RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VII-El significado de la perestroika


Fermento de descontento

Las reformas de Gorbachov, al igual que las de Kruschev, dieron un estímulo inicial a la economía. Incluso así, el objetivo del 4% era miserable en comparación a lo que se podría haber conseguido bajo un régimen de democracia obrera. La producción industrial soviética creció un 5,6% en septiembre de 1986 respecto a un año antes, en gran medida como resultado de la "campaña por la eficacia" de Gorbachov. Esto era una mejora con relación a las cifras conseguidas bajo Breznev, pero todavía no alcanzaba el crecimiento de los países capitalistas en época de boom económico. ¡Esto en un país con el 25% de los ingenieros, técnicos y científicos y los recursos de una sexta parte del mundo a su disposición! La mejora relativa se consiguió en parte mediante la eliminación parcial de los funcionarios más escandalosamente ineficaces y corruptos. Se cesó a un 50% de los ministros y presidentes de gobierno de las repúblicas y al 30% de los secretarios del partido. Se despidió a unos 200.000 funcionarios. Sobre un total de 19 millones de burócratas, era una menudencia, pero provocó una feroz resistencia por parte de ese sector de la burocracia, encabezada por Ligachev, que se oponía a las reformas. Sin el control de la democracia obrera, los burócratas tenían mil y una maneras de escapar a la perestroika.

De hecho, las reformas, lejos de resolver los problemas de la burocracia, los exacerbaron. Gorbachov se vio obligado a hacer equilibrios entre las diferentes alas de la élite burocrática para avanzar en el camino de la "reforma". En varias ocasiones amenazó con dimitir si se bloqueaban sus iniciativas, en clara advertencia a los sectores más conservadores de la burocracia. Pero la burocracia nunca se iba a desburocratizar. Por el contrario, estaba tratando de reforzar su posición privilegiada.

Por lo que se refiere a la "democracia", aparte de algunas concesiones secundarias, en esencia nada había cambiado. Las masas sabían muy bien que todo estaba manipulado. La introducción de más de un candidato en las elecciones era un intento de camuflar la existencia de un sistema totalitario de partido único. Pero todos los candidatos pertenecían al Partido Comunista o tenían que estar de acuerdo con el programa del partido, que es lo mismo. En lugar de funcionar de abajo arriba, el sistema iba de arriba abajo, al igual que una pirámide invertida. Gorbachov se apoyaba en el descontento creciente de las masas con el sistema, que se podía tolerar mientras no hubiera un polo de atracción revolucionario en Occidente. Pero el trato de Gorbachov con el imperialismo de EEUU tenía otras consecuencias en política interior. La "amenaza exterior", que la burocracia había utilizado durante décadas para paralizar cualquier oposición por parte de los trabajadores, quedaba minada.

El impasse del régimen burocrático, que se manifestaba en una ralentización de la economía, tuvo efectos en todos los estratos de la sociedad soviética, empezando por la propia burocracia, que fue consciente de que ya no era capaz de hacer avanzar la sociedad. Cada vez más se sentía como un freno al progreso, y este malestar calaba en toda la población. Había un fermento constante de descontento entre los intelectuales. La juventud, que había llevado la bandera de la Revolución de Octubre, proporcionado los combatientes más heroicos durante la guerra civil y puesta todas sus energías en los primeros planes quinquenales, ahora era totalmente desafecta. El descontento se manifestaba en una epidemia de gamberrismo y alcoholismo, reflejando la desesperación de los sectores más inactivos. La situación de la juventud en la Unión Soviética hasta el periodo reciente es un argumento demoledor contra el estalinismo. Después de más de tres generaciones, vimos todos los signos de la desmoralización: alcoholismo, lumpenización, robos, gamberrismo y todo tipo de comportamientos antisociales. El peso del régimen represivo se hacía sentir más duramente sobre la juventud, que mostraba un cinismo y una frustración abiertos ante el dominio totalitario del llamado Partido Comunista. El Soviet Weekly (8/11/90) publicó una encuesta según la cual sólo el 14% de los jóvenes en la URSS confiaban en el PCUS. Después de que se les hiciera tragar en las escuelas una parodia formalista de marxismo-leninismo, reaccionaban contra lo establecido. Escandalosamente, la misma encuesta llegaba a la conclusión que sólo el 15-20% de los jóvenes creía en el socialismo. El escepticismo generalizado entre la juventud se reflejaba en chistes políticos: "¿hemos llegado ya al comunismo, o lo peor está todavía por venir?". Por supuesto que esos jóvenes nunca habían tenido acceso a las auténticas ideas del socialismo y el marxismo, sólo a una caricatura inerte y entumecedora. El único "socialismo" que habían conocido era una monstruosidad totalitaria. Dada la falta de alternativas, trataban de buscar una salida en el escapismo.

De todas las características bárbaras del zarismo, una de las más retrógradas era que la mitad del presupuesto estatal provenía del monopolio del vodka. Por supuesto que existe una larga historia de consumo abusivo de alcohol en Rusia que se remonta a un periodo sorprendentemente remoto. En la Crónica de los días pasados, escrita en el siglo XII, se dice que Vladimir, príncipe de Kiev, al rechazar el Islam en favor del cristianismo, dijo que "la bebida es el placer del pueblo ruso". Pero el papel del vodka en la vida rusa va asociado demasiado a menudo a fenómenos alejados del placer. El consumo excesivo de alcohol de alta graduación es más bien un reflejo de la desmoralización y la falta de esperanza. Al principio, los bolcheviques trataron de combatir el consumo de vodka, pero el monopolio estatal se reintrodujo bajo Stalin como provechosa fuente de ingresos, una medida que estaba en contradicción abierta con la afirmación de que se había construido el "socialismo" en Rusia.

El consumo de alcohol se cuadruplicó en las cuatro décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial: uno de cada siete rusos estaba clasificado como alcohólico; se empezaba a beber desmesuradamente en las escuelas; la cantidad de niños nacidos con defectos físicos y mentales relacionados con la bebida aumentó. En 1985, Izvestia informaba que había 27 millones de obreros con serios problemas con el alcohol. Estaban tan borrachos o enfermos por haber bebido, que por lo menos dos días a la semana no iban a trabajar. Una investigación en 800 fábricas de Moscú descubrió que en la última hora de cada turno sólo un 10% de los obreros seguían en su puesto de trabajo.

Gorbachov ordenó la introducción de severas medidas. En 1986 se clausuró el 90% de las tiendas de vodka de la capital, y el consumo de alcohol inicialmente cayó un 40%. Sin embargo, ante la ausencia de un régimen de auténtica democracia obrera, incluso medidas que por sí mismas podrían haber sido correctas, tuvieron un efecto contrario al deseado. El intento de recortar el consumo de alcohol significó una mejora de la salud general, pero fue una espada de doble filo, llevando a un colapso de los ingresos del Estado: en 1985 hubo una caída en la recaudación de impuestos del 30%. Y esta medida tampoco eliminó totalmente el flagelo del alcoholismo, un mal arraigado en las condiciones del régimen burocrático totalitario, que provocaba una alienación y frustración crecientes entre amplias capas de la sociedad. En esos años, la prensa soviética estaba repleta de casos de gente que había enfermado por haber ingerido colonia. El número de detenciones por destilación ilegal se duplicó en 1987 en comparación con el año anterior, llegando a 440.000. En 1988, las destilerías ilegales producían entre un 40 y un 50% más que las plantas estatales. Había informes de pilotos que robaban el combustible de origen alcohólico y el anticongelante, para utilizarlos como bebida. Esto era un indicio claro de la desmoralización y desesperación generalizadas.

Un artículo en el Trud, el periódico de los sindicatos, se presentaba este fenómeno en un tono exasperado y semichistoso. Pero el tema es demasiado macabro como para proporcionar demasiado humor.

"La loción capilar es especialmente popular entre los alcohólicos de Moscú, pero si no la encuentras siempre está Kara Nova, agua de colonia a 65 kopeks la botella. Evita a toda costa un perfume conocido como Carmen que te hace sentir como si te hubieran cortado la garganta".

Al final, las medidas de Gorbachov no engañaron a nadie. El escepticismo universal se reflejaba en esta anécdota: Un hombre entra en una tienda y pide una botella de cerveza que el día anterior costaba 50 kopeks. El dependiente le cobra un rublo.

- Pero si ayer costaba la mitad
- Sí, pero tienes que pagar un 100% más por la glasnost.
El hombre, a regañadientes, paga el rublo, y queda sorprendido cuando le devuelven 50 kopeks de cambio.
- ¿Pero no dijiste que costaba un rublo?
- Eso es. Los 50 kopeks son por la glasnost. No nos queda cerveza.



capítulo VII: El significado de la perestroika
Un enorme cero a la izquierda