RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

IX-El colapso del estalinismo

 

Planes para la restauración capitalista

"Apatía, indiferencia, latrocinio (...) se han convertido en un fenómeno de masas, combinados con una envidia agresiva hacia los que ganan mucho dinero. Han aparecido síntomas de un tipo de degeneración física de una parte importante de nuestra población, a través del alcoholismo y la ociosidad. Finalmente, hay una falta de confianza en los objetivos y propósitos oficiales, en la propia posibilidad de una organización de la vida social y económica más racional. Claramente todo esto no se puede superar rápidamente, se necesitarán años, quizás generaciones". N. Shmelev (1)

"Se puede convertir un acuario en una sopa de pescado, pero ¿acaso puedes convertir una sopa de pescado en un acuario?" Lech Walesa

Cuando las reformas de Gorbachov empezaron a tener efecto, se cayó en una crisis incluso más profunda. El zarismo durante generaciones giró de la represión a las concesiones y de nuevo a la represión. Pero una vuelta a la represión desenfrenada de la era del estalinismo estaba descartada. El enorme poder de la clase obrera lo hacía imposible. La burocracia se veía obligada a pisar con cautela por miedo a provocar una explosión. Sin embargo, sus opciones eran extremadamente limitadas. El impás de la burocracia creó una desilusión extendida entre la clase obrera. A finales de los años 80 surgieron importantes ilusiones en el mercado entre ciertos sectores, especialmente de la burocracia y la intelectualidad, pero también incluso entre sectores de la clase obrera. Pero la burocracia todavía estaba dividida.

El ala de Ligachev quería mantener intactas las viejas estructuras, y se resistía ferozmente a las reformas agrarias que trataban de minar las granjas colectivas y promover las explotaciones privadas. Los antagonismos internos se hicieron cada vez más intensos a medida en que se profundizaba la crisis. En abril de 1989 Gorbachov llevó a cabo una purga de la vieja guardia, cuando el comité central aprobó la "jubilación" de 74 de sus miembros de pleno derecho y 24 de sus miembros suplentes. Al mes siguiente se formó el nuevo órgano representativo supremo: el Congreso de los Diputados del Pueblo con 2.250 miembros. Había sido elegido bajo los nuevos procedimientos "democráticos" que permitían una mayor participación, con dos tercios del Congreso elegidos por votación popular directa. Este organismo sustituía parcialmente al viejo Soviet Supremo de la URSS. El Congreso eligió a un Soviet Supremo que iba a reunirse dos veces al año. El Partido Comunista se garantizaba una gran parte del Congreso, salvaguardando de esta manera los intereses creados de la burocracia. Las repúblicas de la Unión también adoptaron constituciones y estructuras estatales siguiendo el modelo de la administración central. Por estos medios, Gorbachov esperaba obtener el apoyo necesario en su lucha contra la vieja guardia que se resistía a la introducción de sus políticas. Pero las profundas divisiones en el seno de la burocracia salieron de nuevo a la superficie en el nuevo parlamento.

En este momento Gorbachov todavía no se había decidido a ir hacia el capitalismo. Todavía el 7 de noviembre de 1989, en una entrevista desde el mausoleo de Lenin durante las celebraciones del aniversario de la Revolución, Gorbachov hizo un llamamiento a volver a los "ideales leninistas de 1917". Sin embargo, la situación se le estaba escapando de las manos. Poco después, Gorbachov admitió que "hemos perdido temporalmente el control de algunas palancas de dirección económica". El viejo sistema estaba colapsando, pero no había nada que lo sustituyese. Una situación de ese tipo no podía prolongarse. Un cambio brusco hacia un sistema de mercado, advirtió, podía provocar "motines en las calles" y la caída del gobierno. Se recurrió a todo tipo de medidas parciales mientras el régimen daba bandazos en un sentido u otro. El 13 de noviembre de 1989, el principal consejero de Gorbachov, el viceprimer ministro Leonid Abalkin presentó sus planes para una transición hacia el capitalismo. Quería que la URSS adoptase una "economía mixta", con la transferencia de algunas empresas estatales a otras formas de "propiedad socialista" (pero no a manos privadas tal y como había sugerido Abel Aganbegyan).

La economía se hundía cada vez más en la crisis. El Gosplan, la agencia central de la planificación estatal, advertía que debido al colapso de la planificación central, la producción podía derrumbarse entre un 30 y un 70 por ciento. Al mismo tiempo, siguiendo la vieja tradición, Gorbachov intentaba culpar a sus predecesores. El Comité Central de diciembre de 1988 anunció la retirada de los nombres de Breznev y Chernenko de los nombres de las calles, placas y monumentos. Las obras de Breznev iban a ser retiradas de las bibliotecas públicas. Mientras, se seguían rehabilitando a las víctimas de las purgas. Izvestia informó que el Tribunal Supremo había retirado póstumamente todos los cargos contra el hijo de Trotsky, Serguei, asesinado por Stalin en 1937. Pero la cuestión de la rehabilitación de Trotsky seguía siendo un tabú. Por otra parte la rehabilitación de Bujarin gozaba de cierto favor, ya que sus teorías se podían utilizar como una justificación conveniente para la política pro-capitalista de Gorbachov.

Pero nada de esto tenía relevancia para la situación real, que empeoraba constantemente. La crisis económica se profundizaba. Nikolai Ryzhkov, el primer ministro, dio lo que el Washington Post (8/6/89) calificó como "el informe oficial más pesimista hasta la fecha sobre los problemas económicos de la Unión Soviética". Informó de que la URSS tenía un déficit presupuestario de un 6,2 por ciento del PIB, con unos gastos que superaban a los ingresos en 62.000 millones de rublos en 1988-89. El déficit presupuestario había aumentado desde 1985 principalmente debido la caída de los ingresos por el petróleo, la campaña antialcohol que había costado al Estado 40.000 millones de rublos menos de ingresos, y una serie de desastres importantes. La intervención militar en Afganistán también había costado unos 5.000 millones de rublos al año. La deuda externa total alcanzaba los 34.000 millones de rublos. Como consecuencia, Ryzhkov propuso recortar las subvenciones a las empresas con pérdidas y recortar el gasto de defensa. Se formó una comisión gubernamental para investigar los privilegios de la nomenclatura, ¡de esta manera la nomenclatura se iba a investigar a sí misma!

La paciencia de los obreros ya se había acabado. En julio de 1989, hubo una oleada de huelgas en la URSS, con el epicentro en las cuencas mineras del Donbass y Kuzbass. En Mezhdurechensk, 12.000 trabajadores se declararon en huelga y tomaron el control de la ciudad. Exigían mejores condiciones de vida, aumentos salariales, más vacaciones, mejores condiciones de trabajo, etc. También exigían la independencia económica completa para sus minas, de tal manera que se pudieran invertir los beneficios localmente. Este tipo de reivindicación confusa reflejaba en parte las frustraciones de las provincias ante la falta de atención por parte de Moscú y la falta de inversión crónica.

El gobierno se vio obligado a intervenir para impedir la extensión de las huelgas. En el Kuzbass, más de 100.000 mineros participaron en el movimiento. Los comités de huelga exigían la abolición inmediata de los privilegios de los funcionarios, negociaciones directas con el gobierno central y una nueva constitución. Cuando el Kuzbass volvió al trabajo, el Donbass se puso en huelga, con reivindicaciones similares. El movimiento afectó a los pozos en Vorkuta en el extremo norte, Rostov del Don en el sudoeste, y Dnepropetrovsk y Chervonograd en Ucrania. Unos 300.000 obreros estaban en huelga. Este era un escenario de pesadilla para los gobernantes de Rusia. Gorbachov dijo que las huelgas eran "la peor calamidad que haya caído sobre nuestro país en los cuatro años de perestroika", pero añadió que éstas demostraban la necesidad de eliminar "todos los tipos de obstáculos burocráticos en el camino de la reforma". Los huelguistas acordaron volver al trabajo después que el gobierno hiciera concesiones.

No se puede negar el hecho de que la conciencia de las masas rusas había retrocedido un largo trecho debido a la pesadilla del dominio totalitario. Incluso entre los mineros, especialmente sus dirigentes, había ciertas ilusiones en el capitalismo. Todavía no habían disfrutado de los "placeres" de la economía de mercado y, algunos de ellos, pensaban que iban a poder vender su carbón en el mercado mundial. Estas ilusiones se mezclaban, de manera peculiar, con las ideas de control obrero de las minas.

A pesar de esto, el movimiento hacia el capitalismo no fue el resultado de la presión de la población. En una encuesta realizada en ese momento, más del 40 por ciento dijo que preferirían volver a una dirección más centralizada de la economía y sólo un 25 por ciento querían un sistema orientado al mercado. Sin embargo, las voces entre la burocracia a favor de una solución capitalista eran cada vez más fuertes y más insistentes, especialmente entre los economistas. Esta tendencia ganó terreno a lo largo de 1989 y la primera mitad de 1990. El gobierno de la Federación Rusa de Yeltsin estaba claramente dominado por el ala pro-burguesa de la burocracia. Esta ala elaboró un programa de restauración capitalista rápida y completa. Stanislav Shatalin y Grigory Yavlinski elaboraron el llamado programa de los 500 días para la transición a una economía de mercado, que proponía privatizaciones a gran escala en 100 días, además de una liberalización de los precios y el recorte de los subsidios.

Shatalin declaró en una reunión del partido a principios de ese año, según Pravda: "Ahora no se trata de salvar el socialismo, comunismo o ningún otro ismo, la cuestión es salvar nuestro país, nuestro pueblo". Al mismo tiempo, Nikolai Ryzhkov, presidente del consejo de ministros de la URSS, y Leonid Abalkin, el viceprimer ministro, estaban elaborando un plan alternativo, menos ambicioso pero con los mismos objetivos. Gorbachov le pidió a Aganbegyan que decidiese qué camino había que tomar y él escogió el plan de los 500 días. Era un plan para la estabilización financiera, el fin de los déficits presupuestarios, una infraestructura de mercado y la legalización de la propiedad privada.

Sin embargo, Ryzhkov consiguió la aprobación del Congreso de Diputados del Pueblo de la URSS de su programa, que tenía la intención de conseguir una recuperación económica para 1995. En marzo de 1990 este plan fue considerado inadecuado dada la continuación de la desintegración económica del país y quedó descartado. El 11 de marzo, el consejo de ministros pidió a Abalkin la elaboración de un borrador para el primero de mayo para conseguir un movimiento más rápido hacia una economía de mercado. Sin embargo, a finales de abril, los consejos presidencial y de la federación habían devuelto el borrador de Abalkin para su reelaboración. Estaba claro que Gorbachov y sus ministros habían retrocedido de la idea de la "terapia de choque" para la economía, por miedo a huelgas y descontento.

El 6 de marzo, el Soviet Supremo adoptó el artículo 34 sobre la propiedad, que Abalkin pensaba que iba a crear las condiciones necesarias para la transferencia de Rusia a una "economía de mercado planificada". Esta ley daba a los ciudadanos el derecho a poseer y heredar propiedad, recursos minerales, equipamiento, dinero, aciones y agua. La agencia oficial de noticias TASS señaló que se había evitado el término "propiedad privada" porque la frase tenía "una gran carga emocional" en la URSS, dónde la gente la asociaba a la explotación. Dentro del Soviet Supremo hubo una sesión turbulenta en la segunda lectura de la ley. Pero el 1 de julio la ley fue aprobada con 350 votos a favor, tres en contra y 11 abstenciones. Sin embargo, quedaba dentro de los límites de la ambigüedad calculada con el objetivo de unir a todas las fracciones de la burocracia.

Al día siguiente, el gobierno central publicó una declaración según la cual la tierra era la propiedad de la gente que vivía en ella, y que cada ciudadano tenía el derecho a su parcela. Sin embargo, para sorpresa de los "reformadores" occidentales, la población rural no mostró interés alguno en transformarse en propietarios privados de pequeños pedazos de tierra.

La reforma de los precios fue otro punto clave de la transición, pero por miedo a una explosión popular, el gobierno quería "una introducción paso a paso de los métodos del mercado (...)". En anticipación a estas reformas, se propuso triplicar los precios del pan el 1 de julio, y compensar a la gente con aumentos de las pensiones y los salarios. El intento de compromiso no dejó satisfecho a nadie. Tanto los "radicales" como los "conservadores" denunciaron el plan en el Soviet Supremo como "mal concebido" y exigieron un plan más coherente para el 1 de setiembre. Mientras, los "radicales" forzaron una votación en el Soviet Supremo pidiendo a Gorbachov la promulgación de decretos a partir de julio para establecer sociedades anónimas, una bolsa y la desnacionalización de las empresas estatales.

El 14 de junio, el Soviet Supremo rechazó la propuesta de triplicar los precios del pan. Gorbachov tuvo que hacer un llamamiento televisado a la calma debido a la oleada de acaparamientos. A cada paso, los dirigentes del Kremlin miraban ansiosamente por encima de sus hombros buscando señales de una explosión. El mismo día el Soviet Supremo aprobó la primera ley de impuestos a empresas del país. Se aprobaron nuevas leyes que permitían a las empresas fijar sus propios precios, y establecían un mecanismo para declarar la bancarrota de empresas. De esta manera se empezaban a sentar los cimientos legales para el capitalismo. Pero no basta con aprobar una ley. Hay que tener la fuerza para ponerla en práctica. El 11 de julio decenas de miles de mineros se declararon en huelga.


1 N. Shmelev en Novy Mir, No. 6, 1987



capítulo IX: El colapso del estalinismo
apartado.- El ascenso de Yeltsin