RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VIII- De la política exterior a la cuestión nacional

 

Checoslovaquia, Rumanía y Hungría

Los obreros checos habían dado la bienvenida con entusiasmo a la toma del poder por parte del PC en 1948. Los estalinistas checos estaban tan confiados que incluso armaron a los obreros, aunque pronto recogieron las armas de nuevo. Pero la experiencia del dominio estalinista pronto provocó desilusión. Checoslovaquia era el único país de Europa del Este con una economía desarrollada en aquel entonces. Con una clase obrera educada y una fuerte base industrial, consiguió resultados mejores que los demás regímenes y los niveles de vida también eran más altos. Pero el descontento contra el régimen burocrático se vio enormemente exacerbado por la invasión rusa de 1968, que aplastó el tímido intento de Alexander Dubcek y el ala liberal de la burocracia checa de llevar a cabo algunas reformas limitadas. El comportamiento brutal de la burocracia rusa empujó a un sector importante de la juventud a la oposición. Los tanques rusos fueron recibidos con gritos de "¡Despierta, Lenin!; Breznev se ha vuelto loco!". El sentimiento de amargura y frustración acumulado surgió a la superficie en cuanto se aflojó la presión.

Las manifestaciones de masas en la vecina Alemania del Este y la caída del Muro de Berlín dieron un ímpetu enorme al movimiento en Checoslovaquia, donde fue incluso más lejos: estalló una huelga general. En todo el país se produjeron manifestaciones de masas. El intento del gobierno estalinista de aplastar el movimiento fracasó. El 24 de noviembre de 1989, 250.000 personas se concentraron en la plaza de Wenceslao. Dos días más tarde la multitud alcanzó las 500.000 personas. Esto obligó a Milos Jakes a dimitir como secretario general del PC.

Presionado por Moscú, el gobierno de Praga entró en negociaciones con el Foro Cívico. El 27 de noviembre hubo una huelga general de dos horas que consiguió el apoyo de millones de personas, la primera en Checoslovaquia desde hacía 40 años. Los estalinistas se vieron obligados a capitular enfrentados a este maremoto de oposición y abolieron el "papel dirigente" del Partido, garantizado en la Constitución incluso antes que en Alemania del Este y Bulgaria. Los dirigentes del PC, que habían sido "elegidos" por los tanques rusos en 1968, se vieron obligados a condenar retrospectivamente la invasión de Checoslovaquia por parte del Pacto de Varsovia. Intentaron salvarse mediante un nuevo gobierno con una mayoría de no comunistas. Era una retirada humillante en un intento de salvar el pellejo. En diciembre, el presidente Husak dimitió, y el antiguo disidente pro-burgués Vlaclav Havel fue su sustituto. Al igual que en Alemania del Este, la revolución política estaba implícita en la situación, pero fue descarrilada por ausencia del factor subjetivo.

El gobierno pro-burgués del Foro Cívico anunció que iba a introducir la primera fase de la economía de mercado el 1 de enero de 1991, incluyendo un aumento de los precios de la energía del 390%. El ministro de Economía, el thatcherista Vaclav Klaus, planificó la venta de más de 100.000 tiendas estatales en los siguientes dos o tres años. Se subastaron 80.000 pequeñas propiedades estatales, a las que iban a seguir las grandes empresas. Pero según el Financial Times (12/11/90), la "privatización a gran escala bajo la Ley de Transformación va a ser bastante más complicada". ¡Para crear este "capitalismo popular", se entregaron vales a todos los ciudadanos! Triska, el ministro responsable de las privatizaciones, reconoció, sin embargo, que no esperaba ninguna demanda extraordinaria para comprar empresas. ¡Aunque sólo fuera porque se esperaba que muchas de ellas no iban a sobrevivir!

En Checoslovaquia, el miedo a un levantamiento masivo contra las nuevas medidas de austeridad de año nuevo puso nervioso al gobierno. Klaus advirtió: "Estoy realmente asustado de que Checoslovaquia no vaya a superar el periodo de transición a partir del 1 de enero (...) en Checoslovaquia todavía vivimos en el filo de la navaja". El creciente caos económico había provocado una ansiedad generalizada y unos buenos resultados para los estalinistas en las elecciones locales de noviembre. El destino de la República Checa está íntimamente conectado a su vínculo con Alemania. El imperialismo alemán fue el responsable de la división criminal de Checoslovaquia —que iba contra los intereses tanto de los checos como de los eslovacos y hubiera sido derrotada si se hubiera sometido a referéndum. Pero Klaus, el agente del imperialismo alemán en Praga, se aseguró que no se consultara a la gente.

En Rumanía, el movimiento fue mucho más allá, con el derrocamiento violento del régimen de Ceaucescu por un movimiento clásico de la clase obrera similar al de Hungría en 1956. Entre el 21 y el 25 de diciembre de 1989, el intento de Ceaucescu de aplacar a las masas con promesas de aumentos salariales fue recibido con desprecio. La concentración masiva a la que se estaba dirigiendo se convirtió en una protesta antigubernamental, rematando en violentos enfrentamientos con la Securitate (la policía secreta del régimen), que se extendieron a todo el país. Todo el sistema estaba al borde de la revolución. El estado de emergencia simplemente agravó la situación. Las masas asaltaron las emisoras de radio y TV, y Ceaucescu y su esposa se vieron obligados a escapar.

El ejército se pasó al lado de los obreros y ayudó a derrotar a la Securitate. Diez mil personas murieron durante el levantamiento. La oposición formó el Frente de Salvación Nacional (FSN). Los Ceaucescu fueron apresados y ejecutados. El poder estaba en manos de los obreros y, a través de ellos, del FSN, dirigido por Ion Illiescu. Era similar a la revolución de febrero de 1917 en Rusia. EL FSN formó un nuevo gobierno y aprobó una serie de decretos a finales de diciembre, con la promesa de elecciones libres en abril. Ante el horror de la burguesía occidental, el FSN ganó claramente las elecciones con un 66% de los votos y dos tercios de los escaños. Illiescu ganó la presidencia con un 86% de los votos. Los partidos abiertamente pro-burgueses fueron aplastados. El motivo es que los obreros rumanos habían hecho una revolución y su conciencia estaba determinada por este hecho.

Lo cierto es que, a pesar de que todos los partidos (incluyendo el FSN) aceptaban la idea de una economía de mercado, los dirigentes de la oposición Ratiu y Campeanu habían centrado su campaña electoral en una introducción rápida del capitalismo. Habían acusado a los dirigentes del Frente de "comunistas" y de ser poco sinceros y estar poco convencidos de las privatizaciones. No hay duda que el voto contra Ratiu y Campeanu era un voto contra el capitalismo. Los ex-estalinistas del Frente de Salvación Nacional consiguieron una victoria aplastante. Esto sin duda reflejaba un ambiente masivo contra el capitalismo entre los obreros y campesinos. Lo que querían era socialismo, pero no totalitarismo. En las fábricas había elementos de control obrero y muchas estaban dirigidas por comités obreros. Todos los viejos directores fueron purgados y se eligieron otros nuevos que gozaban de la confianza de los trabajadores. En muchas fábricas los obreros estaban armados y llegaban a las asambleas con los rifles al hombro. Los miembros de la Securitate y otros colaboradores del régimen de Ceaucescu fueron perseguidos y arrestados o asesinados. Todos los elementos de una revolución política estaban presentes, pero una vez más faltaba el factor subjetivo. No existía un partido revolucionario que diese una expresión consciente y organizada al movimiento de la clase obrera.

Bajo estas condiciones, los ex-estalinistas del FSN pudieron llenar el vacío existente y descarrilar el movimiento. Los obreros habían derrocado el viejo régimen, pero no podían recoger los frutos. Aunque demagógicamente defendían el "socialismo", los dirigentes del FSN en la práctica querían ir hacia el capitalismo, pero a un ritmo más lento que la oposición abiertamente burguesa. En palabras del primer ministro Petre Roman: "No hace mucho tiempo nuestra oposición nos dijo que nosotros nunca reformaríamos la economía rumana, que el gobierno quería hablar de reformas, pero que nunca cambiaría el viejo sistema (...) ya conocéis los argumentos (...) realmente todavía son comunistas. Bien, ¿quién puede decir eso ahora, cuando estamos dando pasos concretos para introducir la economía de mercado?"(6).

En Hungría, la escisión de la burocracia dio lugar a que el ala reformista abriese conversaciones con la oposición temiendo un desafío serio en las elecciones previstas para mayo de 1990. La dirección del Partido Obrero Socialista Húngaro (POSH) acordó un sistema electoral basado en elecciones libres y la legalización de los partidos de oposición. Al igual que en Alemania del Este, era un intento tardío de introducir reformas desde arriba para impedir la revolución desde abajo. También abrieron la puerta a la restauración capitalista mediante la introducción de una ley sobre asociaciones que, según el Financial Times (5/10/89), "crea un marco para un mercado de capital de estilo occidental y reaviva un tipo de compañías que no se habían visto desde antes de la toma de control por parte de los comunistas". Se legalizó la propiedad privada de acciones de empresas de hasta 500 trabajadores. La bolsa de Budapest había sido reactivada en julio de 1988, 40 años después de haber sido suspendida después de la nacionalización. Esto empezó el proceso de privatizaciones de bienes estatales, y en agosto ya se habían establecido 600 empresas conjuntas entre capital húngaro y capital extranjero. Gorbachov dio el visto bueno a estos movimientos en su reunión con el secretario del POSH Karoly Grosz.

En respuesta al establecimiento de los llamados sindicatos independientes, los sindicatos oficiales (SZOT) decidieron modificar sus estatutos para constituirse como una federación soberana. En octubre de 1989, el viejo POSH cambió su nombre por Partido Socialista Húngaro (PSH) para poder reformar su imagen y entró a dialogar con la oposición sobre las reformas constitucionales. Era una victoria para el ala pro-capitalista de Imre Pozsgay, que quería un partido socialdemócrata, más privatizaciones y una economía mixta. En noviembre, después de una purga, el PSH pidió la entrada en la Segunda Internacional. El resto formó una serie de grupos estalinistas.

Se introdujo una nueva constitución para permitir el libre funcionamiento de partidos de oposición. Se cambió el sistema electoral, prohibiendo en la práctica el funcionamiento de partidos políticos en las fábricas, y se disolvió la Guardia Obrera. Como consecuencia, hubo propuestas de ayuda de la UE y EEUU. Después de las elecciones generales, Josef Antall, del Foro Democrático, se convirtió en primer ministro. La privatización era la prioridad absoluta para el nuevo gobierno burgués. Antall tomó medidas para acelerar la privatización de la industria, empezando con 30 grandes entidades y unas 40.000 pequeñas compañías de servicios. También llegaron a un acuerdo con el FMI para recortar el déficit presupuestario y promover la economía de mercado.

El giro hacia la economía de mercado estaba "yendo rápidamente en las tiendas", informaba The Independent (28/11/90). "Los húngaros ya pagan precios casi occidentales por la comida y otros productos de primera necesidad, los salarios están congelados por el gobierno en niveles del Este europeo y un laberinto de regulaciones impide a las empresas occidentales invertir en Hungría". ¡Tolnay, presidente de la Cámara de Comercio, se vanagloriaba de que Hungría había ido más lejos en el camino hacia el capitalismo que ningún otro país de Europa del Este! Antall describió 1991 como el año clave para Hungría.

Sin embargo, las convulsiones del periodo de transición abrieron crisis y escisiones en el gobierno. Hubo enormes discusiones sobre la política económica. Al igual que en el resto de Europa del Este, la experiencia de la economía de mercado provocó rápidamente una reacción por parte de las masas húngaras. Ya en 1990, The Independent on Sunday se quejaba:

"El optimismo que siguió al derrocamiento del comunismo el año pasado ha sido sustituido por una comprensión sobria de los dolores de cabeza que les esperan en la construcción de democracias estables y economías de mercado".


6 Citado en Galloway y Wylie, Downfall. The Ceaucescus and the Romanian Revolution, p. 284



capítulo VIII: De la política exterior a la cuestión nacional
apartado.- La cuestión nacional y Octubre