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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
IX- El colapso del estalinismo |
Abolición de los controles de precios
La posición de Yeltsin contra los privilegios de la burocracia le había hecho muy popular entre la gente corriente, especialmente en Moscú. Esto le permitió ser elegido como presidente de la República Rusa en junio de 1991. El nuevo jefe de Estado ruso resaltó lo extraño que se sentía en la Casa Blanca. Pero significativamente señaló que la mayoría de los viejos burócratas estaban dispuestos a servirle: "Aquí el dirigente de la oposición iba a tomar posesión de la enorme burocracia rusa (...) Muchos se quedaron; unos pocos se marcharon". (14) Trotsky ya había anticipado que, en el caso de una contrarrevolución capitalista, habría que purgar muchos menos funcionarios del Estado que en el caso de una revolución política del proletariado. Utilizando su recién adquirido poder, Yeltsin actuó sin piedad para consolidar su golpe de estado.
Bajo la presión del imperialismo, Yeltsin exigió una aceleración de las privatizaciones, la reforma agraria y una política monetaria y de crédito restrictiva. Dio su apoyo total al grupo de los "jóvenes reformistas radicales", en otras palabras, leales restauradores del capitalismo, alrededor de Yegor Gaidar, que fue nombrado ministro de finanzas. Anatoly Chubais fue nombrado responsable de la privatización. Gaidar era un representante consumado del ala de los antiguos estalinistas que se apoyaban en el imperialismo. Este gobierno pro-burgués entró en negociaciones con el FMI y anunció recortes masivos en el presupuesto del estado. Como era de esperar, el FMI y el Banco Mundial trataron insolentemente a la antigua Unión Soviética al igual que sí fuera un sirviente tercermundista al que podían dictar, como un dueño a su esclavo.
El 2 de enero de 1992 el gobierno abolió el control estatal de los precios, lo que provocó que algunos precios se multiplicaran por tres o hasta por treinta. En la práctica, los precios aumentaron entre un 300-350 por ciento. La tarifa para el metro de Moscú aumentó de 15 a 50 kopeks. Los otros diez miembros de la CEI se vieron obligados (alarmados), a seguir el ejemplo y aumentar sus precios, ya que de otra manera los rusos simplemente iban a comprar productos a precios subvencionados en las repúblicas vecinas. En marzo se aumentó el precio del pan, la leche y otros productos básicos. La reacción fue intensa. Hubo manifestaciones masivas ante la Casa Blanca, el edificio del Soviet Supremo ruso, contra estos aumentos de precios. Para contener el ambiente de protesta, el gobierno se vio obligado a aumentar el salario mínimo en un 100 por ciento y también a aumentar las pensiones. Esta política de "libre mercado" no resolvió nada y simplemente agravó la crisis. Las reservas de comida alcanzaron un nivel crítico, con reservas sólo para 20-40 días.
Yeltsin estaba bajo intensa presión por parte de las potencias imperialistas para empujar hacia delante su programa de "reformas" contrarrevolucionarias. Pero no se habían eliminado las profundas contradicciones dentro de la burocracia. Se enfrentaba a sabotaje continuo por parte del parlamento ruso, que representaba los intereses de los directores de la industria y la burocracia. Ruslan Jasbulatov, presidente del Soviet Supremo ruso y el vicepresidente Alexander Rustkoi intensificaron sus ataques contra la política económica de Yeltsin, y la naciente burguesía que él representaba. Jasbulatov advirtió que el 90 por ciento de la población estaba viviendo en condiciones insatisfactorias, y que Rusia estaba experimentando la "pauperización y lumpenización" de su pueblo. En una reunión de "grupos patrióticos" con unos 1.000 delegados, Rustkoi dijo que la política de Yeltsin era un "genocidio económico".
El ala de Yeltsin defendía un movimiento rápido hacia el capitalismo. Este ala representaba los intereses de la naciente burguesía rusaestraperlistas, mafiosos, especuladores y escoria variadaque había salido a la superficie sobre la base del movimiento hacia el capitalismo. También estaban los agentes del imperialismo a los que no importaba sacrificar los intereses de Rusia en su propio interés. El otro ala representaba en general los intereses de la vieja nomenclatura, los burócratas cuyo poder, privilegios e ingresos dependían de su control de las grandes empresas nacionalizadas y las granjas colectivas. Esta última estaba subdividida a su vez en varias fracciones, que reflejaban las diferentes capas de la burocracia y constituían una agrupación social extremadamente amplia y heterogénea.
El conflicto giraba alrededor de los intereses de los nacientes capitalistas y los estraperlistas que querían una introducción rápida del laissez-faire o capitalismo incontrolado, por un lado, y el parlamento por otro, que representaba a la vieja burocracia de directores del Estado y el complejo militar-industrial que habían dirigido Rusia previamente a través del Partido "Comunista". Algunos de ellos también eran pro-capitalistas, pero hubieran preferido un movimiento gradual hacia el capitalismo en el que ellos se convirtieran en la nueva clase dominante, mientras que otros preferían volver hacia el viejo sistema. Pero todos estaban preocupados por las consecuencias sociales de un movimiento rápido hacia el capitalismo. Si los planes de Yeltsin para privatizar las grandes empresas se llevaran hasta sus últimas consecuencias, probablemente significaría el paro, no de cinco millones, sino por lo menos de 25 millones, o incluso el doble. Eso sería una receta acabada para la revolución o el caos total.
La vieja guardia entabló una lucha feroz contra Yeltsin y su gobierno. Como comentaba The Economist (20/6/92): "Después de seis meses de terapia de choque, los directores industriales de Rusia han encontrado su voz política. Alarmados por la rapidez y la dirección de las reformas económicas del gobierno ruso bajo el presidente Boris Yeltsin, los directores industriales de Rusia están exigiendo un papel mayor en la dirección del país". En el parlamento se formó una nueva alianza anti-Yeltsin entre ex-estalinistas y nacionalistas llamada Unidad Rusa.
14 B. Yeltsin, La visión desde el Kremlin, p. 19, énfasis mío
capítulo
IX:
El colapso del estalinismo
apartado.- El peor de los mundos