RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VIII- De la política exterior a la cuestión nacional

 

La cuestión nacional y el estalinismo

La revolución jugó un papel enormemente progresista en el despertar del orgullo nacional. El zarismo, que había esclavizado a los pueblos del imperio, dejó paso a la promoción de la libertad nacional y el fortalecimiento de la cultura. Se formaron naciones a partir de razas y tribus. Se inventaron (cuando no existían) o sustituyeron (si utilizaban la escritura aristocrática asiática) alfabetos para la mayoría de las lenguas habladas en la URSS. Cuarenta y ocho lenguas aparecieron en forma escrita por vez primera, incluidas las de los uzbekos, turkmenos, kirguizes y karakalpakes de Asia Central. Lo mismo con los moldavos, chechenos e ingushes. En Bashkiria se creó una lengua bashkir a partir del tártaro y fue declarada lengua oficial del Estado. Después de la revolución generalmente se mencionaba Asia Central como Turquestán, aunque en esa zona se crearon naciones diferentes con sus propias lenguas separadas. Esto llevó a un auge rápido en la conciencia nacional y la comunicación escrita entre pueblos por primera vez.

En 1933, el 37,5% de todos los periódicos soviéticos se escribían en lenguas diferentes del ruso. Antes de 1917 no había escuelas que enseñasen en ucraniano o bielorruso, pero en 1927 más del 90% de la enseñanza en estas nacionalidades se daba en su lengua materna. Lo mismo se aplicaba a otras repúblicas. En 1935, la educación primaria se daba en ochenta lenguas diferentes en la RSFSR, un enorme paso hacia delante. Pero la cuestión nacional todavía no se había resuelto. El régimen burocrático totalitario de Moscú no podía tolerar la menor manifestación de independencia. En una violación abierta de todos los principios del leninismo, se volvió a los viejos métodos zaristas.

Stalin suprimió la menor desviación "nacionalista". Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial Stalin desterró naciones enteras con el pretexto de supuesta colaboración con los nazis. La culpa colectiva era la norma. Esto les sucedió a los chechenos, los ingushes y los tártaros de Crimea. Tal y como Kruschev reveló en 1956:

"Los actos más monstruosos son aquellos iniciados por Stalin que son violaciones groseras de los principios leninistas básicos de la política nacional del Estado soviético. Nos referimos a las deportaciones masivas de sus lugares de nacimiento de naciones enteras con sus partidos y juventudes comunistas sin excepción (...) Así, ya a finales de 1943 (...) se tomó y ejecutó la decisión en relación a la deportación de todos los karachai de las tierras en las que vivían.

"En el mismo periodo, a finales de diciembre de 1943, la misma suerte le correspondió a toda la población de la República Autónoma Kalmyk. En marzo de 1944, todos los pueblos chechenos-ingushes fueron deportados y la República Autónoma de Chechenia-Ingushetia fue liquidada. En abril de 1944 todos los balkares fueron deportados a sitios muy alejados de la República Autónoma de Kabardino-Balkaria y la propia república cambió su nombre por el de República Autónoma de Kabardina. Los ucranianos se libraron de este destino porque eran demasiados y no había ningún sitio adonde deportarlos. De no haber sido así, él [Stalin] también los hubiera deportado"(18).

Estos crímenes y otras medidas similares contra las repúblicas fueron acumulando un resentimiento y una hostilidad enormes contra el régimen de Moscú. El elemento de chovinismo gran ruso contra el que Lenin había luchado toda su vida estaba desenfrenado en el régimen de Stalin, potenciado por el "jefe" en persona. Aunque el propio Stalin era un georgiano que hablaba ruso con un fuerte acento, era un ferviente defensor del chovinismo gran ruso. Esta es la regla general con los miembros de naciones oprimidas que llegan al poder en el gobierno de la nación opresora. El propio Napoleón Bonaparte era corso, pero igualmente se convirtió en un defensor entusiasta del imperialismo francés y la centralización. Inmediatamente después de la guerra, Stalin hizo el siguiente discurso:

"Dejadme proponer otro brindis más. Me gustaría proponer un brindis a la salud de nuestro pueblo soviético, y especialmente al pueblo ruso. Bebo a la salud del pueblo ruso porque es el sector más destacado entre todas las naciones de la Unión Soviética. Hago este brindis porque no sólo la nación rusa es la nación dirigente, sino que su pueblo tiene una inteligencia aguda, carácter y perseverancia"(19).

Este tipo de discurso hubiera sido impensable en vida de Lenin. El chovinismo gran ruso en todas sus manifestaciones causó un daño colosal, minando el espíritu de solidaridad fraternal establecido por Octubre y provocando un hondo resentimiento entre las otras nacionalidades, que se sentían como ciudadanos de segunda categoría. Estos sentimientos permanecieron en gran medida debajo de la superficie mientras la economía soviética estaba en auge. La crisis del estalinismo actuó como un detonante de estos sentimientos explosivos que, a su vez, condujeron a la ruptura de la URSS. La política del estalinismo en la cuestión nacional se derivaba inevitablemente del carácter totalitario del régimen y de la concentración burocrática del poder en Moscú.

Después de la muerte de Stalin, Kruschev intentó poner todos los crímenes del pasado sobre los hombros de Stalin. Aunque se iniciaron reformas para eliminar los peores rasgos del estalinismo, la opresión nacional, aunque de una manera más suave, seguía presente. Su manifestación más escandalosa era el antisemitismo propugnado por el régimen bajo el disfraz de antisionismo.


18 Discurso secreto de Kruschev al 20º congreso del PCUS, 24-25 de febrero de 1956. Citado en The Moscow Trials. An Antology, p. 32
19 A. Nove, Stalinism and After, p. 169



capítulo VIII: De la política exterior a la cuestión nacional
apartado.- El flagelo del antisemitismo