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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
VIII- De la política exterior a la cuestión nacional |
Fermento en Alemania del Este
La mayoría de la gente no se da cuenta del hecho que, en un primer momento, el movimiento del proletariado en Alemania del Este no era en absoluto procapitalismo, sino que iba en dirección a la revolución política. Las primeras manifestaciones de masas de la clase obrera alemana eran a favor del derrocamiento de la burocracia y la introducción del socialismo democrático. El régimen de Honnecker se había adjudicado el 98,85% de los votos en las elecciones municipales de mayo de 1989. Sin embargo, durante los meses de agosto, septiembre y octubre, más de 30.000 alemanes del Este "votaron con sus pies", emigrando a Occidente. En octubre, las manifestaciones en Leipzig crecieron día a día hasta reunir a 300.000 personas. Esto exigía un gran valor. Los estalinistas podían haber recurrido a la violencia, a un escenario tipo Tiananmen, para mantenerse en el poder. De hecho lo valoraron seriamente, pero Gorbachov se dio cuenta de que eso provocaría una explosión que no se habría limitado a las fronteras de Alemania. ¡La RDA, con su poderoso proletariado, no era como China! De hecho, el régimen estaba paralizado en una agonía de indecisión.
El poder se encontraba realmente en las calles. Sintiendo la debilidad del régimen, el ambiente entre las masas se volvía más decidido cada hora que pasaba. La cantidad de gente en las manifestaciones se multiplicaba. En noviembre hubo una manifestación de medio millón de personas en Berlín Este. Siguiendo el consejo de Moscú, el partido comunista (SED) intentó introducir reformas desde arriba para evitar su derrocamiento. Honnecker fue sustituido por Egon Krenz y se formó un nuevo gobierno. Desgraciadamente, los dirigentes pequeñoburgueses confusos del Nuevo Foro, el mayor grupo de oposición, no sabían hacia dónde iban, y menos cómo llegar. Es imposible mantener a las masas en un estado de fermento durante largo tiempo sin plantear la cuestión del poder de manera clara y decidida.
El movimiento fue desencadenado por la apertura de la frontera austro-húngara, la primera brecha en el Muro de Berlín. Ante la ausencia de una alternativa clara, la tendencia a marcharse se intensificó. Durante el fin de semana del 10-11 de noviembre, unos 2 millones de alemanes del Este inundaron Occidente. Millones de ellos pudieron ver los bienes de consumo de Alemania Occidental la economía capitalista más rica de Europa, en contraste con la vida gris en la RDA. Esto indudablemente tuvo un efecto importante. Sin embargo, si se hubiera ofrecido a los obreros y la juventud una auténtica alternativa revolucionaria para derrocar a la odiada burocracia, instalando un régimen de democracia obrera para después lanzar un llamamiento internacionalista a los obreros de Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rusia y por supuesto de Occidente, la situación se hubiera transformado.
En pocos meses, el régimen estalinista de Alemania del Este colapsó como un castillo de naipes. La verdad es que el capitalismo venció por no presentación del adversario. No se ofrecían otras alternativas para contrarrestar los cantos de sirena de Occidente. El régimen estalinista estaba desprestigiado. La gente anhelaba la libertad. Además, el gobierno de Bonn jugó hipócritamente con las sensibilidades nacionales de un pueblo dividido. Se sacó propaganda masiva a favor de la unidad de Alemania. Dado el colapso de la economía de la RDA, muchos vieron la unificación como la manera de conseguir mejores niveles de vida. El poderoso capitalismo de Alemania Occidental estaba dispuesto a gastar cantidades enormes de dinero para asegurar la unificación alemana, una política muy cara que en la práctica ha minado sus arcas estatales. La oferta de cambiar un marco del Este por uno del Oeste era un intento de soborno masivo de la población de la RDA, haciéndoles creer que iban a gozar de los niveles de vida de la Alemania Occidental en una Alemania unificada. La promesa era falsa, pero ante la ausencia de una alternativa socialista democrática, la unificación se impuso. El régimen de Alemania del Este estaba desintegrándose rápidamente. Las fronteras se abrieron de par en par.
Con un cinismo increíble, Moscú declaró: "Estos cambios son para mejor". ¡Después de haber mantenido al pueblo de Alemania del Este bajo un régimen tiránico durante décadas, estos caballeros estaban contentos de presidir la restauración del capitalismo! Pero lo que sucedió no reflejaba las auténticas aspiraciones de los obreros de Alemania del Este. Hace un par de años, bastante tiempo después de la unificación, una encuesta de opinión reveló que en la ex-RDA una mayoría clara, cuando les preguntaban su opinión sobre el antiguo régimen, respondieron que no todo estaba mal y que estarían a favor del socialismo siempre que fuese democrático. Esto significa que los obreros y jóvenes de la Alemania del Este estaban luchando por un auténtico socialismo, no por el capitalismo. Si no lo consiguieron no fue por no intentarlo, sino por la ausencia de una dirección digna de tal nombre.
Los imperialistas no podían creer su suerte. Bush dijo que estaba "regocijado". Kohl, que se presentó como el campeón de la unificación alemana, en realidad se vio obligado a actuar debido al éxodo de masas que amenazaba a ambos regímenes. En ese momento había grandes ilusiones en el mercado y la posibilidad de combinar la fuerza de trabajo barata y cualificada del Este con la industria moderna y el capital de Occidente. Sin una alternativa marxista seria, y con el acuerdo de Gorbachov, se llevó a cabo una unificación en las condiciones de Occidente. Esto descarriló el movimiento hacia la revolución política y marcó una derrota de la clase obrera alemana del Este.
El SED obligó a Krenz a dimitir y cambió su nombre por el de Partido del Socialismo Democrático (PDS). En su lugar, el nuevo gobierno de Modrow prometió elecciones libres para mayo de 1990, pero después las adelantó a marzo. Modrow también se vio obligado a permitir la participación de una mayoría de no comunistas en su gobierno, por primera vez en la historia de la RDA. En marzo de 1990, las elecciones generales dieron la victoria a los cristiano-demócratas conservadores, bajo el disfraz de la Alianza por Alemania. Apoyados por el prestigio de Kohl (y por los marcos occidentales), obtuvieron casi un 50% de los votos, con una campaña por "una rápida unión política y monetaria" con Occidente. La Alianza 90, formada por el Nuevo Foro y otros grupos de oposición, sólo recibió un 2,9% de los votos, a pesar de haber dirigido el movimiento de masas. El resultado no fue sorprendente. En una situación en la que se plantean crudamente las cuestiones fundamentales, no hay espacio para una vía intermedia bienintencionada pero amorfa y confusa. O hacia delante, hacia la revolución política, o hacia atrás, al capitalismo. En estas circunstancias no había otra opción posible.
capítulo VIII:
De la política exterior a la cuestión nacional
apartado.- Checoslovaquia, Rumania y Hungría