RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VII-El significado de la perestroika

 

Un enorme cero a la izquierda

La situación económica era un desastre. Ni siquiera se había conseguido el ridículo objetivo del 4%. Desde el lanzamiento del nuevo Plan Quinquenal en 1986, el crecimiento había sido de un 2% anual. El economista Abel Aganbegyan reveló que el crecimiento económico en 1989-90 era prácticamente cero. Pero los ingresos per cápita disminuyeron. Esto era la sentencia de muerte para la perestroika. Es más, la participación en el mercado mundial, en lugar de ayudar, había empeorado las cosas. La burocracia se imaginaba que la participación en el mercado mundial resolvería sus problemas. El comercio exterior pasó en una década del 4 al 9% del PIB soviético. Durante un periodo les ayudó, especialmente en el terreno de la tecnología. Pero también dio lugar a nuevas contradicciones que los empíricos de mente estrecha de Moscú no habían previsto. La deuda de la URSS con Occidente, que era de 14.000 millones de dólares en 1983, se había duplicado. Aunque era todavía una cifra pequeña para el tamaño de la economía soviética, daba una respuesta alarmante a la pregunta "¿quién prevalecerá?".

La crisis económica se hizo notar en la caída del nivel de vida, las colas y la escasez. De 1.000 bienes de consumo básicos, sólo cuatro estaban siempre disponibles en las tiendas. Esto era consecuencia del caos burocrático. Había habido una cosecha récord y abundaba el grano y las patatas, pero no llegaban a las tiendas. Se retrasaba la entrega de grandes cantidades de bienes en espera de aumentos de precios. Un millón de toneladas de comida se pudría en los puertos. Trud daba el ejemplo de las estanterías de una tienda que deberían de haber estado llenas de frutas y verduras, pero en las que sólo había albaricoques en lata búlgaros. Esto a pesar del aumento de la producción agrícola en 1984. Posteriormente la situación empeoró. Según el Soviet Weekly (8/11/90), "la asombrosa cantidad de 70 millones de personas, una cuarta parte de la población, vive actualmente en el umbral de la pobreza".

Un artículo del Pravda, del 18 de octubre de 1990, describe una alarmante situación de desintegración social y económica: "La situación sigue empeorando. La producción cae y se rompen los vínculos de suministro económico. Las tendencias separatistas son más fuertes cada día. El mercado de consumo es un desastre. El déficit presupuestario y la confianza del crédito estatal han alcanzado niveles críticos. El comportamiento antisocial y el crimen han aumentado. La vida cada vez es más difícil, los incentivos para el trabajo se han debilitado, la fe en el futuro está colapsando. La economía está en una situación altamente peligrosa".

La escasez de comida y otros bienes era endémica. El descontento de la población aumentaba al darse cuenta de que esta escasez era artificial, resultado de la chapucería y el sabotaje. En el mercado negro se vendía a precios desorbitantes vodka robado de las tiendas. Se dejaba que se pudriese la carne en los almacenes. Sólo un 66% de la demanda se satisfacía. Nada más aparecer un producto en las tiendas, la gente lo compraba para almacenarlo, agravando la escasez. La prensa oficial admitía que "en los últimos cuatro años 13.000 productos diferentes han desaparecido de las estanterías"(8).

La política antialcohol colapsó y de nuevo se formaban largas colas para comprar vodka. El 22 de agosto de 1990, la rabia y la frustración acumuladas estallaron. En Chelyabinsk hubo disturbios provocados por la falta de suministros de alcohol. Cuando llegó la policía, la multitud la atacó y le obligó a retirarse:

"Entonces la policía cerró sus escudos al antiguo estilo romano de la tortuga, pero ni siquiera esa fortaleza hecha a mano pudo resistir el ataque de la muchedumbre enfurecida. Rodeando a la policía por todos los flancos, los gamberros hicieron llover adoquines sobre las tropas, a corta distancia"(9).

La situación en Chelyabinsk empeoró con la subsiguiente revelación de un escándalo que implicaba al Partido Comunista local —"Inspectores públicos de restauración descubren un almacén secreto lleno de manjares en los locales del Partido Comunista". El mismo artículo reconocía que "la situación social y política en el momento de los disturbios [del vodka] era típica de la existente en muchas ciudades soviéticas actualmente". En otras palabras, la paciencia de las masas estaba llegando al punto de ruptura, y cualquier incidente podía provocar una explosión. También demostraba que las masas estaban empezando a perder el miedo a las fuerzas represivas del Estado. Pero ante la ausencia de una alternativa seria, un partido y un programa revolucionarios, el descontento de las masas no encontró una expresión efectiva.

Enfrentados al callejón sin salida del régimen, un sector de la burocracia buscó una salida hacia Occidente, que todavía estaba pasando por un artificial éxito temporal en el terreno económico. Los representantes de la élite burocrática habían tenido la oportunidad de codearse con millonarios, diplomáticos y presidentes en sus visitas cada vez más frecuentes a Occidente, y contrastaban el espectáculo deslumbrante que hallaban con la imagen de impasse y estancamiento que habían dejado atrás, y en la comparación no salían muy bien parados. De esta manera, la idea de Occidente como modelo gradualmente empezó a arraigarse firmemente en un sector de la burocracia.

Esto demostró la completa bancarrota ideológica de los dirigentes de la Unión Soviética y el PCUS. Impresionistas superficiales como Gorbachov y Shevardnadze quedaron obnubilados. Al igual que todos los burócratas, lo que entendían por marxismo eran los trozos de los absurdos fuera de contexto que pasaban por marxismo-leninismo de sus días estudiantiles en la URSS. No obstante, el auténtico marxismo era para ellos un libro cerrado. Su falta total de un punto de vista de clase se demostraba por el comentario típicamente filisteo de Gorbachov de que los capitalistas "también eran seres humanos". En otras palabras, se podía conversar con los dirigentes occidentales "de hombre a hombre" y solucionar las diferencias alrededor de la chimenea, ¡como si todo se tratara de una cuestión de "química personal" y no de las diferencias irreconciliables entre dos sistemas sociales incompatibles!

Pero no eran los únicos en saltar del barco. El dirigente "comunista" búlgaro Todor Zhivkov confesó en 1990 que él había pensado durante mucho tiempo que el socialismo estaba muerto y era poco práctico. Jaruzelski, el autor del golpe estalinista en Polonia, ¡ahora decía que todo había sido un terrible error y pedía disculpas al pueblo polaco! También él se había dado cuenta de que el "capitalismo era la única solución". Tal apostasía era sólo un paso lógico para esta gente. Al fin y al cabo, hacía mucho tiempo que habían roto en la práctica con el socialismo. Trotsky lo había previsto medio siglo antes, cuando escribió que la burocracia no estaría satisfecha con su poder y privilegios usurpados, sino que buscaría asegurarse su posición y la de sus descendientes, transformándose en capitalistas privados.

En un primer momento, Gorbachov intentó resistir las exigencias de los radicales defensores de una evolución rápida hacia el capitalismo. Ryzhkov tenía una postura similar, a favor de mantener el núcleo básico de la economía en manos del Estado, pero con elementos de mercado. Gorbachov vacilaba continuamente entre las alas opuestas de la burocracia. Mientras, los generales se ponían cada vez más nerviosos con el tratado de la Unión y la amenaza a la URSS. Finalmente, a finales de 1990, Gorbachov publicó las líneas generales de su plan, una mezcolanza impotente de buenas intenciones e ideas contradictorias.

La estabilización de la moneda también se iba a conseguir mediante un fondo en divisas fuertes para financiar el comercio exterior. Habría desnacionalización, pero sólo de pequeños negocios y sólo gradualmente, flexibilización de los precios, descentralización (pero manteniendo la URSS), y por supuesto desregulación de salarios. Por último, pero no por ello menos importante, un déficit presupuestario menor al 3% del PIB (el porcentaje que los criterios de Maastricht estipulan para los estados de la Unión Europea, que se están dando cuenta que es prácticamente imposible de cumplir) a través de severos controles del crédito. Su conclusión era típicamente optimista: "Debería surgir una economía equilibrada, con un mercado saturado de bienes de consumo y servicios". Pero se trataba del optimismo de un hombre que estaba a punto de caer de cabeza al abismo.

Gorbachov continuó utilizando su verborrea sobre "socialismo" y "comunismo", pero toda su actuación indicaba que no se creía ni una sola palabra de lo que decía, lo que quedó demostrado en una entrevista que concedió a la televisión británica, en la que repitió el mito absurdo de que ¡todo hubiera ido bien en Rusia si la Revolución de Febrero hubiese triunfado! Esto demuestra una falta de comprensión total de las revoluciones de Febrero y Octubre. Ya hemos tratado esta cuestión, así que no es necesario extendernos en ella, pero vaya un escándalo cuando, 70 años después de Octubre, el secretario general del PCUS repite este absurdo tan infame.

Reagan y los demás dirigentes occidentales, mientras agasajaban a Gorbachov en público, debían de estar riéndose a carcajada limpia a sus espaldas. ¡Los políticos y diplomáticos americanos, fríos y calculadores, tenían que estar frotándose los ojos de incredulidad! Este elemento pequeñoburgués accidental estaba siendo rápidamente absorbido por la lógica de la capitulación por parte de estos amables "seres humanos", cuya intención era estrangular a la Unión Soviética y ponerla de rodillas. Hasta la fecha, Gorbachov continúa teniendo ilusiones en la "democracia occidental", o más concretamente, en la "democracia como tal", típico de un reformista de clase media que se imagina que puede reconciliar intereses de clase antagónicos. Y al igual que éstos, la apariencia de "realismo práctico" es sólo una hoja de parra para cubrir la impotencia más patética.

Probablemente Gorbachov no quería la restauración del capitalismo en Rusia, pero preparó su camino y después fue debidamente apartado por la fracción de la burguesía naciente, dirigida por su protegido Yeltsin. Sin embargo, está dispuesto a aceptar los hechos consumados de la llamada reforma, al tiempo que lloriquea impotente sobre sus terribles consecuencias. En este sentido también es una copia fiel de los dirigentes socialdemócratas de Occidente, que están dispuestos a abrazar el capitalismo, pero no les gustan las cosas que inevitablemente se derivan de él.


8 Soviet Weekly, 1/11/90
9 Ibid.



capítulo VII: El significado de la perestroika
Ilusiones en Gorbachov