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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
VII-El significado de la perestroika |
Una casta parásita
Este era el talón de Aquiles de Gorbachov. Potenciar una mayor iniciativa (y por lo tanto una mayor productividad) por parte de los obreros, defendiendo simultáneamente los privilegios y prebendas de la burocracia era como tratar de cuadrar el círculo. Para conseguir que la economía soviética se pusiera en marcha de nuevo, para eliminar la corrupción y motivar a la clase obrera, habría que haber dado a los obreros libertad de organización, discusión y crítica. Pero esto era imposible. El primer punto que hubieran planteado los obreros hubiera sido el carácter parasitario de los privilegios de millones de funcionarios, sus esposas y todos los que dependían de ellos. Desde un punto de vista económico, este cuestionamiento es correcto. Pero Gorbachov no podía dejar que se hiciese esta pregunta, por la sencilla razón de que él representaba los intereses materiales de esa casta dirigente.
La gran mayoría de los 19 millones, más o menos, de funcionarios que constituían la burocracia eran ya hijos y nietos de burócratas. Tenían todos los atributos de una casta especial, como la casta dominante en la antigua India, cada vez más divorciada de la vida y los pensamientos reales de los obreros normales. La propia burocracia, a pesar de la nueva imagen de Gorbachov, estaba profundamente desmoralizada, dividida y pesimista. Después de más de 70 años, se habían roto todos los vínculos con las ideas y tradiciones de Octubre. En su famosa sátira Rebelión en la granja, George Orwell describe una reunión de los cerdos y los granjeros en la que es imposible distinguir a los unos de los otros. Dos generaciones de dominio burocrático habían producido una capa de funcionarios privilegiados totalmente divorciados de la clase obrera y de las ideas de la Revolución de Octubre. Aparte de sus salarios inflados y privilegios, vivían completamente ajena a la de las masas, con tiendas, restaurantes, casas de reposo e incluso playas especiales. Sus esposas no tenían que hacer cola soportando el frío. A diferencia de sus conciudadanos, podían viajar al extranjero y tenían acceso a divisas y a todos los artículos de lujo que se negaban a la mayoría. Aunque no se reconocía oficialmente, existía el equivalente a escuelas privadas, bajo el disfraz transparente de escuelas especiales de idiomas extranjeros, donde los hijos de la burocracia tenían prácticamente un monopolio. La psicología de este grupo no tenía nada que ver con la clase obrera o el socialismo, como señalan las siguientes citas:
"La jet-set es lo que uno podría esperar: los hijos e hijas de los muy ricos y los muy privilegiados, que no tienen ninguna intención de trabajar, no creen absolutamente en nada (ni siquiera en la rebelión) y hacen todo lo posible por convertir las villas de sus padres en Sochi en imitaciones de Palm Beach. Se visten con ropas europeas importadas; beben hasta quedar atontados; galantean y fornican; se dedican a las apuestas y los bailes. Consideran a las masas como ganado y a la intelectualidad como pedantes y aburridos. Viven casi exclusivamente para sí mismos, dentro y fuera de sus propias casas, y por lo tanto son raramente vistos"(6).
Y de nuevo en The Guardian (19/2/82): "Pero ha habido tantos de estos hijos de la élite del partido, que incluso fuera de la política general constituyen una nueva clase propia. Y ahora sus hijos también van a escuelas privilegiadas. Hoy en día existe una clase media soviética, urbana y sofisticada, con su propia red de amigos y que está totalmente separada de la nomenclatura" (énfasis del autor).
Las condiciones de vida de lujo de la élite no eran ningún secreto. El supermercado especial del Kremlin en la calle Granovsky estaba convenientemente situado al lado de la clínica. El artículo continúa: "Los hospitales especiales para los funcionarios del partido son únicos por su acceso a medicamentos occidentales y pueden utilizar las casas de campo y los pródigos apartamentos que van con su empleo". Cuando un aparatchik intentó defender a Breznev contra la acusación de una vida privilegiada, incluso los periodistas más cínicos lo ridiculizaron:
"[Breznev] vivía bien, declaró, pero no ganaba más que un alto director de empresa, que podía tener, con pluses, un salario de unas 200 libras a la semana. Incluso a la prensa soviética le costó ocultar la sonrisa ante esta declaración".
Para la burocracia, la revolución había servido para darle poder y privilegios sin precedentes. En palabras del Kirpichev de la obra de Zorin, eran "aristócratas de cuello blanco, avariciosos y engreídos, alejados del pueblo". Los viejos funcionarios estalinistas eran gángsters corruptos, pero por lo menos tenían algunos vínculos con las viejas tradiciones. Ahora teníamos una nueva generación de aristócratas "de nacimiento", acostumbrados a los perfumes franceses, a los elegantes y caros trajes extranjeros y a los Cadillacs, de los que Raisa Gorbachova era un típico espécimen. Pierre Cardin la describió como "una de las esposas de dignatario extranjero más encantadoras que nunca haya visitado mi salón". Por alguna extraña ironía, la señora Gorbachov había sido profesora de marxismo-leninismo en la Universidad de Moscú, aunque qué tipo de marxismo enseñaría desafía la imaginación. En los años 20, el opositor de izquierdas Sosnovsky acuñó la expresión el factor automóvil-harén con relación al auge de la burocracia. Los aspirantes a burócratas se casaban con las hijas de burgueses y aristócratas e imitaban sus costumbres y puntos de vista. Los grandes coches de los altos funcionarios y sus "pintadas señoras" recordaban la protesta de Gracchus Babaeuf ante un fenómeno similar en el periodo de la reacción termidoriana de la Revolución Francesa, cuando los antiguos jacobinos se acostumbraron a comer con los aristócratas y a casarse con sus hijas: "¿Qué estás haciendo, plebeyo pobre de espíritu? Hoy te abrazan y mañana te estrangularán". Nada expresaba más gráficamente que sus esposas el carácter reaccionario pequeñoburgués de la nueva camarilla de burócratas zalameros representada por Gorbachov.
Los gobernantes de la Unión Soviética estaban, en realidad, incluso más apartados de la población que la clase dominante en Occidente. Este hecho se reflejó en el estallido de uno de los delegados a la conferencia especial del PCUS en 1988 (por cierto, la primera conferencia de este tipo desde 1941): "Sabemos más acerca de la posición del presidente Reagan y la Reina de Inglaterra que de nuestros propios dirigentes"(7).
La élite dirigente cayó cada vez más bajo la influencia del capitalismo, a medida que se separaban cada vez más de la sociedad soviética. Aquí tenemos un ejemplo gráfico de lo que Engels quería decir cuando se refirió al Estado como "un poder que se eleva por encima de la sociedad y que cada vez se separa más de ella". En especial, la élite del cuerpo diplomático se había acostumbrado a codearse con círculos burgueses en Occidente, y claramente disfrutaba de la experiencia. Edvard Shevardnadze era un ejemplo típico de esta capa. A diferencia de los viejos burócratas toscos e ignorantes que ni siquiera podían hablar un idioma extranjero, la nueva capa era educada, zalamera, cosmopolita y con la mentalidad del advenedizo pequeño burgués, que es la marca de serie de los dirigentes reformistas en su trato con la gran burguesía, en los que el miedo y la envidia pugnan con una admiración secreta y servil.
En ningún momento fue la podredumbre de la burocracia más evidente que durante el periodo de la llamada perestroika (o "katastroika", como enseguida la llamaron los obreros soviéticos). Gorbachov era lo suficientemente listo como para darse cuenta de que, a no ser que se tomaran medidas drásticas por parte de la dirección, todo iba a estallar. No hay razón para suponer que en ese momento tuviera la intención de retornar al capitalismo; es casi seguro que los elementos pro-capitalistas estaban en minoría. Pero Gorbachov había puesto en marcha procesos que tenían su propia lógica.
6 Crankshaw, op. cit., p. 134
7 Citado en The Wall Street Journal, 5/7/88, énfasis del autor
capítulo VII: El significado de la perestroika
Fermento de descontento