; en Sydney el índice Blue Chip se hundió un 7% nada más abrir; las caídas fueron muy grandes especialmente en Asia y las denominadas economías "emergentes" de América Latina. Horas después los mercados de Hong Kong reanudaron a la baja, desencadenando una caída de los valores. La bolsa mexicana suspendió sus operaciones dos veces y después cerró tras una caída del 13,3%, la caída más grande de su historia. El peso mexicano se devaluó casi un 10% con relación al dólar USA, tras dos años de tipos de cambio comparativamente estables. El índice Bovespa de la bolsa de Brasil sufrió el peor golpe de la región, cayendo un 15%, la mayor caída en un solo día en cinco años, y la más grande de los mercados emergentes de Latinoamérica. Como muchos de los otros mercados que han sufrido estragos en las últimas semanas, Brasil también tiene un importante déficit por cuenta corriente. El índice Merval argentino cerró con una caída del 13,7%, las operaciones comerciales se suspendieron en 17 de los 32 valores que conforman este índice. De este modo, el primer efecto de la crisis ha sido poner un gran signo de interrogación sobre la vida de millones de personas en los denominados países del tercer mundo. A estas personas se les ha prometido la esperanza de un futuro mejor trabajando duro, gracias a la "empresa privada" y a las maravillas del "mercado".

Similares promesas se les ha hecho a la población de Europa del Este y de la antigua Unión Soviética, que permanecen en medio de una profunda recesión tras siete años de "reformas del mercado" acompañadas por una catástrofe económica sin paralelo histórico en tiempos de paz. En el espacio de seis años, el 60% de la economía rusa ha colapsado; un gran número de personas ha sido condenado a la mendicidad; hay 2,2 millones de casos de tuberculosis, enfermedad vinculada directamente a la pobreza y malnutrición. Incluso en Europa del Este, donde la economía parecía recuperarse tras un hundimiento similar, hay principios de una nueva crisis en la República Checa, la más fuerte de estas economías, y de recesión en las otras. El último crash de la bolsa ha puesto una nube negra sobre Europa del Este también.

Fue en Asia donde comenzó el crash financiero, y donde ha tenido también las consecuencias más dramáticas. Inicialmente fue desencadenada por los especuladores financieros internacionales atacando al bath tailandés. Tailandia no hace mucho era considerada un "tigre asiático", y objetivo fácil para los grandes especuladores internacionales que hacen fortunas apostando en el mercado monetario como si de un gigantesco casino se tratara. El gobierno tailandés tuvo que subir los tipos de interés para frenar la salida del capital extranjero. El bath cayó rápidamente, junto con una multitud de empresas financieras aplastadas por una montaña de deudas, y una vez que la carrera comenzó fue imparable. Se estima que los especuladores se llevaron unos 30.000 millones de dólares en sus bolsillos; ésta es la realidad del "sistema de libre empresa": una pandilla de especuladores armados con grandes cantidades de dinero deciden la economía de un país determinado al vender el capital que tienen en esa moneda y obligan al país a una devaluación. Esta es una empresa muy beneficiosa, que permite a estos caballeros "ganar" miles de millones de dólares sin producir nada, sólo con levantar el teléfono. ¿Qué mejor prueba se puede tener de la naturaleza parasitaria del capitalismo actualmente? Según las Naciones Unidas, la cifra real de desempleados y subempleados (incluyendo a millones de personas que se ganan la vida vendiendo cosas en las calles), es de no menos de mil millones de personas; al menos cien millones de niños nacen, viven y mueren en la calle sin haber tenido un techo sobre su cabeza, y el mismo número no van a la escuela. La riqueza personal de las diez personas más ricas del mundo sería suficiente para resolver el problema de la pobreza en el mundo. Esta es la situación real del mundo en la última década del siglo veinte.

De acuerdo con la teoría económica de moda (trickle-down), todo lo que es necesario para permitir que los ricos sean más ricos, beneficiará automáticamente a los pobres. Desde este punto de vista, las actividades de los especuladores financieros deberían ser fomentadas, ya que tarde o temprano producirán riqueza y prosperidad económica que beneficiará a todo el mundo. Esta "teoría" ha sido oportunamente descrita por el economista americano J.K. Galbraight como la idea de que ¡los ricos no tienen suficiente dinero y los pobres tienen demasiado! En realidad son teorías económicas monetaristas que ponen de manifiesto que el sistema capitalista ha ido más allá de sus límites y ahora pretenden retroceder a un capitalismo más "normal", caracterizado por la no intervención del Estado en la economía, ausencia del Estado del bienestar y, se supone, "finanzas saneadas" y una "moneda fuerte". En busca de esta quimera, Thatcher no sólo liquidó gran parte del Estado del bienestar sino también una cuarta parte de la industria manufacturera británica. Gran Bretaña se ha transformado cada vez más en una economía rentista parasitaria, dominada por la City de Londres, es decir la banca y el capital financiero, el sector más parasitario y degenerado de la clase dominante. Es este sector el más entusiasmado con su actividad de conseguir cada vez más beneficios especulativos, presentados bajo la etiqueta de "liberalización", "globalización" y, por supuesto "libre empresa". Los recientes acontecimientos nos han proporcionado un ejemplo de libro de texto de cómo funciona el sistema.

Una mirada a las cifras de deuda nacional muestran que, bajo la superficie, no todo iba tan bien para los "tigres". En 1995, la deuda externa de Tailandia era el equivalente a más de un tercio de su PNB; en Indonesia esta cantidad era más del 50%; Filipinas casi el 50%; y Malasia casi el 40%. Estos países necesitaban desesperadamente capital extranjero para poder mantener su deuda, y éste sólo podía ser atraído ofreciendo tipos altos de interés, y de esta manera mantener su crecimiento económico. Estas economías habían estado consiguiendo tasas de crecimiento económico de dos dígitos, sus bolsas en constante alza, y por tanto las señales de advertencia de que algo iba mal fueron ignoradas. Los valores de la bolsa estaban inflados. En 1995 las bolsas de los países asiáticos estaban ofreciendo beneficios un 20% superiores a los obtenidos por las empresas. Mientras públicamente mantenían la propaganda favorable sobre los "tigres", en los despachos de los grandes bancos y monopolios, los comentarios eran cada vez más pesimistas, como señalaba Hans Brien, asesor del Political and Economic Risk Consultancy en Hong Kong:

"Más y más hombres de negocios de repente se han dado cuenta que las bolsas asiáticas no han sido tan prósperas en los últimos dos años, que estas economías no son tan fuertes y están plagadas de corrupción, nepotismo, sistemas bancarios inadecuados, etc.".

"Tras haber puesto a Tailandia a sus rodillas, los hombres de negocios buscan otros objetivos para poner sus manos, y no va a ser difícil encontrarlos. Paradójicamente, la bolsa y la moneda que más han sufrido han sido las de Hong Kong, a pesar de ser la única zona de toda la región sin problemas de endeudamiento, con una bolsa mucho más cautelosa, y una actividad comercial de acuerdo con la fuerza de sus empresas. Su fortaleza fue la que causó el problema. De todas las bolsas sólo la de Hong Kong tenía liquidez y, hasta hace una semana, fue utilizada como una vaca lechera por los directores de fondos para conseguir el dinero con que pagar a los inversores que querían salir de la zona" (The Independent, 28/10/97).

Esto demuestra el carácter insano del capitalismo. Los grandes monopolios (los "especuladores") usan su musculatura para atacar una moneda a la que consideran débil, e incluso socavan una economía como la de Hong Kong que, según criterios capitalistas, se supone está "sana". Actúan como buitres depredadores o como lobos voraces sedientos de beneficios fáciles. En palabras de uno de los especuladores financieros: "somos como lobos buscando rebaños de ovejas". De esta manera se decide diariamente el destino de millones de personas bajo el capitalismo.

El pánico que se extendió a la velocidad de la luz por las bolsas de todo el mundo, fue causado por el intento de la autoridad monetaria de Hong Kong de defender el dólar hongkonés contra los especuladores, llevando a la bolsa de la antigua colonia hacia el colapso. Los valores de las acciones de las bolsas de todo el mundo siguieron la caída de Hong Kong; los mercados emergentes de Latinoamérica fueron golpeados más duramente y los inversores emprendieron el vuelo, ya que los "mercados emergentes" se acababan de transformar en una propuesta arriesgada. Estos virajes en la bolsa son una expresión del nerviosismo subyacente de la burguesía. Una vez que la marea especulativa se pone en movimiento, nada puede pararla: "Lo que estamos viendo es una gran pelota pinchada por todos los lados", decía Edmond Warner, jefe de estrategia global de Natwest Securities. "Hong Kong debería haberse mantenido en calma, pero la realidad es que cayó en picado tras Tailandia y Malasia. En EEUU tenemos la amenaza real de que los tipos de interés suban y además mantenemos grandes stocks tecnológicos. En Gran Bretaña hay confusión respecto al SME. Estamos contagiados". (The Guardian, 28/10/97).

La burguesía no lo puede explicar

Los economistas burgueses, impotentes para explicar los procesos económicos reales, recurren a expresiones huecas que no explican nada; para ellos se supone que todo es una cuestión de "confianza", como si lo que está ocurriendo fuese algo totalmente separado de la situación de la economía real, y que puede ser decidido por la voluntad de políticos y banqueros expertos. No quieren aceptar que las crisis son un producto inevitable del sistema capitalista, y por tanto atribuirlas a un fenómeno subjetivo que sólo tiene lugar por la actitud de los inversores, en realidad, es una forma retorcida de tratarlo. Incluso una crisis bursátil es una expresión de los procesos objetivos que están teniendo lugar en el seno de la economía real.

De una forma indirecta, Alan Greenspan admitía que en la crisis en Hong Kong el pánico era sólo un fenómeno accidental:

"Mr. Greenspan rechazó que la crisis de confianza en Asia tenga algún efecto directo en los beneficios empresariales de EEUU, aunque esto es insuficiente para explicar el reciente comportamiento de los mercados financieros estadounidenses. Si no hubieran sido los acontecimientos en el sudeste asiático, el responsable de la Reserva Federal declaró que algo habría desencadenado el reajuste." (The Guardian, 30/10/97). En otras palabras, la causa real de estos acontecimientos habría que buscarla en otra parte, ¿pero dónde?

Para responder a esta pregunta, tenemos que partir de consideraciones fundamentales. En un amplio sentido histórico, el sistema capitalista dejó de jugar un papel progresista incluso antes de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, como Lenin y Trotsky explicaron muchas veces, hasta que sea derrocado por la clase obrera, el sistema capitalista siempre encontrará una "salida" a las crisis que inevitablemente genera. Por tanto no existe una "crisis final" del capitalismo. El capitalismo experimentó un nuevo período de auge económico tras la Segunda Guerra Mundial que duró toda una generación, al menos en los países capitalistas avanzados, hecho que puso su sello en las relaciones entre las clases y la psicología de la clase obrera de Europa, EEUU y Japón durante todo un período.

En realidad, en este período, el sistema capitalista fue más allá de sus propios límites gracias al crédito, al endeudamiento, a la financiación keynesiana del déficit, y en particular a través del desarrollo del comercio mundial que parcialmente y durante un tiempo permitió a la burguesía superar los límites del Estado nacional. Sin embargo, ahora nos encontramos ante un período totalmente nuevo y diferente, tormentoso y lleno de crisis convulsivas en la economía, la sociedad y la política. Todos los factores que combinados produjeron la espiral ascendente de crecimiento económico, dialécticamente se han vuelto en su contrario, sobre todo el comercio mundial, que actuó como un poderoso estímulo para el crecimiento y la inversión, ya no tiene el mismo efecto. En todas partes los capitalistas están intentado destruir las reformas del pasado, recortando el gasto público para intentar conseguir presupuestos equilibrados. Saben que de continuar por el viejo camino keynesiano, se enfrentarán a una explosión de la inflación. Por este motivo, a pesar de la propaganda que dice que "la inflación ha sido derrotada", permanecen aterrorizados ante un rebrote de la misma. La política de reducción del gasto público sólo crea nuevos problemas, reduce el mercado doméstico, y prepara el terreno para recesiones más profundas en el futuro. La burguesía está atrapada ante un dilema: en un período de auge los errores que se cometen tienen menos importancia, pero no pasa lo mismo cuando va mal, y de esta forma se enfrentan a un período prolongado de crisis del capitalismo que inevitablemente ocasionará nuevas oportunidades revolucionarias en un país tras otro, como ha demostrado el caso de Albania.

Booms y recesiones

La existencia de la crisis orgánica del capitalismo no significa que siempre y en todas partes tiene que haber una caída en la producción; al contrario, el sistema capitalista siempre se mueve en un ciclo de boom y recesión. Ultimamente se ha convertido en una moda afirmar que el ciclo ha sido eliminado. Los defensores del denominado "Nuevo Paradigma", dicen que el actual boom en EEUU está basado en un fenómeno totalmente nuevo __la tecnología de la información, la "globalización" y la "liberalización" mundial__, que se supone les llevará a un crecimiento permanente de la economía basado en un incremento de la productividad, tipos de interés y salarios bajos y poco o casi nada de inflación. Pero los economistas burgueses serios se dan perfecta cuenta de que este objetivo es un castillo en el aire; el ciclo normal del capitalismo está vivo y coleando, y los actuales virajes bursátiles son una confirmación de este hecho, como los primeros temblores que presagian un terremoto.

El actual ciclo de recuperación ha durado ya siete años en EEUU, bastante largo para los que se han producido tras la posguerra. La duración del ciclo económico de boom y recesión ha demostrado históricamente que es bastante elástico y ha variado en diferentes momentos de la historia. En los tiempos de Marx éste duraba diez años, sin embargo, en el período de la posguerra se ha acortado a unos cinco o seis años, y por tanto hay razones para suponer que el actual ciclo económico no puede continuar mucho más a pesar de que existan indicios en sentido contrario.

El pico de cada ciclo económico siempre se ha caracterizado por un ambiente de euforia salvaje entre la burguesía, pensando que la situación puede durar para siempre, expresiones de euforia que son mucho más prolíficas justo antes de un colapso económico. La perspectiva de grandes beneficios, especialmente provenientes de la especulación financiera, crea una oleada de avaricia que impregna incluso a los sectores más "respetables" de los capitalistas, y siempre acaban de la misma forma, con un colapso. Una vez que éste pasa, declaran que han aprendido la lección para "la próxima vez", y la historia siempre ha demostrado que nunca aprenden nada.

Durante los últimos siete años, EEUU ha conseguido lograr unas tasas de crecimiento económico relativamente altas, a expensas de la clase obrera y en particular de sus rivales. El febril aumento de los precios de las acciones en Wall Street estaba fuera de toda relación con el crecimiento de la economía real. Hace ahora casi un año, Alan Greenspan, Presidente de la Reserva Federal, había avisado de la ‘exuberancia irracional’ de Wall Street, pero los mercados financieros continuaron creciendo en todo el mundo, ignorando lo evidente: la formación de una peligrosa burbuja especulativa.

"Algunos expertos bursátiles han defendido que un ‘nuevo paradigma’ ha surgido en la economía mundial, encabezado por los avances en la tecnología, la globalización y la productividad, para justificar el valor tan elevado de las acciones que se ha convertido en la norma en Wall Street y en algunos otros mercados".

"Esto fue enérgicamente rechazado por Mr. Greenspan en una declaración reciente en la Cámara de los Representantes, en la que dio a entender que era una locura creer que las reglas normales de la oferta y la demanda han sido eliminadas".

"Si la caída de ayer en los mercados del mundo se materializa en desconfianza para invertir, tendría serias repercusiones para la economía mundial. El momento en que esto puede ocurrir depende de qué proporción de los beneficios especulativos de los años pasados han sido financiados con préstamos. Con tipos de interés extraordinariamente bajos en EEUU, y la bolsa subiendo fuertemente, había incentivos para pedir prestado e invertir".

"En el más espantoso de los escenarios, una parte importante de los recientes beneficios de Wall Street habrían sido alimentados por préstamos; un resultado negativo del valor de las acciones llevaría a una hilera de colapsos y una restricción del crédito. Si la bolsa continúa cayendo, se producirá un golpe en la confianza del consumidor". (The Independent, 28/10/97).

Cuando Greenspan hizo este aviso, el valor de las acciones del Dow Jones tenían un récord de 5.000, en el momento de la crisis habían alcanzado 8.200. Tal valor de "valores de papel" no guarda ninguna relación con el crecimiento real de la economía de EEUU. Un colapso de la bolsa estaba por tanto implícito en la situación, y ocurrió el lunes 27 de octubre, aunque fue precedido por una serie de crash espectaculares en Asia, que reflejaban el hecho de que el período de rápido crecimiento económico en esa zona había llegado al límite. Estos acontecimientos subrayan el hecho de que las crisis en la bolsa no son acontecimientos totalmente inexplicables motivados por factores subjetivos, sino que son en última instancia, síntomas de los procesos que se producen en la economía real.

¿Qué tipo de crisis?

En el volumen III de El Capital (capítulo 30) Marx explica que: "La causa última de cada crisis real siempre reside en la pobreza y el limitado poder de compra de las masas, comparado a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas de tal manera que sólo el poder de compra absoluto de la sociedad será su límite". Así, la causa final de la crisis del capitalismo es la sobreproducción y la capacidad de compra limitada de las masas, pero hay crisis y crisis, por eso Marx se refiere a "cada crisis real". En la situación actual, la línea del desarrollo capitalista puede ser rota por varios lugares diferentes, y hay muchas clases de crisis, incluyendo las crisis en la bolsa que no son directamente causadas por las contradicciones centrales del modo de producción capitalista, y no todas las crisis de la bolsa conducen directamente a una recesión.

La última crisis bursátil que llevó a una recesión económica fue la de Wall Street en 1929. En este caso, todas las condiciones para una recesión estaban preparadas con anterioridad, y la crisis de la bolsa actuó como un poderoso detonador del colapso general. Sin embargo, no siempre es éste el caso. Por ejemplo, la crisis bursátil de 1920 sirvió para sacar de la circulación una gran cantidad de capital ficticio que se había ido acumulando durante la Primera Guerra Mundial y el boom inflacionario que inmediatamente la siguió. A esto lo denominan los economistas burgueses como una "corrección". Dependiendo de cada situación, una "corrección" puede incluso jugar un papel positivo y actuar como un estímulo para un nuevo desarrollo de la economía, como ocurrió en los años veinte. Algo similar ocurrió tras la crisis bursátil de octubre de 1987. Por tanto necesitamos tratar los recientes acontecimientos en su contexto y estudiar los procesos situándolos en el plano de la economía real.

Una de las características llamativas del actual ciclo económico es la enorme cantidad de capital ficticio que ha sido inyectado en el sistema. Billones de dólares están flotando en el mundo, no para propósitos productivos sino especulativos. En las últimas semanas se ha visto cómo estas colosales sumas de dinero pueden ser desplazadas de un lugar a otro, o cómo, cuando la moneda de un país es considerada débil, se produce una devaluación y con ello la salida masiva de capital. Esto es justo lo que ha ocurrido con el bath tailandés, provocando una serie de crisis y devaluaciones en las otras economías asiáticas y una reacción en cadena que finalmente provocó una oleada de pánico por vender en las bolsas de EEUU y Europa. Así, la tan cacareada "globalización" del sistema financiero se vuelve en una fuente de nuevas contradicciones e inestabilidad, y puede ser la chispa que encienda una masiva crisis financiera en la línea de 1929 o peor, con consecuencias imprevistas para la economía mundial.

Marx explicó que el ideal de la burguesía era obtener plusvalía sin la penosa necesidad de recurrir a la producción, "dinero engendra dinero" (D-D). En la época moderna, han logrado realizar este sueño con la especulación masiva que ha alcanzado unos niveles sin precedentes, y no sólo en la bolsa. Tenemos el espectáculo del saqueo de las empresas estatales mediante la "privatización". Por este sistema la burguesía obtiene empresas valiosas por sumas triviales de dinero que después proceden a ordeñarlas para sacar el beneficio, gastando poco o nada en nueva inversión. Por otro lado tenemos un torrente de absorciones, confirmando el proceso de concentración del capital ya anticipado por Marx y que ha alcanzado unos límites inauditos, absorciones que, por lo general, tampoco van acompañadas de nuevas inversiones productivas, y son seguidas de cierres y despidos masivos.

El enorme aumento del capital ficticio es una prueba de la increíble inflación de los valores de la bolsa. En EEUU el valor total de las acciones (1’9 billones de dólares) excede al PNB de EEUU (8.000 billones de dólares). Tarde o temprano este proceso finalizará en una masiva deflación de los precios de las acciones en el cual siempre hay alguien que pierde, el pequeño inversor, mientras los grandes monopolios venderán antes del colapso, incluso intervendrán cuando los mercados estén cayendo, para comprar acciones a precios de ganga.

En 1987, y de nuevo en 1990, lograron evitar una recesión, entre otras razones debido al desarrollo del mercado del Lejano Oriente, especialmente China, pero ahora la crisis está afectando a Asia y lejos de ser una fuente de estabilidad, se ha convertido en un foco de inestabilidad. Aunque los mercados bursátiles en EEUU y Europa se las han arreglado para recuperarse (por cuánto tiempo es otra cuestión), la crisis en Asia continua sin signos de solución.

El principal motivo por el que el crash de 1987 no llevó inmediatamente a una recesión fue debido a que los gobiernos de los principales países industrializados inyectaron grandes cantidades de liquidez en la economía para evitar la recesión. Desde el punto de vista de los economistas keynesianos ortodoxos tal conducta era una irresponsabilidad: el aumento del déficit financiero no se utiliza para sacar a la economía de una recesión, sino para alargar o mantener un boom. El resultado de esta política fue un aumento enorme del déficit público que ahora intentan combatir. Esto explica en parte la gigantesca deuda pública que acosa a las principales economías capitalistas __más del 60% del PNB en Francia y Alemania; 125% en Italia; 120% en Grecia; 130% en Bélgica__. La deuda nacional de Gran Bretaña que ha permanecido estable durante 150 años se ha doblado en los últimos cuatro años del gobierno Tory. Sólo los intereses que se tienen que pagar por estas deudas absorben una gran cantidad de la riqueza de estos países. Sin éstos Bélgica, por ejemplo, actualmente tendría superávit. Por otra parte, siguiendo estos métodos, sólo tendrán éxito en retrasar la recesión uno o dos años más, y tampoco está claro que tengan los efectos deseados con su política de recortar drásticamente el gasto público en todos los países capitalistas.

El único país que ha intentado aplicar métodos keynesianos en el último período ha sido Japón, por la presión de sus rivales, especialmente EEUU. Para reflotar su economía, el Estado japonés ha inyectado al menos 275.000 millones de dólares pero los resultados son aún muy pobres, el crecimiento económico permanece lento y, por primera vez desde la guerra, Japón tiene un enorme déficit presupuestario que en 1996, según cifras oficiales, alcanzó el 4% del PIB, cifra que puede ser superada en 1997. Además los tipos de interés están muy bajos (sólo un 0,5% en Japón), y ya que el recurso normal para inyectar liquidez al sistema es la reducción de los tipos de interés, método difícil de aplicar ahora como hicieron en 1987 cuando los tipos de interés estaban mucho más altos. En éste y otros aspectos la situación es muy diferente a la de hace diez años; por tanto no puede haber garantías de que una crisis seria en la bolsa pueda finalizar de la misma forma.

Peculiaridades de este ‘boom’

La actual recuperación económica tiene algunas peculiaridades. A excepción del boom en la tecnología de la información en EEUU, este ciclo no ha estado caracterizado por un gran aumento de la inversión en las fuerzas productivas. El bajo nivel de la demanda por todas partes demuestra que el mercado doméstico está deprimido, reflejando el hecho de que este boom ha sido realizado principalmente a expensas de la clase obrera, como lo señala William Greider:

"El denominado boom Clinton es distintivo de los primeros ciclos porque, a pesar de cinco años de crecimiento económico el ingreso medio familiar aún no se ha recuperado de la pasada recesión. No es un secreto cómo los consumidores lo hacen frente: piden prestado dinero para poder comprar. Según el Financial Market Center, la deuda familiar ha alcanzado un asombroso 91% del ingreso personal disponible, comparado con el 65% de 1980. La deuda del consumidor está siendo asumida por los plazos, los tipos de interés nominal han bajado, pero los tipos de interés real __el coste real del crédito calculado por los tipos nominales descontado la inflación__ son aún extraordinariamente altos, como las tasas nominales han caído, el precio también continua cayendo".

Los capitalistas se han concentrado para conseguir plusvalía en exprimir hasta la última onza del sudor, los nervios y el esfuerzo de los trabajadores, lo que Marx denomina plusvalía relativa. Mientras en el pasado los capitalistas obtenían beneficios invirtiendo en maquinaria, lo cual tenía un carácter relativamente progresista (era la única cosa progresista) ahora en cambio el sistema se mantiene como algo totalmente degenerado, ineficaz y reaccionario.

La manía por la especulación, absorciones, saqueo del Estado y el intento de conseguir "algo por nada" es sólo la otra cara de la moneda del mismo fenómeno: es la confesión de la bancarrota histórica del capitalismo. Siempre la clase dominante encuentra intelectuales a sueldo preparados y dispuestos para proporcionar una justificación "teórica" a esta situación. Nunca la denominada "ciencia" de la economía burguesa ha estado a niveles tan bajos como hoy en día: son simples apologistas de una clase que hace tiempo ha perdido el derecho a permanecer al timón de la sociedad, y que es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas como lo hizo en el pasado. La caída del estalinismo les proporcionó una confianza temporal, pero ahora esto ya no les sirve, como saben los más perspicaces estrategas del capital (una pequeña minoría es verdad), porque la mayoría, como es habitual, son felices complaciéndose a sí mismos en la orgía monetaria, obviando todas las señales de advertencia. Esto se aplica particularmente a los representantes del capital financiero que se sienten totalmente libres en el nuevo "mercado global" creyendo que pueden saciar su apetito y enriquecerse sin ningún tipo de restricciones. Sin embargo, la actual crisis mostró que empieza a existir un ambiente de nerviosismo en estos círculos, a pesar de la recuperación de Wall Street, que fue el resultado de la compra por parte de los grandes monopolios de acciones a expensas de los pequeños inversores, y que bastó para que muchos se consolasen pensando que todo era una falsa alarma y regresarán a sus payasadas especulativas como si nada hubiera ocurrido.

¿Cuál es la razón para el nerviosismo? En estos meses han aparecido artículos en la prensa burguesa advirtiendo que el actual boom no va durar para siempre. Stephen Roach ha avisado repetidamente del peligro de una "reacción obrera". Un aviso fue la victoriosa huelga de UPS en EEUU, una demostración de que la monstruosa presión ejercida sobre los trabajadores tiene sus límites. El boom en EEUU ha adquirido eventualmente una cierta vitalidad y ha estimulado la lucha reivindicativa de los trabajadores por más salarios, como es el caso de los trabajadores de la prensa de Detroit. Si tenemos en cuenta que los salarios reales de los trabajadores estadounidenses no han crecido en los pasados 20 años, estaba claro que esta situación no podía durar indefinidamente. En los próximos meses son inevitables nuevas huelgas, y no sólo en EEUU. En Gran Bretaña la elección de un gobierno laborista ha creado una situación totalmente nueva, las expectativas de los trabajadores son muy grandes, y los dirigentes socialdemócratas laboristas no pueden satisfacerlas, preparando el camino para un gran movimiento de la clase obrera en el frente industrial. Una situación similar existe en Francia, donde los trabajadores han dado abundantes pruebas de su militancia. En Italia, Alemania y España no se quedan atrás. El escenario para una agitación tras otra existe, especialmente si la economía mejora un poco en los próximos meses, algo que no está descartado.

Los recientes acontecimientos son un recordatorio gráfico de la naturaleza anárquica del capitalismo. Pensar que esto puede controlarse simplemente con la intervención de los gobiernos y bancos centrales es un sin sentido, es más, su naturaleza incontrolable nunca ha sido más evidente que actualmente. La "globalización" simplemente pone en evidencia que estas fuerzas incontrolables van a jugar un papel incluso mayor que en el período anterior. La enorme concentración de capital, donde vastas cantidades de dinero __la mayoría ficticio__ se mueven por el mundo al capricho de un pequeño número de personas, hace que todo el proceso adquiera un carácter más convulsivo e impredecible. Es una receta acabada para mayores recesiones en el futuro, que podrían ser desencadenadas por un crash bursátil como el que acabamos de presenciar. El que en esta ocasión no haya ocurrido inmediatamente no significa que no pueda ocurrir en el futuro. El falso optimismo producido por las sesiones posteriores al crash en Wall Street reforzará la tendencia a continuar como antes, preparando el camino para nuevas y más catastróficas caídas. El recorte sistemático del mercado interno a través de la reducción del gasto público, ataques a los niveles de vida, etc., está preparando el camino para una recesión profunda, probablemente la más profunda desde 1945.

La tecnología de la información

La crisis de la bolsa en EEUU afectó duramente a los precios de las acciones de la industria de la información. El índice Nasdaq Composite __compuesto por las empresas con el crecimiento más rápido de América, las empresas de alta tecnología__, cayó más del 10 por ciento. Aquellos que argumentan que el ciclo comercial ha desaparecido basándose en la idea de que el advenimiento de la tecnología de la información de alguna manera ha alterado fundamentalmente el sistema, han sido contestados recientemente en las páginas de Business Week (1/3/97) que publicó un artículo con el título ‘El nuevo ciclo comercial’ (The new business cycle), en donde se planteaba:

"El ciclo comercial no ha desaparecido, al contrario, la alta tecnología es más volátil que la industria automovilística, con mayores virajes impulsados precisamente por las nuevas tecnologías".

El artículo cita a Andrew S. Grove, director ejecutivo de Intel Corporation diciendo. "Cada vez que pensamos que nuestro negocio era el menos cíclico, vemos como el próximo ciclo será más convulsivo que el anterior".

Esto no es nuevo, ya en las páginas de El Manifiesto Comunista, Marx y Engels explican que: "La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción y, con ello, todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes" (El Manifiesto Comunista, página 42, edición de la Fundación Federico Engels).

Es ABC para un marxista que los capitalistas constantemente buscan nuevos mercados para hacer más productivas sus inversiones. En cada período de desarrollo capitalista han encontrado nuevos campos de inversión __fuerza de vapor y textil en la revolución industrial; ferrocarril, barcos de vapor y telégrafos en la última parte del siglo XIX, el fordismo y los automóviles en los años 20 y 30; electricidad, aeroplanos, radio, teléfono, televisión, química, plásticos, ordenadores, etc__. En realidad, la importancia de la técnica informática está lejos de tener la misma importancia que tuvieron los ferrocarriles durante el siglo pasado: desde 1869 a 1893 los kilómetros de vías de ferrocarril se cuadruplicaron, los costes del transporte marítimo bajaron dramáticamente, se abrieron grandes zonas del país a la agricultura comercial y a la manufactura, los propios ferrocarriles consumían la mayoría del acero y carbón producidos en EEUU. Significaba casi el 20% de toda la inversión, en conjunto la expansión del ferrocarril alimentó la economía que crecía una media del 5% anual.

Lo más notorio del actual ciclo económico no es la apertura de un nuevo campo de inversión productiva, sino precisamente su ausencia. Si se excluye la tecnología de las telecomunicaciones, la tasa de crecimiento real de EEUU sería un miserable 1,8% al año. Éste es el único sector de la economía que ha experimentado una gran afluencia de inversión; por este motivo se ha convertido en el sector decisivo de la economía americana. En los pasados tres años, el sector de la alta tecnología ha contribuido un 27% al crecimiento del PIB, comparado con el 14% de la construcción y el 4% del sector del automóvil. El año pasado, un 33% del PNB ha provenido de las industrias de telecomunicaciones, impulsadas por el boom de Internet y el auge de la televisión por satélite.

Este es el modelo clásico de acumulación capitalista, invirtiendo en maquinaria los capitalistas en este sector han asegurado enormes aumentos de la productividad, permitiéndoles obtener al mismo tiempo beneficios altos __no es casualidad que Bill Gates sea el hombre más rico del mundo__, salarios elevados, en contraste con la mayoría de los trabajadores americanos, para los programadores, técnicos de la red y otros trabajadores de alta tecnología, y una caída constante de los precios de productos como los ordenadores y equipamiento de las comunicaciones. Este abaratamiento de los costes de producción ha sido __al lado de la sistemática reducción de los salarios para la mayoría de los trabajadores__, una de las principales razones para la ausencia de presiones inflacionarias en la economía de EEUU durante el actual ciclo __al menos hasta ahora__.

La tecnología de la información ha desplazado en los últimos tres años a los coches, el acero y la construcción como la principal fuerza motora de la economía USA. Nueve millones de personas trabajan ahora en este sector __más que en el acero o en el automóvil __. En estos últimos tres años el sector de la alta tecnología ha experimentado un fuerte crecimiento mientras el resto de la economía del mundo caía. La alta tecnología, según Business Week, sumaba un negocio total de 420.000 millones de dólares. Los consumidores y las empresas gastan 282.000 millones de dólares en EEUU sólo en hardware. Esto supone un 17% más que las compras de nuevos vehículos y sus componentes, un 49% más que el gasto en nuevas viviendas, y un 168% más que la construcción comercial e industrial.

La alta tecnología también juega un papel fundamental en la bolsa, desde 1993 hasta finales de 1996, las acciones de estas empresas han sido los líderes del mercado, arrastrando a otros sectores con ellas. Durante los últimos tres años estas acciones han producido unos beneficios anuales del 35%, comparados con el 20% de las demás. Sin embargo, ya hay signos de que esto está llegando al límite. Business Week avisaba de la siguiente forma: "Recorriendo una ola de optimismo tecnológico, el ordenador, software y las industrias de las comunicaciones han crecido a un ritmo que ha excedido al resto de la economía durante los últimos tres años, ayudando a extender la expansión".

Como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia del capitalismo, los capitalistas invierten para obtener el máximo beneficio. Cuando se abre un terreno rentable para la inversión, los primeros en explotarlo pueden obtener grandes beneficios, pero inevitablemente, cuando otros capitalistas entran, la tasa media de beneficio tiende a caer, los precios y los beneficios comienzan a reducirse. La inversión inicial requerida para construir una fábrica de alta tecnología, crear un programa o un microprocesador es enorme, aunque el coste actual de la producción de chips o software para la venta es relativamente bajo, el aumento de la demanda conduce a que la media de los costes caiga aún más, posibilitando bajar los precios y estimular la demanda todavía más.

Sin embargo, hay un problema con este denominado "círculo virtuoso". Como se produce con otros campos rentables de inversión, en un momento determinado la sobreproducción comienza a aparecer, y finalmente provoca una crisis. En el último ciclo económico, se vio claramente con la construcción de oficinas, cuando la recesión finalmente llegó en 1990. La alta tecnología ahora se encuentra en una situación similar, como señala Business Week: "En los últimos tres años, el gasto de las empresas en equipos de tecnología informática aumentó casi un 45%, mientras el gasto en mano de obra lo hizo sólo un 19%. Aunque la tecnología de la información se haya convertido en una ventaja estratégica para muchas empresas. También es lógico que cuando los tiempos se vuelvan duros será lo primero en reducirse o posponerse. La mayoría de los trabajadores del sector están con contratos temporales, y por tanto más fáciles de despedir; está situación es extensible a otros sectores como la telefonía, etc.".

"Pero esta situación tiene un precio: al haber aumentado tanto la producción en alta tecnología, la economía es ahora más vulnerable ante una caída de ésta y de una forma nunca vista antes. Ya hay signos de debilidad en estas industrias y, si se prolongan, anunciarían una recesión mayor así como una brusca crisis bursátil". Estas líneas fueron escritas varios meses antes de la crisis bursátil, demostrando que los representantes serios del capital ya comprenden que el actual boom estaba llegando a su límite, y que consecuentemente, la crisis de la bolsa en realidad refleja, aunque con imperfecciones, la situación real de la economía. De la misma forma muestra en concreto la relación que hay entre una crisis bursátil y el proceso real de la producción.

"La tecnología de la información __la parte más grande en los presupuestos comerciales de muchas empresas__, será el primer objetivo en recortarse si el ciclo productivo cae, o si el resto de la economía decae debido a un aumento de los tipos federales. Con 3,5 millones de empleos destruidos desde 1989, la empresa americana ha eliminado la mayoría de la grasa de reserva de su fuerza laboral. La próxima vez que la economía baje, el único camino para ahorrar dinero que tendrán las empresas será retrasar los proyectos informáticos y tecnológicos. ‘Nuestra industria solía ser inmune al ciclo comercial’, dijo Eric A. Benhamou, presidente de 3Com Corporation".

"La caída del nuevo ciclo comercial podría tener consecuencias dramáticas para eL empleo, la inversión y el crecimiento. En Silicon Valley, en Boston, y otras zonas del país donde se han instalado empresas de alta tecnología, una multitud de compañías de software están contratando trabajadores con la esperanza de conseguir un 20% de crecimiento anual, contratan a hordas de programadores, probadores etc., que serán innecesarios si las ventas caen. ‘Es una burbuja de especulación’, dice Larry Kimbell, director del UCLA / Anderson Business Forecasting Project, ‘y habrá mucha gente decepcionada’ cuando el boom cese".

"Si los beneficios caen demasiado, la mayoría de las empresas de alta tecnología tendrán que restringir el desarrollo de nuevos productos y la construcción de fábricas. Los fondos de capital de las empresas se agotarían. El ritmo suicida del cambio tecnológico se ralentizará, y los compradores tendrán menos razones para pasar inmediatamente a la próxima generación de ordenadores o software, deprimiendo así la demanda. ‘Si nuestra tasa de innovación baja, y se pierde consecuentemente la oportunidad de comprar, presumiblemente esto tendría repercusiones en toda la economía’, dice Grove".

Crisis de sobreproducción

Últimamente ha aumentado el número de voces en los periódicos económicos expresando preocupación por la sobreproducción, o como prefieren llamarlo, sobrecapacidad. El 1 de octubre de 1997 apareció un artículo en New York Times firmado por William Greider __el autor de One world, ready or not: The Manic Logic of Global Capitalism (Un mundo preparado o no: La lógica frenética del capitalismo global)__, titulado ‘Cuando el optimismo se topa con la sobrecapacidad’, lanzando el siguiente aviso:

"A principios de este año, un artículo en The Wall Street Journal anunciaba que la economía globalizada había entrado en una ‘nueva era’ de fortaleza y prosperidad sin problemas. En agosto, el periódico modificó su punto de vista. Actualmente informaba que muchos sectores industriales están afectados hasta niveles peligrosos de sobrecapacidad, demasiado rendimiento potencial y sin compradores suficientes. Así la superabundancia, promete feas convulsiones __compañías quebrando, más cierres de fábricas__ si no algo peor".

"Un artículo publicado en The Economist resumía la industria automovilística de la siguiente forma: "Las empresas de coches se dirigen hacia un crash. La industria será capaz de producir casi 80 millones de vehículos para el año 2000, para un mercado menor a los 60 millones de compradores. Este desequilibrio crea una presión que hace reducir los precios y por tanto la reducción de los beneficios en las ventas, muchas fábricas se verán obligadas a cerrar, empresas más grandes se fusionarán, etc".

"The Financial Times decía que, debido al aluvión de inversión, incluso un mercado caliente como China está ahora golpeado por la sobrecapacidad, desde coches a química o electrónica. Hace un par de años, cada multinacional se apresuraba para construir plantas allí y coger la ola de ascenso de consumo en China, ahora hay fábricas, no hay consumidores, y hay superabundancia".

"Algunos respetados observadores de Wall Street están ahora expresando su preocupación, la superabundancia de capacidad productiva lleva a la caída de los precios, y finalmente a la de los beneficios. James Grant, director de Grant’s Interest Rate Observer, avisaba de la superabundancia en sectores tan diversos como las plantas de semiconductores y las fabricas de aviones: ‘hay demasiados hoteles en Fénix y demasiada capacidad manufacturera en China’, escribía".

"Si se produce una deflación general de los precios, si de repente o gradualmente, se generara un ciclo negativo de caída de los precios y los salarios, se producirá la depresión en la producción y en los valores financieros, desde los préstamos del Estado a los stocks y las finanzas".

"William H. Gross, el respetable director general del Pacific Mutual Investment Company, que dirige más de 90.000 millones de dólares en bonos a lo ancho del mundo decía lo siguiente: ‘Mis temores deflacionarios están basados en dos cosas: el crecimiento excepcional de la productividad y la superabundancia global’. Mr. Gross cita además otras causas: los salarios reales tanto en EEUU como en el exterior, no pueden mantener el rápido crecimiento de la nueva producción, es decir, no habrá suficiente demanda para comprar todo el exceso de mercancías, y las economías emergentes son nuevos jugadores agresivos e impacientes por sobreproducir y a precios más bajos que nadie".

Preocupaciones similares fueron expresadas en un reciente editorial de Business Week:

"La economía global está inundada en un mar de capacidad: coches, chips, acero, química, ordenadores, refrigeradores, ropa. Ahora que la inflación no aterroriza a la gente, Cassandras está lanzando preocupación sobre la inflación, argumenta que la oferta está dejando atrás a la demanda, y aparecerá una espiral deflacionaria en todo el mundo, como en una depresión al estilo de los años treinta. Algunos defensores de la deflación incluso quieren que la Reserva Federal rebaje los tipos aún más, para estimular la demanda doméstica. Tomémonos algo de tiempo para considerar el tema, las presiones deflacionarias actualmente han sido un beneficio para EEUU, y, además, los defensores de la Nueva Economía dicen que si hay un problema de la demanda amenazando, este es un fenómeno de Asia, y por tanto la solución se encuentra en Asia".

"¿Tan preocupante es la sobrecapacidad? La deflación en los años noventa es un territorio desconocido. En los años treinta, destruyó rentas y empleos, debilitó los ahorros, y mantuvo al mundo pobre desde 1929 hasta la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo en esta década, la deflación ha conducido a mayor crecimiento y aumento de los salarios reales a medida que las empresas de alta tecnología reducen costes, aumentan la productividad, y aumentan las ventas por unidades para compensar la caída de precios. La gran pregunta es si esto puede servir para toda la economía. ¿Llegará un momento en que el aumento de la productividad y las ventas unitarias caigan dejando atrás la caída de precios y desencadenando una espiral deflacionaria? Con EEUU con la inflación próxima a cero, pronto podremos ver la respuesta" (Business Week, 13/9/97).

Estos temores no son exagerados, la existencia de sobreproducción está bien documentada, hay sobrecapacidad en todo en el mundo y en toda una serie de sectores básicos, no sólo coches y acero, sino también microchips. Según el artículo de The Economist citado por Breider. Incluso si toda la industria del automóvil de EEUU desapareciera, aún habría demasiados coches en el mercado. En el volumen tres de El Capital, Marx señala que la sobreproducción se manifiesta al final del ciclo económico, el mercado se expande más lentamente que la producción. El poco poder adquisitivo de las masas en Asia no puede absorber el colosal aumento de la producción de mercancías, tanto de los productos internos como de los bienes importados desde USA, Japón y Europa, todos luchando para conquistar sus mercados. Sólo el sector del automóvil ilustra suficientemente la situación, no sólo son Toyota, Ford y Wolkswagen luchando por acceder al mercado asiático, sino los propios países asiáticos están comenzando a producir coches __China, Indonesia, Malasia, todos intentan producir sus "propios" coches__ que añade más superabundancia no sólo a los mercados asiáticos sino al mundo entero. Tarde o temprano, lo que está teniendo lugar en Asia se reproducirá a escala global, creando las condiciones para una recesión en todas las de la ley.

La crisis en Asia

Uno de los factores más importantes en la actual situación de la economía mundial ha sido la entrada en escena de nuevas zonas que anteriormente habían jugado un papel marginal y que ahora han adquirido una importancia en los cálculos del capitalismo mundial. Este es el caso concreto de los denominados "tigres" asiáticos __Taiwan, Corea del Sur, Hong Kong y más recientemente Indonesia, Tailandia y Malasia__. Pero las mayores esperanzas se han producido con la perspectiva de la apertura de China, con una población de 1.200 millones de personas, fenómeno que tampoco es nuevo. En cada período de desarrollo del capitalismo desde el siglo XVI en adelante, nuevas zonas, incluso continentes enteros, han sido atraídos por el sistema de producción capitalista, primero el Nuevo Mundo en los albores del capitalismo, después las colonias en Asia y Africa en el siglo XVIII, después China, Australia, California y Africa del Sur durante el siglo XIX, y continúa.

El surgimiento de las denominadas "economías tigres" no evitó la recesión de 1990-92, pero impidió que se convirtiese en una profunda recesión o depresión. El mercado asiático es importante aunque no suficiente para absorber todas las exportaciones de Japón, Europa y EEUU. Hay una lucha feroz por los mercados en Asia, manifestando la naturaleza limitada de sus mercados internos. Hace sólo diez años la aportación de las exportaciones de EEUU equivalía al 6%de su PNB, ahora es el 13% __asombroso para tan corto plazo de tiempo__, y quieren aumentar esta cifra al 20% para el año 2000. Eso significa el aumento de tensiones y conflictos con Japón y Europa que puede poner todo el comercio mundial en peligro, especialmente en el caso de una profunda recesión. La lucha por el mercado asiático es sólo una expresión más de este conflicto que se manifiesta continuamente en todo tipo de formas.

El papel que los "tigres" podían jugar en la economía mundial ha sido enormemente exagerado, la mayoría de estos países son demasiado pequeños, dos de ellos, Singapur y Hong Kong, son en realidad ciudades-Estado, Taiwan y Corea del Sur son casos especiales ya que el imperialismo estadounidense se vio obligado a ayudarles a desarrollarse económicamente ante el temor de la revolución china (lo mismo ocurrió con Japón tras la Guerra Mundial), pero estas economías no tienen ningún parecido con el peso económico de Japón

La única economía que podría marcar una diferencia fundamental en la economía mundial en determinadas condiciones sería China. Sin embargo, aquí también los capitalistas occidentales están equivocados. Es verdad que se han invertido grandes sumas en China durante la última década y, hasta cierto punto, China está cumpliendo el papel que Occidente tenía al principio destinado para Rusia. Es paradójico que hayan fracasado con sus inversiones en Rusia __que obedientemente siguió los dictados del FMI, disparatados consejos incluso desde el punto de vista de la naciente burguesía rusa__ y estén invertido grandes cantidades de dinero en China donde la burocracia estalinista mantiene un firme control de la economía. Sin embargo, desde un punto de vista capitalista, China no representa un mercado de 1.200 millones de personas. A pesar de los avances en ciertas zonas, China permanece como una economía relativamente atrasada en la que la gran mayoría (800 millones) viven aún en el campo en condiciones de pobreza.

China se ha convertido en un importante exportador de productos baratos que han comenzado a invadir los mercados occidentales. Con las tasas actuales de exportación, China pronto reemplazará a Japón como el país con mayor superávit comercial con los Estados Unidos, una situación que ha encendido las luces de alarma en Washington.

La sobrecapacidad juega un papel fundamental en la crisis en Asia. En diciembre de 1996, un artículo titulado: ‘Asia: Qué hay detrás de la recesión’, Business Week decía:

"Como ellos (los países asiáticos) están compitiendo para aumentar su influencia industrial, crean nuevos problemas, la sobrecapacidad amenaza a sectores clave como la petroquímica, aparatos para el consumo, coches de pasajeros y chips. La región ha basado su estrategia en la experiencia de Japón, Corea del Sur y Taiwan que lograron sobrevaluar sus industrias mediante el experto uso del proteccionismo y los subsidios tras perder competitividad en ropa, zapatos y juguetes. El Sudeste Asiático no necesita todas las refinerías y plantas de automóviles de que dispone".

"Indonesia, Tailandia, China, Taiwan y Corea del Sur están inviertiendo miles de millones de dólares en enormes complejos industriales. Este año el exceso de productos químicos hizo que los precios bajaran un 36%, golpeando más duramente a los productores asiáticos. Ahora la borrachera se convierte en furia. Corea del Sur ya ha acusado a sus vecinos de dumping. Tiene tres enormes plantas petroquímicas en desarrollo y tres más en el tablero, incluyendo plantas de los gigantes Hyundai y Samsung. ‘Una vez que Hyundai y Samsung se metan en petroquímica, sobreproducirán como lo hacen con los automóviles’, como dice Steven Tagmeir, especialista químico de McKinsey & Co: ‘Ellos encabezan el camino hacia el crash del mercado mundial’. Por su parte Kim Tae Han, director de planificación del grupo químico Samsung dice: ‘Para competir con las empresas europeas y americanas, necesitamos expandirnos". (Business Week, 2/12/96).

Y Graider continúa:
"El desorden absoluto implica en las finanzas oficiales devaluaciones dramáticas de la moneda, bancos sobreexpuestos a los riesgos y repentina huida de los inversores extranjeros. Pero la causa subyacente, como algunos reconocen, es la sobrecapacidad. Tailandia es una ilustración clásica de cómo los mercados financieros pueden desestabilizar la economía real de los productores y consumidores. Los banqueros y los inversores están tan ocupados prestando, invirtiendo y pujando que no ven que las nuevas fábricas que ellos están financiando a lo mejor no pueden vender su producción".

El aumento de las exportaciones de Asia es la otra cara de la moneda; es más, las exportaciones occidentales a Asia se verán también afectadas por la recesión. Corea del Sur ha entrado en una crisis seria, seguida por Tailandia, Indonesia y Hong Kong.

Con Asia sumergida en una profunda crisis y obligando a un país tras otro a devaluar sus monedas, el capital financiero internacional inconscientemente ha actuado como un agente de la revolución. Como fue el caso hace cien años en Rusia, el imperialismo ha fortalecido a la clase obrera en Asia mediante la exportación de capital en su búsqueda de beneficios. En un artículo titulado: ‘La crisis monetaria asiática: rescatando a los ricos’, Eva Cheng explica las consecuencias de la crisis para Asia:

"La inflación se intensificará y prepara una gran caída de los niveles de vida de la población. En Tailandia, este proceso será estimulado por el crédito concedido por el FMI de 17.000 millones de dólares. Como es habitual, esto supone recortes profundos del gasto social, reservando la carga más pesada para los pobres". El sueño de millones de personas en un futuro próspero mediante el trabajo duro y el ahorro será hecho añicos, dejando el camino de la lucha como la única opción viable para ellos. Esto supondrá agitaciones sociales y políticas en un país tras otro, creando las condiciones para un movimiento revolucionario de masas como ya fue anticipado por la magnífica lucha de los trabajadores de Corea del Sur. También en Indonesia hay un enorme potencial revolucionario debido a la crisis de la dictadura de Suharto y los comienzos de un despertar del proletariado.

Sobre todo, el destino de Asia será decidido por los acontecimientos en China. Aunque a esto no se le ha dado mucha publicidad, el desorden económico se ha extendido hacia China, donde ha habido una oleada de huelgas durante el año pasado. Una vez el poderoso proletariado chino entre en acción, toda la situación se transformará rápidamente. Los temores de la burguesía fueron bien expresados en las páginas de The Guardian, Simon Cawkwell informaba de una conversación que había tenido con un compañero en el lejano oriente: "Me dijo que me concentrara en la masiva desorganización que se estaba desarrollando en China, mucho más grande y más significativa que todo el territorio del sudeste asiático junto, me subrayó además que el patrón de prestar y pedir prestado en China está fuera de todo control". (31/10/97).

El pesimismo de la burguesía

Los recientes acontecimientos indudablemente han preocupado a los más serios representantes de la burguesía. "La gente está preocupada ante la posibilidad de que una crisis financiera global se encuentre a la vuelta de la esquina", dice Bentham Hung, director del All Weather Fund for Presidente Investment Trust, en Taiwan. No hay duda de que el colapso ha causado pánico en los círculos financieros. El ambiente de Wall Street era resumido como sigue: "Los agentes en Nueva York rogaban porque el mercado parase de bajar. El Presidente Clinton estaba constantemente informado del alcance de la crisis, y, en un intento de restaurar la calma en los febriles mercados financieros de América, un portavoz de la Casa Blanca dijo: 'El Presidente tiene confianza ya que las bases de la economía americana son fuertes'. Pero esto no quiere decir que la opinión de la mayoría de la burguesía sea ésta, la opinión más común fue expresada por una de los estrategas del capital:

"Estamos ante una severa corrección", dijo William Dodge, principal director financiero de la empresa Marvin & Palmer en Wilmington. "Pero esto no es el principio de una caída del mercado". Según la definición de Dodge, una verdadera crisis a la baja del mercado es una caída de más del 20% en los índices bursátiles como el Dow Jones y el Standard & Poor's 500. A pesar del pánico en las ventas por todo el mundo en los días recientes desencadenado por las preocupaciones sobre la economía del Sudeste Asiático, Dodge y muchos otros grandes inversores creen que esto tiene poco que ver con la economía de EEUU y su bolsa.

Como es habitual no pueden faltar voces tranquilizadoras, que aseguran a los inversores un futuro rosa y por supuesto, que "las bases están sanas". Esas bases incluyen bajos tipos de interés, crecimiento continuo de los beneficios empresariales, alta competitividad de la economía de EEUU, y una baja inflación. Sin embargo, el temor de una recesión está presente, como el fantasma de Banquo en el Macbeth de Shakespeare: todos los intentos de exorcizarlo son en vano. Tom Petrunio describía en Los Angeles Times un escenario muy distinto:

"Quizá el mayor problema que algunos expertos sugieren, es la posibilidad de predecir un hundimiento del mercado por problemas económicos que no serán evidentes hasta dentro de algunos meses. Entre los centros de esos temores están las agitaciones económicas de Asia que desencadenarán una recesión económica global __una deflación de precios__, tan severa que afectará a las empresas norteamericanas que todavía obtienen grandes beneficios, y arrastrará con ella a los valores de las acciones, incluso si los tipos de interés continúan bajando".

"Incluso aunque la riqueza de la economía americana en su mayoría dependa del consumo interno y no de las exportaciones, el gran temor es que los consumidores americanos, dos veces más que los inversores en la bolsa en 1987 (las encuestas dicen que 4 de cada 10 americanos invierten), de repente comenzarán a recortar sus gastos. El mismo punto de visto tenía el veterano economista keynesiano, John K. Galbraight, quien decía que cuando la gente se siente más pobre gastan menos. (…) Muchos pequeños inversores han perdido demasiado, y no significa que sea la última caída. La confianza de las grandes empresas en las futuras inversiones también habrá sido vapuleada, como tuvo que admitir Alan Greenspan: ‘Comentando los acontecimientos de la bolsa, Mr. Greenspan dijo que incluso tras la recuperación de las pasadas 24 horas, los mercados han dejado a los inversores menos ricos y las empresas afrontando un coste de capital mayor". (The Guardian, 30/10/97).

Los efectos sobre los inversores fue también relatado en Los Angeles Times (29/10/97):

"Pregunta.- ¿Qué ocurrirá cuando los inversores liquiden las acciones en empresas ligadas a Asia?

Respuesta.- La mayoría de las 500 empresas manufactureras registradas en el ranking de Fortune tienen plantas en Asia, sus ingresos podrían sufrir dos veces, una vez porque bajen el precio de las acciones en EEUU y posteriormente a causa del dólar, que es más fuerte en Asia, y traslade más pérdidas en los balances. Eso ocurre porque los fondos que las empresas poseen en esa región en aquellas monedas tendrán un valor menor que las empresas poco dispuestas a expandirse.

P.- ¿Cómo afecta eso a Main Street?

R.- Muy sencillo, si las 500 Fortune u otras compañías ven sus ingresos y beneficios disminuir, entonces o bien no contratarán trabajadores o los despedirán".

La acusación más aguda viene del multimillonario George Soros. No es la primera vez que Soros ha expresado sus dudas en el futuro del capitalismo, sus opiniones son dignas de atención por su estrecho conocimiento del funcionamiento de la economía de mercado. A diferencia de aquellos economistas burgueses que pontifican desde sus púlpitos universitarios, y cuyas opiniones no tienen el menor interés para nadie, Soros hizo varias fortunas con su actividad de gran especulador. The Guardian (30/10/97) publicó un artículo titulado: ‘Soros advierte de la sociedad en ruinas’, y que decía lo siguiente: "George Soros, el capitalista arquetipo, cree que los mercados financieros son tan inestables que pueden destruir la sociedad".

Si las fluctuaciones se vuelven mayores "puede haber un colapso. Éste se materializará con acontecimientos políticos e incluso militares, más que acontecimientos simplemente en los mercados financieros". Además añade: "Los mercados pueden moverse de manera inesperada y convertirse en caóticos. Tengo miedo porque la perspectiva predominante, que es de la extensión del mecanismo del mercado a todos los campos, tiene el potencial de destruir la sociedad".

"A menos que revisemos nuestro concepto y comprensión de los mercados estos colapsarán. Han creado mercados financieros globales sin comprender su verdadera naturaleza. Tenemos la idea falsa de que los mercados tienen sus propios recursos y tienden hacia el equilibro" (The Guardian, 30/10/97).

Por supuesto que hay muchos errores en el análisis de Soros. No es un marxista y se aproxima a la economía desde un punto de vista puramente capitalista financiero. Dada su profesión no es sorprendente. También en ausencia de una perspectiva socialista, concluye que la bancarrota del sistema capitalista puede sólo terminar en "acontecimientos militares" __que podrían significar una guerra, o una dictadura militar de cualquier tipo__. No vamos a tratar esta cuestión aquí, excepto decir que Goerge Soros no ve que la crisis del capitalismo puede sólo ser resuelta cuando la clase obrera ponga fin a la dictadura de los bancos y los monopolios, e introduzca una economía planificada sobre la base de una genuina democracia obrera. Por supuesto no esperamos que Soros entienda o acepte esto, es suficiente con que este "capitalista arquetipo" desde su considerable experiencia, llega a una conclusión correcta: el sistema capitalista se está socavando por sus propias contradicciones inherentes e insolubles.

Consecuencias de una recesión

Para los marxistas la importancia de las perspectivas económicas consisten en las consecuencias políticas y sociales que se derivan de ellas, pero es necesario hacer algunas advertencias. En primer lugar la economía __incluso la economía política marxista__, no es una ciencia exacta. Hace tiempo Engels señaló que era imposible hacer una predicción económica exacta porque, entre otras cosas la información estadística necesaria siempre llega por detrás de los acontecimientos. Incluso hoy con la colosal potencia de los modernos ordenadores, la situación no ha cambiado mucho. No hace mucho un hombre que había perdido mucho dinero apostando en la bolsa fue criticado porque se basaba en simples ‘hechos anecdóticos’, su respuesta a esto fue bastante interesante: "Por supuesto me basé en hechos anecdóticos, ¿en qué más podía basarme?, ¿en las estadísticas?". En otras palabras las estadísticas sólo nos muestran lo que ya ha pasado, no nos dicen qué va a ocurrir. Es muy peligroso suponer que las actuales tendencias continuarán en el futuro. Ese es precisamente el error de aquellos (y son muchos) que presuponen que la economía de EEUU continuará creciendo y que los precios de las acciones continuará subiendo. ¡De cosas por el estilo están compuestos los crash bursátiles!

Mientras no es posible hacer predicciones económicas precisas, sí que es necesario estudiar sus fundamentos y tratar de calcular los procesos básicos para ver hacia donde se encaminan. Lo primero es descartar la gran cantidad de propaganda triunfalista lanzada por el sistema y que no tiene ninguna base en la realidad, sino que sólo trata de proporcionar algún tipo de justificación para el sistema capitalista y tranquilizar los nervios de los inversores. Las afirmaciones de que el ciclo económico ha sido abolido y que el capitalismo ha entrado en una nueva fase de crecimiento ininterrumpido __el "Nuevo Paradigma"__ está desprovisto de cualquier base científica, teórica o empírica. Nos dirigimos hacia una nueva recesión mundial. Las preguntas son ¿cuándo y cómo de profunda?

A la primera pregunta es imposible dar una respuesta exacta, excepto decir que, tras siete años de expansión en EEUU, es probable que el actual boom continúe durante uno o dos años más, y posiblemente finalizará más pronto que tarde. Respecto a la segunda pregunta, ya hemos expresado una opinión, basada en varias consideraciones empíricamente verificables. El actual boom es totalmente diferente a otros que hayamos visto en el período de auge del capitalismo desde 1948-1974. En el pico del boom actual, según cifras oficiales y que no reflejan la situación real, hay unos 30 millones de desempleados en los países capitalistas avanzados de la OCDE. En Alemania, por primera vez desde Hitler, hay 4,5 millones de parados, 11,5%; Francia, 12,4%; Italia, 12,4%; Bélgica, 14,1%; y en España un asombroso 20,8%. Las cifras de desempleo de Japón y EEUU no pueden ser aceptadas como fiables por los métodos de cálculo utilizados. En todas partes ha habido proliferación de trabajos a tiempo parcial: "Mac empleos", "contratos basura". De los nueve millones de personas que dependen del sector de la tecnología de la información en Estados Unidos, gran parte son contratos temporales y pueden ser despedidos inmediatamente cuando haya una caída en el mercado. Si ésta es la situación en la "cima" del boom, ¿qué ocurrirá en la próxima recesión?

No podemos descartar que se pueda contener una nueva crisis de las bolsas, proporcionando una "corrección" y por tanto no conducir directamente a una recesión, sino a un nuevo período de expansión, todo hay que tenerlo en cuenta, aunque este no parezca el escenario más probable. Los últimos informes indican que la turbulencia en las bolsas no ha finalizado, no es sólo Latinoamérica y Asia que están aún en crisis, ya hay asalto sostenido contra el dracma griego que indica que los mercados monetarios están aún buscando las monedas más débiles, como un cazador que está cazando con un apetito sangriento. La actual propaganda de "todo va bien" está diseñada para tranquilizar al ejército de pequeños inversores.

Si, como parece más probable, la próxima recesión será severa, ¿qué efecto tendrá sobre la lucha de clases? El marxismo nunca ha establecido una relación directa entre recesiones y lucha de clases. Trotsky señaló una vez que la pobreza no produce un auge de la revolución. Si éste fuera el caso las masas siempre estarían en revolución, y no es el caso. De hecho, el efecto inicial de una recesión profunda sería, temporalmente, dejar sin sentido y desorientar a la clase obrera. El aumento del desempleo de masas (más grande que las cifras actuales que ya son demasiado altas) actuaría como un freno de la lucha económica, aunque seguirían produciéndose luchas defensivas importantes, huelgas contra los recortes salariales e incluso ocupaciones de fábrica para evitar su cierre. Sin embargo, un gran movimiento en el frente industrial quedaría excluido por un tiempo. Se requerirá una nueva recuperación económica antes de que esto ocurra. A pesar de esto, las conclusiones políticas importantes fluirán en una recesión. El comienzo de un cuestionamiento del sistema y un ambiente general de crítica, encontrarán en un momento determinado su expresión en el seno de las organizaciones obreras.

Podemos trazar un paralelismo aproximado con lo ocurrido en EEUU tras el crash de 1929. No se produjo un movimiento de la clase obrera inmediato, sino que pasaron cinco años para que esto ocurriese, coincidiendo con el comienzo de una recuperación económica en 1933-34, que se tradujo en un resurgimiento profundo en la lucha de clases con huelgas y ocupaciones, incluyendo la rebelión de los camioneros en Minneapolis donde los trotskistas jugaron un papel importante. El giro a la izquierda se expresó con el establecimiento de la CIO, representando a millones de trabajadores que anteriormente estaban desorganizados y que rápidamente se radicalizaron. En el resto del mundo, la crisis del capitalismo se expresó en situaciones revolucionarias y prerrevolucionarias en un país tras otro y, como corolario, movimientos hacia la reacción bien bonapartistas o fascistas. Por razones que ya hemos explicado, está excluido que los fascistas puedan llegar al poder ahora como hicieron en los años treinta, pero el escenario general tendría muchas similitudes con ese período turbulento. En cualquier caso, el período que se avecina será muy diferente al de 1948-1974.

El período de la posguerra no ha visto una recesión profunda como en los años treinta. Ésta sacará a las masas de los hábitos y la rutina del pasado. No es accidental que en los años treinta, la crisis social encontrase su expresión en toda una serie de crisis internas y escisiones en las organizaciones de masas de la clase obrera. Particularmente importante fue la cristalización de corrientes de izquierda en los partidos socialdemócratas. Éste no ha sido en general el caso en Europa durante el período de la posguerra, aunque hubo tendencias en esta dirección en los años setenta, en el período de la primera recesión seria en el mundo capitalista desde 1945. Las organizaciones de masas serán sacudidas de arriba abajo en el próximo período. Los trabajadores de forma gradual están comenzando a comprender que el sistema capitalista no significa otra cosa que la explotación sin fin, presión insoportable, la agonía en el trabajo, estrés y preocupaciones. A la fuerza comprenderán las contradicciones del sistema y comenzarán a extraer las conclusiones necesarias. Las ideas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky comenzarán a obtener una audiencia más amplia tanto entre los trabajadores como entre la juventud, que se orientarán hacia una alternativa revolucionaria como salida a la crisis.


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