MARXISMO HOY Nº 1 
A cien años de la muerte de Federico Engels


Junio 1995


..Fundación Federico Engels


 

Libros
León Trotsky, 1905, resultados y perspectivas

A 90 años de la revolución de 1905
Ensayo general de Octubre

Juan Ignacio Ramos


Este año se conmemora el 90 aniversario de la revolución rusa de 1905, el colosal ensayo del proletariado ruso que, 12 años más tarde, alumbraría el Octubre soviético.

Contra lo que sugiere una corriente histórica muy de moda —y no menos vieja en su contenido— acerca de la revolución rusa, identificándola con un golpe de estado, preparado y ejecutado por los bolcheviques, el libro de León Trotsky, escrito en 1908, es una contribución excepcional a uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea.

La gran revolución de 1905, dibujó de una forma precisa las líneas maestras del futuro.

Rusia, a principios del siglo XX se caracterizaba por un desarrollo económico, social y político que combinaba formas muy avanzadas con otras heredadas de un pasado feudal del que todavía no había terminado de desprenderse. Nunca en el desarrollo de las naciones y de los estados capitalistas existe similitud ni uniformidad. Diferentes grados de cultura, hasta polos opuestos, se aproximan y se combinan con mucha frecuencia en la vida de un país. Así surge un tipo combinado de desarrollo. Los rasgos más atrasados se acoplan a la última palabra de la técnica y el pensamiento mundial. La historia no se desarrolla de una forma lineal. El capitalismo creó el mercado mundial, integrando de forma violenta a todo el planeta en este nuevo marco de relaciones económicas y sociales. Rusia es un ejemplo excelente de este tipo de transformaciones históricas.

A finales del siglo XIX, la inmensa mayoría de la población rusa la constituían los campesinos pobres, que arrastraban una existencia de semi servidumbre, explotados por la autocracia zarista y el poder de los terratenientes.

Sin embargo este hecho, de capital importancia para el futuro de la revolución, se combinaba a otro decisivo.

El desarrollo industrial en Rusia, la había empujado por la senda del capitalismo. Un sector industrial dominado por el capital extranjero que forjó un proletariado nuevo y vigoroso, concentrado en los grandes núcleos urbanos y, al mismo tiempo, en grandes complejos productivos. Este peculiar desarrollo histórico produjo una burguesía incapaz de llevar a cabo sus tareas históricas.

Trotsky explica cómo los debates y diferencias que surgieron en la socialdemocracia rusa acerca del futuro carácter de la revolución, arrancaban de una divergencia esencial sobre el papel de las diferentes clases en el proceso revolucionario.

En Rusia la burguesía asumía un papel subalterno y dependiente del aparato estatal zarista. Incapaz de arrebatar a la nobleza terrateniente su poder porque estaba unida a ella por estrechos lazos materiales, obtenía jugosos beneficios de la especulación con los capitales mobiliarios obtenidos de la renta de la tierra. Sometida a las imposiciones de la burguesía imperialista de la época —especialmente francesa, belga y alemana, que a finales del siglo XIX poseían la mitad del capital social de toda Rusia—, la burguesía rusa era incapaz de jugar un papel revolucionario. Por las condiciones materiales del desarrollo del capitalismo de Rusia, la burguesía era una clase profundamente contrarrevolucionaria. Para Trotsky esto se hacía más relevante cuando los levantamientos campesinos empujaban a la burguesía no a ponerse a la cabeza de la nación, como hizo la burguesía revolucionaria francesa en 1789, sino a arrojarse en manos de la reacción zarista y apuntalar su poder.

"Si la cuestión agraria, heredada de los tiempos del barbarismo y de la historia de Rusia, hubiese sido solucionada por la burguesía, si se hubiera podido resolver así, el proletariado ruso nunca se habría apoderado del poder en 1917. En la fundación del Estado soviético se habían conjugado dos factores históricos: la guerra campesina, es decir, el movimiento típico de los albores del desarrollo burgués, y el resurgimiento de la clase obrera, es decir el movimiento que señala la decadencia de la sociedad burguesa. Esta es la clave de todo lo ocurrido en 1917".

Estas son, en esencia, las razones de la revolución. La experiencia de 1905 fue absolutamente decisiva para ello. Fue precisamente en el intervalo que separa la huelga del 9 de enero y la huelga de octubre de 1905, cuando Trotsky llegó a concebir el desarrollo revolucionario de Rusia bajo la perspectiva de la teoría de La revolución permanente. ¿Qué quería decir con "revolución permanente"?

"... En primer lugar que la revolución rusa obligada en primer término a considerar en su porvenir más inmediato determinados fines burgueses, no podía sin embargo detenerse ahí"…"La revolución no resolvería las tareas democráticas de la revolución burguesa, pendientes en Rusia, tales como la liquidación de la propiedad terrateniente, la reforma agraria y la monarquía autocrática, o el desarrollo de la economía rusa, más que llevando al proletariado al poder "…"Y una vez que éste se hubiera apoderado del poder, no podría limitarse al marco burgués de la revolución. Bien al contrario, y precisamente para asegurar su victoria definitiva, la vanguardia proletaria debería, desde los primeros días de su dominación, penetrar profundamente en los dominios prohibidos de la propiedad, tanto burguesa como feudal..."

Las tareas democráticas de la revolución sólo pueden ser resueltas con el triunfo del proletariado y éste enlazaría directamente con las tareas socialistas, es decir, la expropiación de la burguesía para poder empezar a transformar la sociedad. Esta fue la esencia de la revolución de 1905 y esta es la esencia de la experiencia soviética de Octubre. Los problemas acuciantes de las masas no podían ser resueltos en el marco del régimen capitalista. Algo que se revela hoy infinitamente más evidente en cualquier país capitalista, ya sea avanzado o subdesarrollado.

Las raíces de la Revolución de 1905

En la última década del siglo XIX Rusia apreció un extraordinario desarrollo de su industria, favorecido por el caudal de inversiones extranjeras, que sumaba a principios de siglo el 70% del capital industrial. Sin embargo, con el desarrollo económico las masas rusas no obtuvieron una mejora sustancial en sus condiciones de vida. Arrojadas violentamente del campo, los campesinos que llegaban a las ciudades para nutrir el ejército proletario, vivían en condiciones que poco les diferenciaba de su anterior situación de siervos. Las condiciones en las fábricas eran espantosas, con jornadas de trabajo que oscilaban entre las 16 y 18 horas, salarios bajos que se reducían constantemente con multas y todo tipo de deducciones arbitrarias, y donde la huelga estaba fuera de la ley y su participación en ella castigada con trabajos forzosos.

La gran expansión de finales del siglo XIX fue seguida de una grave crisis económica a principios del siglo XX. A la caída en la producción se sucedieron cierres de fábrica y despidos masivos. Estos hechos se tradujeron inmediatamente en una oleada huelguística a escala nacional, que afectó a casi todos los sectores de la economía.

En 1901 los mineros de la cuenca del Donetz se declararon en huelga. En aquel año se sucedieron las huelgas en San Petersburgo, Moscú, Ivanovo-Voznesiensk, Nizhni-Novgorod, Odessa, Tithis, Soratov y hasta en los Urales.

En 1903 se desató la gran huelga general en todas las regiones industriales del Sur. Estas movilizaciones tuvieron un carácter espontáneo y eminentemente económico. Faltas de coordinación muchas fracasaron, pero constituyeron un aviso de la fuerza del nuevo proletariado. El movimiento se extendió al campesinado, muy afectado por la recesión económica, y a los estudiantes que declararon dos huelgas generales en 1901 y 1903.

En este contexto, la autocracia rusa incapaz de resolver los problemas más acuciantes de la población, se embarcó en una nueva aventura imperialista. Privada de poder extender su control sobre nuevos territorios en Europa Occidental, orientó sus ambiciones hacia el extremo Oriente, atraída por las riquezas y los territorios de China, estimulada además por la derrota china en la guerra que ésta mantuvo con Japón de 1894 a 1895. No fue difícil para el zar Nicolás obtener la concesión para construir el ferrocarril del Este de China, a través de Manchuria, lo que equivalía a una ocupación militar de toda la provincia. Pero sus ambiciones territoriales no se detuvieron allí. Pronto se fijaría en la península de Corea, situada estratégicamente y con salida al mar.

Sin embargo Corea era pretendida también por los japoneses, para los que constituía una plataforma idónea desde la que desarrollar sus ambiciones en China.

Los japoneses intentaron llegar a un acuerdo con la autocracia rusa para dividirse la península en áreas de influencia, pero Nicolás se negó. Lo que la diplomacia no resolvió lo resolverían los cañones.

A principios de febrero de 1904 la flota japonesa lanzó un ataque sorpresa contra las fuerzas navales rusas en Port Arthur, destruyendo masivamente los navíos del zar. La guerra ruso-japonesa se saldó con un estrepitoso fracaso para los rusos que fueron humillados por la superioridad técnica y militar del naciente capitalismo nipón. En agosto de 1905 se firmó un acuerdo de paz en el que los rusos reconocieron los intereses japoneses en Corea y cedieron a Japón parte de la isla de Sajalin, el control de la península de Liatoung, con Port Arthur y Dalny, y el ferrocarril de Port Arthur a Changahun.

El endurecimiento de las condiciones de vida de los obreros

La derrota de la guerra tuvo efectos desastrosos en la economía rusa, además de un gran impacto psicológico en la conciencia de las masas.

Entre 1903 y 1904 los salarios reales descendieron entre un 20 y un 25%. Se extendía el desempleo y se disparaba la carestía de la vida.

El padre Gapón, líder de una organización obrera de San Petersburgo, que había contado con la aprobación de Pleve, ministro de Interior, y cuyos fondos procedían de la policía secreta, relataba así la situación de los obreros: "Con frecuencia observé multitud de hombres y mujeres fatigados y pobremente vestidos que salían de las fábricas para irse a su casa. Era un espectáculo terrible. Sus rostros grisáceos parecían de muertos, sólo avivados por los ojos en los que ardía la indignación desesperada…"

A finales de 1904 la situación en la gran empresa Putilov alcanzó un punto crítico. El despido de un grupo de trabajadores desencadenó un movimiento huelguístico en la fábrica que se extendió al conjunto de la industria metalúrgica de Petersburgo.

La organización que el padre Gapón había formado con el apoyo de la policía, para evitar la penetración de las ideas socialdemócratas en el movimiento obrero, se convirtió en el eje de la protesta de los obreros. De hecho, Gapón fue arrastrado por la marea huelguística y no tuvo más opción que intentar ponerse a la cabeza canalizando la rabia de los trabajadores en forma de una petición al zar para que aliviase las terribles condiciones de las fábricas: Ideó la presentación de un pliego de reivindicaciones que deberían ser leídas públicamente después de una manifestación el domingo 22 de enero.

El "Domingo Rojo"

Numerosas marchas de obreros se dirigieron al palacio del zar para exigir que este aceptase sus reivindicaciones. El padre Gapón encabezaba una columna compuesta por miles de hombres, pero antes de que pudieran acercarse al palacio la policía y la tropa dispararon indiscriminadamente contra los obreros; los que se lograron reunir en la explanada fueron masacrados vilmente. Cifras de periodistas de la época señalan más de 4.000 muertos y heridos.

La represión, sin embargo, no produjo el efecto deseado. Indignó a la clase obrera de toda Rusa y originó un movimiento de protesta en todo el imperio. El ministro de agricultura, Alexei Yermolov, advirtió al zar: "...Aunque hemos logrado detener al movimiento obrero, gracias a la sangrienta represión realizada en San Petersburgo, esto no ha producido ninguna pacificación real, sino más bien lo contrario, la agitación no se ha detenido..."

La agitación social continuó en ascenso. Lenin calculó que mientras el número medio de huelguistas cada año desde 1895 a 1905 había sido de unos 43.000, esta cifra aumentó más de diez veces durante el mes de enero de 1905 y alcanzó 3 millones durante todo el año : "…La revolución rusa de 1905 fue a la vez un levantamiento proletario, no sólo porque el proletariado fue la fuerza directiva, la vanguardia del movimiento, pero también porque el método específicamente proletario de lucha, esto es, la huelga, fue el principal medio de inspirar a las masas y el fenómeno más efectivo en la consecución de hechos decisivos".

El movimiento obrero en lucha

La represión no calmó los ánimos. Los obreros de la Putilov continuaron declarando huelgas y el movimiento de la clase obrera pronto atrajo a otras capas de la sociedad, incluso a la pequeña burguesía. El movimiento iba transformándose poco a poco de una protesta motivada por razones laborales y económicas a otra abiertamente política, donde las reivindicaciones democráticas iban ganando cada vez más peso.

Las huelgas se extendieron a Ucrania, Polonia, los Estados Bálticos, Finlandia, el Caucaso... En muchas zonas la protesta obrera se fundió con el sentimiento de opresión nacional. El movimiento alcanzó un punto de inflexión con la impresionante huelga de los 70.000 obreros del centro textil de Ivanov-Voznesiensk, que duró 10 semanas. A la larga lista de peticiones laborales se unió la de la convocatoria de una Asamblea Constituyente. En esta huelga surgió el primer soviet (consejo) de delegados para negociar con la empresa. La huelga se prolongó y el soviet empezó a encargarse de otras funciones de naturaleza política, empezó a ejercer la democracia directa.

Durante la primavera y el verano el movimiento adquirió un carácter prerrevolucionario y se extendió al campesinado, con ocupaciones de tierras y toma de cosechas. También la tropa se vio sacudida por el impulso que llegaba de las fábricas y se produjeron motines en la flota del Mar Negro, cuyo ejemplo más emblemático fue el del Acorazado Potemkim.

En agosto el movimiento revolucionario estaba en pleno auge, la clase obrera era la espina dorsal del movimiento, confirmando brillantemente los análisis de los marxistas rusos. A pesar de ser minoritaria, desde el punto de vista numérico, su papel en el proceso productivo le otorgaba el papel fundamental en la revolución.

Hacia la huelga general

La huelga general de octubre de 1905 empezó a desarrollarse a finales de septiembre en Moscú, cuando los impresores fueron a la huelga y al cabo de una semana se les unieron los panaderos, carpinteros, obreros textiles, mecánicos, ferroviarios y rápidamente se convirtió en una protesta política contra la autocracia. Los estudiantes se unieron al movimiento y los enfrentamientos con las tropas se multiplicaron. El movimiento se extendió a San Petersburgo y rápidamente la clase obrera de la capital se volcó masivamente en la huelga.

La huelga general pronto se extendió por todo el imperio. El paro en los ferrocarriles aisló por completo al país, incluido el zar Nicolás.

Los obreros de San Petersburgo se organizaron en el soviet de la ciudad, que se reunió por primera vez el 26 de octubre de 1905. En la primera reunión hubo 30 ó 40 delegados, pero pronto llegaron a ser centenares. Cada delegado o diputado representaba nominalmente a 500 obreros. En el momento de su apogeo el soviet contó con 562 delegados representando a la práctica totalidad de los centros industriales de la ciudad. Pronto en otras ciudades siguieron el ejemplo de Petersburgo. Los soviets constituyeron una conquista fundamental de la revolución. Eran el órgano del poder obrero que llevaba a la práctica todas las tareas políticas que los representantes de los trabajadores decidían y organizaba la vida de la ciudad. En 1917 los soviets eran el reflejo de lo lejos que la situación había llegado del doble poder existente en Rusia. Sin embargo, a diferencia de 1917 todavía no se había forjado un partido marxista de masas con un programa claro que hubiese conquistado el apoyo decisivo de la clase obrera y del campesinado.

El doble poder en la ciudad de San Petersburgo se prolongó hasta finales de noviembre. En ese momento, la autocracia zarista se vio obligada a hacer concesiones y el zar firmó el Manifiesto del 30 de Octubre de 1905, por el que se declaraba a favor de la convocatoria de una Asamblea Constituyente, limitada y restringida. La táctica era cambiar algo para que todo permaneciese igual.

Como era de esperar, los sectores de la burguesía liberal que en un principio habían participado timidamente en el movimiento, aceptaron sin condiciones la nueva estrategia. Sin embargo, el soviet de Petersburgo y el Partido Socialdemócrata Obrero Ruso denunciaron esta nueva mascarada del régimen. Para Trotsky la maniobra era clara: "...Witte se ha rendido, pero Trepov se queda … El pueblo trabajador sabe lo que quiere y lo que no quiere. No quiere a Trepov, el policía criminal, ni a Witte, el estafador liberal, ni el hocico del lobo ni la cola del zorro. Rechaza la porra de la policía envuelta en una constitución..." Para Lenin, el Manifiesto era una falsa promesa que preparaba la lucha contra la revolución.

La insurrección armada

La reacción tomó la iniciativa desatando progroms encabezados por las Centurias Negras contra los judíos, especialmente contra los obreros revolucionarios que estaban sosteniendo la lucha. Sólo en Odessa se contabilizaron 500 muertos. El movimiento revolucionario, golpeado por la represión despiadada y sometido a un tremendo esfuerzo durante cuatro meses, perdió empuje. El 5 de noviembre, el soviet —de forma temporal— se vio obligado a suspender la huelga. La nueva convocatoria el 14 de noviembre tuvo una respuesta menor. El descenso del movimiento fue aprovechado por Witte y el zarismo para lanzar un golpe decisivo contra la cabeza del movimiento. El 16 de diciembre el edificio donde se reunía el soviet fue rodeado y la policía detuvo a todos los miembros que se encontraban allí, entre ellos a la mayor parte de los miembros del Comité Ejecutivo. Fue entonces cuando Trotsky accedió a la presidencia del Consejo Ejecutivo del soviet.

Pero la detención no frenó el movimiento. La reacción de los obreros fue inmediata y se declaró una nueva huelga general que contó con un apoyo masivo del proletariado petersburgués.

Entonces el movimiento se extendió con fuerza a Moscú.

El soviet de Moscú declaró la huelga general el 20 de diciembre y al cabo de unos días toda la industria de la región se sumó al paro. La ciudad estaba en manos del soviet.

Este fue el momento en que el gobierno se lanzó frontalmente contra el movimiento. Los soldados de la guarnición de Moscú no ofrecían garantías, influidos como estaban de la propaganda revolucionaria. Witte tuvo que movilizar todas las tropas disponibles en Petersburgo para reprimir el movimiento en Moscú, la flor y nata del regimiento de Semidov, apoyados por la artillería y caballería, fueron enviados contra los obreros. La lucha en las calles se prolongó casi toda una semana en los distritos obreros de Moscú y fue en el distrito de Presnia donde tuvieron lugar los combates más encarnizados.

Los obreros inferiores en recursos militares, escribieron una de las páginas más heroicas de la revolución rusa. Las pérdidas en el campo obrero fueron terribles: miles de muertos y heridos, cientos de miles de prisioneros y deportados, zonas enteras de Moscú reducidas a escombros... El triunfo de la reacción se hizo a un precio muy alto, pero el ejemplo de los obreros de Moscú y Petersburgo quedó grabado en la conciencia de millones de hombres y mujeres.

Las lecciones de 1905 fueron sacadas por los líderes bolcheviques. Precisamente el texto de 1905 , Resultados y Perspectivas, escrito por León Trotsky concentra toda sus enseñanzas, que luego fueron decisivas para comprender y orientar el proceso de Octubre del 17 con éxito.

En el momento de la derrota no faltaron voces dentro de la propia socialdemocracia condenando la acción de los obreros. Aquellos que más tarde se opondrían a la toma del poder en Octubre lamentaron la toma de las armas. Para Plejanov —el que fuera padre del marxismo ruso y luego destacado menchevique— la huelga había sido prematura y los obreros no tenían ninguna necesidad de empuñar las armas. Lenin protestó duramente contra este punto de vista: "…La lucha proletaria de las masas pasó por encima de los mandos de las organizaciones, al derivar de la huelga al levantamiento. En esto vemos una enorme adquisición histórica de la revolución rusa, realizada en diciembre de 1905, una adquisición lograda, como todas las anteriores, a costa de tremendos sacrificios (…) El movimiento pasó del nivel de la huelga general política a un nivel superior. Forzó a la reacción a llegar al último extremo para oponerse a la revuelta. (…) Por el contrario, debían haberse tomado las armas con mayor determinación, energía y agresividad. Debía haberse explicado a las masas la imposibilidad de tener sólo una huelga pacífica y la necesidad de una lucha armada sin miedo y sin piedad..."

La actividad revolucionaria fue suprimida por la represión. Se enviaron tropas a todos los rincones del imperio y se produjeron duras batallas en los Estados del Báltico y a lo largo del ferrocarril transiberiano. Hubo intentos de insubordinación en los cuarteles de San Petersburgo, Moscú, Kiev, etc. Finalmente la revolución fue vencida.

1905 marca una escisión profunda en el campo de la socialdemocracia entre la línea proletaria y consecuente y la línea oportunista y conciliadora. Dos concepciones de la revolución rusa enfrentadas abiertamente. Para los mencheviques, muchos de los cuales jugaron un papel destacado en 1905, la revolución rusa tenía un carácter burgués y sólo con el triunfo de la burguesía se crearían las condiciones para el desarrollo capitalista y para que en un futuro la clase obrera luchase por el socialismo. Por el contrario, Lenin y Trotsky, cada uno por medios diferentes, sacaron una conclusión radicalmente opuesta a los mencheviques: la burguesía rusa era una clase débil y contrarrevolucionaria; no había condiciones materiales para el desarrollo de una democracia burguesa en Rusia, precisamente por el papel que ésta jugaba en el mercado mundial y por el tipo de desarrollo social y económico del país. La única forma de liquidar el estado autocrático, liberar a las nacionalidades oprimidas y llevar a cabo las tareas democráticas de la revolución, sería a través de una lucha sin cuartel contra la burguesía y con el proletariado en el poder ganando el apoyo del campesinado pobre. Las tareas democráticas sólo podrían ser resueltas a través de la revolución socialista y la dictadura del proletariado y esa revolución abriría el camino a levantamientos obreros en los países avanzados y a la revolución mundial. Esta es, esencialmente, la teoría de la revolución permanente sistematizada por Trotsky en este libro y estas son también las ideas que Lenin elaboró magistralmente en Las tesis de Abril, que constituiría ni más ni menos el programa bolchevique para la toma del poder en Octubre del 17.

Es cierto que la historiografía estalinista ha tratado de deformar el debate en las filas de la socialdemocracia rusa, enfrentando las posturas de Lenin y Trotsky. Lenin, después de 1905, reconociendo como Trotsky la imposibilidad de que la burguesía jugase un papel revolucionario, elaboró la fórmula de "dictadura democrática revolucionaria de obreros y campesinos" para dirigir el régimen revolucionario que llevaría a cabo las tareas democráticas y prepararía el camino a la dictadura proletaria. Como Lenin posteriormente explicó, la formulación tuvo una validez temporal como contraposición a la postura de los mencheviques. Trotsky entendía que se trataba de una definición algebraica pues el campesinado no era una clase homogénea y no jugaba un papel político independiente. Sus capas inferiores oscilaban hacia el proletariado, mientras que sus capas superiores lo hacían hacia la burguesía y la autocracia. Por tanto, no podía existir un régimen que resolviese los problemas del campesinado en abstracto. El proletariado una vez tomase el poder, sólo podía llevar a cabo sus tareas aliado con el campesinado pobre y los jornaleros y la lucha contra el campesinado rico se iniciaría de manera inmediata. Tanto Lenin como Trotsky consideraban la inmadurez material de Rusia para el socialismo, pero ello no negaba la validez de sus posturas. Por el contrario las condiciones materiales para la edificación del socialismo sí existían en Europa Occidental y la revolución rusa abriría el camino, como así fue, a la revolución europea. Esta divergencia aparente en la formulación fue resuelta durante los acontecimientos revolucionarios del 17. Lenin abandonó su definición —léase Tesis de Abril— y adoptó las bases de las posturas de Trotsky abiertamente. Tuvo que luchar, no obstante, contra la rutina de los viejos bolcheviques que seguían repitiendo mecánicamente la vieja fórmula, pero al final impuso el programa para la toma del poder.

El libro de Trotsky presentado en la edición de Ruedo Ibérico se compone de dos textos. El primero, llamado genéricamente 1905, consta de dos partes y la obra fue escrita en Viena, entre 1908 y 1909, pero luego reformada y ampliada en Moscú a finales de 1921. La primera parte se dedica al análisis detallado de las condiciones históricas y económicas de Rusia, las fuerzas materiales de la revolución y el proceso que desembocó en la insurrección armada. La segunda parte se centra en el proceso al soviet y la actitud de Trotsky. Se añaden tres apéndices: 1. El proletariado y la revolución rusa. 2. Nuestras diferencias. 3. La lucha por el poder.

El segundo texto, Resultados y perspectivas, fue escrito en 1906 cuando León Trotsky se encontraba en la prisión preventiva de San Petersburgo. La policía zarista confiscó el libro y sólo pudieron salvarse algunos ejemplares. Tal como reconoce el propio Trotsky en su obra La revolución permanente, es muy probable que Lenin no conociese el texto hasta 1919. En él se sintetiza con mayor claridad los ejes fundamentales de la teoría de la revolución permanente a la luz de la experiencia revolucionaria de 1905.