RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VIII- De la política exterior a la cuestión nacional

 

El flagelo del antisemitismo

La Rusia zarista era la tierra del prógromo y el knut. Aplicaba un sistema brutal de opresión nacional, que se ensañaba especialmente con los judíos. Esta persecución siempre había empujado a un sector de la juventud judía, que rechazaba el sionismo, hacia el marxismo revolucionario: Trotsky, Zinóviev, Kámenev, Rosa Luxemburgo, Radek y muchos otros. Veían la revolución socialista como la única manera de abolir el antisemitismo y asegurar un futuro para el pueblo judío. La revolución dio a los judíos todo los que se les había negado: plenitud de derechos, un status igual al del resto de la población y la perspectiva de poner sus considerables talentos al servicio de la creación de una vida nueva y mejor para todos. El zarismo había excluido a los judíos. El bolchevismo les ofrecía la oportunidad de integrarse sobre la base de una completa igualdad. La aplastante mayoría lo aceptaron. Sin embargo, incluso en este caso Lenin mostró gran flexibilidad. Aunque los judíos no eran estrictamente una nación (Lenin los había caracterizado como una casta especial oprimida), sin embargo, se les ofreció el derecho de formar su propia patria en un territorio aparte (Birobidzhán), aunque muy pocos mostraron interés.

La Revolución de Octubre había atraído a los elementos más avanzados y de más talento de entre la población judía de Rusia y sus alrededores. Muchos se unieron al Partido Comunista y jugaron un papel destacado. Un caso ejemplar fue el polaco Leopold Trepper, que más tarde dirigió la famosa Orquesta Roja, la organización de agentes soviéticos que jugó un papel heroico en el corazón del Tercer Reich. En su destacable autobiografía, Trepper escribe:

"Llegué a ser comunista porque era judío. Ya cuando entré en contacto con los obreros de Dombrova pude medir la amplitud de la explotación capitalista. Más tarde, descubrí en el marxismo la respuesta definitiva a la cuestión judía, que venía obsesionándome desde la infancia. Creía, pues, que sólo una sociedad socialista podía terminar con el racismo y el antisemitismo y permitir el pleno desarrollo cultural de la comunidad judía"(20). Estos sentimientos eran típicos de toda una generación de combatientes de clase judíos.

La reacción siempre trató de azuzar el antisemitismo y utilizar a los judíos como cabezas de turco. La misma idea de tolerar manifestaciones antisemitas en el partido de Lenin hubiera sido un anatema. Esta basura era el arma habitual de la reacción blanca. En la guerra civil era común acusar los dirigentes bolcheviques de ser judíos (incluido Lenin). Pero el antisemitismo no levantó cabeza dentro del Partido Comunista hasta la reacción estalinista contra Octubre. Stalin utilizó el antisemitismo en su lucha contra sus opositores políticos. El 4 de marzo de 1926, Trotsky escribió una carta a Bujarin protestando porque en una célula del partido se habían puesto en circulación rumores de que "los judíos están armando follón en el Politburó"(21). Atacando a la Oposición en 1927, Stalin dijo que se oponía a Trotsky y a Zinóviev no porque fueran judíos, sino porque eran oposicionistas. Era una señal disimulada a sus seguidores, que no tardaron en aplicarla.

El sionismo había tenido muy poco apoyo entre los judíos rusos, que veían en la Revolución de Octubre la solución a sus problemas. Pero mientras que Octubre les dio igualdad y libertad plenas, el estalinismo intensificó su discriminación basándose en los prejuicios seculares de los sectores más atrasados de la población. El hecho de que se disfrazase superficialmente el antisemitismo con palabras clave como "cosmopolitas sin raíces" y más tarde "sionistas" no cambiaba la esencia del asunto. Regularmente se lanzaban campañas antisemitas públicamente, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, culminando con la infame conspiración de los médicos, que llevó a la reivindicación del derecho a abandonar la URSS, especialmente después de la creación del Estado de Israel en 1948.

Después del 20º Congreso, se envió a la URSS una delegación del PC británico para investigar las acusaciones de antisemitismo. Sus conclusiones fueron publicadas en un informe que revela la atmósfera de antisemitismo abierto y encubierto en la Rusia estalinista:

"La Enciclopedia Soviética, que en su edición de 1932 dedicaba unas 160 columnas a los judíos, reduce este espacio a cuatro columnas en la edición de 1952. Las biografías de muchos judíos eminentes han sido eliminadas. Ya no se menciona que Marx era judío. Entonces descubrimos, por conversaciones privadas del camarada Levy con judíos, que los años 1948-52 eran conocidos entre ellos como 'los años negros', el periodo en el que muchos judíos fueron cesados de sus cargos, escritores y poetas judíos fueron detenidos y acusados de traición y ejecutados (...)

"Los que fueron detenidos y acusados en secreto eran trabajadores de la cultura o políticos destacados. Poco después de su detención los familiares inmediatos del hombre detenido eran deportados a algún sitio lejano, y normalmente con salarios bajos. Finalmente el marido era fusilado, quizás después de ser torturado, para intentar obligarle a confesar o incriminar a otros. De esta manera, prácticamente todo el Comité Judío Antifascista fue liquidado"(22).

Al igual que bajo el zarismo, el régimen recurrió al antisemitismo para desviar la atención sobre los problemas internos. Después de las victorias israelíes de 1967 hubo una explosión de antisemitismo, que adoptó la forma de campaña contra el sionismo. Incluso si hubiera habido un aumento del sionismo, nunca se podría combatir con métodos administrativos. Los ideales sionistas sólo dejarían de tener atracción en la medida en que los judíos se sintieran seguros en la URSS.

La urgencia por emigrar era claramente un reflejo de la incapacidad del estalinismo de satisfacer las aspiraciones de los judíos. La emigración se convirtió en una inundación en 1971, después del inicio de una détente debido a los grupos de presión judíos en EEUU. En los años 70, más de 200.000 judíos abandonaron la URSS. La población judía en la URSS cayó de 2.151.000 en 1970 a 1.449.000 en 1989. El que un sector prefiriera probar suerte en Israel antes que quedarse en su país es una condena monumental del régimen estalinista. Esto contrasta con el hecho de que sólo un número insignificante de judíos decidieran emigrar después de 1917, a pesar de las espantosas condiciones existentes y de la ausencia de obstáculos legales para irse.

Octubre ofreció esperanza a los judíos y a todos los pueblos anteriormente oprimidos. Esa esperanza fue vergonzosamente traicionada por el estalinismo. La cuestión judía sólo se puede solucionar a través de la revolución socialista. El Estado de Israel no puede resolver este asunto. Tal y como Trotsky predijo un mes antes de su asesinato en agosto de 1940: "El desarrollo futuro de los acontecimientos militares podría transformar a Palestina en una trampa sangrienta para varios cientos de miles de judíos. Nunca ha estado tan claro como hoy que la salvación del pueblo judío está vinculada inseparablemente al derrocamiento del sistema capitalista"(23).


20 L. Trepper, El gran juego, p.80
21 Citado en D. Volkogonov, Trotsky, p. 281
22 World News, semanario del PCGB, 12/1/57
23 L. Trotsky, On the Jewish Question, p. 12 (*)

* Por supuesto que la situación ha cambiado, hasta cierto punto, desde que Trotsky escribió estas líneas. Medio siglo más tarde, seis millones de judíos viven en Israel, que ahora es la potencia militar más fuerte de Oriente Medio. Pero esto no invalida en absoluto el análisis de Trotsky. Para empezar, Israel, la supuesta tierra prometida de paz y abundancia, se ha convertido en la práctica en una trampa sangrienta para el pueblo judío. Testimonio de ellos son cuatro terribles guerras y guerras incluso más terribles en preparación. Es más, Israel existe porque EEUU necesita un bastión de confianza en Oriente Medio. Sobrevive solamente gracias al enorme gasto armamentista, subvencionado y avalado por Washington. Sin embargo, puede ser que la situación no sea así siempre. El futuro del pueblo de Israel, sin una revolución socialista en Oriente Medio, será siempre una pesadilla terrible. Esto demuestra que los problemas del pueblo judío tampoco han encontrado una solución bajo el capitalismo.



capítulo VIII: De la política exterior a la cuestión nacional
apartado.- La 'independencia' no es ninguna solución