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MARXISMO
HOY Nº 4
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Mayo 1998 |
UNA NUEVA ETAPA EN LA CRISIS CAPITALISTA (1) |
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Por Ted Grnt |
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Temores crecientes ante la recesión Poco después del crash bursátil de octubre de 1997, Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal de EEUU, pronunció un discurso en una cena de caridad en el que aseguraba a los ilustres invitados que todo estaba bien y la economía americana estaba "impresionante". Las optimistas declaraciones de Greenspan, Clinton y otros tras el crash eran previsibles, imaginan que la causa de la crisis es subjetiva, debido al ambiente entre los inversores ("confianza"). Lo que no sabían los invitados de Greenspan es que, incluso mientras estaba hablando, un ayudante estaba pasándole subrepticiamente datos sobre el estado del mercado, así podría considerar el efecto de cada una de sus palabras. Este pequeño detalle en sí mismo es suficiente para mostrar el extremo nerviosismo de la burguesía americana. Más tarde la bolsa se recuperó, principalmente por el gran número de pequeños inversores que fueron persuadidos para comprar acciones en un mercado decadente, después que los grandes monopolios hubiesen vendido ya sus acciones días antes, esta recuperación, sin embargo tiene un carácter inestable y temporal. La caída de Wall Street, a pesar de todos los intentos de restarle importancia fue seria. Históricamente, el Dow Jones cambia diariamente entre el 1 y 2 por ciento. El lunes 27 de octubre sufrió una caída del 7 por ciento, la doceava peor caída de su historia, aunque menor que el espectacular crash de octubre de 1987. La subida del martes fue del 4,7 por ciento, un buen paso adelante, que sin embargo no recuperó el terreno perdido. A pesar de esto las acciones de EEUU siguen sobrevaloradas en extremo. Este hecho en sí mismo es suficiente para asegurar una nueva caída más severa en el futuro, y probablemente no demasiado lejos. Impresionados como nunca, los economistas del denominado "nuevo paradigma", rápidamente decidieron que el crash era una "sobre-reacción". ¡No hay nadie más ciego que el que no quiere ver!. Esgrimen que el perjuicio será insignificante ya que sólo el 4 por ciento de las exportaciones estadounidenses va a Indonesia, Tailandia, Malaisia y Filipinas. La única razón para el crash según ellos es la sobrevaloración de la bolsa. Según Stephen Roach, economista de Morgan Staley Dean Witter: "No cuesta mucho descarrilar un mercado que ha ido a la luna". (Time magazine, 10/11/97) Wall Street decidió que el crash era una "cosa del mercado", exclusivamente causado por el elevado valor de las acciones y que no tenía nada que ver con la economía real. Es verdad que la manía de comprar y vender acciones tiene una dinámica propia, separada y aparte de la economía real. Sin embargo, no es verdad que las dos cosas estén totalmente separadas y que una no pueda tener efecto sobre la otra. Las inquietudes sobre el estado de la economía real, en determinadas condiciones, pueden traducirse en pánico por vender y comprar en la bolsa. En una lógica perversa, cuando el desempleo cae en EEUU, las acciones también caen. Este hecho es en sí una contundente confirmación de que los intereses de los trabajadores y los capitalistas son completamente antagónicos. La noticia de más empleos es buena para los trabajadores y parados, pero es tomada como mala noticia para los propietarios de acciones, preocupados porque el menor desempleo conduzca a una presión para subir los salarios y (supuestamente) los precios; también es verdad a la inversa. Crisis bursátil y recesión Mientras no toda crisis bursátil conduce a una recesión, en determinadas circunstancias, una cosa puede conducir (con la demora de algunos meses) a la otra. Desarrollaremos esto más tarde. Tras el shock inicial, los capitalistas templaron sus nervios. Por todos los lados vemos declaraciones de aliento, Clinton nos recuerda que "las bases de la economía americana están sanas", "no hay motivos para pensar que la bolsa estadounidense vaya a encaminarse hacia la baja". Según el economista Allen Sinai de Primark Decision Economics, "la economía USA no va a ser golpeada por la crisis asiática". Y por último Alan Greenspan, el mismo hombre que advertía hace doce meses de la "irracional exuberancia" de la bolsa se apresuró a tranquilizar los nervios de Wall Street. "Nuestra economía ha gozado de un largo período de buen crecimiento económico, unido no casualmente a una baja inflación. La Reserva Federal está dedicada a prolongar este rendimiento". Es interesante comparar estas tranquilizadores opiniones con los discursos realizados por los economistas y políticos burgueses, antes, durante e incluso después del gran crash de Wall Street de 1929. "Representantes de los treinta y cinco grandes empresas de información bursátil se reunieron en las oficinas de Hornblower and Weeks y hablaron con la prensa sobre la marcha de la bolsa, describiéndola como ‘fundamentalmente fuerte’ y que estaba ‘técnicamente en las mejores condiciones que ha estado en meses’. Era opinión unánime de todos los allí presentes, que lo peor había pasado. La firma anfitriona envió una carta al mercado en la cual afirmaba que ‘comenzando con el comercio, hoy el mercado debería poner la base para el avance constructivo que creemos caracterizará los años 30’. Charles E. Mitchell anunció que el problema era ‘puramente técnico’ y los ‘cimientos permanecían intactos’". (J. K. Galbraith, The Great Crash 1929). "Eugene M. Stevens, Presidente del Continental Illiniois Bank dijo: No hay nada en la situación de los negocios para justificar el nerviosismo’. Walter Teagle dijo que no se ha producido un ‘cambio fundamental’ en los negocios del petróleo para justificar tal preocupación’. Charles M. Schwab afirmó que los negocios del acero han conseguido ‘avances fundamentales’ para conseguir la estabilidad y agregó que esta ‘situación de fortaleza era responsable de la prosperidad de la industria’. Samuel Vauclain, Presidente de Baldwin Locomotive Works, declaró que ‘los cimientos son fuertes’, el Presidente Hoover dijo que ‘los negocios fundamentales del país, es decir, la producción y distribución de mercancías, es una base próspera y fuerte". (Ibid). La descripción de Galbraith del ambiente de Wall Street tras el crash inicial parece que ha sido escrito ayer: "Casi todos creían que la plegaria celestial había pasado y que ahora podría reanudarse la especulación seria. Los periódicos estaban llenos de perspectivas bursátiles para la siguiente semana, las acciones volvían a ser baratas y por consiguiente existía una fuerte demanda de compra, numerosos relatos de las agencias de corretaje, algunos de ellos inspirados, tuvieron el fabuloso efecto de incrementar el volumen de órdenes de compra, que se iban amontonando incluso antes de la apertura de la bolsa. El lunes, en una campaña orquestada de propaganda en los periódicos, las empresas de bolsa animaban a recuperar la cordura en los negocios rápidamente. ‘Creemos’, decía una empresa, ‘que el inversor que persigue seguridad en este tiempo, un instinto que es siempre una condición de inversión prudente, debería hacerlo aún con más confianza’. El lunes comenzó el auténtico desastre". (Ibid). Los tiempos pueden haber cambiado, pero el sistema y la mentalidad de sus representantes es exactamente la misma. La efectividad de este tipo de discursos terapéuticos en prevenir una recesión es la misma que la del hechizo del curandero para curar el cáncer. Greenspan, olvida sus primeros avisos, y ahora dice que la caída en el valor de las acciones es un "acontecimiento saludable". Pasa por alto el hecho de que hace un año cuando públicamente advertía de la "irracional exuberancia", el índice Dow Jones había alcanzado la marca récord de 5.000, antes del presente crash había alcanzado los 8.000, e incluso ahora permanece por encima de los 7.000. Esta situación sigue siendo un desafío a las leyes económicas de la gravedad, además el aumento de órdenes de compra le empujará más al alza, preparando el camino para nuevas y más catastróficas caídas. Greenspan es evidentemente consciente de esto, pero en determinadas circunstancias la discreción es la mejor forma de valor. "Como un encantador de serpientes Greenspan llevó al mercado a un estado catatónico con sus palabras. ¿o acaso los inversores estaban simplemente exhaustos?. (Time Magazine, 10/11/97). Indudablemente el último factor fue más importante que el primero, pero al igual que los salvajes primitivos cuyas vidas están amenazadas por fuerzas invisibles e incomprensibles, la burguesía está también preparada para creer en milagros. Es verdad que la actual situación tiene diferencias importantes con 1929, pero decir esto es decir muy poco. Cada período del capitalismo tiende a ser diferente a cualquier otro período, una vez dicho esto, la historia de los ciclos económicos y crash bursátiles presentan fenómenos similares. La diferencia con el período actual es esencialmente que el nivel de desarrollo del capitalismo es mucho mayor, cada vez se ven afectadas más sumas de capital, y la escala potencial para el desastre es mayor. The Economist, en su Informe del mundo, 1998, señala: "Para finales de 1998 la industria de sociedades de fondos inmobiliarios dirigirá más fondos que los existentes en todo el sistema bancario americano, cerca de 4.6 billones de dólares. El sector de fondos inmobiliarios tiene más de la mitad de sus activos en acciones, unos treinta millones de americanos poseen ahora acciones, comparado con los tres millones de antes de la segunda guerra mundial". (El subrayado es nuestro) "La capitalización del mercado de valores americano ha aumentado por encima de los 9 billones de dólares, un nivel igual al 115% del PIB comparado con la anterior cima, el 82% en 1929, en sesenta años sólo ha variado un 48%". La situación de la bolsa USA tiene muchas similitudes a la situación en vísperas de 1929. Los valores de las acciones en la bolsa de Nueva York están sobrevaloradas en extremo, y existe un gran nivel de endeudamiento. Aunque en la actualidad los economistas afirman que la crisis bursátil no afecta a la economía real, esto está lejos de la realidad. Una crisis en la economía real puede provocar un crash en la bolsa, pero en determinadas circunstancias, el proceso puede producirse a la inversa, como vimos en 1929. El hecho de que la burguesía se las haya arreglado para eludir una recesión a gran escala tras el crash de 1987, ha creado una equívoca sensación de seguridad. Los economistas burgueses defensores del llamado Nuevo Paradigma Económico toman esta situación como una norma, igual que los generales durante la segunda guerra mundial que la imaginaban como una lucha en las trincheras. Este optimismo superficial carece de una base real, aunque es imposible predecir con un grado de certeza las alzas y bajas de la bolsa, es perfectamente posible predecir la inevitabilidad de una nueva crisis incluso más severa en los próximos meses, finalizando en un crash serio en un determinado momento. Es extremadamente dudoso que los llamamientos a la calma, basados en unas "supuestas bases fuertes", tenga el mismo efecto sobre los pequeños inversores en vísperas de una caída seria, cuando sea más evidente que la situación no está bien en absoluto. En tales condiciones, un crash bursátil en América tendría serias consecuencias en el mercado interno, y por consiguiente en el mercado mundial, la inversión sufriría una profunda caída provocando una recesión. La economía USA ¿Cuánto hay de verdad en las tranquilizadoras promesas sobre la "solidez" de la economía USA?. El actual boom ha durado ya seis años y medio (en EEUU), bastante largo para los niveles de la posguerra, y existen algunos índices que sugieren que aún queda algo de vida en él. Las ventas de casas están creciendo todavía en su tasa más alta en diecinueve años; la tasa de inflación fue del 1,4 por ciento durante el último trimestre, menos de la mitad que la tasa de 1996. A pesar de la victoria de los trabajadores de UPS en verano, y los avisos de economistas como Stephen Roach de una "reacción obrera", los costes salariales siguen manteniéndose, durante el tercer trimestre de 1997 aumentaron sólo el 0,8 por ciento, y el desempleo ha caído al nivel más bajo durante una generación. Los beneficios empresariales permanecen altos superando las estimaciones trimestrales por decimonovena vez, y el gobierno informó que el déficit presupuestario del año fiscal 1997 se redujo a 22.600 millones de dólares, el menor desde 1974 y mejor de lo esperado. El déficit presupuestario se ha reducido por un lado debido al crecimiento económico y a los mayores ingresos por impuestos, y por el otro al recorte en los gastos del sistema de welfare, que ha afectando a los sectores más pobres y depauperados de la sociedad americana. Se calculaba que las ganancias de capital del sector de sociedades de inversión y programas de compra de acciones estimulará los ingresos por impuestos en más de 100.000 millones de dólares y empujará los gravámenes fiscales del PIB por encima del veinte por ciento, la tercera vez en la historia americana si excluimos el tiempo de guerra. Esto podría suponer que el déficit presupuestario federal bajase del 0,5% del PIB, la sexta parte de Alemania, Gran Bretaña o Francia. Pero tras estas idílicas imágenes existe el oculto temor de que esta situación no pueda durar. Clinton sueña con liquidar el déficit presupuestario, como el resto de sus amigos europeos, pero una nueva recesión echará abajo todo el esquema. Los economistas burgueses serios como Stephen Roach han admitido lo que los marxistas afirmamos hace un tiempo, que el actual boom se ha logrado a expensas de la clase obrera, del aumento colosal de la explotación para generar enormes beneficios a costa de los nervios y extenuación física de los trabajadores con largas y duras jornadas laborales en malas condiciones a cambio de bajos salarios. Marx lo describió como plusvalía absoluta: las horas extraordinarias, trabajar los fines de semana, sin vacaciones, dos o tres empleos, etc., y plusvalía relativa, la intensificación de la explotación a través de la presión en los ritmos de trabajo, aumento de la productividad en menos horas de trabajo etc., Este es el secreto de la "explosión de productividad" que ha tenido lugar, y no sólo en EEUU. Pero esto tiene sus límites, por un lado existe un límite físico; sólo hay 24 horas en el día y los nervios y fortaleza muscular del trabajador pueden utilizarse durante un tiempo determinado. La insoportable tensión puesta sobre los trabajadores y sus familias está atizando un descontento colosal, frustración y furia que en un cierto momento provocará una reacción. La huelga de UPS fue sólo un anticipo de esto, si el boom se extiende durante un período más, bajando el desempleo, inevitablemente conducirá a nuevas huelgas, donde los trabajadores se esforzarán por ganar lo que han perdido en el último período. Esto tendrá un efecto sobre los márgenes de beneficio en un estrecho mercado donde no es posible aumentar los precios. La presión de las importaciones baratas de Asia agravará la situación, e inevitablemente conducirá a la exigencia de demandas proteccionistas por parte de los manufactureros americanos. En su libro La muerte de la economía, Paul Ormerod señala los efectos de un colapso en los valores de la bolsa en una economía con un alto nivel de deuda: "El propio Keynes, en un párrafo del capítulo final de la Teoría General, reconocía la importancia de las fluctuaciones en el valor de la bolsa sobre el gasto del consumidor, particularmente en los Estados Unidos. Afirmaba que, en especial si la gente ha pedido prestado dinero para comprar acciones, la caída de las bolsas podría intensificar una recesión. Pero no utilizó este argumento con la fuerza suficiente en el debate sobre el efecto pigou". "El economista americano James Tobin reavivó esa idea hace diez años, y Edmond Malinvaud, un distinguido economista francés, que recientemente ha avisado a la Comisión Europea sobre los peligros prácticos de tal efecto en las actuales circunstancias. Pero en general, los economistas teóricos han ignorado este punto, a pesar de su relevancia en estas circunstancias, y en particular en aquellas economías donde los niveles de deuda son mayores en relación a los ingresos, Japón, América y Gran Bretaña son los principales ejemplos". "Cuanto más baja es la tasa de inflación peor es la situación de los deudores. Si la inflación se convierte en negativa y el nivel de los precios cae, el problema se agudiza. Y potencialmente se agrava más en la actualidad por el hecho de que los precios de muchos de los fondos que poseen la gente y las empresas, como los depósitos bancarios, no están fijados en términos monetarios. Comparado con los años treinta, por ejemplo, mucha más gente posee casas, cuyos precios de los cuales pueden caer tanto como suben". (Paul Ormerod, The Death of Economics). |
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Incluso dejando a un lado la cuestión de Asia, tras seis años y medio, el boom en los EEUU probablemente estaría cerca de su fin. El boom bursátil, que favorece la especulación sin freno y la consecuente sobreproducción, son elementos que precisamente pueden verse en el pico del ciclo económico, justo antes de una recesión. Esto ya fue señalado muchas veces por Marx, y los más perspicaces economistas burgueses también lo comprenden: "Pero incluso si esa cadena de acontecimientos nunca ocurriese, algunos analistas creen que los EEUU están encaminándose hacia una recesión, o una caída severa en 1998. Si están en lo cierto, el hundimiento del lunes habría sido el primer disparo del arco proverbial, junto a otros que le seguirán. Aquellos que rápidamente despacharon la caída de la bolsa y están ahora alardeando de comprar, en el fondo podrían encontrarse con que están equivocados". (Time magazine, 10/11/07). Un factor es el nivel de endeudamiento de los consumidores en EEUU. Según Ron Reuss, economista de Piper Capital Management de Minneapolis, la mitad de las unidades familiares con menos de 50.000 dólares de ingresos anuales tienen una deuda no hipotecaria igual al 24 por ciento de su sueldo neto, algo que nunca ha sido tan alto. Esta situación se está expresando ya en el aumento de bancarrotas y el crecimiento más lento del crédito al consumo, que está ahora sólo el 5% anual, comparado a la cifra más normal del 10-15% en un boom. En este y otros aspectos para muchos trabajadores el actual boom lo sienten como una recesión. Dado el elevado número de créditos al consumo y el de ciudadanos norteamericanos que ahora tienen parte de su riqueza en acciones (diez veces mayor más que antes de la guerra), una bajada en los valores de las acciones tendrá un gran impacto en los gastos del consumidor, precisamente en un momento que la economía USA está desacelerándose (todo el mundo está de acuerdo en eso) y se enfrenta a una gran afluencia de importaciones baratas de Asia, que afectarán a los precios y márgenes de beneficios, y por tanto la inversión ¾la fuerza motora fundamental del boom¾. De hecho, el principal estímulo para la inversión productiva en la economía USA ha procedido del sector informático, que ya se ha mostrado extremadamente volátil y vulnerable a las turbulencias bursátiles. Está por ver si la rentabilidad de la industria informática podrá sobrevivir mucho tiempo en las nuevas condiciones, y dado el enorme peso específico de este sector actualmente en EEUU, emplea a más de nueve millones de personas ¾más que el acero o el automóvil¾, una recesión aquí rápidamente se transmitiría al resto de la economía USA y mundial. Todas las habladurías sobre la "fortaleza" de la economía USA pasan por alto la cuestión fundamental: los efectos del desarrollo mundial en los EEUU. Hugh Johnson, responsable de inversiones estratégicas de la firma de corretaje First Albanya advierte: "Siempre es de sabios tomar en serio los mensajes de los mercados. El mensaje es que la actual crisis en el Sudeste Asiático afectará no sólo a las economías asiáticas sino también a los EEUU". El nerviosismo de un sector de la burguesía americana se expresaba en The Wall Street Journal el 30 de diciembre de 1997; tras señalar debidamente que la mayoría de los economistas eran optimistas ante las perspectivas de la economía americana, el artículo señala: "Aún la nota pesimista, los pronósticos son fatales al predecir incluso momentos decisivos incluso en tiempos normales ¾es probable hacerlo incluso peor cuando las viejas normas están cambiando¾. Además los modelos de pronóstico tienden a elaborar suposiciones que la gente cree racionales mientras los acontecimientos actuales están a menudo conducidos por oleadas de irracionalidad, tales oleadas son las que preocupan a los pesimistas". "Aún desconocemos partes de la historia: cuanta durará la crisis y hasta donde se extenderá en los países desarrollados. Ha pasado de Tailandia a Indonesia y Corea del Sur. Y la especulación nerviosa, en las recientes semanas se ha extendido a Hong Kong, Taiwan, China, Rusia, Ucrania y Brasil". "Hace un año los inversores en EEUU y en otras zonas veían las economías "emergentes" como un sitio atractivo para invertir. Ahora, muchos están escapando, causando con esto la devaluación de las monedas y la subida de los tipos de interés en muchos de estos países. Otro shock, como una falta de pago surcoreana, podría hundir más las monedas y aumentar los intereses, subiendo los costes de capital y ralentizando el crecimiento en la mayoría del mundo desarrollado. La economía USA sería la más afectada porque los países en vías de desarrollo juntos absorben una cuarta parte de las exportaciones americanas". "La incipiente recesión de Japón, probablemente profundizará, y reducirá las mercancías europeas y americanas vendidas allí. Y los problemas de los bancos japoneses, que incluyen seis de los diez más grandes del mundo, exacerban las preocupaciones. Si los burócratas japoneses no manejan el problema hábilmente ¾los aprensivos directivos de occidente tiene poca confianza en ellos¾, las repercusiones podrían ser enormes". "El conjunto del sistema bancario depende de que los principales bancos del mundo se doten mutuamente de miles de millones de dólares para préstamos a corto plazo, extendidos con la confianza de una rápida devolución. Si un banco importante fracasa en Japón, y se manejara mal podría trastornar el flujo de pagos y hacer que el sistema se agarrotara ¾el equivalente financiero de un golpe". " Nadie está prediciendo ese desastre, pero el Presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan está profundamente preocupado. Jeffrey Shafer, un ex funcionario de la tesorería de Clinton, dice que si aún estuviera en su antiguo trabajo, ‘estaría en vela toda la noche preocupado sobre una caída mayor de los bancos en Asia, especialmente en Japón". Fin del "modelo asiático" Los intentos de la burguesía de negar importancia a la crisis en Asia roza lo cómico. Antes exageraban la importancia de Asia y ahora tratan de minimizarla. Sin embargo la importancia de esta región se demuestra en que el 60-65% del crecimiento de la producción mundial entre 1990 y 1995 procedió de esta zona. Fue esto precisamente lo que evitó que la recesión mundial de 1990-1992 se convirtiese en una depresión, por tanto esgrimir que una recesión en Asia no tendría efectos en la economía mundial es chocar contra los hechos. Hasta ahora esto no ha ocurrido, incluso no está teóricamente excluido que siguiendo la crisis bursátil la economía norteamericana se pudiese recuperar algo, y el boom pudiese chisporrotear durante otros dieciocho meses o dos años, aunque con tasas más bajas de crecimiento, sin embargo, este escenario "optimista" no es en absoluto cierto. Según pasan los meses, las voces expresando alarma están sonando con más fuerza, incluso The Economist, el más optimista de los portavoces del "capitalismo liberal", no puede ocultar sus más profundos presentimientos sobre las perspectivas para la economía mundial. En su editorial del 20/12/97, con el significativo título Asia y el abismo, admitía que ya era evidente que la extensión de la crisis a Corea del Sur y Japón tenía muy serias implicaciones para toda la economía mundial: "Cuando la historia fue del norte hacia el este, a corea del Sur y Japón, tomó un cariz más serio. Contrariamente a la idea popular, estos son dos de los países más grandes de la economía mundial, y también dos de los mayores importadores del mundo, además de enviar sus inversiones por todo el mundo, una calamidad financiera allí traería una caída a escala mundial o incluso una recesión. ¿Es eso probable?. La respuesta, desgraciadamente, es que tal calamidad aún no puede excluirse". (El subrayado es nuestro). Es divertido seguir las vueltas y giros de los economistas burgueses, su lucha para explicar los acontecimientos en Asia donde no hace mucho veían el "nuevo renacer capitalista". A la vuelta de sus negociaciones en Corea del Sur, el director del FMI, Michel Camdessus admitía: "El modelo asiático está pasado de moda". En realidad no había nada nuevo en la ola de inversiones en el Sudeste Asiático. A este respecto la burguesía manifestó la misma infantil superstición que aquellos que creen que hay una olla de oro al final de cada arcoiris. En cada período del desarrollo capitalista, desde el siglo XVI en adelante, el capitalismo siempre ha abierto nuevos mercados, comenzando con el "descubrimiento" del Nuevo Mundo. El saqueo de América del Sur proporcionó oro y plata que abasteció el período inicial de desarrollo capitalista en Europa. Más tarde en los siglos XVII y XVIII vimos el desarrollo de las colonias en Asia, Africa y América y los comienzos de la división mundial del trabajo que fue intensificada en el siglo XIX con la "apertura" de China (a través de las Guerras del Opio). Engels hizo referencia a las exageradas ilusiones de los manufactureros algodoneros de Lancashire en las ilimitadas perspectivas del mercado Chino (que posteriormente finalizó con sobreproducción y recesión). Más tarde vimos la fiebre del oro en California, el desarrollo de Australia, Rusia... Marx explicó hace tiempo que la burguesía es capaz de "resolver" sus crisis, pero sólo a costa de preparar nuevas y más profundas en el futuro. Una de las formas en la cual conseguían esto era precisamente aumentando su participación en el comercio mundial. La historia de las dos pasadas décadas son un testimonio gráfico de lo correcto de esta observación. En una entrevista con Camdessus en El País (1/12/97), le preguntaban si el modelo asiático, "basado en las exportaciones masivas y la absorción de inversiones extranjeras" que era supuestamente "un paradigma" había finalizado, su respuesta fue un modelo de humor inconsciente: "Los modelos económicos no son eternos. Hay momentos en los que son útiles y otros en los cuales, como el mundo evoluciona, se pasan de moda y tienen que ser abandonados. Unamuno solía decir que utilizaba sus ideas como sus botas, las utilizaba y después las tiraba. Debemos hacer lo mismo con los modelos económicos". Esta asombrosa franqueza por no decir cinismo, revela con exactitud la verdadera actitud de la burguesía hacia la "teoría económica" que actualmente es menos útil para ellos que un buen par de botas. Todos los denominados "paradigmas económicos" reflejan un intento desesperado de conseguir algún éxito ¾real o imaginario¾ para revivir el antiguo sueño de la clase capitalista y sus representantes ideológicos, que el ciclo de booms y recesiones ha terminado para siempre. La propensión para la autoilusión está directamente relacionada a los vertiginosos niveles alcanzados por la bolsa, rentabilidad, crecimiento económico y otros índices que están normalmente relacionados con la cumbre de un ciclo económico ¾justo antes de una caída ¾. En palabras del proverbio, "la soberbia llega antes de la caída", y si esta llega, "cuanto mayor sea la caída más dura será". |
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UNA NUEVA ETAPA EN LA CRISIS CAPITALISTA (2)
Fundación Federico Engels