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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
VI- El período de estancamiento |
Arte y ciencia
| "Estoy sorprendido de que estéis sorprendidos de que un poeta hable contra la burocracia porque las palabras poeta y burócrata son mutuamente excluyentes" |
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La Revolución de Octubre tuvo una influencia tremendamente liberadora sobre el arte y la cultura. Una nueva generación de artistas, poetas y músicos fueron inspirados por la revolución. Pero esta inspiración no sobrevivió al reflujo de la revolución y la atmósfera sofocante de represión artística y espiritual que acompañó al régimen estalinista. El arte y la ciencia, más que ninguna otra esfera de la vida social, necesitan libertad para estirar sus alas. Florecen en un atmósfera de pensamiento, discusión y controversia libres. Pero se marchitarán bajo la mano muerta del conformismo, la rutina y la rigidez burocrática.
La actitud estalinista hacia el arte no se puede separar del modelo de funcionamiento del Estado totalitario en general. Esto se aplica tanto al fascismo como al estalinismo, aunque la base socioeconómica de ambos es totalmente diferente. Sin duda alguna, una caricatura burocrática del marxismo es preferible al veneno del racismo, de la raza superior y la esencia destilada del imperialismo que forma la base de la ideología fascista, de la misma manera que el régimen de nacionalización y planificación es preferible al dominio de los bancos y los monopolios. Sin embargo, en su trato del arte y la ciencia, hay similitudes claras que no son accidentales. Un Estado totalitario no puede aceptar ningún área de la vida social que no controle totalmente. Hitler no sólo prohibió los partidos comunista y socialista y los sindicatos, sino que incluso cerró los clubes de ajedrez de los obreros.
La burocracia estalinista mantuvo a los artistas y escritores bajo el control más estricto ya que, ante la ausencia de partidos y sindicatos, la oposición de los obreros e intelectuales se podía expresar de otra manera. La literatura era especialmente peligrosa. Pero las artes pictóricas e incluso la música, también se podían utilizar para fines subversivos. De ahí el celo con el que los mercenarios a sueldo del Estado en la dirección de los "Sindicatos" de escritores y músicos perseguían todas y cada una de las desviaciones de las normas oficialmente aprobadas del "realismo socialista". Sólo hay que comparar el caldero hirviendo de vida artística en los años 20, con sus múltiples y variopintas escuelas de pensamiento y estilo: futurismo, acmeísmo, simbolismo, imaginismo, constructivismo, y muchos otros "ismos", con el conformismo desalmado de décadas posteriores, con esta atmósfera sofocante, para ver qué gran oportunidad se había perdido.
El gran poeta ruso Vladimir Mayakovsky fue uno de los pocos escritores conocidos que simpatizaba activamente con los bolcheviques desde antes de la Revolución (Gorki era otro). Mientras que otros poetas famosos, como Serguei Yesenin y Alexander Blok simpatizaban con la revolución como compañeros de viaje (el término fue inventado por Trotsky en los años 20), Mayakovsky se identificaba con ella de alma y corazón, y esto se reflejaba en su poesía, que le valió el apodo de "tamborilero de la revolución". Años más tarde, sus poesías y obras de teatro contenían punzantes ataques satíricos contra la burocracia soviética. En 1930 se suicidó, casi seguramente como forma de protesta contra el deslizamiento hacia la reacción burocrática.
Muchos otros no se quitaron la vida pero fueron barridos por las purgas y perecieron en los campos de Stalin. Este fue el destino de otro gran poeta ruso, Osip Mandelshtam. Desde 1932 en adelante, el régimen exigió una sumisión completa de escritores y artistas. Boris Pasternak dejó de escribir por un período de diez años. Durante la guerra publicó algo de poesía, pero volvió a caer en el silencio en protesta contra las purgas de Zhdanov y no escribió nada más hasta la publicación de Doctor Zivago que recibió el premio Nobel en Suecia, y fue inmediatamente prohibido en Rusia.
En el campo de la música, grandes compositores soviéticos, como Shostakovich y Prokofiev fueron humillados en público y sus obras denunciadas por funcionarios ignorantes como Zhdanov, el equivalente de Vyshinsky en el mundo de la cultura. Al igual que en los juicios de las purgas, se vieron obligados a confesar ritualmente. Incluso entonces, algunas de sus mejores obras fueron prohibidas. Este fue el destino de la ópera de Shostakovich, Lady Macbeth de Mtsensk, y de la sexta sinfonía de Prokofiev, ambas prohibidas por Stalin y no interpretadas en la Unión Soviética hasta al cabo de muchos años.
Bajo Stalin, la ciencia estaba en manos de la burocracia que decidía qué teorías eran aceptables para la élite dominante y cuáles eran anatemas. Así, en el terreno de la genética, la investigación soviética quedó atrasada durante años debido a la aceptación de las falsas teorías de Lysenko que estaba protegido por Stalin. En el terreno de la lingüística existía una situación similar, donde se impusieron durante años las falsas teorías de Marr a todos los estudiosos, hasta que el Jefe, poco antes de morir, intervino por sorpresa en el terreno de la lingüística, imponiendo un giro de 180 grados de la noche a la mañana.
La situación fue todavía peor en una ciencia clave como la cibernética que fue denunciada como un absurdo reaccionario burgués y prácticamente prohibida. Este paso, por sí sólo retrasó las investigaciones en un campo tan vital como los ordenadores durante muchos años. Lo mismo, por razones poco claras, pasó en la física con la teoría de la resonancia. También se admiraba a Einstein con suspicacia, aunque en general los físicos salieron bien parados, ya que Stalin estaba ansioso por conseguir la bomba atómica lo antes posible. Sólo las matemáticas puras parecían tener carta blanca, ¡posiblemente porque los burócratas eran incapaces de entenderlas en absoluto! Los que se atrevían a protestar eran marginados, ignorados a la hora de los ascensos o incluso detenidos. En un clima de este tipo, nadie se atrevía a dar un paso sin antes mirar por encima del hombro. Este tipo de atmósfera no es exactamente la más apropiada para animar un modo de pensamiento audaz e innovador que produce grandes avances científicos. Si a esto añadimos el hecho de que los científicos soviéticos estaban en gran medida aislados de la mayoría de corrientes avanzadas del pensamiento científico a nivel mundial, excepto por la lectura de los resúmenes que se les proporcionaba, tenemos una imagen poco halagüeña. Esto explica porqué, a pesar de la gran cantidad de buenos científicos que había, eran incapaces de conseguir los mismos resultados que en occidente. La libertad de crítica, de experimentación, de cometer errores, es esencial para el progreso de la ciencia.
La misma situación existía en la filosofía. Dice mucho de la incapacidad del régimen estalinista el que en setenta años no se produjo en la Unión Soviética ni un sólo trabajo original en el terreno de la filosofía o la economía marxista. Con todos los recursos de un subcontinente a su disposición no fueron capaces de igualar los logros de un sólo hombre sentado en la sala de lectura del Museo Británico. Esto por sí sólo es suficiente comentario del llamado Marxismo-Leninismo del régimen estalinista. No es extraño que los dogmas rígidos y sin vida que se hizo tragar a generaciones de estudiantes bajo este título provocaran rechazo y sólo sirvieran para desacreditar las ideas del marxismo ante los ojos de una gran cantidad de intelectuales y jóvenes serios.
No es por casualidad que los primeros movimientos de la revuelta contra la burocracia en Europa del Este se dieran entre los intelectuales. La intelectualidad no es capaz de jugar un papel independiente en la sociedad, pero es un barómetro extremadamente sensible que puede reflejar muy rápidamente las tensiones que se están acumulando en las profundidades de la sociedad. Esto a veces da lugar a la ilusión de que los estudiantes pueden provocar el movimiento revolucionario, cuando en realidad simplemente actúan como la chispa que enciende el material combustible acumulado en el período anterior. Esto fue lo que sucedió en Francia en 1968, y también con el Círculo Torcido en Polonia y el Círculo Pëtofi en Hungría en 1956.
Este fermento entre los intelectuales también existía en la Unión Soviética. Desde la muerte de Stalin, un sector de los escritores soviéticos, de manera cautelosa al principio, empezaron a afirmar sus derechos contra la mano paralizante de la censura oficial. La literatura oficial soviética se estaba muriendo. La poetisa Vera Inber declaró con gran valentía que nadie leía la poesía soviética y que nadie la leería mientras fuese sobre la "misma vieja presa, y la misma pala excavadora de vapor". En una obra de teatro publicada durante el llamado deshielo, el dramaturgo Zorin describe el conflicto entre un viejo revolucionario veterano, Kirpichev, y su hijo, el carrerista y burócrata del partido, Pyotr:
"El país se ha fortalecido, dice el viejo Kirpichev, y la gente es más rica. Pero junto a los trabajadores voluntariosos y los burros de carga han aparecido, imperceptiblemente, pero ahora en gran número, gente como tú: aristócratas de cuello blanco, avariciosos y engreídos, alejados del pueblo.
"(...) yo simplemente trabajé al lado de los grandes trabajadores de nuestras tierras, exclama el viejo Kirpichev. Trabajé. Y no conocí el sabor del poder. Pero tú has conocido su sabor desde la infancia; y te ha envenenado". (Citado en Edward Crankshaw, op. cit., p. 108).
La obra de Zorin fue demasiado para las autoridades. El Sovietskaya Kultura protestó:
"Sólo alguien completamente ignorante de los hechos de la vida, y cerrando intencionadamente los ojos ante lo que pasa cada día ante nosotros, podría decir tales absurdos perniciosos. ¿Quién no conoce que el objetivo y el contenido de toda la actividad de los organismos soviéticos ministerios, departamentos y todo lo demás¾ es la preocupación diaria por los intereses vitales de la clase trabajadora, y que la misma palabra poder se ha convertido aquí, debido a esto, en algo lustroso, de lo que nos enorgullecemos, la personificación de las más altas esperanzas y aspiraciones de cualquier hombre y mujer soviéticos, y que nuestro pueblo considera su poder popular con confianza y cariño y amor filial inquebrantable?"
No era suficiente que el artista o el escritor aceptase el Estado totalitario. Había que mirarlo con "confianza inquebrantable" y "cariño y amor filial". En otras palabras, se exigía al artista que se prostituyese, que cantase alabanzas al Estado y a la burocracia, y además, que lo hiciese sinceramente, de todo corazón, o si no sería condenado como traidor que se dedicaba a "absurdos perniciosos". ¿Acaso puede sorprendernos que un régimen de este tipo alienase a los mejores intelectuales y artistas? Los llamados "Sindicatos" de escritores, compositores y artistas no eran más que brazos auxiliares de la policía, dirigidos por gente de confianza y agentes de la burocracia, como el viejo estalinista Fadeyev, presidente del Sindicato de Escritores.
Zorin cayó en desgracia, y en el verano de 1954, todas las principales revistas literarias fueron severamente censuradas y los editores de tres de ellas cesados. La reacción del régimen no estaba dictada por consideraciones literarias. Tenían miedo que la oposición de los intelectuales pudiera convertirse en un punto de referencia para el descontento acumulado de las masas. Y tenían razón. La aparición de la novela de Dudintev No sólo de pan, provocó una nueva oleada de críticas y oposición entre la juventud que se extendió a las fábricas:
"Las autoridades estaban alarmadas. En toda Rusia estudiantes de universidad y escuelas técnicas lanzaban periódicos murales y manifiestos fotocopiados expresando y exigiendo rebelión, no contra el propio régimen soviético, sino contra la corrupción el filisteísmo, y las convenciones monótonas y opresivas del establishment. Cuando este estado de ánimo empezó a extenderse a las fábricas, cuando en los cuarteles de marina de Krondstadt y Vladivostok empezaron a aparecer periódicos murales y los agitadores oficiales empezaron a ser abucheados en asambleas de fábrica, la situación era claramente grave". (Crankshaw, op. cit., pp. 115-6).
El joven poeta Yevgenii Yevtushenko era hostil a la burocracia, pero siempre defendió la revolución. En octubre de 1956, se atrevió a publicar unos versos en los que cuestionaba la campaña de desestalinización:
"Ciertamente ha habido cambios; pero detrás de los discursos
Se está jugando algún juego lóbrego.
Todos hablamos y hablamos sobre cosas que no mencionábamos ayer;
No decimos nada de las cosas que nosotros mismos hicimos".Yevtushenko fue expulsado del Kómsomol (la Unión de Juventudes Comunistas) en 1957, cuando el gobierno reprimió a los estudiantes que simpatizaban con la Revolución Húngara. Con gran valentía devolvió el golpe con un poema que de alguna manera vio la luz en Novy Mir:
"Qué terrible nunca aprender
Arrogarse el derecho de juzgar a otros
Acusar a jóvenes puros de corazón, rebeldes
De objetivos impuros.
No hay virtud en el fanatismo de la sospecha.
Jueces ciegos no sirven al pueblo".
capítulo VI: El
período de estancamiento
apartado.- Juicios de
escritores