|
RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
VIII- De la política exterior a la cuestión nacional |
La cuestión nacional y Octubre
"La opresión nacional en Rusia era infinitamente más brutal que en los Estados vecinos, no sólo en la frontera occidental, sino incluso en la frontera oriental", explica Trotsky. "El gran número de naciones lesionadas en sus derechos y la gravedad de su situación jurídica daban una fuerza explosiva enorme al problema nacional en la Rusia zarista"(7).
La Rusia zarista era una prisión para las nacionalidades. Una de las claves del éxito de la revolución bolchevique fue su política sobre la cuestión nacional. Lenin se dio cuenta de que la única manera de construir una nueva federación socialista era sobre la base de la igualdad completa de las minorías nacionales que formaban Rusia. No podía haber ningún tipo de coacción de una nación sobre otra. Sólo se podía establecer una república socialista como una unión voluntaria de nacionalidades. En consecuencia, el derecho de las nacionalidades a la autodeterminación estaba grabado en la bandera del partido y de la joven república soviética, incluyendo el derecho a la secesión en un caso extremo.
Lenin defendía la unidad de los pueblos del antiguo imperio zarista, pero tenía que ser una unidad voluntaria. Por eso insistió desde el principio en el derecho a la autodeterminación. Esta idea frecuentemente se malinterpreta como una exigencia de separación, pero eso es totalmente incorrecto. Los bolcheviques no estaban a favor de la separación, pero defendían la extensión más amplia posible del derecho a la autodeterminación, hasta e incluyendo la separación. Nadie tiene el derecho a obligar a un pueblo a vivir dentro de los confines de un Estado cuando la mayoría no lo desea. Pero el derecho de autodeterminación no implica la reivindicación de la separación, de la misma manera que el derecho al divorcio no significa que todas las parejas tengan que separarse, o que el derecho al aborto no significa que haya que poner fin a todos los embarazos. Como Trotsky explica en su Historia de la Revolución rusa:
"Con ello, el partido bolchevique no se comprometía de ningún modo a hacer propaganda separatista. A lo único que se comprometía era a luchar con intransigencia contra todo tipo de opresión nacional, incluyendo la retención por la fuerza de cualquier nacionalidad en los límites de un Estado común. Sólo por este camino el proletariado ruso pudo conquistar gradualmente la confianza de las nacionalidades oprimidas"(8).
Por otra parte, los bolcheviques se oponían implacablemente al nacionalismo burgués, que trataba de dividir a la clase obrera. Los bolcheviques defendían la unidad de todos los obreros en una sola organización, independientemente de su nacionalidad, raza o religión. "Una organización revolucionaria no es el prototipo del Estado futuro, es únicamente el instrumento para crearlo. La herramienta debe ser adecuada para la fabricación de producto, pero de ningún modo debe asimilarse a él"(9).
En su libro Stalin, Trotsky explicó que "la segregación de diferentes porciones nacionalistas de la humanidad nunca fue nuestra intención. Es cierto que el bolchevismo insistía en que todas las naciones tenían el derecho de secesión el derecho, pero no el deber como garantía última más efectiva contra la opresión. Pero la idea de preservar artificialmente idiosincrasias nacionales era profundamente ajena al bolchevismo. La eliminación de toda opresión o indignidad nacional, incluso disfrazada, incluso la más refinada e 'imponderable', tiene que ser utilizada para la unificación revolucionaria, y no para la segregación de los obreros de diferentes nacionalidades. Donde existen privilegios e injurias nacionales, las naciones tienen que tener la posibilidad de separarse las unas de las otras, de tal manera que se pueda facilitar la unificación de los obreros, en el nombre de un mayor acercamiento de las naciones, con la perspectiva distante de la eventual fusión completa de todos. Esa era la tendencia básica del bolchevismo, que reveló su fuerza plenamente en la Revolución de Octubre"(10). Este era el concepto dialéctico que podía sentar las bases para resolver la cuestión nacional.
Los problemas nacionales eran un residuo de la revolución democrático-burguesa. El capitalismo en su declive exacerbó estos problemas. Sólo la revolución socialista podía resolverlos y proporcionar una auténtica igualdad entre las naciones. Cuando los bolcheviques llegaron al poder, el viejo imperio zarista estaba en proceso de desintegración rápida. La república soviética sólo podía reconstruir la unidad de los pueblos, en palabras de Lenin, "no por la fuerza, sino por un acuerdo voluntario". Esto constituía una ruptura completa con el nacionalismo gran ruso del pasado. La doctrina bolchevique de la autodeterminación nacional se aplicó en primer lugar a las condiciones concretas de la guerra, cuando los sóviets hicieron un llamamiento a una paz "sin anexiones". La liberación social y la autodeterminación se convirtieron en puntos cardinales.
El derecho de autodeterminación era una parte importante del programa de Lenin, en la medida en que demostraba claramente a los obreros y campesinos (especialmente a éstos) oprimidos de Polonia, Georgia, Letonia y Ucrania que los obreros rusos no tenían ningún interés en oprimirles y que defenderían firmemente su derecho a decidir su propio destino. Pero esto sólo era la mitad del programa de Lenin sobre la cuestión nacional. La otra mitad era igualmente importante: la necesidad de mantener la unión del proletariado por encima de todas las diferencias nacionales, lingüísticas o religiosas. Por lo que se refiere al partido bolchevique, Lenin siempre se opuso a cualquier tendencia a dividir el partido (y el movimiento obrero en general) por nacionalidades.
Después de la revolución, Lenin pensaba que podría haber una unión fraternal y voluntaria de los pueblos del antiguo imperio zarista en forma de una Federación Soviética. Con este fin, exigió que se tratase a todas las nacionalidades con una extrema sensibilidad. Había que eliminar toda manifestación de chovinismo gran ruso. De hecho, durante algún tiempo después de Octubre, la palabra Rusia desapareció completamente de los documentos oficiales. El nombre oficial de la tierra de Octubre era simplemente "el Estado obrero".
A pesar de las necesidades militares y estratégicas de la guerra civil, los bolcheviques aplicaron sin reservas el derecho de autodeterminación. En 1918 aceptaron la separación de Finlandia y Polonia. En Estonia, Letonia y Lituania se reconocieron repúblicas soviéticas independientes en 1918, pero fueron derrocadas con el apoyo de los británicos, tras lo que en 1920 fueron reconocidas como repúblicas burguesas independientes. En Georgia, se reconoció una república burguesa en 1920 y una república soviética en 1921. Sólo cuando se puso en peligro la propia supervivencia del régimen soviético se transgredió este principio. Como explicó Trotsky: "En Brest-Litovsk, el gobierno soviético sacrificó la independencia nacional de Ucrania a fin de salvar al Estado obrero. Nadie podía hablar de traición hacia Ucrania, pues todo obrero con conciencia de clase entendió el carácter obligado de este sacrificio"(11). La intervención soviética en Ucrania en 1919 y de nuevo en 1920 fue una medida de autodefensa contra un gobierno que había invocado la intervención extranjera. Lo mismo era cierto en el Bajo Volga, Asia Central y Georgia.
La derrota de los ejércitos blancos y la subsiguiente retirada de las fuerzas británicas, japonesas y francesas llevó a la recuperación de territorio y el establecimiento dentro de la República Socialista Federal Soviética Rusa (RSFSR) de numerosas regiones y repúblicas autónomas. El principio de independencia o autonomía se había extendido al conjunto del antiguo imperio ruso. La RSFSR era una unión laxa basada en tratados bilaterales entre la Federación y las repúblicas de Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Azerbayán y Armenia. En 1922, Stalin, comisario de Nacionalidades, fue el responsable de normalizar las relaciones entre las repúblicas. Finalmente, el 30 de diciembre de 1922, la federación evolucionó hacia una Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, una unión de socios iguales. Los asuntos exteriores, defensa, comercio exterior, comunicaciones y correos y telégrafos caían dentro de la responsabilidad exclusiva del gobierno central de la URSS. Según la declaración: "Finalmente, la estructura del poder soviético, que es internacional por su carácter de clase, conduce a las masas trabajadoras de las repúblicas soviéticas por el camino de la unión en una sola familia socialista.
"Todas estas circunstancias exigen imperativamente la unificación de las repúblicas soviéticas en una sola unión capaz de garantizar la seguridad externa, el progreso económico interno y la libertad de desarrollo nacional para los pueblos"(12).
Sin embargo, el estalinismo, un régimen de centralismo burocrático, entró en conflicto con las aspiraciones de las minorías nacionales. Ya en 1922 Lenin se enfrentó con Stalin como resultado de su actitud altanera al tratar con las minorías nacionales. Stalin estaba intentando aplastar la oposición de los bolcheviques georgianos a sus planes para la Federación. Lenin escribió al Politburó en septiembre de 1922 sobre el tratamiento dado por Stalin a las relaciones de la república con la RSFSR: "En mi opinión, la cuestión es de importancia cardinal, Stalin tiene demasiada prisa"(13). Una semana más tarde, Lenin escribió a Kámenev: "declaro la guerra a muerte al chovinismo gran ruso"(14). Al mes siguiente escribe: "Me parece que en esto han tenido un efecto fatal la precipitación y las aficiones administrativas de Stalin, así como su enconamiento contra el decantado "socialnacionalismo". Por lo común, el enconamiento desempeña siempre en política el peor papel". En una andanada contra Stalin, Lenin advirtió contra "el ruso genuino, el patriotero, miserable en el fondo y dado a la violencia, como es el típico burócrata ruso". Y continuaba: "No cabe duda de que el insignificante porcentaje de obreros soviéticos y sovietizados se hundiría en este mar de inmundicia chovinista rusa como las moscas en la leche". Y concluía: "La responsabilidad política por toda esta campaña de verdadero nacionalismo ruso debe hacerse recaer, como es natural, en Stalin y Dzerzhinski"(15). Lenin había sufrido ya dos ataques graves y se daba cuenta que podía morir en cualquier momento. Mientras estaba enfermo, insistió en dictar una carta a Krupskaia para Trotsky felicitándole por haber triunfado "sin que se haya asestado un solo golpe" en la discusión en el Comité Central sobre el monopolio del comercio exterior. Stalin se enteró y llamó a Krupskaia, insultándola, una conducta sin precedentes en un dirigente bolchevique.
Al día siguiente, el 23 de diciembre de 1922, profundamente afectada, Krupskaia escribió a Kámenev: "Stalin me sometió ayer a una tormenta de los insultos más groseros sobre una breve nota que Lenin me había dictado, con permiso de los médicos. No entré en el partido ayer. En estos 30 años no he oído una sola grosería de ningún compañero. Los intereses del partido y de Illyich no son menos importantes para mí que para Stalin. En ese momento necesito todo el autocontrol que pueda reunir...". Krupskaia pide (son los editores los que resumen sin citar) protección de "esta interferencia grosera en su vida privada, insultos y amenazas indignos"(16).
El 30 de diciembre de 1922, Lenin escribió: "Si las cosas tomaron tal cariz (...) podemos imaginarnos en que ciénaga hemos caído". Lenin intercambió cartas con Trotsky y le confió la defensa de su causa común. El 5 de marzo escribió a Trotsky pidiéndole que se encargara de la defensa del caso georgiano contra Stalin. En su Testamento, que dictó con gran esfuerzo, llama al cese de Stalin como secretario general. Este fue el último acto político de Lenin.
La cuestión nacional requiere una gran sensibilidad, incompatible con la altanería burocrática. "Las necesidades culturales de las naciones, despertadas por la revolución, exigen la más amplia autonomía", explicó Trotsky. "Pero la economía sólo puede desarrollarse satisfactoriamente si todas las partes de la Unión se someten a un plan centralizado de conjunto. La economía y la cultura no están separadas por murallas; sucede, pues, que las tendencias a la autonomía cultural y a la centralización económica se ponen en conflicto. Sin embargo, no hay entre ellas antagonismo irreductible.
"Si para resolver este conflicto no tenemos ni podemos tener una fórmula ya hecha, la voluntad de las masas interesadas existe, y sólo su participación efectiva en la decisión cotidiana de su propio destino puede, en cada etapa dada, trazar el límite entre las reivindicaciones legítimas de la centralización económica y las exigencias vitales de las culturas nacionales. Toda la desgracia viene de que la voluntad de la población de la URSS, encarnada por sus diversos elementos nacionales, está falsificada completamente por la burocracia, que sólo considera la economía y la cultura desde el ángulo de los intereses específicos de la capa dirigente y de sus facilidades de gobierno"(17).
7 Trotsky, Historia de la
Revolución rusa, t. 3, p. 142
8 Ibid., t. 3, p. 142
9 Ibid., t. 3, p. 143
10 Trotsky, Stalin, vol. 1, p. 232
11 Trotsky, En defensa del marxismo, p. 89
12 Citado por E. H. Carr, The Bolshevik Revolution, vol. 1, p. 401
13 Lenin, Obras Completas, edición rusa, vol. 45, p. 211,
14 Ibid., vol. 45, p. 214
15 Lenin, Contribución al problema de las naciones o sobre la
'autonomización', p. 18-23
16 Archivos Centrales del PCUS en el Instituto de Marxismo-Leninismo, Lenin,
Obras Escogidas, edición rusa, vol. 54, pp. 674-5
17 Trotsky, La revolución traicionada, p. 164-5
capítulo VIII: De la política exterior a la cuestión nacional
apartado.- La cuestión nacional y el estalinismo