MARXISMO HOY Nº 2 
La Transición: Un análisis marxista



..Fundación Federico Engels

Mayo 1996

. . . . . .. Irlanda

Una nueva etapa (1)

 

Los acontecimientos de Irlanda han centrado la atención de numerosos activistas del movimiento obrero. El alto el fuego decretado por el IRA, después de 25 años de terrorismo individual, fue presentado como una salida posible al problema nacional de Irlanda del Norte, después de décadas de opresión imperialista británica y un enfrentamiento civil que ha causado miles de muertos.

A pesar de todos los esfuerzos realizados por la clase dominante británica y el imperialismo americano, el proceso de pacificación se encuentra en un impasse. Los últimos atentados del IRA y las maniobras dilatorias de Major, orientadas a excluir al Sinn Fein del proceso de negociación, han creado las condiciones para una nueva espiral de violencia. ¿Cuál es la postura de los marxistas respecto a estos acontecimientos? ¿Qué pensamos sobre el terrorismo individual practicado por el IRA? ¿Cuál es la alternativa más viable para luchar contra el imperialismo británico? ¿Qué resolvería una Irlanda unificada bajo el capitalismo?

Muchos de estos interrogantes están presentes también en el Estado español. La cuestión nacional en Euskadi no ha sido resuelta por la burguesía española, después de veinte años de "democracia", y presenta todos los elementos para convertirse en un problema endémico bajo el capitalismo. La polarización existente, la amenaza de una "ulsterización", hacen necesario que la clase obrera se prepare para luchar contra esta peligrosa perspectiva, con el programa de la revolución. Muchos en Euskadi, como Elkarri, plantean como modelo para la pacificación lo ocurrido en Irlanda del Norte. ¿Es ésta la alternativa?

El presente artículo, que aborda todas estas cuestiones desde un punto de vista marxista, 'fue escrito hace casi dos años, como un folleto de propaganda, por el Comité de Redacción del periódico marxista británico Socialist Appeal, en torno al que se agrupa la izquierda marxista del Partido Laborista.

El segundo artículo es una reedición de la conmemoración del 50 aniversario del levantamiento de Semana Santa de 1916. Fue escrito por Ted Grant, miembro del Comité de Redacción de Socialist Appeal en 1966, y en el se glosa la grandeza de la figura de James Connolly, gran revolucionario y dirigente obrero irlandés.

Irlanda después del alto el fuego

La declaración de un alto el fuego incondicional por parte del IRA el 31 de agosto de 1994 representa una derrota estrepitosa para la política del terrorismo individual. Durante 25 años, el IRA ha llevado una lucha armada contra el imperialismo británico, con el objetivo declarado de expulsar al ejército británico y conseguir la unificación de Irlanda. Ahora, después de una generación de conflicto sangriento, con 3.170 muertos y 36.680 heridos, el objetivo de una Irlanda unida está más lejos que nunca. El IRA ha declarado un "cese total de la violencia" sin haber conseguido uno solo de sus objetivos. ¿Cómo se ha llegado a esta situación y qué lecciones encierra para el movimiento obrero en Gran Bretaña y en Irlanda?

Los crímenes del imperialismo británico

En primer lugar, es necesario responsabilizar de los problemas de Irlanda a quien corresponde: al imperialismo británico. Irlanda fue la primera colonia inglesa y experimentó la fría y calculada crueldad de la clase dominante anglosajona mucho antes que los pueblos de África y del Subcontinente indio. Desde el siglo XII, la nación irlandesa fue devastada por una serie de guerras de conquista desencadenada por los invasores ingleses. La economía de Irlanda quedó en ruinas, su pueblo reducido a la pobreza y al hambre, sus estructuras sociales rotas y su lengua y su cultura destruidas. Siglos de terrible opresión e injusticia bajo el dominio inglés crearon un fiero espíritu de rebeldía, que se expresó en sucesivos levantamientos.

Sin embargo, la historia de Irlanda es una aplastante demostración de la corrección de la teoría de la revolución permanente. Trotsky explicó que la burguesía en la época moderna es incapaz de resolver las tareas de la revolución democrático burguesa. En el caso de los países coloniales esto significa, en primer lugar, la lucha por la emancipación nacional. Todos los heroicos esfuerzos del pueblo irlandés fueron traicionados por los dirigentes nacionalistas burgueses.

Cuando el gobierno liberal de Asquith(1) finalmente se vio obligado a aceptar el autogobierno irlandés (Irish Rome Rule) en la víspera de la 1 Guerra Mundial, las fuerzas reaccionarias en el Norte de Irlanda bajo la dirección de Lord Carson, armaron y movilizaron una fuerza protestante de masas para impedirlo. Los oficiales del ejército británico en Irlanda se negaron a obedecer al gobierno liberal, y el Partido Tory salió en defensa de los Unionistas del Ulster obligando al gobierno a retirar el Home Rule.

Durante la I Guerra Mundial, los dirigentes nacionalistas burgueses irlandeses en el Parlamento de Westminster intentaron congraciarse con el imperialismo británico apoyando la guerra e, incluso, enviando voluntarios irlandeses al frente. Sin embargo, el abandono del Home Rule en 1914 preparó el camino para el Levantamiento de Semana Santa de 1916(2), cuando el gran dirigente de los obreros irlandeses, James Connolly, unió sus fuerzas a las de los nacionalistas pequeño-burgueses para organizar una insurrección contra el dominio británico, la cual fue aplastada salvajemente por el ejército británico.

La bárbara represalia del imperialismo británico inmediatamente después de la derrota de la insurrección cambió la situación por completo. Los dirigentes de la insurrección fueron fusilados a sangre fría. Connolly, que estaba gravemente herido, fue atado a una silla y fusilado. Los otros rebeldes fueron llevados a Gran Bretaña y encarcelados sin juicio. Esto provocó un rechazo masivo y sentó las bases para la guerra de independencia de 1919-21.

En cada etapa de la lucha por la liberación nacional de Irlanda, la cuestión nacional ha estado indisolublemente unida a los problemas sociales. Por encima de todo, es una cuestión de clase. La emancipación del pueblo irlandés sólo se puede conseguir a través de la emancipación de la clase obrera, la cual no está interesada en ningún tipo de opresión nacional ni religiosa. Por el contrario, los nacionalistas burgueses irlandeses han traicionado una y otra vez el movimiento en beneficio de sus ruines y estrechos intereses de clase. La clase dominante británica, amenazada por el peligro de una revolución social en Irlanda, eligió dividir el cuerpo vivo de Irlanda, proponiendo un tratado que dividía el Norte del resto. Esto fue aceptado por los dirigentes nacionalistas irlandeses, aunque un sector lo rechazó. Empezó una sangrienta guerra civil en el Sur en la que hubo más muertos que en la guerra contra los británicos. La partición de Irlanda fue indudablemente un acto de lo más reaccionario. Su carácter arbitrario se demuestra por el hecho de que, mientras que había cuatro provincias del Norte (Ulster> en las que los protestantes eran mayoría -Armagh, Down, Derry y Antrim-, el tratado también incluía otros dos condados -Fermanagh y Tyrone- con mayorías católicas, para darle alguna imagen de viabilidad. La aceptación de esto demostró el carácter traidor y cobarde de la burguesía nacional irlandesa.

En aquel momento, el Sur era un país eminentemente agrícola. La mayor parte de la industria se concentraba en el Norte, donde el proletariado, mayoritariamente protestante, había demostrado su potencial revolucionario en el periodo posterior a la 1 Guerra Mundial. La burguesía dcl Sur no estaba menos asustada del movimiento social en el Norte que la burguesía protestante, la cual recurrió a un pogromo sangriento en 1920-22 para aplastar a los trabajadores. En privado, la burguesía irlandesa reconocía que estaba aliviada de librarse de los "ateos comunistas y protestantes" del Norte.

Los motivos del imperialismo británico en ese momento eran varios. En primer lugar, el miedo a una revolución social en Irlanda; en segundo lugar, los intereses económicos y los vínculos entre los capitalistas y terratenientes protestantes del Ulster con el Partido Tory británico y, por último, las consideraciones militares y estratégicas. Durante generaciones, Irlanda ocupó una posición estratégica clave para Gran Bretaña, especialmente para las bases navales en el tiempo en que la armada (la 'navy') era el elemento decisivo de la máquina de guerra británica. Tan recientemente como en la II Guerra Mundial, Churchill consideró la invasión de Irlanda para asegurarse de que no cayese en manos alemanas.

La partición provocó la creación de un estado reaccionario en el Norte basado en la superioridad protestante. Durante más de cincuenta años, los católicos fueron discriminados sistemática-mente tanto en el empleo como en la vivienda. El sistema electoral, aunque formalmente democrático, era manipulado para garantizar una mayoría protestante permanente. El parlamento autónomo zel Stormont¾ , iba a ser "un Parlamento protestante para un pueblo protestante". La Royal Ulster Constabulary (RUC)(3) y, sobre todo, los odiados "B-Specials" eran fuerzas protestantes. Esto llevó a una enorme acumulación de rabia y amargura por parte de los católicos.

La siembra deliberada de odio nacional y religioso entre católicos y protestantes es otro crimen del imperialismo británico. Para derrotar la lucha revolucionaria del pueblo irlandés, los británicos recurrieron a la misma táctica del "divide y vencerás" que más tarde utilizaron en India, Palestina y Chipre. Sin embargo, no hay nada de inevitable en todo esto. La unidad en la lucha entre protestantes y católicos pobres en los momentos decisivos recorre como un hilo rojo toda la historia de Irlanda. La primera gran guerra de independencia irlandesa, el movimiento revolucionario de los "Irlandeses Unidos" a finales el siglo XVIII, fue dirigida por un ex-protestante librepensador y revolucionario, Wolfe Tone. Sólo uno de los dirigentes tenía una procedencia católica.

Antes de la ¡ Guerra Mundial, bajo la dirección de James Larkin, los obreros protestantes y católicos se unieron en la gran huelga de Belfast de 1.907. El Cierre Patronal de Dublín de 1.913 generó un movimiento de solidaridad de los obreros protestantes, que recogieron comida y ayuda para apoyar la huelga. En 1.919, los trabajadores de Belfast, en su mayoría protestantes, organizaron lo que, en la práctica, fue un soviet. Y en la década de 1930, trabajadores de ambas comunidades lucharon conjuntamente contra el paro. En los conflictos industriales los trabajadores protestantes y católicos normalmente luchaban hombro con hombro. Incluso en los últimos veinte años ha habido intentos repetidos de conseguir la unidad. Siempre que ha habido importantes movimientos de los trabajadores en Gran Bretaña, como en el caso de las huelgas de los trabajadores de la sanidad, los bomberos y otros sectores, los trabajadores de Irlanda del Norte han participado. A pesar de la aplastante presión del sectarismo, los sindicatos siguen siendo las únicas organizaciones de masas de Irlanda del Norte que no se han dividido en líneas sectarias, sino que, por el contrario, están vinculados con los sindicatos británicos e irlandeses. De hecho, en relación a la población, el nivel de afiliación sindical en Irlanda del Norte es mayor que en Gran Bretaña.

 

La campaña por los derechos civiles

En 1968-69, décadas de frustración y descontento explotaron en la campaña por los derechos civiles, que empezó entre la juventud católica y rápidamente adquirió proporciones masivas, con manifestaciones y mítines de masas. Esto no fue una casualidad. Las protestas de los estudiantes en Irlanda del Norte sin duda estaba influenciada por la explosión social de Francia de 1968, que inflamó la imaginación de los jóvenes en todo el mundo. Este movimiento tuvo un eco entre los protestantes, especialmente los jóvenes, una parte de los cuales se unieron a las manifestaciones. Cuando las marchas por los derechos civiles fueron brutalmente atacadas por los protestantes reaccionarios y íanáticos, hubo una enorme oleada de simpatía entre los protestantes. Con una dirección marxista correcta se podían haber sentado las bases para un movimiento unido de trabajadores protestantes y católicos que superase el peligro del sectarismo y luchase por empleo, viviendas y salarios dignos para todos.

El movimiento por los derechos civiles planteó toda una serie de reivindicaciones progresistas respecto a la igualdad de derechos y las libertades civiles. Sin embargo, no tenía una clara perspectiva de clase. Esto se convirtió en un obstáculo insalvable dada la historia de divisiones sectarias en Irlanda del Norte. Los católicos habían sufrido cinco déca(las de opresión y discriminación en el empleo y en la vivienda, aunque, en realidad, la mayoría de los trabajadores protestantes no estaba en una situación mucho mejor. Según un informe del gobiemo, en 1976 en la zona protestante de Shankill Road, en Belfast, el 79% de las viviendas no tenía un retrete interior, el 81% no tenía agua caliente, y el 49% vivía con unos ingresos inferiores a 25 libras a la semana (unas 5000 ptas.).

En estas condiciones, los fanáticos protestantes pudieron presentar el movimiento por los derechos civiles como una amenaza a la población protestante. Una de las dirigentes del movimiento, Bernardette Devlin, más tarde admitió que "nos dábamos cuenta de que, por muy bonito que lo presentásemos, más puestos de trabajo para los católicos significaba menos puestos de trabajo para los protestantes. Ese era un temor realista por su parte".

Toda la historia de la lucha en Irlanda del Norte demuestra que la única manera de resolver el problema es con un programa de clase. En el momento en que se abandona el punto de vista de clase, se entra en una rampa resbaladiza hacia el desastre. Todas las demás tendencias en la izquierda sucumbieron a las presiones del nacionalismo con unos resultados predecibles. Los dirigentes del Sinn Fein, aunque de boquilla hablaban de una Irlanda socialista en un lejano e incierto futuro, insistían en que se debía posponer la lucha por el socialismo hasta que la "cuestión de la frontera" estuviese resuelta. En este punto han sido imitados por todos los grupos sectarios británicos, los cuales han jugado un papel despreciable actuando como animadores del IRA en los últimos 25 años, sin el más mínimo atisbo de una postura de clase.

Los reformistas de izquierda demuestran igual falta de comprensión. Se imaginan que son unos grandes realistas. Ken Livingstone y Clare Short, en la práctica, han capitulado a las presiones del nacionalismo irlandés, desechando a la clase obrera protestante como una masa reaccionaria. Incluso Tony Benn, que merece un respeto por su lucha contra la derecha del Partido Laborista, ha sido incapaz de mantener una posición de clase en relación a la cuestión irlandesa. No dudamos de las buenas intenciones de la izquierda. Pero el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. El tipo de políticas no clasistas que han defendido habria significado un desastre para el pueblo de Irlanda del Norte si se hubiese llevado a la práctica. Pero, como dijimos hace mucho tiempo, no se podían poner en práctica debido a la correlación de fuerzas.

La idea de que la clase obrera debe dejar de lado la lucha por el socialismo hasta que se solucione la "cuestión fronteriza" es falsa de principio a fin. Es una variante de la vieja teoria estalinista de las "dos etapas". Esta teoría ha tenido unos efectos desastrosos dondequiera que se haya aplicado en China en 1923-27, en España en 1936-39, en Indonesia, en Iraq, Sudan y Palestina en los últimos 30 años, y también en Irlanda-. La terrible experiencia de los últimos 25 años demuestra precisamente que la única manera de resolver el problema nacional de Irlanda del Norte es a través de una acción de clase unida del proletariado, dirigida hacia el derrocamiento de los regímenes capitalistas en bancarrota en el Norte y el Sur de Irlanda y también en Gran Bretaña.

Ya hace tiempo, León Trotsky explicó que, en la época moderna, las tareas históricas de la revolución democrático burguesa, incluyendo la cuestión nacional, sólo las podía resolver la clase obrera a través de la reconstrucción revolucionaria de la sociedad. Una idea similar fue expresada por el gran socialista irlandés y mártir de la clase obrera James Connolly a quien, polemizando con los nacionalistas irlandeses, se preguntó quién era "el pueblo irlandés" y dio la famosa respuesta: "No el casero rentista poseedor de suburbios, no el capitalista sudoroso triturador de beneficios, no el pulcro abogado untado, no el prostituido hombre de la prensa ¾ los mentirosos a sueldo del enemigo¾ . (...) No son estos los irlandeses de los que depende el futuro. No son estos, sino la clase obrera irlandesa, la única base sólida sobre la que se puede alzar una nación libre".

 

El monstruo de Frankenstein

El cambio en la correlación de fuerzas después de la II Guerra Mundial significó que el imperialismo británico ya no tenía el mismo interés en mantener un control directo sobre Irlanda del Norte. Económicamente, los capitalistas británicos controlan la mayor parte de la economía del Sur. Décadas antes, Connolly había advertido: "Si mañana echas al ejército británico e izas la bandera verde sobre el castillo de Dublín, a no ser que te plantees la organización de una república socialista, Inglaterra seguirá dominándote. Te dominará a través de los capitalistas, de sus terratenientes, a través de todo el ejército de instituciones comerciales e industriales que han instalado en el país."

Por encima de todo, la importancia estratégica de Irlanda para Gran Bretaña prácticamente ha desaparecido. En la época de los misiles intercontinentales y de los submarinos nucleares, los puertos de Irlanda del Norte ya no son decisivos, más teniendo en cuenta la disminución del papel de Gran Bretaña a nivel internacional. La apertura de conversaciones entre el Primer Ministro Irlandés Sean Lemass y el dirigente unionista del Ulster Terrence O'Neill en la década de 1960 demuestra claramente que el imperialismo británico ya estaba considerando algún tipo de acuerdo en aquel momento.

El problema para el imperialismo británico era, y todavía es, que ha creado un monstruo de Frankenstein en la forma del sectarismo y el fanatismo protestantes que no puede controlar. Los protestantes del Norte temen que, en una Irlanda unida capitalista, serían una minoría oprimida. Aunque sus condiciones son malas, el nivel de vida y la seguridad social eran, y probablemente todavía son, mejores que en la República del Sur. Y aunque el peso de la Iglesia Católica ya no es el que era, todavía juega un papel importante, como lo demuestra la legislación reaccionaria sobre el divorcio, los métodos anticonceptivos y el aborto.

Contrariamente a lo que piensan el IRA y sus simpatizantes, no se puede forzar con bombas a un millón de protestantes a que se una al Sur en contra de su voluntad. Significaría una guerra civil y un desastre tipo Líbano, que haría parecer como un juego de niños los horrores de los últimos 25 años. Los estrategas del capital lo entendieron hace tiempo. Este es el motivo por el que el imperialismo británico no puede dejar Irlanda del Norte por mucho que quiera. Una guerra civil en líneas sectarias en Irlanda del Norte rápidamente tendría sus efectos en la madre patria. Glasgow, Liverpool, Manchester, Birmingham y Londres se verían implicados en una pesadilla de violencia y destrucción. Eso es algo que la clase dominante británica quiere evitar a toda costa. Esta es la razón por la cual la campaña del IRA estaba condenada a la derrota de antemano, como predijeron los marxistas hace 25 años.

 

El fracaso del IRA

"La campaña de la frontera" del IRA en la década de 1950 fue un completo fracaso. En realidad, para la mayor parte de la población tanto del Norte como del Sur la cuestión de la frontera, aunque no estaba resuelta, había pasado a un segundo plano. La incapacidad de la clase capitalista irlandesa de desarrollar las fuerzas productivas se puso de manifiesto en un nivel de paro a gran escala y en la emigración. Muchos trabajadores irlandeses emigraron del Sur al Norte a pesar de todas las dificultades. Un hecho significativo es que en ese momento los comandos del IRA se vieron obligados a actuar desde el territorio de la República. Prácticamente no tenían ninguna base en el Norte.

El fracaso de la campaña de la frontera llevó a la dirección del IRA a tomar la decisión de abandonar la lucha armada en la década de 1960. Una tendencia estalinista que estaba evolucionando hacia el reformismo había tomado el control del IRA. La decisión de romper con la llamada "lucha armada" (en realidad terrorismo individual) era, en sí misma, un paso adelante. No obstante, cometieron un serio error de cálculo al deshacerse de las armas. Los marxistas están a favor de la transformación pacífica de la sociedad, que sería posible si los dirigentes obreros estuviesen dispuestos a movilizar a toda la fuerza de la clase obrera organizada para tomar el poder. Pero silos Tories y la clase dominante se resisten, utilizando la fuerza armada, entonces será necesario combatir para derrotar a la reacción.

Los marxistas se oponen implacable-mente a los métodos del terrorismo individual, pero no desde el punto de vista del reformismo o del pacifismo. Partimos del punto de vista de que "la tarea de la emancipación de la clase obrera es la tarea de la propia clase trabajadora". La idea de que el imperialismo y el capitalismo pueden ser derrotados por pequeños grupos de "guerrillas urbanas" o de 'héroes" individuales es falsa y perniciosa para la causa del socialismo. En nueve de cada diez ocasiones conduce a la derrota y al fortalecimiento de la reacción y del estado a los que se supone que están combatiendo. En el mejor de los casos, puede llevar al establecimiento de un estado obrero monstruosamente deformado, como en la China estalinista o en Yugoslavia. Pero nunca puede llevar a un régimen genuinamente socialista, que, por su propia naturaleza, tiene que basarse desde el primer momento en la participación activa de las masas de la clase obrera en el control y la administración de la sociedad.

Una condición previa para esto es que la clase obrera ¾ la única fuerza genuinamente revolucionaria de la sociedad¾ tiene que hacerse consciente de su propio poder. Desde un punto de vista marxista, es progresista lo que sirve para elevar el nivel de conciencia y autoconciencia de la clase. Y es reaccionario lo que tiende a disminuir la confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas. Desde esta óptica, los métodos del terrorismo individual, la idea de que el destino de la sociedad está determinado por una pequeña minoría de "salvadores" con pistolas y bombas es profundamente reaccionaria. Si a alguien todavía le queda alguna duda sobre esta cuestión, que mire los resultados concretos de los últimos 25 años en la clase obrera y que diga honestamente en qué sentido ha beneficiado eso a la causa del socialismo y de la clase obrera en Irlanda, Gran Bretaña o cualquier otra parte.

La guerra de guerrillas es el método clásico de lucha del campesi nado. Puede jugar un papel vital como auxiliar del movimiento de los trabajadores en los centros urbanos en los paises atrasados. Pero nunca puede ser un sustituto de la lucha revolucionaria del proletariado, utilizando los métodos tradicionales de la huelga general, las manifestaciones de masas y la insurrección. La misma idea de la 'guerrilla urbana" es ajena a los métodos y las tradiciones del marxismo. Es sólo otra forma de denominar al terrorismo individual, que los marxistas, especialmente en Rusia, siempre han combatido.

Aun desde el punto de vista de las teorías clásicas de la guerra de guerrillas, las tácticas que aplicó el IRA Provisional eran una locura. Toda la idea era que las fuerzas guerrilleras se basaran en el apoyo de la población (es decir, el campesinado) y se fundieran con ésta ¾ "nadando como pez en el agua", como lo expresó Mao¾ . Pero en Irlanda del Norte la población está dividida entre Católicos (Republicanos) y Protestantes ("Lealistas"). Es más, estos últimos son mayoría y se oponen implacablemente a unirse a la República de Irlanda. La idea de que es posible forzar a un millón de protestantes, probablemente 100.000 de ellos armados, a unir-se al Sur en contra de su voluntad, con una campaña de atentados y asesinatos, estaba condenada al fracaso desde su inicio.

Desde el principio, los marxistas estuvimos solos oponiéndonos a la política del terrorismo individual y defendiendo una posición de clase. Todas las demás tendencias de la izquierda del movimiento obrero británico capitularon a las presiones del nacionalismo pequeño-burgués. Lo que ha ocurrido en Irlanda demuestra una vez más que desde el momento en que abandonas el punto de vista de clase respecto a la cuestión nacional estás perdido. Como de costumbre, los reformistas de izquierda, los estalinistas y las 57 variedades de sectas argumentaron que éramos "utópicos", que era necesario "resolver el problema de la frontera" antes de que se pudiese plantear la lucha por el socialismo y demás. Los acontecimientos recientes demuestran sin sombra de duda que nuestra postura era correcta.

Después de 25 años, la estrategia del IRA ha fracasado completamente. La causa de la unificación de Irlanda ha retrocedido décadas por el legado de odio y temor entre las dos comunidades. El supuesto "realismo" de los nacionalistas ha conseguido precisamente el resultado contrario del que perseguían. La condición previa para una lucha victoriosa contra el imperialismo británico es conseguir la unidad de acción de la clase obrera, cortando con las divisiones sectarias por razones religiosas y nacionales. Esto no se puede conseguir nunca sobre la base del nacionalismo. Por lo tanto, la única política realista es una política revolucionaria de clase que tenga como objetivo el derrocamiento de la dominación capitalista al norte y al sur de la frontera, y en Gran Bretaña en su conjunto. Pero para los dirigentes del IRA y sus defensores, esta idea es un libro cerrado con siete llaves.

La verdad es que el IRA no jugó ningún papel en las movilizaciones de masas de 1968-69. Las Juventudes Socialistas de Derry, que estaban girando hacia posturas marxistas, jugaron un papel importante. Desgraciadamente, tenían poca experiencia y estaban poco preparadas para una situación como la que se enfrentaron. Los ataques brutales de los matones de Paisley, de la RUC y de los "B-Specials" contra manifestaciones desarmadas provocaron una afluencia masiva de jóvenes al movimiento, en un primer momento tanto católicos como protestantes.

Cuando los reaccionarios protestantes atacaron la zona católica de Bogside en Derry, los católicos se encontraron sin nadie que les defendiese. Las denominadas "fuerzas de la ley y el orden" -la RUC y los "B-Specials"- jugaron un papel dirigente en estos pogroms. Sin embargo, el IRA Oficial, en su ceguera reformista, había vendido sus armas y ahora era incapaz de defender a nadie. Una tendencia auténticamente marxista hubiera iniciado la formación de comités de autodefensa, basados en los sindicatos y en comités locales, compuestos tanto por católicos como por protestantes, para defender las áreas amenazadas por ataques sectarios. En estas condiciones dadas, tenían que ser armados.

Un sector del IRA, el ala militar dura, se opuso a la política de la dirección pro estalinista. Con la ayuda de una fracción derechista del Partido Conservador del Sur, Fianna Fail, organizó una escisión en el seno del IRA para formar el TRA Provisional. La clase dominante del Sur estaba preocupada por el creciente movimiento social en la República. Los sectores más de derechas del partido gobernante Fianna Fail dieron un generoso apoyo económico a los Provos, con la intención de escindir el movimiento y distraer la atención. Incluso organizaron un envío de armas hacia el Norte.

Las armas facilitadas por el sector más reaccionario de los capitalistas del Sur permitieron al IRA Provisional ganar una base en el Norte de la que antes carecían. Los "Oficiales" fueron totalmente sobrepasados. Grandes cantidades de jóvenes católicos radicalizados se agruparon bajo la bandera de los Provisionales. Sin embargo, los ataques sectarios continuaron hasta el punto de que dirigentes (le la Campaña por los Derechos Civiles como Bernardette Devlin pidieron el envio de las tropas británicas a Irlanda del Norte.

No es generalmente conocido que en ese momento toda la izquierda ¾ con la única excepción de la tendencia marxista del laborismo, hoy agrupada en el periódico Socicilist Appeal¾ apoyó el envío de tropas. No solamente el Partido "Comunista" y la izquierda laborista, ¡sino incluso el SWP (siglas de Socialist Workers Party, Partido Socialista de los trabajadores) y las demás sectas! De hecho, todos los que desde entonces han estado tocando al son del movimiento "Tropas Fuera" entonces justificaron su envío. El periódico del SWP, Socialist Worker, el 21 de agosto de 1969 declaraba:

"Debido a que las tropas británicas no tienen el merecido odio que se han ganado la RUC y los Specials, no se comportarán con la misma brutalidad, aunque los antiguos terroristas de Aden y de Chipre no son los angelitos que la prensa nos quiere presentar." Y añadía: "El despliegue de tropas da algún tipo (le seguridad contra las ilegalidades de la RUC y los B-Specials...".

Y otra vez: "El tiempo es vital para ayudar al pueblo del Norte (?>. La intervención de las tropas británicas en el Ulster sólo permite un respiro temporal en el que se pueden fortalecer las defensas de la comunidad católica".

La inclusión de frases para la galería como "sólo temporal" y "no son los angelitos que la prensa nos quiere presentar" no puede ocultar el hecho de que el SWP presentaba al ejército británico como el salvador de los católicos. ¡Como si el ejército fuese un cuerpo neutral, y no el instrumento del imperialismo británico! Ni un ápice de análisis de clase. Ni un solo átomo de comprensión del carácter real del problema, o de su solución. Esta ha sido la postura de las sectas y de los reformistas de izquierda desde el principio hasta el final en relación a la cuestión irlandesa.

Los marxistas en el movimiento obrero británico, junto con un pequeño grupo de seguidores en las Juventudes Socialistas de Derry fueron los únicos en defender una postura de clase. Nos opusimos al envío de tropas británicas y llamamos a la creación de una fuerza de autodefensa obrera para combatir el sectarismo y organizar una campaña por puestos de trabajo, casas y escuelas y la expropiación de los monopolios como la única manera de avanzar hacia el objetivo de una Irlanda socialista unida. Esta postura se planteó en una resolución de emergencia a la Conferencia del Partido Laborista en Octubre de 1969.


 Irlanda
Una nueva etapa (1)
Fundación Federico Engels