MARXISMO HOY Nº 2 
La Transición: Un análisis marxista


  Mayo 1996


..Fundación Federico Engels


 

1976-1996 Vitoria 3 de marzo.
La lucha continúa

Arturo Val del Olmo

Hace veinte años en Vitoria la policía asesinó a cinco trabajadores e hirió de bala a decenas de hombres y mujeres y lo hizo disparando a quemarropa para disolver una asamblea de miles de personas en la Iglesia de San Francisco. Ninguno de los responsables de la matanza pagó por ello y hoy gozan de una respetabilidad dada por quienes prefirieron enterrar en el olvido lo que había ocurrido. La primera lección de aquellos sucesos es que la lucha es el único camino para defender nuestros intereses.

Hoy día esta muy clara la influencia que tuvieron aquellas luchas en la conquista de las libertades democráticas en el Estado español. Sin embargo, aquella lucha no fue asimilada por los dirigentes de las organizaciones obreras simplemente porque sobrepasaba los objetivos de la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática y porque conllevaba asumir la enorme capacidad de transformación de la clase trabajadora en un momento en el que el discurso de los dirigentes del PSOE y sobre todo del PCE era que no había fuerza para conseguir una ruptura democrática con el régimen franquista.

Un incremento salarial de 6.000 Pts. lineales, solidaridad frente a los despedidos y detenidos y ruptura con el Sindicato Vertical concretada en la elección directa de Comisiones Representativas en cada empresa fueron el motor de una lucha magnífica que supo conquistar en la práctica el derecho de huelga, de reunión, de manifestación y de desvelar el auténtico papel que juegan las instituciones, los medios de comunicación o la legalidad, siempre en última instancia, cuando se cuestionan los intereses del capital, a favor de la clase dominante. Tras los sucesos del 3 de marzo se añadiría la depuración de fascistas del ejército y cuerpos llamados de Seguridad del Estado, que aún hoy sigue siendo una necesidad.

Aquella lucha que se apoyó en una organización directa, basada en las asambleas de fábrica y en la participación, que contó con unos objetivos asumidos por los trabajadores y a la altura de sus necesidades y con una dirección que fue capaz de dar confianza y seguridad a los trabajadores en sus propias fuerzas, tuvo una repercusión enorme también en toda la negociación colectiva en Álava en los años posteriores con algunos de los mejores convenios de todo el Estado que sirvieron de referencia en todas partes.


Organización

Sin embargo hoy, veinte años después, la clase trabajadora tenemos, igual que entonces, la necesidad de luchar por unas condiciones de un problema que para un sector importante de la población, los más de tres millones de parados o los diez millones de personas que según Caritas viven por debajo del umbral de pobreza, está hoy aún más agravado que entonces. Y ello conduce a la necesidad de comprender hasta qué punto las luchas son un medio para conseguir nuestras reivindicaciones, pero deben ser también un medio para organizamos más y comprender la necesidad de cambiar de raíz la sociedad en que vivimos.

Es cierto que después de 20 años han mejorado muchas cosas, como la sanidad, la educación o las infraestructuras, pero no es menos cierto que ello se ha hecho a costa de un endeudamiento masivo del Estado, que paga por intereses al capital privado tanto como se paga en pensiones, a costa de un empeoramiento de las condiciones de trabajo y a costa de una profundización de las desigualdades sociales. Es cierto también que hoy hay 4erechos y libertades que no teníamos entonces pero no es menos Cierto que esas libertades las conquistamos con nuestra lucha pagando un precio muy caro, que fábricas, de los bancos, de los cuartelillos de la Guardia Civil o de los cuarteles del Ejército y que una y otra vez las han ido recortando con disposiciones como la Ley Corcuera, la Ley de Huelga o actualmente con el nuevo Código Penal.


Solidaridad

Otra cuestión importante en aquella lucha fue la solidaridad estatal e internacional. La necesidad de luchar organizadamente por encima de fronteras nacionales. Aquel 3 de marzo muchos trabajadores decían que la lucha había quedado aislada en Vitoria, que no se había conocido en otras partes, que los medios de comunicación habían silenciado lo que ocurría. No es casualidad que decidiéramos en las Comisiones Representativas distribuirnos por todo el Estado y que estuviéramos en otros países como Gran Bretaña o Alemania informando de lo que aquí estaba ocurriendo a través de las organizaciones sindicales de esos países. Hoy día en que se está utilizando el concepto de Europa como coartada para reducir los gastos sociales, desmantelar el sistema público de protección social y justificar controles salariales, es más necesario que nunca coordinar esfuerzos para denunciar y luchar n contra de una Europa donde solo cuentan los intereses de un puñado le empresarios que quieren un merado único para competir con EUU o Japón mientras presionan 1 los Gobiernos para profundizar as diferencias de desarrollo, de jornada laboral, de condiciones laborales con el fin de impedir un frene común de los trabajadores. Es triste reconocer que en esta dirección trabajan también en Euskadi sectores de los trabajadores que defienden la independencia y el socialismo en Euskadi, rompiendo con los esfuerzos conjuntos de los trabajadores en todo el Estado, errando los ojos al hecho de que la idea estalinista de construir el socialismo en un solo país ha sido brutalmente negada por la historia.

La fuerza de la clase obrera

Otro aspecto importante de las luchas de Vitoria fue el enorme potencial transformador de la lucha ,obrera. En torno a los trabajadores 'e aglutinó la inmensa mayoría de a sociedad; los jóvenes, los estudiantes, los pequeños comerciantes. Hoy en día es más importante que nunca comprender que los intereses de las multinacionales, banqueros y grandes empresarios son incompatibles con los de los trabajadores. El diálogo para resolver algo tan básico como tener un empleo digno para todos es una ilusión. Sólo la planificación de los recursos económicos de la sociedad bajo el control de los trabajadores permitiría utilizar todos los recursos humanos y técnicos de la sociedad. Podemos ver cómo en el debate del reparto del empleo a través de la reducción de trabajo hay una enorme 4emagogia. La realidad en los convenios es que la jornada media en lugar de reducirse se está aumentando algo estos últimos años. Todo el debate gira en torno a que el costo de la reducción de jornada lo paguen los trabajadores, los empresarios y el Estado. Sin embargo toda nuestra experiencia demuestra que nunca hemos conseguido nada serio sin luchar. Hoy haría falta una reducción drástica de la jornada a 35 horas para repartir el empleo pero desde luego que nadie piense que nos la van a regalar si no luchamos por ella. Sólo hay que ver el contraste entre el 15,4% de aumento de los beneficios empresariales según el Banco de España y el hecho de que cada vez se reduce más el subsidio de paro y lo cobran menos trabajadores, se profundiza la reforma laboral, se potencia la precariedad y la discriminación a través de las empresas de trabajo temporal.

Durante 14 años la burguesía ha utilizado al Gobierno socialista para hacer el trabajo sucio de integrarnos en la OTAN, la reconversión industrial basada en reducir plantillas sin empleos alternativos, el saneamiento de la banca privada con dinero público o la Reforma Laboral. Ahora la burguesía ha intentado darles la patada sin agradecerles los servicios prestados y sólo la memoria histórica de la clase trabajadora en contra de la derecha y los errores de Izquierda Unida han permitido que el PSOE mantenga aun un apoyo considerable basado esencialmente en la clase trabajadora. Sin embargo una cosa es el voto y otra cosa es la enorme acumulación de descontento que existe en la sociedad.

En Francia el gobierno de derechas se sentía fuerte para llevar adelante un plan de contrarreformas y tan sólo cuatro meses después de las elecciones se encontró de frente con una lucha que ha movilizado a más personas que en el 68. Tuvieron que retirar el Plan Quinquenal para el sector ferroviario, mantener la protección social de los funcionarios y congelar el impuesto indirecto del 0,5% para financiar el déficit presupuestario.

La lucha continúa

En las luchas de 1976 las organizaciones obreras teníamos muchas limitaciones debido a la ausencia de libertades. Sin embargo, en Álava la UGT funcionaba desde 1970. Compañeros fueron detenidos por conseguir ayuda del movimiento obrero internacional para la huelga de Michelín en 1972, hasta 1977 miembros del PSOE y de las JJSS fueron detenidos y encarcelados. En 1976 formamos parte de las Comisiones Representativas y hemos luchado en UGT y PSOE para que estas organizaciones fueran un instrumento al servicio de la clase trabajadora. Por defender nuestras ideas fuimos expulsados del PSOE en 1978 y 1981 y de la UGT en 1983. Hoy de nuevo en la UGT seguimos manteniendo que las organizaciones obreras no son patrimonio de quienes las dirigen sino de la lucha del movimiento obrero a lo largo de más de cien años de historia. Un sindicato obrero necesita la democracia interna, la participación, la vinculación con los problemas y necesidades de los trabajado-res tanto como una persona necesita el oxígeno para vivir. Por eso hoy vemos movimientos dentro de UGT y de CCOO en defensa de un sindicalismo reivindicativo que sea capaz de defender nuestros intereses y de hacerlo consecuentemente. Los trabajadores hemos demostrado una y otra vez nuestra disposición a luchar. Lo hicimos en un 14 de diciembre de 1988 cuando más de diez millones de personas salimos a la calle y también la última vez un mes de enero de 1994. Conseguir ahora unas direcciones obreras que estén a la altura de las circunstancias es un objetivo difícil pero por el que merece la pena luchar. Bajo el capitalismo no hay futuro ni para nosotros ni para nuestros hijos y cuando esta idea se asiente no habrá fuerza capaz de frenar el cambio de sociedad.