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La instauración de una ideología única asentada en la
nueva forma de producción globalizada y totalitaria con su epicentro
en los Estados Unidos de Norteamérica, ha dado al traste con la
desarticulación del pensamiento científico de largo alcance generado
fundamentalmente por Marx y Engels. Ha reducido su campo de acción a
temas aislados en personalidades o academias. Su máxima expresión
quedó bautizada como el fin de la historia por Francis Fukuyama,
cuando esta monopolización del pensamiento político suponía haber
desterrado el materialismo dialéctico e histórico.
Tan rápido han ocurrido los acontecimientos que
apenas se ha podido combatir en el plano filosófico esta teoría. La
realidad ha superado con creces cualquier comentario; el siglo XXI
se abre con un panorama aterrador infestado de guerras, terrorismo y
crisis económicas: ya es obvio que la historia recién empieza.
En cuanto a las ciencias naturales, este final de
siglo se ha caracterizado por un avance tecnológico sin precedentes,
amparado de alguna forma por el poderío de los Estados Unidos. Los
descubrimientos e inventos tales como biotecnología, bioinformática,
comunicaciones vía satélite, teléfonos móviles, lectores ópticos
para equipos de sonido, computadoras de altísima configuración,
etc., han generado un descomunal cambio en nuestra forma de vida en
los últimos diez años, sin embargo esto no ha conllevado a una mayor
riqueza de los conocimientos científicos que soportan estos
descubrimientos por parte de los consumidores. Estos conocimientos
se atomizan más y más quedando a expensas de minorías. La riqueza de
pensamiento, la utilización racional de los recursos del planeta, el
compromiso con la supervivencia de nuestra especie está muy distante
en estos momentos de verse beneficiada con los adelantos
tecnológicos. El oscurantismo y la infravaloración del hombre como
ser pensante han sustituido, no sólo los logros de finales del siglo
XIX, sino los de la propia Ilustración. El modo de producción
capitalista le destina a la ciencia el triste papel de generar
artefactos de toda índole, incluyendo los de su propio exterminio,
despreciando a la humanidad y al resto de las especies, y ha sumido
a las grandes masas en el oscurantismo científico. Si hoy se habla
de un 20,3%1 de analfabetos totales, el analfabetismo científico es
en EU, por poner un ejemplo, mayor de un 98%2. De ahí que surja todo
un conjunto de manifestaciones seudocientíficas para las cuales los
adelantos en la ciencia son siempre acicate de especulaciones acerca
del más allá y más acá, la visita de hombrecitos verdes, videntes,
etc.
Lo pernicioso no es sólo que lo crean grupos de
personas, sino que es de amplio uso y se asume con tanta
naturalidad, que hasta en muchos lugares es considerado como una
rama del saber.
Estas apariciones múltiples responden como decíamos a
un sistema globalizador que prefiere que la gran masa se
"entretenga" con temas ajenos al poder transformador de la ciencia.
Como ocurriera en la Edad Media, donde los libros científicos eran
prohibidos, hoy son relegados por las formas mediáticas de las
grandes potencias, que apenas dejan poder de elección sobre "el
color del cabello o el automóvil del año"3.
Sin embargo, afortunadamente "el materialismo sigue
siendo la única filosofía consecuente, fiel a todos los principios
de las ciencias naturales, hostil a la superstición y la
hipocresía"4.
Estamos de vuelta sin saberlo a la Edad Media. El
Dios no es ahora el ente etéreo con el que la Iglesia Católica
imponía su poder, sino el Dinero. La sociedad capitalista ha llegado
a un punto tan alto de corrupción interna que ha logrado retrasar el
proceso histórico. Hemos llegado al oscurantismo de plástico, con
altares de Superman y Barbies. La superstición y el idealismo vulgar
se adueñan poco a poco de los espacios y el capital al no poder
defenderse económicamente por leyes objetivas, han llegado a
convertirse en un dogma. Surgiendo así una fase nueva del
imperialismo, señalada por James Petras en el evento internacional
"Por el equilibrio del mundo" el cual no tardó en enseñar los
métodos a través de los cuales piensa imponerse.
Nuestra historia se ha encajonado entre la cúspide
del desarrollo capitalista con la imposibilidad probada de
renovarse, y un proceso revolucionario todavía estancado, debido al
declive estrepitoso del muy mal llamado socialismo europeo. Va
siendo evidente a raíz de los últimos acontecimientos, que este
proceso renovador toma formas y fuerzas insospechadas, respuesta
dialéctica a los nuevos y alarmantes tiempos.
La superstición postmoderna encarna entonces al Dios
Capital. Siguen en pie —por fortuna— los clásicos de la teoría
socialista para poder buscar algunas referencias necesarias.
No encuentro entonces asunto que requiera mayor
interés y preocupación para los profesionales de las ciencias y para
los que se dedican de una u otra forma a entender los problemas
sociales relacionados con ésta, que no sea la incultura científica
por no decir el analfabetismo científico de la mayoría de los
habitantes racionales del planeta. Esto ha conducido a dos graves
peligros: por un lado el desprecio hacia todo lo que no sea un
producto de consumo y con ello, la indeferencia hacia el equilibrio
natural y por el otro el resurgimiento vivaz de la seudociencia.
El crecimiento de los productos de consumo como
consecuencia directa de los móviles que hacen crecer las fuerzas
productivas, ha empujado a la humanidad hacia un abismo, sobre todo
después de la desaparición del campo socialista y sus perspectivas
al menos teóricas del desarrollo de un mundo equilibrado. Los
umbrales del nuevo milenio nos acechan con una carga de artefactos
que se nos convierten en imprescindibles para la vida cotidiana, sin
poder hacer nada al respecto, y sobre todo sin asumir la mínima
responsabilidad de conocer el origen milenario de estos prodigios,
incluyendo al propio hombre.
De tal suerte que no sólo nuestra supervivencia corre
gran riesgo, que ya es bastante, sino que seremos capaces de
aniquilar toda conciencia, todo recurso genético para fabricar una
flor, o incluso el fugaz acuerdo de átomos para lograr concebir el
agua o el aire. El chiste de mal gusto de que como nuestra estrella
el Sol desaparecerá sólo dentro de 5.000 millones de años y por
tanto tomemos champaña mientras esto no ocurra, es un macabro
símbolo de que apenas nos preocupamos por el destino del planeta en
unos cien años.
Una bolsa de plástico, de esas que nos gusta llevar
de más en un mercado, tarda en ser absorbida por la frágil
estructura de la naturaleza un millón de años cuando menos; producir
bolsas de papel es más caro para las empresas, pero más económico
para el débil equilibrio de nuestro entorno al ser perfectamente
compatibles con él. El calentamiento global, los arsenales nucleares
—por desgracia no concentrados precisamente en Iraq—, las lluvias
ácidas, la erosión del suelo, la deforestación tropical, la
reducción de la capa de ozono, etc., tienen un matiz ideológico ante
todo. El habitante promedio de la Tierra tiene el deber, y no sólo
el derecho, de saber la responsabilidad que contrae al ser morador
de un hogar común. Sobre todo la población que posee al menos la
posibilidad física para informarse al conocer los rudimentos de la
cultura (saber leer, escribir, sacar cuentas). Por ejemplo, nadie
admite hoy por hoy la ley del talión, ni la esclavitud legal, ni el
abuso sexual con niños, ni siquiera que el vecino tire el cubo de
basura en nuestro hogar por desconocimiento. De igual manera el
ciudadano común puede ser capaz, mediante la cultura científica, de
cuidar el mundo no humano circundante por un mecanismo de
supervivencia elemental, ausente hasta ahora. Pues bien, hemos
llegado al final de estas jugarretas y esta adolescencia
irresponsable. Más allá de cualquier comentario soez, el sol se
apagará en un tiempo finito, ya no hay tiempo, ni siquiera gracias a
los miles de millones de años que tardará nuestro astro en colapsar.
Es urgente que la sociedad humana rebase los límites abrumadores de
su desprecio para con la Naturaleza. La única clave para esto es
vencer el analfabetismo científico, crónico precisamente en el país
que más utiliza la ciencia para consumir. Sería un acto
verdaderamente heroico y de trascendencia universal, que los hombres
de ciencia del mundo dedicaran a la vez su sabático a instruir
rudimentariamente a la población norteamericana, intoxicada con sus
propios venenos y adormecida con sus propias drogas, víctima número
uno del oscurantismo postmoderno. Las encuestas realizadas en ese
país, relacionadas con los últimos acontecimientos del mundo,
revelan ante todo que ese país, receptor otrora de los grandes
progresos científicos, está sumergido en la niebla de la incultura.
Están padeciendo el más brutal daño a sus conciencias,
inhabilitándolas para tomar decisiones referentes a su propio
futuro. La incultura en la ciencia es tan grave como la incultura
política, sobre la cual ya se ha referido en muchos textos.
Muchos padres, por ejemplo, creen "cultos’’ a sus
hijos porque conocen una ópera de Verdi, pero les es indiferente que
sepan que Galileo Galilei descubrió las herramientas de la
experimentación moderna. Experimentar, razonar y sacar conclusiones
coherentes es un hábito de la ciencia. Si se pierden estos
mecanismos se perderá tal vez el arma más poderosa que nos llegó del
Renacimiento.
Según mi parecer, el analfabetismo científico y
cultural es hoy por hoy el flagelo primario de la civilización. Pues
hasta que no logremos superarlo, hasta que la gente que logra
entender algo o al menos ver la sacrosanta televisión, no comprenda
en qué punto del espacio y el tiempo estamos y cuáles son nuestras
opciones para el futuro, no creo que se superen las cifras
vergonzosas, dementes y tristes de padecimiento social, sobre las
cuales tratamos de trabajar, no muchos, inspirados en el lema de que
un mundo mejor es posible. Ese lema, incluso, supera las barreras
del optimismo. Un mundo mejor, al menos distinto, es necesario, es
una urgencia y no una gentil aspiración.
La especie humana es una más de las que han habitado
nuestro hermoso y paradójicamente milagroso planeta. La naturaleza
dota a cada especie de vías de supervivencia. La selección natural
la ayuda a sobrevivir o la extermina por incompetente. Los hombres
estamos acá hace apenas un millón de años, muchas especies han
durado 10 o 100 millones y fueron barridas sin necesidad de armas de
exterminio en masa. Sólo por no lograr adaptarse a la Tierra. A los
mamut los dotaron de gran tamaño, a las serpientes les dan veneno, a
la rosa, espinas... a nosotros la inteligencia. Si esta inteligencia
no es suficiente para cumplir su cometido, estamos de más aquí. Lo
aterrador es que todo puede irse con nosotros. Si no cambiamos el
mundo pasaremos al recuerdo de un universo sin memoria. Bien valdría
la pena entonces, construir el arca del recuerdo, propuesta por el
Premio Nobel de Literatura García Márquez cuando la cumbre mundial
de 1986.
Según dice Petras, "Bush es un fundamentalista
cristiano quien, para horror de la comunidad científica, proclama la
historia bíblica de la creación en forma literal mientras fustiga
las bases del conocimiento científico sobre la evolución como se
enseña en escuelas secundarias y universidades"5. Pero George W.
Bush no es cualquier presidente. Es el presidente del país más
poderoso del universo conocido; dueño de las más altas tecnologías y
dictador mundial de normas de conducta. Pasa su enorme tiempo libre
(libre?) jugando, tal vez mintiendo y, entonces ¿quién va a
civilizar a quién? ¿Quién está civilizado realmente?
No sabremos nunca, como diría Carl Sagan, hasta qué
punto la ignorancia contribuyó al declive de la antigua Atenas, pero
las consecuencias del analfabetismo científico son mucho más
peligrosas en nuestra época que en cualquier época anterior. La
humanidad está demasiado cerca de los productos de la ciencia, pero
demasiado lejos de entender su trascendencia, peligros o beneficios
de ésta.
Los eruditos de hace siglos, encerrados en un
monasterio europeo, eran prácticamente los únicos que accedían a
leer el latín o el griego, lengua que cobijaba todo el saber hasta
entonces. Ellos impusieron así el temor a Dios y explicaciones
complejas para la vida y la muerte. Pues bien, hoy en día toda la
ignorancia, estupidez, banalidad y hedonismos, se encuentran en una
maravillosa cajita de colores chispeantes llamada televisor.
Cualquiera que se sienta a verla y observe señoritas elegantes o
caballeros con corbata diciendo esto o aquello con frases hermosas,
dirá "¿qué sentido tendrá que mienta la cajita?". Y de paso entre
mentira y mentira le hace comprar a este inocente espectador, un
dulce rico en colesterol, o una bebida o un cigarrillo de labios de
una dama sugerentemente sana, que sin apartar el humo de su rostro
murmura de manera inconexa e hipócrita "Fumar o beber en exceso
dañan su salud".
La opinión reveladora de Albert Einstein, uno de los
humanistas más grandes del siglo XX, y a la vez el sello científico
del pasado siglo, dijo al respecto: "Finalmente los medios de
comunicación —como los procedimientos de reproducción de la palabra
impresa y la radio, que, unidos a las armas modernas, han hecho
posible que los cuerpos y las almas se hallen bajo la servidumbre de
una autoridad central— constituyen una tercera fuente de peligro
para la humanidad"6. La experiencia aterradora de lo que logran este
juguete y los medios de comunicación, se ha demostrado, por poner un
ejemplo sencillo, en la República Bolivariana de Venezuela: en un
país donde la inmensa mayoría quiere una cosa, en este caso a su
presidente, la cajita de colores se lo negaba impunemente. Los
medios de comunicación inescrupulosos se han convertido en el arma
de exterminio masivo para la conciencia humana.
La responsabilidad por nuestro hábitat se reduce
entonces a un par de eventos científicos y a protocolos
inaccesibles, que firma el que le apetezca, y por suerte al
movimiento ecologista Greenpeace, al que ni apoyan, ni escuchan y
andan como bomberos sacudiendo las llamas de cualquier carguero que
vierte petróleo en el mar. Movimientos como estos deberían jugar el
papel decisivo en cuanto a guerras, convenios, etc, pero se les
considera apenas unos filántropos cuidando ballenas.
Vivimos en un mundo extraviado, hay que volver atrás
para averiguar dónde torcimos el camino. La cultura científica y el
compromiso de especie, no ya de clase, son los resortes de nuestra
supervivencia.
La otra consecuencia del analfabetismo científico es
el resurgimiento de la seudociencia. Me voy a referir al crecimiento
de esta tendencia en el mundo y en Cuba, por ser similares en lo
esencial.
Seudociencia es como indica su prefijo "ciencia
falsa". Es evidente que por sí sola, todos trataríamos de combatir
la ciencia falsa. Sin embargo, ¿cómo sabremos frente a un nuevo
descubrimiento o aplicación científica si se trata de una
charlatanería? Este empeño no debe ser sólo para los científicos de
profesión, sino para todo público que aspire a ser culto. Veamos un
par de ejemplos:
La pirámide —como conoce un escolar de secundaria— no
es más que un arreglo geométrico de puntos en el espacio. Nuestros
antepasados, tanto en Egipto como en Centroamérica configuraron
tumbas y altares en forma piramidal. Ahora, al cabo de más de mil
años, se pretende que la pirámide exhiba una misteriosa energía.
Pero no por alguna fuente o generador, sino per se. Por el hecho
geométrico de ser una pirámide y no un cubo, o una esfera. Esa
energía además, es la responsable de afilar cuchillas gastadas,
mantener frescos los alimentos, y aliviar el dolor. Desde la
trinchera de las ciencias naturales y la experimentación rigurosa
hay vías más que concluyentes para reducir a la nada estos
argumentos7; aun así son de amplio manejo por el público, y hasta
encuentran espacio en diferentes órganos de comunicación8. El método
científico, herramienta indispensable para cualquier investigación
que aspire a ser científica, exige la realización de observaciones
desprejuiciadas y repetibles, la posterior proposición de modelos
teóricos que unifiquen estas observaciones, y la explicación de
nuevos fenómenos mediante dichos modelos teóricos, mejorándolos o
desechándolos críticamente si entran en contradicción con los nuevos
hechos. Por otro lado los rudimentos de la dialéctica, (es decir la
polémica, el escepticismo que debemos anidar en nuestra mente cada
vez que analicemos un nuevo dato experimental), bastaría en muchos
casos para dudar de las conclusiones de dichos "experimentos".
Desgraciadamente muchos encuentran en la fraseología científica una
ayuda como la palabra "energía" y así arreglan "energía piramidal".
Energía en la más burda de sus acepciones, con ésta basta, no es
otra cosa que la medida común de las diversas formas de movimiento
de la materia. En su uso práctico la energía está asociada a un
sistema concreto. De esta forma se habla de energía mecánica,
electrostática, magnética, etc. Cobra importancia práctica este
vocablo cuando tiene apellidos. Pero "energía piramidal" ni se
define ni puede definirse. Utilizan indiscriminadamente el cuerpo
conceptual de la ciencia y mezclan categorías de una cosa con otra,
algo como "psicología de una calabaza" o mejor como el
llamado"realismo socialista", que al cabo ni era socialismo, ni era
real.
Con los conceptos de las ciencias naturales resulta
especialmente peligroso, pues el manejo del público sobre estos
términos es pobre, y el afán de vivencias extrasensoriales sin
embargo es muy grande, avivado en buena medida por programas
inescrupulosos de televisión y video.
Es curioso cómo se vetan películas para determinadas
edades por perniciosas y sin embargo muchos documentales e incluso
películas infantiles que abordan temas seudocientíficos se conciben
como entretenimiento. Es como si mentir en ciencia fuera gracioso y
sépase que aparto de esto los trabajos excelentes de la
ciencia-ficción que tratan con cuidado a la ciencia y sólo exponen
como hecho lo que está en el lindero del conocimiento. Imagínese
usted que en algún trabajo serio se comunicara que la Comuna de
París se efectuó en realidad en Australia y que los obreros que
tomaron el poder eran canguros disfrazados. Por el respeto que le
tenemos a la verdad histórica no nos conformaríamos hasta culpar a
los tendenciosos que se arrogan el derecho de falsear la historia
para salir por televisión.
Con la ciencia no es así. Con tranquilidad escuchamos
los cuentos de abducciones por extraterrestres, videntes, cucharas
dobladas por energía psíquica, etc.
Se han publicado y difundido ampliamente "trabajos"
sobre los beneficios de la energía piramidal9. En este caso si le
colocan una pirámide en la cabeza usted, no sólo aliviará su dolor
de muelas, sino que de paso, como para salir feliz del dentista,
conseguirá más potencia sexual.
Aceptar sin dificultad esta suerte de engaño no es
solamente papel de los científicos de la naturaleza, sino de
especialistas en filosofía: A partir de las extraordinarias
herramientas metodológicas propuestas fundamentalmente por Engels en
Anti-Dühring y Dialéctica de la naturaleza, hace siglo y medio
bastaría para invitarnos a la duda. Porque si una margarita de
primavera es capaz de curar el cáncer avanzado, desahuciado por los
citostáticos o las infecciones óseas resistentes a los más
sofisticados antibióticos (fruto del estudio cuidadoso y audaz de
miles de especialistas en el mundo), entonces la margarita pasa de
la categoría de" medicina alternativa" a la de un milagro. ¿Es
riguroso decir que es ciencia algo que no pasa el más grueso tamiz
del método científico?
El Ministerio de Cultura y la UNEAC, en sus
productivos congresos, han atacado la seudocultura como veneno para
la población, la seudociencia debería tener el mismo destino. Porque
la ciencia es parte medular de la cultura de un pueblo.
No explicar la ciencia al pueblo es perverso. Dañar
el implemento del método científico es dañarle a la humanidad sus
sentidos para percibir la naturaleza.
El antídoto para el oscurantismo y superstición
posmodernos, es la difusión de la ciencia. Es urgente que el mundo
prevea su futuro. Debemos enseñar a los jóvenes el escepticismo (no
confundir con la falta de confianza), que emana de la dialéctica. De
otra forma la gente habrá perdido la capacidad de establecer sus
prioridades aferrados a los cristales mágicos, y pirámides y
consultando nerviosos los horóscopos, incapaces de discernir entre
lo que les hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos entonces
deslizando casi sin darnos cuenta en la superstición y la oscuridad.
Gramsci nos señala: "Hay que observar que junto al
incognoscible metafísico (...) la superstición científica lleva
consigo ilusiones tan ridículas y concepciones tan infantiles que la
misma superstición religiosa queda ennoblecida" y continúa "hay que
poner en obra varios medios [contra la superstición], el más
importante de los cuales tendría que ser un conocimiento mejor de
las nociones científicas esenciales divulgando la ciencia por obra
de científicos y estudiosos serios, y no por medio de periodistas
omniscientes y autodidactas presuntuosos".
Y continúa, "en realidad como se espera demasiado de
la ciencia, se la concibe como una especie de brujería superior y
por eso no se consigue valorar con realismo lo que la ciencia ofrece
concretamente’’10.
La ciencia es más que un cuerpo de conocimientos
dispersos; es ante todo una forma de pensar. Quizás la forma de
pensar de la ciencia sea, por sus propias condiciones, de las más
útiles. La ciencia, filosofía y poesía nacieron de alguna manera
juntas en la figura de Aristóteles. La dispersión actual de las
disciplinas del saber, atenta también contra la cultura general y el
hábito de utilizar la lógica en los razonamientos. Estamos
padeciendo esos embates. Invitaría a la risa, si no fuera dramático,
los conceptos arrancados de las viejas tiras cómicas con que se
abandera la "guerra" contra Iraq. Después de la tragedia humana por
las muertes y la indefensión de los organismos internacionales,
deberemos rezar por el fin del razonamiento humano, desterrado por
lemas y frases desarticuladas embrujadas por un misticismo paranoico
e infantil. La humanidad debe volver a tener el hábito de pensar.
A pesar del derrumbe del campo socialista de Europa y
de muchos modelos específicos; la teoría marxista- leninista está
más que vigente. Que yo conozca, afortunadamente el materialismo
dialéctico es parte integrante de esta teoría. La seudociencia no es
sólo dañina para las ciencias naturales, atenta contra los
fundamentos del materialismo dialéctico.
Decía Engels en Anti-Dühring: "La dialéctica es la
forma más importante de pensamiento para las modernas ciencias
naturales, ya que es la única que nos brinda una analogía, y por
tanto el método para explicar los procesos de desarrollo en la
naturaleza, las concatenaciones en sus rasgos generales y el
tránsito de un terreno a otro de investigación"11.
Faltarle a la dialéctica y a la concepción
materialista del mundo es faltarle a nuestro propio futuro. No estoy
incurriendo en dogmatismo. No se me escapa que estos textos fueron
escritos hace dos siglos, que la ciencia ha avanzado
vertiginosamente, aun así cualquier interpretación de la naturaleza
se apoya en gran medida en estos fundamentos.
Al público ávido por naturaleza de expectativas,
suminístrele ciencia de veras. Maravíllelo con los avances en
Astronomía y en Física atómica, hágale partícipe de las encrucijadas
en que estamos en cuanto a la interpretación de muchas cosas. Y así
comprometa a la humanidad con los destinos del universo y de ella
misma.
No hay hombrecito verde, pirámide o vidente que
compita con el asombro que contiene las bases de la mecánica
cuántica, los sistemas complejos, la lucha sin cuartel por unificar
la física, los misterios alucinantes del mecanismo genético, la
clonación y otras muchas maravillas que superan con creces las
mediatizadas y viejas teorías seudocientíficas
Y aún así, si otros, hablando en nombre de la
espiritualidad, piensan que la ciencia nos deja seco el corazón,
para tener fe en la superación del hombre y que es sólo asunto de
números y mente fría, puedo asegurarles que no hay sentimiento que
convoque más a nuestro espíritu, que la suprema felicidad, humildad
y fascinación al saberse parte de un universo que nos contiene con
el mismo amor que a las estrellas y a los electrones. Y que esta
unidad es diversa, pero cognoscible y armoniosa. No en balde dijo
Martí que donde encontraba poesía mayor es en los libros de ciencia,
en la verdad y música del árbol en el cielo y su familia de
estrellas’’12.
La poesía verdadera encuentra estímulo en la ciencia
verdadera. Porque nunca habrá belleza sin verdad.
* Laboratorio Superconductividad IMRE – Facultad de
Física Universidad de la Habana.
1. Unesco 2000 (www.unesco.org.cu).
2. Carl Sagan, El mundo y sus demonios, editorial
Planeta, 1997: 23.
3. Ignacio Ramonet, Propagandas silenciosas,
Ediciones Especiales 2002,16.
4. V. I. Lenin, Tres fuentes y tres partes
integrantes del marxismo. Prosvessania, (3),1913: 1.
5. James Petras, Genocidio y vida cotidiana en
Estados Unidos, http://www.jornada.unam.mx/026a1mun.php?origen=index.html
6. Einstein, De mi vida y mi pensamiento,
Dante/Quincenal,1984 :41.
7. Arnaldo González Arias, ‘Falsas energías,
seudociencia y medios de comunicación masiva’, Revista cubana de
Física, Vol. 19, Nº 1, 2002, pág. 68.
8. ‘Los Misterios de la pirámide’ Granma, 14 de
febrero de 2001:2.
9. Tratan afecciones estomatológicas con energía
piramidal, Agencia de Información Nacional (AIN), Pinar del Río, 14
abril de 2002.
10. Antonio Gramsci, Antologia, Siglo XXI, 1978: 355.
11. Federico Engels, Anti-Dühring, Ediciones Pueblos
Unidos, Montevideo, 1961: 33
12. José Martí, Obras Escogidas (III), La Habana,
editora política, 1981:496.
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