|
MARXISMO HOY Nº
2
|
| ..... |
La clase obrera ante el triunfo de la derecha
|
|
Juan Ignacio Ramos La sociedad en crisis Las tasas de paro en los países avanzados, en plena recuperación económica, revelan que estamos ante un fenómeno monstruoso. No es paro cíclico como vimos en las décadas de los 50, 60 ó 70, donde los trabajadores que se quedaban en paro durante una fase recesiva encontraban empleo en el siguiente período de crecimiento. Ahora, hablamos de paro orgánico y masivo, no sólo en el Estado español, también en Francia, Alemania, Bélgica, Gran Bretaña, etc. Según la encuesta de población activa (EPA) del último trimestre de 1995, en este año el empleo aumentó en 372.610 personas, pero en los últimos tres meses de 1995 creció tan sólo en 5.380. El paro disminuyó en 1995 en 119.090 personas, pero el número de parados supera los 3,5 millones de personas -una tasa del 23%, el doble de la media europea. El nuevo empleo creado en 1995 se ha centrado en el sector servicios (94,8% de los nuevos contratos), mientras que la cifra de familias en las que ninguno de sus miembros posee trabajo es espeluznante: 973.050. Respecto a la flexibilidad del mercado laboral que fue el supremo argumento que justificó la contrarreforma laboral, la realidad es obvia. Un 38% de los empleos son precarios y en la empresa privada la temporalidad supera el 45%. De las 7.561.899 contrataciones registradas en el INEM a lo largo de 1995 tan sólo el 4,8% ¾ 363.913¾ han sido fijos. El 95,2% de los contratos en 1995 han sido temporales. El capitalismo se desarrolla de forma cíclica, con períodos de booms y recesiones económicas. Durante el largo período histórico excepcional por otra parte de 1948 a 1973 la curva básica de desarrollo capitalista fue claramente ascendente. En esta época vivimos el período de mayor auge del capitalismo en toda su historia, caracterizado por un continuo desarrollo de las fuerzas productivas, una fase claramente ascendente en la reproducción del ciclo capitalista. En este periodo de casi tres décadas también tuvimos recesiones, pero éstas eran cortas y poco profundas, sin afectar la orientación ascendente de la economía. La situación cambió decisivamente a partir de la recesión de 1973/1974, que puso fin al auge de posguerra. A partir de este momento las tasas de crecimiento económico, de producción, de empleo, de distribución de la renta nacional, de desarrollo general de las fuerzas productivas fueron muy inferiores a las de las décadas precedentes. La nueva época inaugurada en 1973/74 se caracterizaba por booms cada vez más cortos y superficiales, en comparación con la época anterior, y recesiones más extensas y profundas. La cuestión del empleo es clave a la hora de medir la salud del capitalismo, por eso afirmamos que la tasa actual de desempleo no es un síntoma del vigor del sistema sino de su decadencia senil. El paro mundial sobrepasa fácilmente los 800 millones y en los países de la OCDE hay más de 45 millones de para dos. Un boom como el actual que no proporciona ventajas al conjunto de la población o que no aumenta su nivel de vida, sus ingresos materiales, es una receta acabada para la conflictividad social. Esto es más evidente en una economía débil y dependiente como la del Estado español. Ahondando en la cuestión del desempleo, la crisis orgánica del capitalismo español se puede apreciar con claridad cuando analizamos la evolución de las tasas de paro desde 1974 a 1994. Desde 1974 hasta 1994, en veinte años la cifra de paro ha pasado de menos de 300.000 a más de tres millones de personas y la ocupación en la industria de 3.201.000 a 2.496.000 personas. La debilidad del capitalismo español está determinada por su papel subalterno en el conjunto de la economía europea y mundial. Cualquier problema en las economías más avanzadas de Europa, en el momento de interpenetración más importante que conoce la historia del mercado mundial, provocará serias dificultades al capitalismo español. No podemos analizar en el espacio de este artículo las tendencias generales de la economía mundial, pero sí subrayaremos que las previsiones para los próximos años son más que modestas, mediocres. La locomotora de Europa, Alemania, se encuentra con graves problemas. Todas las esperanzas de la burguesía para conseguir una Europa unida están poniéndose en entredicho. Hace muchos años que los marxistas predijimos que la Unión Europea seria imposible sobre bases capitalistas. Las contradicciones entre las burguesías nacionales de Europa son suficientemente poderosas para lograr una integración total. En el marco de la competencia despiadada que provocan por un lado la existencia del bloque americano y por otro el coloso japonés, las economías europeas se ven en la obligación de presentar un frente común. Pero la UE no pasará de esto, un frente común para defenderse de la competencia americana y japonesa, lo que agudizará aún más las contradicciones entre los diferentes poderes imperialistas. La unión económica y monetaria (UEM) en Europa se ha aplazado hasta 1999. Pero es muy probable que esta fecha se vea de nuevo aplazada, máxime cuando Alemania -verdadero motor de la economía europea- está pasando por graves dificultades. En cualquier caso, la posibilidad de que todos los países accedan a la UEM al mismo tiempo parece muy poco probable, confirmando el hecho de una unión a dos velocidades. Alemania registró un crecimiento negativo del 0,4% en el último trimestre de 1995, tras el estancamiento del tercero. En el conjunto de 1995 la economía germana creció una raquítico 1,9%. En el último trimestre la demanda interna cayó el 1 %, la participación de la producción industrial en el PIB cayó un 3%, desde 1990 sólo se registró una caída mayor en 1993. El comercio y el transporte cayeron el 1,5%, por primera vez desde la recesión de 1993. El sector servicios registró un crecimiento del 0%, pero en varios subsectores fue negativo, según el diario económico Cinco Días: "ésta es quizás la señal de alarma más preocupante, ni siquiera hubo contracción durante la recesión de 1993". La construcción se desplomó un 2,2%, y las exportaciones tan sólo aumentaron el 3,4%. Las tasas de desempleo en Alemania son las más grandes desde los años 30, más de cuatro millones de parados. Y todas estas cifras, más parecidas a las de una recesión, se dan en pleno boom económico. La situación en Alemania se está traduciendo en un incremento de la conflictividad social que no ha hecho más que empezar. El famoso pacto por el empleo propuesto por los sindicatos alemanes ha sido rechazado por la patronal, que exige, una reducción del 20% de los salarios. En todo este contexto de dificultades y perspectivas sombrías los beneficios capitalistas sí se han recuperado. En el Estado español las grandes empresas que cotizan en bolsa aumentaron sus beneficios, obteniendo unas ganancias de 2,018 billones de pesetas, pero no crearon empleo. Por el contrario, sus plantillas se redujeron un 0,2%. Los grandes bancos y aseguradoras obtuvieron unos beneficios superiores a los 700.000 millones de pesetas en 1995, un 23,8% respecto a 1994. Vivimos un boom qué no está ofreciendo ventajas a la mayoría de la sociedad. Por el contrario, es una recuperación basada en el incremento de la obtención de plusvalía absoluta y relativa de la clase obrera, de los recortes en los gastos sociales, de la regresión en conquistas históricas del proletariado y del desmantelamiento del "Estado del bienestar", de aquellas reformas que los trabajadores disfrutaron tras décadas de luchas. "Hemos vuelto", según Dorg Renwood, editor de Left Business Observer, citado por Cinco Días -al estado natural del capitalismo". "Mirando los datos desde los primeros hasta los más recientes", añade Paul Oumerod de Postorthodx Economics- "uno tiene que sacar la conclusión de que el período entre 1950 y 1970, caracterizado por el crecimiento estable y los ciclos suaves, fue un período excepcional. Lo que tenemos ahora es lo normal en términos históricos". Las perspectivas para la economía española tienen tonos más graves. La OCDE estimó unas previsiones para 1996 de un crecimiento inferior al 2,4%, con mantenimiento de altas tasas de desempleo. En este escenario ¿qué hará la derecha?.
La derecha en el gobierno La política antiobrera del gobierno de Felipe González ha allanado el camino para el triunfo del Partido Popular el 3 de marzo. Pero un gobierno de la derecha lejos de suponer ninguna mejora para la clase obrera, significará una profundización en la política de ataques y contrarreformas iniciada por los diferentes gobiernos del PSOE. Cuando Chirac en Francia, obtuvo el triunfo en las presidenciales, se presentó con un programa cargado de demagogia y oportunismo: mantenimiento del gasto social, rebaja de impuestos, reducción del déficit, creación de empleo. Es decir, la política de café para todos: sus promesas demagógicas tuvieron un efecto ante el fracaso de las políticas antiobreras del PSF, pero bastaron tres meses para que Chirac demostrara que una cosa son las palabras -que no cuestan nada- y otra el programa que realmente defiende la derecha. El PP postulando a favor de la convergencia europea y de la reducción del gasto público, recortará los gastos sociales e intentará llevar a cabo un vasto programa de privatizaciones. Por poner un ejemplo, en la Comunidad Valenciana, han empezado por entregar la construcción y gestión de hospitales a empresas privadas del sector, lo que es la antesala de la privatización cuanto menos de toda una serie de servicios sanitarios que hoy son gratuitos. En el terreno fiscal, el programa de Aznar favorecerá el fraude y los beneficios impositivos de los que disfrutan los más ricos. Hace algunos años, el gobierno del PSOE para aumentar la colocación de deuda pública entre los no residentes en España, eliminó las retenciones en origen. Esto favoreció que las rentas de capital no tributaran a Hacienda, ya que se permitía a los inversores sacar su dinero fuera de España y operar desde el extranjero. Con éstas medidas, y otras de exenciones fiscales a los grandes empresarios, el 1% de los más ricos paga tan sólo el 6,8% de la base imponible total. En el programa político de Aznar, lógicamente, no hay ninguna medida para que las rentas de capital aumenten su tributación. Por el contrario, el PP pretende rebajar la prescripción de la deuda fiscal desde los cinco años actuales hasta tres, una auténtica amnistía fiscal para los defraudadores. También han anunciado la reducción de las cotizaciones un punto cada año durante los próximos cuatro años, medida que pondría en cuestión la financiación de la Seguridad Social y que va en la línea de acabar con el sistema público de pensiones, en beneficio de los fondos privados, controlados por las compañías de seguros y la banca. El PP ha manifestado que recurrirá al sector privado para financiar la construcción de infraestructuras urgentes, siguiendo el modelo británico. Esto significa que los usuarios tendrán que pagar directa o indirectamente infraestructuras sociales que serán fuentes de beneficios para los empresarios. En Comunidades Autónomas donde gobierna el PP, la sanidad o la educación han sufrido numerosos recortes presupuestarios en beneficio de la empresa privada. En la Comunidad Valenciana el PP ha suprimido 500 plazas de maestros. En secundaria se reduce el 16% del presupuesto para gastos corrientes de la enseñanza pública, mientras aumenta un 12% los destinados a la enseñanza privada. Se ha paralizado la construcción de nuevos campus universitarios, que pretendían desmasificar los actuales. Y han presentado un mapa escolar que obliga en la práctica a los padres de alumnos a mandar a sus hijos a los centros concertados. El plan presentado por el PP aumenta en 359 unidades la oferta en la privada, y reduce 609 en la pública; elimina el 30% de los maestros rurales y obliga a desplazarse al 20% de los alumnos de secundaria. La reacción de la clase obrera en Valencia no se ha hecho esperar. Si el 29 de marzo Aznar convocaba un mitin en Mestalla al que asistieron 60.000 personas, el 28 de marzo más de 40.000 trabajadores y estudiantes se manifestaban en Valencia contra la política educativa del PP en la mayor movilización de la comunidad educativa en los últimos diez años, En materia de empleo Aznar profundizará el recorte de la cobertura del desempleo. Rodrigo Rato, posible ministro de economía en un gobierno PP, ya ha manifestado su oposición a la política de subsidios a los parados. Por otra parte el PP tratará de imponer un ambicioso plan de privatizaciones de empresas públicas. Hunosa, Telefónica, Renfe, Siderurgia, etc., están amenazadas con nuevos planes de reconversión, que favorecerán su desmantelamiento y venta a precios de saldo a los grandes monopolios. Esta política lejos de generar empleo, profundizará la destrucción de puestos de trabajo. En lo referido a las libertades democráticas, el PP tratará de restringir aún más nuestros derechos. Aplicando las medidas más regresivas del nuevo Código Penal, al Ley de Seguridad Ciudadana y un largo etcétera, intentará poner obstáculos constantes a la lucha de los trabajadores con este arsenal legal. En la cuestión nacional, la política del PP profundizará la represión policial para combatir el terrorismo individual de ETA, aumentando la polarización y el enfrentamiento en Euskadi. La burguesía española, con o sin Maastricht, intentará profundizar en la línea regresiva para los derechos de la clase obrera que se ha impuestos en los últimos dos años. Sus declaraciones a favor del consenso y la negociación son una táctica encaminada a hacer más aceptable sus planes. Pero quien piense que el PP puede desarrollar una política más "progresista" que los diferentes gobiernos del PSOE, se equivoca de lado a lado. José Md Cuevas, inspirador del programa económico ya ha vuelto a la carga exigiendo una nueva reforma laboral para abaratar el despido. No podemos olvidar que el PP es el partido de los grandes capitalistas, la gran banca y los monopolios. Su acción de gobierno estará determinada por las necesidades e intereses de sus mentores de clase que por otra parte son los que realmente deciden que política hacer cuando y como. Los centros de poder del capital, quieren un gobierno fuerte y estable, pero los resultados electorales lo han impedido. Un gobierno del PP tendrá que enfrentarse muy pronto a la actitud del movimiento obrero, que ya ha dejado claro el 3 de Marzo su beligerancia contra la derecha. Lejos de un fin de siglo de estabilidad política y crecimiento económico, los próximos años se caracterizarán por una creciente polarización social y una radicalización de la lucha dc clases. El PP necesita del apoyo parlamentario de CiU y del PNV si quiere formar gobierno. Los marxistas siempre hemos explicado que CiU y el PNV son partidos burgueses que explotan política-mente los sentimientos nacionales de un sector de la población fundamental-mente las capas medias- para preservar su cuota de beneficios frente a la burguesía centralista. Es evidente que la histeria españolista del aparato del PP ha creado problemas, tanto a Pujol como a Arzallus, para lograr un acuerdo rápido con el PP sin provocar conflictos en su base electoral. A pesar de todo, en estas circunstancias, cuando la burguesía tiene que llevar a cabo un plan de ataque generalizado contra el movimiento obrero, los intereses de clase de la burguesía vasca y la catalana pesarán más que cualquier otra consideración. En cualquier caso, un acuerdo PP CiU-PNV, lejos de inaugurar una etapa de estabilidad, añadirá precariedad al futuro.
El movimiento obrero Durante los últimos dos años hemos asistido a una auténtica contrarrevolución en las fabricas, con un empeoramiento significativo de las condiciones de trabajo, un incremento de la jornada laboral, disminución salarial y pérdida de derechos históricos de la clase obrera. Muchos teóricos anunciaron hace décadas que el desarrollo tecnológico favorecería la disminución de la jornada laboral. Para esos grandes parlanchines, el problema de la sociedad contemporánea sería como disfrutar "el ocio" que la "civilización" proporcionaría. Los marxistas ya advertimos contra estas ideas falsas. Marx explicó hace 150 años que la producción masiva para vender mercancías exige una constante renovación de su base técnica. Los inventos, el desarrollo de nuevas ramas productivas, es algo natural bajo el capitalismo. Pero más inversión en capital fijo, disminuye la proporción de capital variable fuerza de trabajo y la plusvalía, de la que la clase dominante obtiene sus beneficios, tiende a disminuir. La productividad del trabajo que tiene que incrementarse para que la burguesía mantenga su tasa de beneficios, se hace a costa de la sobreexplotación del obrero. En las actuales condiciones, ni siquiera se pueden aplicar todos los nuevos avances productivos, por la incapacidad de los mercados para absorber todas las mercancías que podrán ser producidas. En la práctica existe una crisis de sobrecapacidad productiva. Esta es una contradicción insalvable en el marco del capitalismo actual. Cuando todas las condiciones técnicas y científicas existen para asegurar una existencia digna y próspera a la humanidad, el paro, la miseria, la violencia se extienden como una mancha de aceite por todo el planeta. En el Estado español, la clase obrera ha escrito páginas heroicas en la lucha contra sus explotadores. La huelga general del 27-E fue la última acción masiva del movimiento obrero contra los ataques del gran capital y el gobierno del PSOE. Una huelga que surgió fundamentalmente de la presión desde abajo del movimiento y que los dirigentes sindicales de UGT y CCOO se vieron obligados a aceptar. Después de aquella magnífica respuesta, la táctica de las cúpulas sindicales ha sido abandonar el recurso de la movilización y centrarse en la táctica de la negociación permanente. Los resultados de este paso hacia la política de sosiego, pactos y colaboración con la patronal no ha reportado ningún beneficio a la clase obrera y sí muchas ventajas a los empresarios. Los dirigentes reformistas de los sindicatos, con políticas "realistas", aceptando la lógica del capitalismo, no han evitado la regresión constante en las condiciones de vida de los trabajadores. A pesar del ambiente provocado por la política de las direcciones sindicales, la actitud de los trabajadores no es la de aceptar pasivamente su situación. Existe un enorme descontento entre amplios sectores de la clase, combinado con rabia y una cierta impotencia. Pero la clase obrera no se siente derrotada y mucho meno después de lo acontecido el 3 de marzo. Las luchas de diciembre en Francia, han demostrado el enorme poder del proletariado. Cuando todos hablaban de la victoria de la derecha, y de la desmoralización de la clase, la burguesía francesa se equivocó en su apreciación de la situación. Pensaba que una humillación de los trabajadores seria fácil. La huelga dejando notar. Los procesos de diferenciación en CCOO han llegado más lejos que nunca. El surgimiento del sector critico en CCOO es el fiel reflejo del ambiente de descontento e insatisfacción que se vive en miles de fábricas y secciones sindicales. Este sector de izquierdas del sindicato se ha enfrentado al que controla la mayoría de la CE con excelentes resultados en el VI Congreso Confederal. Su posición podría mejorar a condición de que pasaran a la ofensiva frente a los ataques burocráticos del aparato y defiendan un programa nítidamente de izquierdas y anticapitalista. En cualquier caso el proceso de diferenciación interna en CCOO y también en del sector público que paralizó Francia durante un mes, puso las cosas en su sitio. Sin una dirección marxista, los trabajadores se ven obligados a aceptar temporalmente todos los sacrificios - más aún cuando el paro crece brutalmente- , pero toda concesión tiene sus límites y la paciencia de la clase obrera se puede agotar. Nadie esperaba un movimiento tan poderoso como el de la clase obrera francesa, ni siquiera los dirigentes sindicales que se vieron arrastrados a la lucha por la presión de los trabajadores. En el Estado español, ante la falta de una alternativa, la política de Antonio Gutiérrez y Cándido Méndez a favor de la paz social ha podido mantenerse durante estos últimos años. Incluso en este periodo donde no han faltado luchas obreras- hemos visto que los trabajadores cuando se ponen en movimiento lo hacen a su manera y con sus tradiciones. La huelga de la Naval contra el cierre de los astilleros de Cádiz y Sevilla fue muy reveladora. Dentro de las organizaciones sindicales, la presión desde abajo se está dejando notar. Los procesos de diferenciación en CCOO han llegado más lejos que nunca. El surgimiento del sector crítico en CCOO es el fiel reflejo del ambiente de descontento e insatisfacción que se vive en miles de fábricas y secciones sindicales. Este sector de izquierdas del sindicato se ha enfrentado al que controla la mayoría de la CE con excelentes resultados en el VI Congreso Confederal. Su posición podría mejorar a condición de que pasaran a la ofensiva frente a los ataques burocráticos del aparato y defiendan un programa nítidamente de izquierdas y anticapitalista. En cualquier caso el proceso de diferenciación interna en CCOO y también en UGT se profundizará en el próximo período. Aznar ya ha declarado sus intenciones de alcanzar acuerdos con los sindicatos. No lo dudamos. Incluso Antonio Gutiérrez y Cándido Méndez han declarado su disposición al pacto. La pregunta es ¿qué puede ofrecer la burguesía en este momento a los dirigentes sindicales? Una cosa son las intenciones y otra muy diferente los hechos. Una etapa de paz social está descartada, y lo está, por que el capitalismo español no tiene márgenes para hacer concesiones al movimiento obrero. El PP tendrá que enfrentarse tarde o temprano a los trabajadores, y aunque trate de apoyarse en las actuales direcciones de CCOO y UGT, la conflictividad estará asegurada. Si las actuales direcciones de UGT y CCOO profundizan en su política de pactos y concesiones sólo aumentarán el descontento entre la clase y su divorcio con la base sindical, incluso podríamos asistir a un fenómeno que conocimos en el período de 1986/87, la "indisciplina sindical", en el que los dirigentes sindicales fueron desbordados en numerosas ocasiones por los trabajadores, profundizando la actitud cada vez más crítica y en contra de la dirección de la base del sindicato, lo que dará lugar a condiciones favorables para el desarrollo de corrientes de izquierda. Perspectivas políticas Entramos de lleno en una época de polarización entre las clases. Los dirigentes del ala de derechas del PSOE ya han declarado su intención de asegurar la gobernabilidad del país. Muchos hablan de que las tensiones y el enfrentamiento interno dentro del partido son cosas del pasado. Es cierto que, a corto plazo, los resultados electorales han fortalecido a Felipe González, pero eso no quiere decir que el partido será a partir de ahora una balsa de aceite. El grupo parlamentario del PSOE, dominado mayoritariamente por los renovadores tendrá que decidir su actitud frente a la política antiobrera del PP. Esto provocará tensiones y enfrentamientos dentro del grupo y dentro del partido, pues un sector podría, en aras de la "gobernabilidad", prestar su apoyo a Aznar. La actitud del movimiento obrero será decisiva para profundizar la división del PSOE y favorecer el surgimiento de un ala de izquierdas. Si como parece previsible, la clase obrera responde activamente a los ataques del PP esto tendrá influencia dentro del PSOE agudizando el enfrentamiento entre el ala derechista del partido y aquellos sectores más sensibles a las presiones de su base social. En lo referido a Izquierda Unida, la crisis permanente en la coalición puede acelerarse y profundizarse en los próximos meses. La transformación de Nueva Izquierda en partido es una estrategia que va más allá del corto plazo. Los renovadores de IU, fuera de la coalición como partido independiente tienen poco futuro. No hay espacio social entre el PSOE y el PCE, para una tercera vía. Fuera de TU, Nueva Izquierda tarde o temprano quedará fagocitada por el PSOE. Su marcha a corto plazo al PSOE es improbable, pues dentro del partido socialista las posibilidades de ofrecer colocación a todas las "personalidades" de Nueva Izquierda son difíciles. Nueva Izquierda permanecerá dentro de TU tratando de ganar apoyos a costa del PCE, y algo puede ganar si la política actual de los dirigentes del PCE se mantiene. Además defenderán sus posiciones en el aparato y su "prestigio" público gracias a la actitud tan favorable que la prensa burguesa les dispensa. IU se enfrentará a hechos decisivos en el próximo período. Su futuro como organización pasa por la defensa de un programa marxista y de clase. Sólo así podrá diferenciarse de la política socialdemócrata de la actual dirección del PSOE. El posible gobierno del PP puede perfectamente no agotar la legislatura. Un gobierno débil sometido a las contradicciones de un apoyo parlamentario de CiU muy costoso, y al enfrentamiento con la clase obrera, puede saltar por los aires muy pronto. Por tanto la convocatoria de elecciones anticipadas, y en ese caso una victoria del PSOE aparecen probables. Sin embargo, el PSOE en el gobierno no se encontraría con un escenario diferente, máxime si la economía entra en recesión. Los dirigentes del ala de derechas del PSOE se verían en la obligación de proponer de nuevo un programa de recortes, en la línea de la última legislatura. La política del gobierno del PP, de agresión contra nuestros derechos, y la incapacidad de los dirigentes reformistas del movimiento obrero para frenar estos ataques, pondrán cada vez más en evidencia la necesidad de defender un programa marxista. La alternativa entre socialismo o barbarie es hoy una realidad más evidente que en cualquier otra etapa de la humanidad. O somos capaces de transformar la sociedad en líneas socialistas o un nuevo período de reacción se impondrá. Bajo el dominio del gran capital, en la sociedad de la "libre empresa", los trabajadores, la juventud, los campesinos y otras capas explotadas de la sociedad, no tenemos ningún futuro. Este es el mejor de los mundos que noS pueden ofrecer. El cambio en la composición del parlamento no modificará nuestras condiciones de existencia mientras se sigan aceptando los límites del capitalismo y el dominio de la burguesía. La lucha por la defensa de las ideas del socialismo científico, de un programa marxista en el seno de. IU. PSOE, CCOO y UGT es hoy más necesaria que nunca. El desarrollo de una corriente marxista en nuestras organizaciones de clase que gane la mayoría de la clase obrera es la tarea más importante, a la que debemos dedicar más esfuerzos desde hoy. Las ideas del marxismo conectarán, en este nuevo período, con la experiencia viva de millones de personas, transformándose en la fuerza decisiva para el triunfo.
|
||
|
|
||