RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

IX- El colapso del estalinismo

 

El ascenso de Yeltsin

Boris Yeltsin, que había sido cesado del Politburó del Partido Comunista en 1988, surgió ahora como una figura clave en la transición hacia la restauración del capitalismo. El 29 de mayo fue elegido presidente del Soviet Supremo ruso, convirtiéndose de facto en presidente de la Federación Rusa. Gorbachov declaró estar "algo preocupado" por la promoción de Yeltsin. Hasta este momento Yeltsin había maniobrado para fortalecer su posición. En consecuencia, bajo su dirección, el Congreso Ruso adoptó una Declaración de Soberanía de Rusia, reforzando todavía más su autoridad y poder. Se enfrentó con Gorbachov repetidamente, haciendo finalmente un llamamiento público en televisión para que dimitiera.

El Congreso de Diputados del Pueblo aprobó la creación del nuevo puesto de presidente de la URSS. Dos días después, Gorbachov fue elegido para el cargo. El Congreso también votó enmendar la constitución de la URSS de 1977 para abolir el monopolio del poder del PCUS. En julio de 1990, coincidiendo con el Congreso del PCUS, Yeltsin dimitió del Partido Comunista. Al día siguiente también dimitieron los alcaldes "reformistas" de Moscú y Leningrado, Gavriil Popov y Anatoly Sobchak. En los seis meses anteriores 130.000 militantes habían abandonado el PCUS, 10.000 en Moscú sólo en julio.

En el 28 Congreso del PCUS en julio de 1990, Gorbachov habló del fin del "modelo estalinista de socialismo". Confesó que "décadas de dominación del sistema de dirección administrativa han alienado a la clase obrera de la propiedad y la autoridad (...)". Esto era una admisión sorprendente de bancarrota. Pero en lugar de proponer una alternativa leninista clara, Gorbachov, como de costumbre, se limitó a generalidades y ambigüedades. Se estaba estableciendo una "auténtica democracia". El Estado soviético supercentralizado estaba en proceso de convertirse en una auténtica unión de "autodeterminación y asociación voluntaria de los pueblos". Seguía insistiendo en que sus planes para un mercado "social" no significaban una vuelta al capitalismo: "Esto significa que moviéndonos hacia el mercado no estamos desviándonos bruscamente del camino hacia el socialismo sino avanzando hacia una realización más plena del potencial de la sociedad".

El ala pro-burguesa de la burocracia estaba empezando a organizarse. Trescientos diputados establecieron un grupo independiente en el Congreso dedicado a acelerar la perestroika y "contrarrestar la presión ejercida en el parlamento por las fuerzas conservadoras". La dirección de este grupo incluía Yeltsin, Sajarov, Afanasiev, y Palm. Representaban el ala abiertamente contrarrevolucionaria de la burocracia. Popov y Sobchak también eran representantes de esta capa. A su cabeza estaba la figura clave de Yeltsin, el presidente de la República.

Según Shatalin: "Una valoración de la situación económica de la URSS llevó a la dirección del país, en primer lugar y más destacadamente al presidente Mijail Gorbachov, a admitir la necesidad de una transición inmediata hacia una economía de mercado, una reevaluación de los criterios sobre la intervención estatal en la esfera de las relaciones de mercado y la esfera socioeconómica en su conjunto (...) Aunque incluso en este terreno seguía habiendo diferencias fundamentales" (2)

Estas líneas demuestran que las contradicciones no estaban resueltas. Se estaba librando una lucha feroz entre las diferentes alas de la burocracia. El 4 de septiembre de 1990, el Soviet Supremo de la URSS retrasó una vez más la introducción de la economía de mercado en un intento de llegar a un compromiso sobre los diferentes planes, el plan más radical de Shatalin y la comisión creada por Gorbachov y Yeltsin, y el más cauteloso del primer ministro Ryzhkov. Como siempre, la principal preocupación era la reacción de la clase obrera. Ryzhkov advirtió que el plan de Shatalin provocaría descontento social. El Soviet Supremo se pronunció finalmente por el plan de Shatalin. Sin embargo, se llegó de nuevo a un compromiso elaborado por Aganbegyan (sacado principalmente del plan de Shatalin) que se presentó a los comités del Soviet Supremo de la URSS el 12 de setiembre de 1990. El ala principal de la burocracia seguía atrasando el tema. Entonces, en un movimiento sorpresivo, sin esperar al Soviet Supremo de la URSS, el gobierno de la Federación Rusa adoptó el plan de Shatalin para la economía de la república y decidió su aplicación a partir del 1 de octubre. El gobierno ruso también aprobó un voto de no confianza en el gobierno de Ryzhkov, abriendo así un enfrentamiento con la autoridad central. Sin embargo, el programa se atascó y los principales ministros reformistas dimitieron del gobierno.

Finalmente, el 19 de octubre de 1990, el Soviet Supremo de la URSS aprobó un plan para la economía de mercado. Según The Guardian (20/10/90) el ambiente era "sombrío y desesperado". Era un programa de compromiso "con pocos detalles". Durante el mes de octubre, Gorbachov sacó una serie de decretos sobre la liberalización y los precios al por mayor y la tasa de cambio del rublo comercial (un paso hacia la convertibilidad del rublo). En noviembre, el gobierno fijó la tasa oficial de cambio en dólar = 1,80 rublos (seis años después era 1 dólar = 5.000 rublos), y permitió la propiedad extranjera de empresas (el derecho de los capitalistas extranjeros a establecerse en la URSS, y comprar acciones y propiedad). El 13 de noviembre, Yeltsin anunció que el plan de Shatalin quedaba en suspenso: "Era imposible proceder con el plan Shatalin sin coordinarlo con el gobierno central". Esto era un punto de partida totalmente nuevo. En efecto, los representantes del ala pro-burguesa estaban utilizando su control del gobierno de la Federación Rusa para provocar un enfrentamiento con el Kremlin.

Los imperialistas no podían creer su suerte. Cogieron la oportunidad con ambas manos. A finales del año, con la caída del muro de Berlín, se celebró una cumbre entre los presidentes de la Unión Soviética y de los EE.UU.. En la conferencia de prensa, el presidente Bush declaró que estaba "dispuesto a ayudar a la Unión Soviética de cualquier manera" en la búsqueda de "una mayor participación en la economía internacional de mercado". En otras palabras, los representantes del imperialismo mundial estaban poniendo todo su peso tras la naciente burguesía en Rusia. Gorbachov hizo el discurso del estado de la nación en una atmósfera de crisis intensa. En diciembre, el Congreso de Diputados del Pueblo concedió a Gorbachov más poderes. El nuevo Tratado de la Unión estaba creando un nuevo foco de tensión entre las diferentes alas de la burocracia. Shevardnadze, el ex-ministro de asuntos exteriores, dimitió advirtiendo del "advenimiento de una dictadura". Gorbachov, al mismo tiempo que seguía hablando de la "planificación socialista", había abrazado el concepto del mercado como solución, aunque vacilaba continuamente, reaccionando ahora a una presión y después a otra, como una hoja muerta que se la lleva el viento.

La perestroika y la glasnost sólo habían servido para abrir la caja de Pandora. La explosión de huelgas que se estaban extendiendo en toda Rusia amenazaba con hacer colapsar totalmente el orden burocrático. Gorbachov se enfrentaba a su cese, al igual que le había pasado a Kruschev anteriormente. Completamente desorientado parecía ir en todas las direcciones al mismo tiempo. La crisis del régimen se produjo, como hemos visto, en el marco de un descontento creciente en las repúblicas. En Georgia estalló una guerra abierta sobre la cuestión de Abjasia. La escisión abierta en la élite dirigente había liberado todas las tendencias centrífugas que se habían ido acumulando en la Unión Soviética durante décadas. En 1991 la autoridad del centro estaba colapsando. Repúblicas e incluso ciudades decretaban sus propios precios independientemente. La planificación fue sustituida por el trueque entre repúblicas, regiones y empresas. Un documento de la república rusa describe gráficamente la situación:

"La economía se acerca a la línea de demarcación más allá de la cual ya no se puede hablar de crisis económica sino de catástrofe. La caída aguda de la producción que se está dando en la mayor parte de las empresas estatales, va acompañada de un creciente proceso inflacionario. A los directores no les interesa la producción, sino cómo encontrar los medios para pagar los salarios que les exigen sus empleados y cómo proporcionarles la comida y los bienes de consumo en los que gastarse estos salarios. Estos problemas, al igual que los de los suministros técnicos materiales, se resuelven, cada vez más, por el método arcaico del trueque (...) pero esto no puede asegurar los suministros necesarios, así que se desorganizan los vínculos económicos y la producción se detiene. El grado de descontrol de la economía ha alcanzado dimensiones catastróficas. Las instituciones de planificación están desmoralizadas por la incertidumbre de su situación hoy y en especial mañana. Falta información de la base. Órdenes de la Unión, republicanas y regionales se contradicen las unas a las otras, lo que se añade a las tensiones socio-políticas". (3)

Todavía había una fuerte oposición a la privatización en el Soviet Supremo. Sin embargo, los "reformistas" cada vez eran más decididos y más anti-socialistas. Gorbachov trataba de mantener la situación equilibrándose entre las alas rivales de la burocracia. Esta política desastrosa llevó a un aumento de las tensiones en sus filas. Los burócratas sólo estaban interesados en mantener sus privilegios, posición e ingresos. La crisis había minado todo esto en la práctica. La cuestión era: ¿cómo restaurarlos? Los representantes de la vieja ala estalinista estaban cada vez más preocupados y desesperados. El punto de ruptura de la oposición abierta era el movimiento hacia la desmembración de la URSS con la firma del Tratado de la Unión. En el proceso de preparación de la reunión del Congreso de Diputados del Pueblo, los representantes de la vieja nomenclatura empezaron a ejercer presión sobre el gobierno contra la ruptura de la URSS.

En diciembre, el jefe de la KGB, el general Vladimir Kryuchov, hizo una declaración en la TV diciendo que el país estaba en manos de "grupos radicales extremistas (...) apoyados moral y políticamente desde el extranjero". Sin un plan ni una idea clara de hacia dónde iba, en la práctica Gorbachov había perdido el control de la situación. Su decisión de presidir la ruptura de la Unión Soviética estaba creando un resentimiento cada vez más amplio entre la burocracia, y especialmente en la casta militar. En esencia, el Tratado de la Unión dejaría al centro sólo con poderes residuales sobre la política exterior y defensa. La crisis en la URSS ya había desatado tendencias separatistas y nacionalistas extremas. Ya había perdido toda Europa del Este. ¿Dónde iba a acabar todo el proceso? A principios de 1990 se había tomado la decisión de acabar con el monopolio constitucional del poder del Partido Comunista. El partido, desmoralizado, quedó todavía más debilitado por las reformas y vacilaciones de Gorbachov. En julio, el PCUS adoptó un nuevo borrador de programa, sustituyendo el marxismo-leninismo por principios socialdemócratas.

Mientras, las elecciones en los países bálticos y Georgia les empujaron hacia la independencia. Se celebraron enormes concentraciones a favor de la independencia en Lituania, y más huelgas en las cuencas mineras. El teniente coronel Viktor Alksnis, dirigente del grupo Soyuz ("Unión") de diputados, advirtió a Gorbachov sobre los peligros del Tratado de la Unión. Las negociaciones con las repúblicas sobre el nuevo tratado de la Unión se prolongaron hasta 1991. El Tratado, que iba a ser ratificado el 20 de agosto, fue el resultado de largas negociaciones, iniciadas en un primer momento como respuesta a las exigencias de los estado bálticos, Georgia y Moldavia de dejar la Unión. Alksnis amenazó con un voto de no confianza en Gorbachov "si no se da la vuelta" a su posición antes del inicio del nuevo Congreso. También se pronunció por la prohibición de todos los partidos políticos, la disolución de todos los parlamentos y decretar el estado de emergencia.

Lo que condicionó toda la situación fue la ausencia de un movimiento independiente del proletariado ruso. Es cierto que hubo muchas huelgas. Pero dada la enorme confusión y falta de alternativas, los obreros no lucharon como una fuerza independiente. Este era el elemento determinante en toda la ecuación. Ante la ausencia de un movimiento independiente de los obreros, toda la lucha se dio entre alas rivales de la burocracia. El conflicto sólo se podía revolver mediante la lucha abierta. Ya que las alas opuestas de la burocracia estaban bastante equilibradas, una solución bonapartista era la única posible. Así, el callejón sin salida de la burocracia llevó directamente al intento de golpe de agosto de 1991.


A. G. Aganbegyan (editor), Perestroika Annual, vol. 3, p. 162
citado en Nove, An Economic History of the USSR, p. 416
K. Marx, The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte, MESW, Vol. 1, p. 462



capítulo IX: El colapso del estalinismo
apartado.- El intento de golpe de 1991