¡Cuesta creer que falten tan sólo diez años para que se cumpla el
centenario del Manifiesto del Partido Comunista! Este panfleto,
más genial que cualquier otro en la literatura mundial, nos sorprende
aún hoy por su frescura. Sus partes más importantes parecen haber sido
escritas ayer. Con certeza, los jóvenes autores (Marx tenía 29 años,
Engels 27) tuvieron una mayor visión del futuro no sólo que sus
predecesores sino que no fueron jamás igualados.
Ya en el prefacio que escribieron juntos para la edición de 1872, Marx
y Engels declararon que, pese al hecho de que ciertos pasajes
secundarios en el Manifiesto resultaban anticuados, consideraban
que no tenían ningún derecho a alterar el texto original, en tanto que
el Manifiesto ya se había convertido, en el período de 25 años
que había transcurrido, en un documento histórico. Sesenta y cinco
años más han pasado desde aquel momento. Pasajes aislados del Manifiesto
resultan aún más anticuados. En este prefacio trataremos de señalar
sucintamente tanto aquellas ideas del Manifiesto que conservan
todo su vigor como aquellas que requieren una alteración o ampliación
importante.
1. El concepto materialista de la historia, descubierto por Marx
poco antes y aplicado con consumada habilidad en el Manifiesto,
ha resistido perfectamente la prueba de los hechos y los golpes de la
crítica hostil. Constituye hoy uno de los instrumentos más valiosos
del pensamiento humano.
Los demás interpretaciones del proceso histórico han perdido toda
significación científica. Podemos decir con certeza que en nuestro
tiempo es imposible no sólo ser un militante revolucionario sino aún
un observador versado en política, sin asimilar la interpretación
materialista de la historia.
2. El primer capítulo del Manifiesto comienza con las
siguientes palabras: "La historia de todas las sociedades que han
existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de
clases". Este postulado, la conclusión más importante que se
extrae de la interpretación materialista de la historia se convirtió
inmediatamente en un elemento de discusión en la lucha de clases.
Ataques especialmente venenosos contra la teoría que reemplazaba
"el bien común", "la unidad nacional" y "las
verdades morales eternas" por los intereses materiales como fuerza
motriz, fueron lanzados por hipócritas reaccionarios, doctrinarios
liberales y demócratas idealistas. Más tarde se le sumaron individuos
reclutados en las filas del mismo movimiento obrero, los llamados
revisionistas, es decir, los que proponían rever ("revisar")
el marxismo en el espíritu de la colaboración y la conciliación de
clases. Finalmente, en nuestro tiempos, los despreciables epígonos de
la Internacional Comunista (los "stalinistas") han seguido, en
la práctica, el mismo camino: la política del así llamado
"Frente Popular" surge totalmente de la negación de las leyes
de la lucha de clases. Mientras tanto, es precisamente la época del
imperialismo la que, llevando todas las contradicciones sociales a su
punto de máxima tensión, da al Manifiesto Comunista su mayor
triunfo teórico.
3. La anatomía del capitalismo, como una etapa específica en el
desarrollo de la sociedad, fue expuesta por Marx en su forma acabada en El
Capital (1867). Pero ya en el Manifiesto Comunista las tienes
más importantes del futuro análisis fueron firmemente esbozadas: el
pago de la fuerza de trabajo como equivalente al costo de su
reproducción; la apropiación de la plusvalía por los capitalistas; la
competencia como la ley fundamental de las relaciones sociales; la ruina
de las clases intermedias, es decir, la pequeña burguesía urbana y el
campesinado; la concentración de la riqueza en un número siempre
decreciente de propietarios en un polo y el crecimiento numérico del
proletariado en el otro; la preparación de las pre-condiciones
materiales y políticas para el régimen socialista.
4. Atacaron violentamente la proposición en el Manifiesto
referente a la tendencia del capitalismo a bajar el nivel de vida de los
trabajadores y aún a reducirlos a la pobreza. Clérigos, profesores,
ministros, periodistas, teóricos socialdemócratas y dirigentes
sindicales salieron al paso para enfrentar la llamada "teoría del
empobrecimiento". Invariablemente encontraban signos de creciente
prosperidad entre los trabajadores, haciendo pasar la situación de la
aristocracia obrera por la de todo el proletariado, o tomando como
perdurable alguna tendencia momentánea. Mientras tanto, hasta el
desarrollo del más poderoso capitalismo del mundo, el capitalismo de
los EE. UU., ha convertido a millones de trabajadores en mendigos
mantenidos a expensas de la caridad federal, municipal o privada.
5. En contra del Manifiesto, que describía a las crisis
industrial y comercial como una serie de catástrofes cada vez mayores,
los revisionistas aseguraban que el desarrollo de trusts a nivel
nacional e internacional asegurarían el control sobre el mercado,
llevando gradualmente a terminar con las crisis. Lo que caracterizó el
fin del siglo pasado y el comienzo del presente fue un desarrollo tan
tempestuoso del capitalismo que las crisis aparecían como
interrupciones "accidentales". Pero esa época se ha ido para
no volver. En definitiva, Marx tuvo razón también en este tema.
6. "El gobierno del Estado moderno no es más que una Junta
que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa".
Esta fórmula sucinta, que los dirigentes de la socialdemocracia
consideraron como una paradoja periodística, de hecho contiene la
única teoría científica del Estado. La democracia creada por la
burguesía no es, como lo creyeron Bernstein y Kautsky, una bolsa vacía
que puede ser llenada sin problemas con cualquier tipo de contenido de
clase. La democracia burguesa sólo puede servir a la burguesía. Un
gobierno del "Frente Popular", esté dirigido por Blum o
Chautemps, Caballero o Negrín, no es sino "una junta que
administra los negocios comunes de toda la clase burguesa". Cuando
este "comité" maneja mal las cosas, la burguesía lo echa a
patadas.
7. "Toda lucha de clases es una lucha política".
"La organización del proletariado como clase, (es) en consecuencia
su organización en un partido político". Sindicalistas por un
lado y anarco-sindicalistas por el otro, durante largo tiempo se
alejaron, y aún hoy tratan de escaparse, de la comprensión de estas
leyes históricas. El sindicalismo "puro" ahora ha sufrido un
golpe demoledor en su principal refugio: Estados Unidos. El
anarco-sindicalismo ha sufrido una derrota irreparable en su última
plaza fuerte: España. Aquí también el Manifiesto demostró
estar en lo cierto.
8. El proletariado no puede conquistar el poder dentro del marco
legal establecido por la burguesía. "Los Comunistas declaran
abiertamente que sus fines sólo pueden ser alcanzados destruyendo por
la fuerza las condiciones sociales existentes". El reformismo
intentó explicar este postulado del Manifiesto sobre la base de
la inmadurez del movimiento en aquel momento y el desarrollo inadecuado
de la democracia. El destino que sufrieron las "democracias"
italiana, alemana y muchas otras demuestra que la "inmadurez"
es el rasgo distintivo de las ideas de los reformistas mismos.
9. Para la transformación socialista de la sociedad, la clase
trabajadora debe concentrar en sus manos un poder tal que le permita
aplastar todos y cada uno de los obstáculos políticos que cierren el
camino hacia el nuevo sistema. "El proletariado organizado como
clase dominante" –eso es la dictadura. Al mismo tiempo es la
única verdadera democracia proletaria. Su alcance y profundidad
dependen de las condiciones históricas concretas. Cuanto más Estados
tomen el camino de la revolución socialista, tanto más libres y
flexibles serán las formas que adoptará la dictadura, tanto más ancha
y más profunda será la democracia obrera.
10. El desarrollo internacional del capitalismo ha predeterminado
el carácter internacional de la revolución proletaria. "La
acción común del proletariado, al menos de los países civilizados, es
una de las primeras condiciones para su emancipación". El
desarrollo ulterior del capitalismo unió tan estrechamente todos los
sectores de nuestro planeta, tanto "civilizados" como "no
civilizados", que el problema de la revolución socialista ha
asumido total y decisivamente un carácter mundial. La burocracia
soviética intentó liquidar el Manifiesto en lo que respecta a
esta cuestión fundamental. La degeneración bonapartista del Estado
Soviético es una abrumadora demostración de la falsedad de la teoría
del socialismo en un solo país.
11. "Una vez que en el curso del desarrollo hayan
desaparecido las diferencias de clase y se haya concentrado toda la
producción en manos de los individuos asociados, el poder público
perderá su carácter político". En otras palabras: el Estado se
desvanece. La sociedad permanece, liberada de su chaleco de fuerza. Esto
no es otra cosa que el socialismo. El teorema inverso: el monstruoso
crecimiento de la coerción estatal en la URSS es el testimonio
elocuente de que la sociedad se está alejando del socialismo.
12. "Los trabajadores no tienen patria". Estas palabras
del Manifiesto más de una vez han sido evaluadas por los
filisteos como un latiguillo agitativo. De hecho ellas dieron al
proletariado la única directiva concebible en lo que respecta a la
cuestión de la "patria" capitalista. La violación de esta
directiva por la Segunda Internacional trajo como consecuencia no sólo
cuatro años de devastación en Europa, sino además el actual
estancamiento de la cultura mundial. En vista que la nueva guerra es ya
inminente, posibilitada por la traición de la Tercera Internacional, el
Manifiesto aún hoy sigue siendo el consejero más digno de
confianza con respecto a la cuestión de la "patria"
capitalista.
Así, vemos que la producción conjunta y relativamente breve de dos
jóvenes autores, aún continúa ofreciendo directivas irremplazables
acerca de las cuestiones más importantes y candentes de la lucha por la
emancipación. ¿Qué otro libro podría compararse siquiera de lejos
con el Manifiesto Comunista? Pero esto no implica que, luego de
noventa años de desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas y
vastas luchas sociales, el Manifiesto no necesite correcciones ni
agregados. El pensamiento revolucionario no tiene nada en común con la
adoración de ídolos. Los programas y los pronósticos se ponen a
prueba y se corrigen a la luz de la experiencia, que es el criterio
supremo de la razón humana. El Manifiesto también requiere
correcciones y agregados. Sin embargo, como lo evidencia la experiencia
histórica, estas correcciones y agregados sólo pueden hacerse con
éxito si se procede de acuerdo con el método que anida en las bases
del Manifiesto mismo. Trataremos de indicar esto en varias
instancias por demás importantes.
1. Marx enseñó que ningún sistema social desaparece de la
arena de la historia antes de agotar sus potencialidades creativas. El Manifiesto
censura violentamente al capitalismo por retardar el desarrollo de las
fuerzas productivas. Sin embargo, durante aquel período, como así
también en las décadas siguientes este retraso era de naturaleza sólo
relativa. Si hubiera sido posible en la segunda mitad del siglo
diecinueve organizar la economía sobre bases socialistas sus ritmos de
crecimiento hubieran sido inconmensurablemente mayores. Pero este
postulado teóricamente irrefutable no invalida el hecho de que las
fuerzas productivas siguieron expandiéndose a escala mundial hasta las
vísperas de la Guerra Mundial. Sólo en los últimos veinte años, pese
a las más modernas conquistas de la ciencia y la tecnología, ha
comenzado la época de decidido estancamiento y aún decadencia de la
economía mundial. La humanidad está empezando a gastar su capital
acumulado, mientras la guerra amenaza con destruir las mismas bases de
la civilización en los años venideros. Los autores del Manifiesto
pensaban que el capitalismo sería derrocado mucho antes de llegar el
momento en que se transformaría de un régimen relativamente
reaccionario en un régimen reaccionario en términos absolutos. Esta
transformación tomó su forma definitiva sólo ante los ojos de la
generación actual, y convirtió a nuestra época en la época de las
guerras, las revoluciones y el fascismo.
2. El error de Marx y Engels en relación con las fechas
históricas surgía por un lado de la subestimación de las
posibilidades futuras latentes en el capitalismo, y por el otro, de la
sobrevaloración de la madurez revolucionaria del proletariado. La
revolución de 1848 no se convirtió en una revolución socialista como
había pronosticado el Manifiesto, sino que abrió para Alemania
la posibilidad de un vasto ascenso capitalista en el futuro. La Comuna
de París demostró que el proletariado no puede quitarle el poder a la
burguesía si no tiene para conducirlo un partido revolucionario
experimentado. Mientras tanto el período prolongado de prosperidad
capitalista que siguió produjo, no la educación de la vanguardia
revolucionaria, sino más bien la degeneración burguesa de la
aristocracia obrera, lo que a su vez se convirtió en el principal freno
a la revolución proletaria. La naturaleza de las cosas hizo imposible
que los autores del Manifiesto pudieran prever esta
"dialéctica".
3. Para el Manifiesto el capitalismo era... el reino de la
libre competencia. Mientras que hacía referencia a la creciente
concentración del capital, el Manifiesto no sacó la necesaria
conclusión en relación al monopolio que se ha convertido en la forma
capitalista dominante en nuestra época y en el más importante
prerrequisito para la economía socialista. Sólo más tarde, en El
Capital estableció Marx la tendencia hacia la transformación de la
libre competencia en monopolio. Fue Lenin, quien dio una
caracterización científica del capitalismo monopolista en su Imperialismo.
4. Basándose fundamentalmente en el ejemplo de la
"revolución industrial" en Inglaterra, los autores del Manifiesto
se representaron de una manera demasiado unilateral el proceso de
liquidación de las clases intermedias, como una completa
proletarización de las artesanías, pequeños oficios y el campesinado.
De hecho, las fuerzas elementales de la competencia están muy lejos de
haber completado esta tarea simultáneamente progresiva y bárbara. El
capitalismo ha arruinado a la pequeña burguesía más rápidamente de
lo que la ha proletarizado. Más aún, el estado burgués desde hace
mucho instrumenta una política conciente dirigida al mantenimiento
artificial de estratos pequeño burgueses. En el polo opuesto el
desarrollo de la tecnología y la racionalización de la industria a
gran escala, engendra desempleo crónico y obstaculiza la
proletarización de la pequeña burguesía. Concurrentemente, el
desarrollo del capitalismo ha acelerado en extremo el surgimiento de
legiones de técnicos, administradores, empleados de comercio, en
resumen, la llamada "nueva clase media". En consecuencia, las
clases intermedias, a las que se refiere el Manifiesto en forma
tan categórica son, aún en un país tan altamente industrializado como
Alemania, alrededor de la mitad de la población. Sin embargo, la
preservación artificial de la antigua capa pequeño burguesa de ninguna
manera mitiga las contradicciones sociales, sino que, por el contrario,
las inviste de una especial malignidad, y junto con un ejército
permanente de desocupados, constituye la expresión más malévola de la
decadencia del capitalismo.
5. Concebido para una época revolucionaria el Manifiesto
contiene (fin del Cap. II) diez consignas, que corresponden al período
de transición directo del capitalismo al socialismo. En su prefacio de
1872, Marx y Engels declararon que estas consignas se habían vuelto en
parte anticuadas, y en todo caso sólo de importancia secundaria. Los
reformistas interpretaron esta evaluación en el sentido de que las
consignas transicionales revolucionarias habían cedido su lugar para
siempre al "programa mínimo" socialdemócrata que, como es
bien sabido, no trasciende los límites de la democracia burguesa. De
hecho, los autores del Manifiesto indicaron con bastante
precisión la corrección fundamental de su programa de transición, a
saber: "La clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la
máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios
fines". En otras palabras, la corrección iba dirigida contra el
fetichismo de la democracia burguesa. Marx, luego contrapuso el estado
del tipo de la Comuna al estado capitalista. Este "tipo" más
tarde asumió la forma mucho más gráfica de soviets. No puede haber un
programa revolucionario hoy, sin soviets y sin control obrero.
Y por lo demás, las diez consignas del Manifiesto que resultaron
"arcaicas" en una época de actividad parlamentaria pacífica,
hoy han recobrado completamente su verdadero significado. Por otro lado,
el "programa mínimo" de la Socialdemocracia, se ha vuelto
irremediablemente anticuado.
6. Basando sus expectativas en que "la revolución burguesa
alemana... no será más que el preludio de una revolución proletaria
inmediatamente posterior", el Manifiesto hace referencia a
las condiciones mucho más avanzadas de la civilización europea en
comparación con la Inglaterra del siglo diecisiete y la Francia del
siglo dieciocho, y el desarrollo mucho mayor del proletariado. Lo
equivocado de este pronóstico no sólo era la fecha. La revolución de
1848 mostró en unos pocos meses que precisamente bajo condiciones más
avanzadas, ninguna de las clases burguesas es capaz de llevar la
revolución a su término: la gran y mediana burguesías tienen
vínculos demasiado estrechos con los terratenientes y el temor a las
masas las inmoviliza; la pequeña burguesía se presenta demasiado
dividida, y en sus capas dirigentes se muestra demasiado dependiente de
la gran burguesía. Como lo evidencia todo el curso subsiguiente del
desarrollo en Europa y Asia, la revolución burguesa por sí sola, en
términos generales ya no puede consumarse. Sólo a condición de que el
proletariado, libre de la influencia de los partidos burgueses tome su
puesto a la cabeza del campesinado estableciendo su dictadura
revolucionaria, puede concebirse la purga de la sociedad de todo residuo
feudal. Por este hecho, la revolución burguesa se entrelaza con la
primera etapa de la revolución socialista, para disolverse luego en
esta última. La revolución nacional se vuelve de este modo un eslabón
de la revolución mundial. La transformación de las bases económicas y
de todas las relaciones sociales asume un carácter permanente.
Para los partidos revolucionarios en países atrasados de Asia, América
latina y África, se vuelve una cuestión de vida o muerte la clara
comprensión de la conexión orgánica entre la revolución democrática
y la dictadura del proletariado, y por lo tanto, con la revolución
socialista internacional.
7. Mientras describe cómo el capitalismo arrastra en su
vorágine países bárbaros y atrasados, el Manifiesto no
contiene ninguna referencia a la lucha de los países coloniales y
semicoloniales por su independencia. Dado que Marx y Engels consideraban
a la revolución social "por lo menos en los países civilizados
más importantes", como una cuestión que debía resolverse en unos
pocos años, para ellos, el problema colonial estaba resuelto
automáticamente, no como consecuencia de un movimiento independiente de
las nacionalidades oprimidas, sino como consecuencia de la victoria del
proletariado en los centros metropolitanos del capitalismo. Por lo tanto
en el Manifiesto ni siquiera se hace referencia de pasada, a las
cuestiones de la estrategia revolucionaria en países coloniales y semi-coloniales.
Sin embargo, estas cuestiones exigen una solución independiente. Por
ejemplo, es bastante autoevidente que mientras la cuestión del
"nacionalismo" se ha convertido en el más dañino de los
frenos históricos en países capitalistas adelantados, aún permanece
como un factor relativamente progresivo en países atrasados que se ven
obligados a luchar por una existencia independiente.
"En resumen, los comunistas", declara el Manifiesto
"apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el
régimen social y político existente". El movimiento de las razas
de color en contra de sus opresores imperialistas, es uno de los
movimientos más importantes y poderosos en contra del orden existente y
por lo tanto exige el apoyo incondicional e ilimitado, por parte del
proletariado de raza blanca. El mérito por el desarrollo de una
estrategia revolucionaria para las nacionalidades oprimidas le
corresponde primordialmente a Lenin.
8. La parte mas anticuada del Manifiesto –no en lo que
respecta al método sino a material– es la crítica de la literatura
"socialista" de la primera parte del siglo diecinueve
(capítulo III) y la definición de la posición de los comunistas en
relación a varios partidos de oposición (capítulo IV). Los
movimientos y partidos enumerados en el Manifiesto fueron
barridos tan drásticamente por la revolución de 1848 o la
contrarrevolución posterior que uno debe buscar hasta sus nombres en un
diccionario histórico. Sin embargo, también en esta sección, el Manifiesto
quizás está más cerca nuestro ahora, que lo que estuvo de la
generación anterior. En la época del florecimiento de la Segunda
Internacional, cuando el marxismo parecía ejercer una influencia sin
fisuras, podría haberse considerado que las ideas del socialismo
premarxista habían quedado definitivamente en el pasado. Hoy las cosas
son distintas. La descomposición de la socialdemocracia y la
Internacional Comunista engendra a cada paso monstruosas reincidencias
ideológicas. A la búsqueda de fórmulas salvadoras, los profetas en la
época de decadencia descubren nuevamente doctrinas enterradas hace
muchos años por el socialismo científico.
Es en lo que respecta a la cuestión de los partidos de oposición, que
las décadas pasadas han introducido los cambios más profundos, no
sólo en el sentido de que los viejos partidos han sido reemplazados por
otros nuevos, sino también en el sentido de que el mismo carácter de
los partidos y sus relaciones mutuas, han cambiado radicalmente en las
condiciones de la época imperialista. Por lo tanto, el Manifiesto
debe ser ampliado con los documentos más importantes de los cuatro
primeros congresos de la Internacional Comunista, la literatura
bolchevique esencial y las decisiones de las Conferencias de la Cuarta
Internacional.
Ya hemos señalado más arriba que según Marx ningún orden social
desaparece de escena antes de agotar sus potencialidades latentes. Sin
embargo, aún un orden social anticuado no cede su lugar a un orden
nuevo sin oponer resistencia. Un cambio de régimen social presupone la
lucha de clases en su forma más cruda, es decir, una revolución. Si el
proletariado, por una razón u otra, se muestra incapaz de derrocar con
un golpe audaz al perimido orden burgués, entonces el capital
financiero en su lucha por mantener su dominio inestable no puede hacer
otra cosa que convertir a la pequeño-burguesía, a la que ha
empobrecido y desmoralizado, en el ejército fascista de los pogromos.
La degeneración burguesa de la Socialdemocracia y la degeneración
fascista de la pequeña burguesía, están interrelacionadas en cuanto
causa y efecto.
En la actualidad, la Tercera Internacional lleva a cabo en todos los
países la tarea de engañar y desmoralizar a los trabajadores, mucho
más desenfrenadamente que la Segunda. Al masacrar a la vanguardia del
proletariado español, los desatados mercenarios de Moscú no sólo
abren el camino al fascismo sino que ejecutan, además, una buena parte
de sus tareas. La crisis prolongada de la revolución internacional que
se está convirtiendo cada vez más en una crisis de la cultura humana,
se reduce esencialmente a la crisis de su dirección revolucionaria.
Como heredera de la gran tradición, de la que el Manifiesto del
Partido Comunista constituye su eslabón más preciado, la Cuarta
Internacional está educando cuadros nuevos para la solución de viejas
tareas. La teoría es la realidad generalizada. La urgencia apasionada
por reconstruir la realidad social se expresa en una actitud honesta
hacia la teoría revolucionaria. El que en la parte sur del continente
negro, compañeros de nuestras mismas ideas hayan sido los primeros en
traducir el Manifiesto al idioma africano, constituye otra
ilustración gráfica del hecho de que el pensamiento marxista hoy sólo
vive bajo la bandera de la Cuarta Internacional. El futuro le pertenece.
Cuando se festeje el centenario del Manifiesto Comunista, la
Cuarta Internacional se habrá convertido en la fuerza revolucionaria
decisiva de nuestro planeta.
Coyoacán, octubre 30, 1937.