RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VIII- De la política exterior a la cuestión nacional

 

La 'independencia' no es ninguna solución

La integración de las economías de las repúblicas bajo un plan común beneficiaba a todos los pueblos de la URSS. Las ventajas eran especialmente evidentes en las repúblicas previamente atrasadas de Asia Central. Un periodista occidental comentaba su destacable transformación: "Ciertamente, Asia Central ha visto una transformación económica y social estupenda en los últimos 70 años. En 1917, estas estepas y montañas estaban habitadas por una población prácticamente analfabeta, que vivía en una pobreza romántica pero abyecta. Hoy en Tashkent (dos millones de habitantes), la vieja ruta de la seda está cruzada por un metro al estilo del de Moscú, y un jardín botánico de 200 acres evoca milagrosamente, en lo que antes era un semi-desierto, la ilusión de un bosque del condado de Buckingham"(24).

Pero esto era sólo una cara de la moneda. El régimen estalinista había creado toda una serie de burocracias en miniatura en las repúblicas, que reproducían detalladamente todos los caracteres negativos del original y fueron acumulando cada vez más poder en sus manos gracias a sucesivas medidas de descentralización aplicadas bajo Kruschev y Breznev. La descentralización sin el control de la democracia obrera provocó un florecimiento sin precedentes de la corrupción. Por ejemplo, un capitoste local en Turkmekistán, llamado Gapurov, fue jubilado en el congreso del Partido de Turkmenistán en diciembre de 1982: "Con él frecuentemente se ascendía a cuadros a puestos dirigentes por lealtades personales, vínculos familiares o lugar de nacimiento", dice un informe del congreso. "Ha creado un 'criadero de nepotismo, lisonjas y corrupción, creando una atmósfera de laxitud y dejadez, y provocó un aumento del servilismo y la irresponsabilidad"(25). Esto era bastante típico, sólo que Gapurov tuvo la mala suerte de quedar al descubierto.

Estas burocracias locales, venales, ineficaces y opresoras, también mostraban las mismas tendencias chovinistas que son característica inevitable de todos los tipos de estalinismo. Para aumentar su propio poder y privilegios se apoyaban en los chovinistas locales. Arrogantes, estrechos de miras y sin el menor residuo de internacionalismo, potenciaban deliberadamente los sentimientos nacionalistas. Los burócratas locales se aprovechaban de los agravios nacionales para fortalecer su poder. Las consecuencias de esto fueron desastrosas, como vimos después con las terribles guerras fratricidas entre azeríes y armenios, georgianos y abjazos, rusos del Trandsniester y moldavos, el odio nacional contra las minorías rusas en los países bálticos, etc.

En un primer momento, Gorbachov intentó mantener la URSS intacta, culpando a las políticas de la era de Stalin por deformar la creación 'única' de Lenin de un Estado federal en el que se habían garantizado derechos culturales y nacionales a los pueblos a los que el zarismo se los había negado. Gorbachov aseguró que iba a reinstaurar la política de las nacionalidades de Lenin, incluyendo el derecho básico a la "autodeterminación". Sin embargo, Gorbachov declaró que sería simplista describir la autodeterminación simplemente como el derecho a secesión (un derecho que ya estaba "garantizado" teóricamente a las repúblicas por la constitución soviética de 1977). Lo describió más en términos de un "proceso de afirmación de la dignidad nacional, desarrollando el lenguaje y la cultura, consolidando la independencia política y progresando social y económicamente".

Gorbachov advirtió: "Hay que tener en cuenta que más de 60 millones de personas (el 21% de la población total) vive fuera de sus repúblicas nacionales como consecuencia de procesos económicos, sociales y demográficos y la migración interétnica. Naturalmente es imposible resolver ningún problema sin tener en cuenta los intereses legítimos y los derechos de los conciudadanos". En la práctica, la línea de Gorbachov no tenía nada que ver con la de Lenin. Simplemente se hacía eco de la posición oportunista de Otto Bauer y de los "austro-marxistas" que, antes de la Primera Guerra Mundial, defendían la consigna de la "autonomía nacional-cultural" como una alternativa a la política de Lenin del derecho a la autodeterminación. En realidad lo que hacía falta era una unión auténticamente voluntaria. Pero eso sólo es posible en un régimen de democracia obrera.

Con la ralentización de la economía y la profundización de la crisis del estalinismo, junto a las "reformas" de Gorbachov, que levantaron parcialmente el control burocrático central, se liberaron inevitablemente tendencias centrífugas de enorme fuerza, haciendo pedazos la vieja Unión Soviética y abriendo un periodo de turbulencia étnica y nacional. Para defender sus propios intereses, las burocracias locales provocaron algunos de estos conflictos, basándose en el nacionalismo para asegurar su independencia de Moscú. La ruptura de las repúblicas bálticas dio luz verde a otras. Una a una, las repúblicas se fueron declarando a favor de la independencia.

Disminuido el miedo a la represión, la crisis del estalinismo llevó rápidamente a la ruptura de la URSS en diciembre de 1990. La velocidad con la que esto ocurrió es prueba suficiente de la falta de base de la vieja relación. Este era el castigo final por décadas de opresión nacional por parte de la burocracia moscovita. Mientras que la cuidadosa política de Lenin sobre la cuestión nacional resultó en la adhesión de casi todas las nacionalidades oprimidas a la revolución, Stalin y sus sucesores consiguieron todo lo contrario. En cuanto tuvieron la oportunidad, abandonaron la Unión.

El movimiento hacia el capitalismo y el desencadenamiento de todas las tensiones acumuladas preparó el camino para sangrientos. Sólo recientemente, después de cinco años de convulsiones y ocupación rusa, se ha declarado una tregua en el conflicto entre Azerbayán y Armenia sobre el enclave de Nagorno-Karabaj. Las burocracias armenia y azerí están preocupadas por su propio poder, prestigio y privilegios, y no por los pueblos de ambas zonas. La burocracia azerí negó los derechos lingüísticos a la mayoría armenia cuando controlaba el enclave e instigó prógromos contra los armenios en Sumgait y Bakú.

Pero el conflicto entre azeríes y armenios no tiene nada de inevitable. Después de la Revolución se establecieron buenas relaciones entre los dos pueblos. Tanto era así que cuando en 1923 el dirigente del PC azerí ofreció el retorno de Nagorno-Karabaj a Armenia, la oferta fue declinada. El tema parecía irrelevante. Sólo después de décadas de desgobierno, cuando cada burocracia local intentó fortalecer sus posiciones apelando a los sentimientos nacionalistas de las capas más atrasadas de la población, se sentaron las bases para una vuelta de los viejos demonios.

Ha habido acontecimientos explosivos en Moldavia, Georgia y Chechenia que el gobierno ruso ha sido incapaz de resolver ni siquiera por la fuerza. Es más, la ruptura de la URSS dio lugar a problemas económicos agudos, dada la interdependencia extrema de todas las repúblicas después de décadas de economía planificada centralizada. Como consecuencia, existen tendencias centrífugas, pero también centrípetas. Sólo Ucrania tiene una cierta base económica para la independencia, pero incluso en este caso su economía sigue estando vinculada por miles de lazos a la de su poderoso vecino.

Décadas de represión estalinista han provocado una urgencia por parte de los diferentes pueblos por librarse del yugo de Moscú, pero tal y como remarcó Gorbachov, la población de todas las repúblicas está mezclada. Los chovinistas de cada república muestran la intolerancia más brutal hacia las minorías nacionales en sus propios países, que, a su vez, están aterrorizadas de convertirse en minorías oprimidas en las nuevas pequeñas repúblicas "independientes". Los nacionalistas bálticos combinan una actitud chovinista ruin hacia los rusos, polacos y otras nacionalidades con el servilismo más obsequioso hacia el imperialismo occidental. Incluso les han negado el derecho a voto a los no bálticos. Estos países bálticos "independientes" eran semicolonias de Gran Bretaña en el periodo de entreguerras, antes de caer bajo el control de la Alemania nazi. Sus economías estaban vinculadas a las de Rusia y el Comecon. Debido a la Política Agrícola Común (PAC) sería muy difícil para ellas exportar a la UE. En el terreno industrial, no serán capaces de competir con Occidente. Su independencia nominal, como demostraremos, es una ilusión y un engaño.

La experiencia ha demostrado que la ruptura de la URSS, en la que las economías de todas las repúblicas estaban vinculadas, significa un desastre para todos los pueblos. La situación no es viable. Más pronto o más tarde, de una u otra manera, se reunificarán con Rusia. Si esto se hace sobre bases capitalistas, la opresión nacional se verá enormemente intensificada en lo que será una relación imperialista. Pero la experiencia de su "independencia" ha sido tan desastrosa que incluso una parte importante de la población de Ucrania, a regañadientes, probablemente preferirían volver atrás. Sólo un régimen de democracia obrera garantizaría una auténtica libertad para todas las repúblicas en una federación libre con un plan de producción común, en el que el control estaría en manos de los trabajadores, con la mayor autonomía y una garantía del derecho de autodeterminación.


24 The Observer, 30/3/86
25 Financial Times, 27/3/86, énfasis del autor



capítulo IX: El colapso del estalinismo
apartado.- Planes para la restauración capitalista