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MARXISMO
HOY Nº 1
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| Carta a la Redacción | ||
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" El choque de civilizaciones" |
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Eva Gutiérrez |
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Comentario del artículo del profesor de la Universidad de Harvard, Samuel P. Huntington, director del Instituto Olin de Estudios Estratégicos publicado en el verano de 1993, en la revista Foreing Affairs |
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Si hacemos una reseña del mismo es porque nos parece muy revelador de los derroteros por los cuales está discurriendo la campaña ideológica de la burguesía y el imperialismo mundial, después de la caída del Muro de Berlín y la transición al capitalismo de los antiguos estados obreros deformados en la URSS y Europa del Este. En el número 1 de la revista Izquierda Marxista, precedente de la actual, denunciábamos como fruto de este "empacho ideológico" que sufre la burguesía el libro de Francis Fukuyama, empleado del Departamento de Estado USA, titulado El fin de la historia. Unos pocos años después de su publicación se ve claro que de fin de la historia nada. Una nueva etapa de la misma acaba de empezar: La caída del estalinismo trajo inestabilidad guerras y convulsiones y nuevas contradicciones entre distintos sectores de las burguesías nacionales y el imperialismo; trajo también el auge del fundamentalismo, no sólo en distintas repúblicas de la antigua URSS, sino también en países islámicos, desde Pakistán hasta Argelia, que enarbolan la bandera del anti-imperialismo. Por eso, los "pensadores" burgueses, con el empirismo que les caracteriza, han pasado del Fin de la historia al Choque de civilizaciones. ¡Cualquier cosa es buena para proclamar como anticuadas ideas tan actuales como la lucha de clases y la lucha entre diferentes poderes imperialistas! Además, se trata al mismo tiempo de vestir con apariencias razonables los intentos crecientes del imperialismo mundial de colonizar y esclavizar a otros pueblos, en busca de nuevos mercados para sus productos. La llamada mundialización de la economía, la búsqueda de la aldea global, necesitaba una cortina de humo para vestir los nuevos actos de rapiña y expoliación de los pueblos. En la última semana, en Moscú, se firmó un crédito del FMI a Rusia de 6.200 millones de dólares. La condición sine qua non que habría puesto esta agencia del imperialismo que es el FMI, había sido la liberación del comercio del petróleo y del gas ruso. Como es sabido más de la mitad de las inversiones extranjeras en Rusia han sido dirigidas a estos sectores. ¿Tiene esto algo que ver con el "choque cultural", o más bien es la expresión pura y dura del expolio imperialista que tan bien definió Lenin en su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo? Samuel P. Huntington parece dispuesto a poner su pluma y su prestigio académico al servicio de tan "magnánimos" objetivos. Huntington dice que "el proceso político global está entrando en una nueva era. Su hipótesis principal es que la próxima fase de la historia será el conflicto entre las diferentes esferas culturales y que si hay otra guerra mundial, ésta será librada entre civilizaciones y no entre ideologías políticas o Estados". Así pues, en el futuro, "la fuente fundamental de conflictos no será primordialmente ideológica o económica, será predominantemente cultural". Según este autor, "en la guerra civil española, la población mundial se dividía en simpatías ideológicas, mientras que ahora en Yugoslavia lo está por razones culturales (los occidentales se inclinan por los serbios y croatas, mientras que los islámicos lo hacen por los bosnios musulmanes)". También añade que "tras el final de la guerra fría, la fase occidental de la política internacional está tocando a su fin y la atención se está volviendo hacia la interacción entre, por una parte, Occidente y las civilizaciones no occidentales y, por otra, todas las civilizaciones no occidentales. Los pueblos y los gobiernos de las civilizaciones no occcidentales ya no son objeto del colonialismo occidental, sino que se están uniendo a Occidente como motores y diseñadores de la historia". Es decir, para Huntington, viejos conceptos ideológicos como democracia, fascismo o comunismo dejarán paso a las tradiciones culturales. Todo esto insiste el autor es el devenir de la humanidad después del fin de la guerra fría. Por tanto, conceptos clásicos como clase obrera, burguesía, derecha e izquierda, pertenecerán al pasado, al baúl de los recuerdos. Según esta teoría una nueva guerra mundial por la lucha por los mercados, como fueron la primera y la segunda guerra mundial, ya no sería posible, sobre todo porque en su particular descripción de las civilizaciones reduce el mundo a siete u ocho: "la occidental, que incluye Europa Occidental y norteamericana; confunciana, japonesa, islámica, hindú, eslavo-ortodoxa, latinoamericana y, posiblemente, la civilización africana". Ahora que se han cumplido 50 años del tremendo bombardeo de Dresde, en la II Guerra Mundial, Huntington nos inyecta una fuerte dosis de optimismo histórico: Tal acto de barbarie ya no sería posible hoy porque Alemania y Gran Bretaña están incluidos en una misma civilización, "la que incluye a Europa Occidental y la norteamericana". También nos gustaría saber cómo explica Huntington acciones de claro cuño imperialista como las que está llevando a cabo el imperialismo USA en México: concede créditos para salvar sus inversiones en México y, al mismo tiempo, aprovecha para dar pasos de gigante en la rapiña del petróleo y del mercado mexicano. ¿Quizá es la contradicción entre la cultura occidental USA y la india o indígena mexicana? Tal teoría nos parece casi una broma, que hace casi innecesaria su refutación. Los conflictos comerciales, de brutal lucha por los mercados, nada de lo que está sucediendo tendría sentido sin volver a las fuentes del marxismo, a las teorías de Lenin sobre el imperialismo, a la lucha de clases como el motor de la historia. En el 100 aniversario de la muerte de Engels, sigue siendo totalmente válidas las ideas expuestas por él y por Marx de que la cultura, el arte, la educación, son instrumentos utilizados por la clase dominante para mantener y perpetuar su dominio de clase. La ideología y la cultura tienen un claro marchamo de clase. Ni siquiera el fenómeno del fundamentalismo islámico puede tener una explicación sin recurrir a un genuino punto de vista de clase, como explica el artículo que publicamos en otro apartado de esta revista. El caso de Pakistán es muy claro. El imperialismo USA utilizó el fundamentalismo para luchar contra el estalinismo después de la invasión rusa de Afganistan. Ahora aquel monstruo es utilizado por un sector de la burguesía nacional paquistaní que se opone totalmente a la política pro-imperialista del gobierno de Benazir Butto y a sus claudicaciones permanentes ante las imposiciones imperialistas. Lo mismo sucede en Argelia y en otros países islámicos, con el agravante que se basan además en sectores atrasados de las masas, fuertemente afectados por la miseria, en un momento en que la clase obrera de estos países ha visto caer sus referentes ideológicos estalinistas, sin que el marxismo como referente político genuino haya surgido todavía claramente. Si hemos considerado oportuno criticar, aunque sea de pasada el artículo de Huntington es porque, a pesar de su carácter fantástico, ha sido discutido y adoptado en numerosas universidades y centros de estudios de todo el mundo. Es una demostración palpable de que con la caída del estalinismo y el cambio en la correlación de fuerzas mundial entre las clases y las superpotencias que ello trajo consigo, una parte importante de la burguesía mundial ha cogido una borrachera ideológica de considerables dimensiones. Pero como la experiencia dicta, después de la borrachera viene la resaca
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