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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
VII-El significado de la perestroika |
La demagogia de Yeltsin
Explicamos desde el principio que las reformas de Gorbachov podrían tener un efecto temporal antes de quedarse sin gas. Estaba claro que o bien Gorbachov daría un giro hacia la recentralización y la represión, o sería eliminado, como había sucedido con Kruschev. El principal punto débil de las reformas de Gorbachov era que había que conseguir un avance económico, al igual que en Occidente principalmente a expensas de la clase obrera: aumentos de los ritmos de producción, acuerdos de productividad, recortes en las subvenciones e incluso cierres de fábricas. El lío abismal en que se encontraba la política económica quedó demostrado por la ironía de que los asesores económicos de Gorbachov trataron de imitar a los "expertos" occidentales defendiendo la introducción de elementos de economía de mercado justo en un momento en que el sistema capitalista a escala mundial estaba empezando a resquebrajarse. Carentes de un análisis marxista, estaban impresionados por el boom temporal de 1982-90, que, por un accidente de la Historia, coincidió con la crisis de la URSS.
En ese momento había un sector de la burocracia que anhelaba un retorno a los "viejos buenos tiempos" del capitalismo. En ese momento, el caos burocrático y el sabotaje habían provocado una situación en la que, según economistas oficiales, el 13% de las fábricas soviéticas tenían pérdidas. ¡¡La respuesta de elementos como el economista Abel Aganbegyan, haciéndose eco de los monetaristas thatcheristas en Occidente, fue que había que permitir a miles de fábricas ir a la bancarrota!! La misma gente argumentaba que las subvenciones a la comida y los alquileres eran demasiado caras y habría que eliminarlas, permitiendo que los precios alcanzasen su propio nivel. Pocos años después estos consejos se pusieron en práctica, con resultados desastrosos para el pueblo ruso. Pero durante un tiempo Gorbachov no estuvo dispuesto a ir por ese camino, temiendo la reacción de las masas.
Boris Yeltsin, un ambicioso aparatchik de Sverdlovsk, intentó hacerse un nombre como el defensor más radical de la perestroika. Demagogo por naturaleza, con una atracción por los gestos teatrales, Yeltsin se vanagloriaba de viajar en transporte público y visitar los mercados. Incluso iba en Metro al Kremlin, sin utilizar los servicios de su chófer oficial y su limosina, y protestó vehementemente contra los privilegios de la burocracia, lo que en ese momento le dio cierta popularidad en Moscú, donde sus ataques demagógicos contra la corrupción consiguieron un gran eco. El daño causado por el control burocrático sofocante era tal que, sin la corrupción a gran escala y el mercado negro, la economía se hubiera detenido antes. Los obreros lo sabían y Gorbachov lo admitía abiertamente. Poco después de convertirse en líder declaró: "Intenta conseguir una reparación en tu piso; definitivamente vas a tener que encontrar a alguien que lo haga a escondidas, y éste va a tener que robar el material de una obra de la construcción"(17).
Incluso en Moscú era imposible conseguir servicios tan elementales como la fontanería sin recurrir al blat, tal y como indicaba el discurso de Yeltsin al congreso del Partido en 1986: "[Yeltsin] preguntó por qué el secretariado del CC en el centro del poder de la Unión Soviética no había hecho nada relativo a la corrupción generalizada en Uzbekistán y Kirghizia [dos repúblicas centroasiáticas donde toda la dirección del Partido había sido cesada]. '¿Por qué', preguntó Yeltsin, 'se plantearon los mismos problemas durante cinco años en congresos del partido? ¿Por qué después de tantos años no hemos conseguido eliminar de nuestras vidas las raíces de la burocracia, la injusticia social y los abusos?' (...) Yeltsin dijo que Moscú, una ciudad de ocho millones de habitantes, tenía una economía estancada y un sistema de transporte público, centros comerciales y atención sanitaria inadecuados. Culpó abiertamente a los antiguos dirigentes de la ciudad"(18).
En otra intervención en el congreso dijo: "Durante unos cuantos años el sector minorista en su conjunto ha vivido un periodo de corrupción, y hoy estamos comiendo sus frutos. Si no podemos solucionar el problema de la dirección, si no podemos quitar de en medio a la gente deshonesta y limpiar todo el sector, tendremos escasez y habrá déficits artificiales regulares"(19).
Yeltsin cesó a más del 40% de los trabajadores locales del Partido en Moscú, pero eso no fue suficiente para resolver la situación caótica que él mismo describiera ni tampoco impidió que gran cantidad de los despedidos por aceptar sobornos fuesen rápidamente readmitidos en otros empleos por la puerta trasera. Al mismo tiempo, la campaña de Yeltsin en la práctica empeoró la situación económica en Moscú debido a que la corrupción y el mercado negro eran el aceite que mantenía en funcionamiento la economía dirigida por la burocracia. Incluso el suministro de materias primas para las fábricas dependía a menudo del mercado negro para saltarse los obstáculos creados por el sistema burocrático.
Esta experiencia demostró una vez más que sólo se podía echar abajo el muro contra el que se estrellaba la campaña contra la burocracia desmantelando completamente el Estado burocrático y creando una democracia obrera. Eso significaba una revolución política. Y antes que contemplar esa posibilidad, Yeltsin y sus compinches prefirieron ir hacia el capitalismo. Sin embargo, las medidas "populistas" de Yeltsin ofendieron al sector conservador de la burocracia, que temía que la glasnost se estuviese escapando de sus manos. El despido de Yeltsin fue un indicio claro de que las reformas de Gorbachov estaban entrando en dificultades.
Yeltsin demagógicamente hacía gala de defender la igualdad, para aumentar su popularidad. ¿Pero qué sucedió después? Actualmente, este caballero y sus amigos han saqueado el Estado ruso. Bajo el reino de este "igualitario", siete gángsters fabulosamente ricos controlan y poseen la mitad del país, mientras decenas de millones de rusos viven en la pobreza y no reciben sus salarios durante meses. ¡Vaya una igualdad! De hecho, la desigualdad que existe hoy en día en Rusia no sólo es mayor que antes, sino que es mucho mayor que en los países capitalistas desarrollados. Se parece más al "capitalismo de compinches" de Marcos, en Filipinas, que a los regímenes capitalistas de Europa Occidental, EEUU y Japón. Esto no pasa desapercibido para la clase obrera, que está sacando sus propias conclusiones. Y no olvidemos como acabó el régimen de Marcos.
17 Financial Times, 2/7/86
18 Financial Times, 28/2/86
19 The Guardian, 21/1/86
capítulo
VIII: De la política exterior a la cuestión nacional
Gasto armamentista