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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
VII-El significado de la perestroika |
La mala administración burocrática
La chapucería burocrática había dado lugar a todo tipo de distorsiones en la economía soviética. Mientras algunas secciones eran muy modernas, otras languidecían por falta de inversiones, como la fábrica de autobuses de Likino, en los Urales, que estaba produciendo el mismo modelo que en 1970 con maquinaria de hacía 40 años. Y, sin embargo, Gorbachov insistía en que los obreros tenían que producir bienes de calidad y serían penalizados en caso contrario. Pero con una maquinaria obsoleta e incapacitados por el papeleo y la mala gestión, era prácticamente imposible cumplir los objetivos de producción fijados. Así, la perestroika, para muchos obreros, significó un empeoramiento de sus salarios y condiciones de trabajo. En la práctica, la burocracia, al igual que los empresarios occidentales, estaba tratando de salir de la crisis a costa de los trabajadores, intentando aumentar la productividad a costa de su sudor, sus músculos y sus nervios.
Es significativo que en la única ocasión en que Gorbachov intentó tratar de cuestiones "teóricas" en su libro Perestroika... fue cuando intentó justificar ¡qué las diferencias salariales eran coherentes con el socialismo! En condiciones de pobreza, privaciones y atraso, con una clase obrera semi-analfabeta y un campesinado analfabeto, los bolcheviques se vieron obligados a conceder a los especialistas burgueses salarios muy por encima del máximo del partido. Pero Lenin y Trotsky hubieran considerado totalmente imperdonable que un país avanzado tolerara tales desigualdades. Lenin preveía que, en la medida en que la economía soviética avanzase, las desigualdades se irían reduciendo progresivamente. Cuando la Unión Soviética se desarrolló hasta convertirse en una nación industrial con una clase obrera altamente educada, la existencia de diferenciales de ese tipo era completamente anti-socialista y anti-marxista. Sin embargo, siete décadas después de Octubre, la desigualdad seguía creciendo constantemente. Lejos de defender la postura de Lenin de más y más igualdad y la abolición progresiva de los diferenciales, Gorbachov los estaba aumentando.
Al igual que Stalin, Gorbachov intentó ampliar la base de la burocracia mediante la creación de una capa privilegiada de aristocracia obrera que recibiera altas bonificaciones ligadas a la productividad. El problema era que el crecimiento de los diferenciales y las desigualdades entre los trabajadores, enfrentando a los obreros y a las diferentes fábricas entre sí, sólo alimentaba los fuegos del resentimiento. No fue una casualidad que Gorbachov, en su discurso de aniversario de la Revolución de Octubre, hablase de oposición a sus reformas no sólo entre los burócratas, sino también en los "colectivos de trabajo". Esto indicaba la alarma creciente entre los burócratas ante el estallido de huelgas, de las que por primera vez se informaba ampliamente en la prensa soviética. Por ejemplo, los obreros de la fábrica de autobuses de Likino pararon durante tres días en protesta por un recorte salarial de entre 60 y 70 rublos al mes debido al impago de pluses. El movimiento hacia el socialismo significaría una reducción de las desigualdades, no su aumento, como estaba provocando Gorbachov. De esta manera, el argumento de que ya se había llegado al "socialismo" en la Unión Soviética, cuando el Estado había alcanzado proporciones monstruosas, era una burla. A pesar de esto, Gorbachov recibió los aplausos de los dirigentes estalinistas internacionalmente, junto a los de los reformistas de izquierdas, por su "socialismo de rostro humano".
Sin embargo, la URSS ya no era el Estado débil, empobrecido y sitiado de los tiempos de Lenin. Como el propio Gorbachov comentó, la Unión Soviética era un país rico y enorme. Si los obreros hubieran tomado realmente en sus manos la dirección del Estado, la industria y la sociedad, se podrían haber eliminado rápidamente todos los cuellos de botella provocados por la burocracia. Liberada del peso muerto de ésta, la economía planificada avanzaría a pasos de gigante. En un solo plan quinquenal se podría aumentar enormemente la riqueza de la sociedad gracias a la iniciativa y el entusiasmo de las masas.
En 1919, cuando los obreros tomaron el poder en Sajonia y Baviera, Lenin hizo un llamamiento a que introdujeran inmediatamente la jornada laboral de siete horas para que los obreros tuvieran tiempo para gestionar la industria y el Estado. Gorbachov decía defender un retorno a las ideas de Lenin, pero en realidad estaba tan lejos como Stalin del auténtico leninismo. Si se hubiese hecho un llamamiento a los obreros y campesinos rusos a tomar el control de la sociedad y la industria en sus propias manos, hubiera sido posible introducir inmediatamente una reducción de la jornada laboral, la precondición necesaria para establecer un auténtico régimen de democracia obrera.
Esto es cierto incluso actualmente, aunque como consecuencia del caos espantoso provocado por el capitalismo mafioso es probable que el avance inicial fuese más lento que el que hubieran podido garantizar las auténticas posibilidades creadas por la economía planificada. Pero en cuestión de uno, o a lo sumo dos, planes quinquenales, con la participación y control democrático de las masas, toda la situación quedaría transformada. Dado el actual nivel de desarrollo, sería posible introducir en un plazo breve una semana laboral de 32 horas, seguida de reducciones aún mayores. Una medida de este tipo transformaría la situación no sólo en Rusia, sino en todo el mundo.
Las condiciones materiales para iniciar el movimiento hacia el socialismo habían ido madurando en Rusia en las seis o siete décadas anteriores. De hecho, los recursos técnicos y científicos necesarios para empezar el movimiento hacia el socialismo, inexistentes en 1917, estaban presentes en ese momento. Incluso según las estimaciones más conservadoras, la economía soviética en los años 80, en estas condiciones, hubiera conseguido una tasa de crecimiento dos o tres veces mayor que la que tenía, superando de lejos incluso los mejores resultados bajo el capitalismo. Manteniéndose a ese nivel, en diez años la Unión Soviética hubiera podido superar a los EEUU no sólo en términos absolutos, sino en el terreno de la productividad del trabajo, el principal índice de progreso económico. De esta manera hubiera sido realmente posible empezar a ir hacia el socialismo, con un florecimiento sin paralelos del arte, la ciencia y la técnica.
La solución de Gorbachov era llevar a cabo "una democratización completa de la gestión de las empresas, poniendo énfasis en la parte que juegan los colectivos de trabajo, fortaleciendo el control por abajo y asegurando el rendimiento de cuentas y la publicidad en el trabajo de los organismos económicos". Pero sus declaraciones de intenciones resultaron ser pura demagogia, ya que un movimiento serio en esa dirección hubiera asestado un golpe al mismo corazón del control burocrático. Ciertamente no tenía ninguna intención de llegar tan lejos. Los cambios en realidad eran sólo cosméticos, aunque se permitió cierta consulta con los trabajadores en un esfuerzo por implicarles en algunas decisiones, sin introducir un auténtico control y dirección democráticos. Sin embargo, Gorbachov continuaba martilleando con la misma demagogia:
"Los órganos elegidos deberían ser más estrictos hacia su propio aparato. No se puede pasar por alto el hecho de que los ejecutivos que se pasan largos periodos de tiempo en oficinas tienden a perder el gusto por lo nuevo, a aislarse del pueblo por instituciones que se han forjado ellos mismos e incluso a veces retrasan el trabajo de los organismos elegidos. Obviamente ya es hora de elaborar un procedimiento que permita a los sóviets, y a todos los órganos sociales en general, evaluar y certificar el trabajo de los ejecutivos responsables de su aparato después de cada elección, haciendo los cambios de personal deseables.
"En nuestro tiempo es necesario una implicación más activa de las organizaciones sociales en el gobierno del país. Sin embargo, cuando el trabajo de nuestras organizaciones sociales se considera desde este ángulo, es obvio que a muchas de ellas les falta la iniciativa necesaria. Algunas intentan operar sobre todo a través de su personal regular, de manera burocrática, apenas apoyándose en las masas. En otras palabras, el carácter colectivo, popular e independiente de estas organizaciones sociales no se cumple ni de lejos".
Gorbachov, en su discurso al 27º Congreso, incluso se pronunció a favor del "principio de elección para todos los jefes de equipo y después gradualmente algunas otras categorías de personal de dirección: encargados, superintendentes de turno, sector o planta, y directores de departamento de granjas colectivas". Estaba tratando de llevar las cosas hasta el límite para impulsar la economía, pero jugaba con fuego. Una vez introducido el principio de "elección", por lo que se refiere a los obreros, ¿dónde terminaría? El hecho de que se viera obligado a plantear la cuestión de la elección a todos los puestos en el Partido "Comunista", en su discurso de enero de 1987, era un indicio de que no había tenido mucho éxito en las elecciones de encargados y demás. La burocracia impedía la puesta en práctica de este supuesto principio. Gorbachov estaba intentando utilizar las "reformas" como látigo contra la burocracia dentro del propio Partido. La situación real dentro de la sociedad soviética quedaba indicada por el intento desesperado de Gorbachov de utilizar el voto secreto, al igual que había hecho Stalin, en las elecciones a todos los niveles del Partido Comunista, como medio para romper la voluntad de los sectores más reaccionarios de la burocracia, que querían continuar su saqueo sin límite del Estado soviético.
"En la sociedad capitalista", explica Trotsky, "el voto secreto tiene por objeto sustraer a los explotados de la intimidación de los explotadores. Si la burguesía terminó por concederlo, ante la presión de las masas, fue porque estaba interesada en proteger un poco su Estado de la desmoralización que ella misma inculcaba. Pero parece que en la sociedad socialista no puede haber intimidación de los explotadores.
"Entonces, ¿de quién hay que defender a los ciudadanos soviéticos? Naturalmente de la burocracia; Stalin lo confiesa con bastante franqueza. Al ser interrogado: '¿Por qué se necesita el voto secreto?', responde literalmente: 'Porque nosotros queremos dar a los ciudadanos soviéticos la libertad de votar por aquellos a quienes deseen elegir'. Así sabe el mundo, por fuente autorizada, que los ciudadanos soviéticos aún no pueden votar según sus deseos. Sería un error deducir que la Constitución de mañana les asegurará esta posibilidad"(5).
El sistema burocrático bajo Gorbachov seguía siendo esencialmente el mismo de siempre. El intento de usar el látigo contra la burocracia estaba condenado al fracaso. Como dijo Trotsky, "no se trata de intereses sociológicos, sino materiales". La economía no se podía desarrollar sin la participación y el control de la clase obrera. Gorbachov estaba apostando por el mantenimiento del control burocrático con algunos elementos de participación y control por parte de los obreros. Sin embargo, el control parcial por parte de las masas no existe. O los obreros toman el control, o lo pierden. El control parcial no podía funcionar.
5 Trotsky, La revolución traicionada, p. 229, énfasis en el original
capítulo VII: El significado de la perestroika
:Una casta parásita