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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
VIII- De la política exterior a la cuestión nacional |
'Coexistencia pacífica'
La "coexistencia pacífica" de diferentes sistemas económicos y sociales fue la idea de Stalin, no la de Lenin. "Estamos viviendo no sólo en un Estado, sino en un sistema de Estados", dijo Lenin en el 8º Congreso del Partido, en julio de 1919, "y es inconcebible que la República soviética continúe existiendo por un largo periodo de tiempo al lado de los estados imperialistas. En última instancia unos u otros tienen que conquistar. Hasta que llegue este final, son inevitables una serie de enfrentamientos terribles entre la república soviética y los estados burgueses"(3). De nuevo, un año más tarde, después de la derrota de los ejércitos extranjeros de intervención en la Unión Soviética, Lenin dijo: "Hemos pasado de la guerra a la paz, pero no hemos olvidado que la guerra volverá. Porque mientras subsistan el capitalismo y el socialismo no podremos vivir en paz. A largo plazo, uno u otro tiene que vencer. Habrá cantos fúnebres por la república soviética o por el capitalismo mundial. Esta es una tregua en una guerra".
Dos años después, Lenin resumía las relaciones entre el nuevo Estado soviético y los imperialistas: "Tenemos un cierto equilibrio, aunque extremadamente frágil, extremadamente inestable. Sin embargo, este equilibrio no puede existir por supuesto por un tiempo prolongado en un entorno capitalista". Antes del 8º Congreso de los Sóviets, Lenin repitió esta idea: "No podemos creer ni por un momento en relaciones comerciales duraderas con los poderes imperialistas: el respiro será temporal. La experiencia de la historia de revoluciones y grandes conflictos nos enseña que las guerras, una serie de guerras, son inevitables. La existencia de una República Soviética al lado de los países capitalistas una República soviética rodeada de países capitalistas es tan intolerable para los capitalistas, que van a aprovechar cualquier oportunidad para reanudar la guerra"(4). Y la predicción de Lenin demostró ser correcta cuando la "coexistencia pacífica" acabó en la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial.
Es cierto que durante periodos de tiempo relativamente cortos se mantuvo la "coexistencia pacífica". Pero inevitablemente las contradicciones entre los dos sistemas sociales en conflicto generaban antagonismos irreconciliables. Eso explica la euforia de los imperialistas ante el colapso del estalinismo y su apoyo a la contrarrevolución capitalista en Rusia y Europa del Este. Durante todo el periodo de posguerra hubo acuerdos y crisis diplomáticas periódicas entre el imperialismo y el estalinismo. En 1955, los burócratas soviéticos y los imperialistas occidentales se reunieron en Ginebra por primera vez desde 1945, en Postdam. Las negociaciones se reanudaron de nuevo en 1959, cuando Kruschev visitó EEUU. La crisis de los misiles de Cuba, en 1961, llevó a la ronda de negociaciones que acabó con la firma del Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares al año siguiente. En 1969, con la llegada de la administración Nixon, las relaciones llevaron a una détente y a una serie de conversaciones y acuerdos sobre reducción de armamento. Con la invasión rusa de Afganistán para apoyar el régimen pro-Moscú de Kabul y la elección de Ronald Reagan como presidente de los EEUU, las relaciones diplomáticas entre las superpotencias empezaron a deteriorase, llevando a lo que algunos llamaron la "segunda guerra fría".
Se suponía que las negociaciones entre Rusia y EEUU y sus aliados, incluyendo la cumbre Reagan-Gorbachov, iban a garantizar la "paz mundial". Estas cumbres intentaban alimentar las ilusiones de que se podía conseguir la "coexistencia pacífica" gracias a la "buena voluntad" de los imperialistas y las burocracias estalinistas, lo que era falso de raíz. Fue el boom en los países capitalistas en los años 80, junto a las contradicciones internas del imperialismo y la crisis de los países estalinistas, lo que llevó a un deseo temporal de las superpotencias de llegar a un acuerdo. Pero la realidad subyacente era la de dos sistemas sociales fundamentalmente opuestos que no podían tolerar indefinidamente la existencia del otro. Su antagonismo básico sólo se había suavizado temporalmente.
En los años 80, Gorbachov estaba desesperado por llegar a algún tipo de acuerdo con el imperialismo mundial. En su intento de pactar con las potencias capitalistas, la dirección soviética renunció abiertamente a la estrategia de la revolución y negó la importancia de la lucha de clases. Esto realmente sólo ponía un sello a lo que había sido la postura de la burocracia durante mucho tiempo. Erich Honnecker, el antiguo dirigente estalinista de la Alemania del Este, sin pestañear, escribió en el Morning Star británico: "Los seres humanos incluyen a gente de clases diferentes, incluso antagónicas en la sociedad. Van desde la clase obrera a círculos del propio capital monopolista. Estamos lejos de reducir las relaciones internacionales al estereotipo de la lucha de clases".
De manera parecida, en el momento de la visita de Gorbachov a Gran Bretaña, el Morning Star (5/4/88) declaraba felizmente: "El nuevo pensamiento sugiere que hay valores humanos universales paz, seguridad y justicia, valores que son comunes a todos nosotros independientemente de nuestra nacionalidad, religión, ideología o clase; valores que trascienden todas las diferencias de este tipo".
Estos sentimientos eran una utopía de la peor calaña. Gorbachov decía que había roto con Stalin, al que culpaba de todos los crímenes de la burocracia en el pasado. Sin embargo, adoptó todas las ideas fundamentales del estalinismo, de una sociedad en la Unión Soviética que está dividida entre la burocracia, por un lado, y la clase obrera, por el otro. Aceptaba todos los absurdos estalinistas de que la "coexistencia pacífica" entre los países capitalistas y la Unión Soviética, un Estado obrero deformado, podía continuar indefinidamente. Pero el intento de hacer eternas unas relaciones mundiales basadas en bloques fijos, inevitablemente se rompió, creando un nuevo y convulsivo periodo en la historia mundial. De manera imprevista, tanto para los estalinistas como para los imperialistas, los regímenes burocráticos en Europa del Este empezaron a desenmarañarse y entraron en crisis.
3 Citado por E. H. Carr, The
Bolshevik Revolution, vol. 3, p. 123
4 Lenin, Collected Works, vol. 31, p. 472
capítulo VIII: De la política exterior a la cuestión nacional
apartado.-
Crisis en Europa del Este