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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
VI- El período de estancamiento |
El Estado bajo Breznev
Cuando Breznev introdujo la nueva constitución de la URSS en 1978, rechazó (al igual que había hecho Stalin) las insinuaciones de que el Estado no se estaba disolviendo. Al contrario, insistió en que "nuestro Estado se está transformando gradualmente en autogobierno comunista. Esto, por supuesto, es un largo proceso, pero se está desarrollando de manera sostenida. Estamos convencidos que la nueva constitución soviética contribuirá efectivamente a la consecución de este importante logro de la construcción comunista". Pero detrás de toda esta retórica no había un Estado en transición hacia el comunismo, sino un enorme aparato burocrático que dominaba todos los aspectos de la vida. Lejos de "disolverse", cada vez era más poderoso y grotesco, no la "dictadura del proletariado", sino la dictadura sobre el proletariado por parte de un enorme aparato burocrático represivo.
Lenin había previsto que, en la medida en que la capacidad productiva de la sociedad aumentaba, y con ella los niveles de vida y culturales de la población, las funciones de la dirección del Estado y la sociedad gradualmente las realizaría la clase obrera de manera rotativa. Así, el Estado quedaría cada vez más absorbido en la sociedad. En lugar de eso, la monstruosidad totalitaria que era el Estado bajo Breznev se fue haciendo cada vez más opresiva, corrupta y divorciada de la masa de la población.
Este hecho no se puede explicar por el "cerco imperialista" o por la existencia de "restos del viejo régimen" (las excusas habituales de los defensores del estalinismo). El Estado obrero débil y sitiado bajo Lenin y Trotsky, invadido por 21 ejércitos de intervención, mantuvo un régimen escrupulosamente democrático que protegía todos los derechos de los trabajadores. A finales de los años 60, la URSS era el segundo país más poderoso del mundo, con una economía moderna y un potente ejército. Sin embargo el régimen no podía permitirse ni siquiera la más mínima concesión a los derechos democráticos. Esto no era consecuencia de la amenaza exterior, sino porque la burocracia estaba en guerra contra su propio pueblo.
En relación a la otra excusa, ¿de qué restos estamos hablando aquí? Medio siglo después de la revolución de octubre hablar de la amenaza de "restos capitalistas" era totalmente absurdo. Estas habían desaparecido, en gran medida absorbidas en la propia maquinaria burocrática. ¡En la práctica, los herederos del viejo Estado zarista controlaban Rusia! La experiencia posterior ha demostrado que el auténtico peligro para las conquistas de Octubre no venía de este lado sino precisamente de la casta voraz que había minado la economía planificada a través de su mala administración, robos y estafas, un sector de la cual se esfuerza en convertirse en una nueva clase de opresores capitalistas mafiosos.
Bajo Lenin y Trotsky, el atraso extremo y el carácter primitivo del estado y la economía, la intervención imperialista y la amenaza de la contrarrevolución capitalista hacían necesaria una cierta represión contra los enemigos de clase. La propia debilidad del Estado obrero significaba que a veces la lucha tenía que adquirir formas muy duras. Hoy, como parte de la campaña para desprestigiar al bolchevismo, escritores sin escrúpulos exageran esta represión e intentan vincularla a los horrores de las purgas de Stalin. Pero incluso en esas condiciones, se dio un florecimiento sin precedentes de democracia obrera, que sólo fue destruida durante la lucha de Stalin contra la Oposición de Izquierdas, que defendía las ideas de Lenin de democracia e internacionalismo.
En lugar de la democracia y la libertad de la que disfrutó la clase obrera en el período inmediatamente posterior a la Revolución de Octubre, había un sistema de elecciones fraudulentas, en la que todo estaba decidido por arriba de antemano, es decir, por la élite privilegiada dominante. Lenin previó la disolución gradual del Estado desde el inicio del poder obrero. En lugar de eso, se dio un enorme crecimiento de la maquinaria estatal. Esto tenía una base material. Los nuevos "zares" protegían celosamente sus privilegios y su botín. Al mismo tiempo que hablaban de "construir el comunismo" y del "nuevo hombre soviético", aplastaban todas las formas de disidencia y la libertad de expresión.
La represión estatal adquirió formas nuevas y más refinadas (aunque no por eso menos crueles). Bajo Breznev, el código criminal, ya de por si bastante draconiano, fue endurecido todavía más para combatir la disidencia. La adición de las secciones 193-1 y 193-3 multiplicaban las posibilidades de represión. Las detenciones ya no tenían que estar vinculadas a un intento de subvertir el gobierno soviético. Las manifestaciones (aunque el artículo no utilizaba esta palabra) y la distribución de cualquier forma de material con el objetivo de sabotear el Estado podían ser castigadas con tres años de cárcel y tres años de campo de trabajo, respectivamente.
Esta medida se enfrentó a las protestas, entre otros, del famoso compositor Dimitri Shostakovich, y un grupo de viejos bolcheviques. En vano. Las protestas no obtuvieron respuesta alguna y el decreto quedó confirmado por el Soviet Supremo en diciembre de 1966. En enero de 1967 se llevó a cabo una oleada de arrestos contra escritores disidentes que fueron juzgados en tribunales-farsa y enviados a campos de trabajo. Aquellos que protestaron contra estos juicios perdieron su empleo y fueron perseguidos. A los académicos se les privó de sus graduaciones y títulos.
Se consideraba cada manifestación de pensamiento libre e independiente como sospechosa. No se permitía a los autores publicar nada sin la permiso de las autoridades. Cualquier intento de hacerlo podía ser castigado con largos períodos de encarcelamiento con trabajos forzados (entre cinco y siete años en un campo de régimen severo). La imagen horrorosa que de estos campos nos pinta Anatoly Marchenko en su Testigo, demuestra que aunque en ciertos aspectos, la situación en los campos era mejor que en la época de Stalin, en otros era incluso peor.
Al llegar a un campo, los prisioneros a menudo se encontraban conque se habían alargado sus condenas por algunos años, y al final del período se les informaba de que se habían presentado nuevos cargos y que si se negaban a confesar serían condenados a otros siete o diez años. De esta manera, los prisioneros eran enterrados vivos en los campos, sin ninguna perspectiva de salir con vida.
Mucho peor que eso era la práctica de encarcelar a prisioneros políticos en manicomios. En un intento de evitar críticas en occidente empezaron a enviar a los disidentes a hospitales mentales. Entre otras ventajas, eso significaba que no tenían que ser juzgados. De esta manera se encerraba a gente totalmente sana, simplemente sobre la base de las firmas de dos médicos. ¡Por supuesto cualquiera que se quejase del paraíso socialista tenía que estar loco! Entre otros, el ex general Petro Grigorenko y Zhores Medvedev fueron sometidos a este tratamiento inhumano que ensució el nombre del socialismo en todo el mundo. Este fenómeno ya había existido bajo Stalin, pero fue desarrollado y perfeccionado en la era de Breznev, cuando se hizo general. Grigorenko que se pasó años en estos lugares espantosos, recuerda:
"Se abrió un nuevo hospital siquiátrico en Sychyovka, en la provincia de Smolensk. Y después otro en Chernyakhovsk. Las cosas se movían muy rápido. A finales de los años 60 y 70 los hospitales siquiátricos especiales brotaron como setas después de la lluvia. Yo sé de más de diez: Kazán, Leningrado, Sychyovka, Chernyakkosvsk, Dnepropetrovsk, Oryol, Sverdlovsk, Blagoveshchensk, Alma-Ata, y un sanatorio siquiátrico especial en la zona de Poltava-Kiev. Además, se crearon departamentos para tratamiento forzoso en todos los hospitales siquiátricos provinciales. Así se crearon amplias oportunidades para dispersar a presos políticos mentalmente estables entre una masa de pacientes gravemente enfermos". (Grigorenko, op. cit., pp. 408-9).
Y da un destello de las condiciones de pesadilla en estos agujeros infernales:
"Este es el horror de nuestro sistema inhumano de tratamiento forzoso. Una persona cuerda encerrada entre los locos sabe que con el tiempo se puede convertir en uno de los que ve sufriendo a su alrededor. Esto es especialmente espantoso para la gente con mentes sensibles, que sufren de insomnio, que son incapaces de aislarse de los sonidos de un hospital.
"El Hospital Siquiátrico Especial está situado en el edificio de una antigua prisión de mujeres, junto a la famosa Kresty la principal prisión para presos políticos de Leningrado¾ . Aquí, al igual que en las prisiones regulares, sólo hay una división normal en los techos de las celdas. El centro del edificio es hueco. Desde el corredor de la primera planta puedes ver el techo de cristal sobre la quinta planta. Los sonidos se intensifican y reverberan a medida que viajan arriba y abajo. Durante los tiempos de Stalin se utilizaba este hecho para llevar a cabo tortura sicológica.
"Por suerte yo era capaz de ignorar la mayor parte de lo que pasaba en el hospital. Podía acostumbrarme y no darme cuenta del zapateo incesante sobre mi cabeza durante días enteros, con interrupciones sólo cuando el bailarín de claqué cayó en un estado de insensibilidad total. Lo que no puedo olvidar y que a veces me desvelaba por la noche era un aullido nocturno salvaje, mezclado con el sonido de cristal roto. Durante el sueño evidentemente los nervios no están protegidos de esos estímulos. Sólo me puedo imaginar los sufrimientos de una persona cuyo sistema nervioso capta todo lo que sucede a su alrededor. Un paciente en un Hospital Siquiátrico Especial no tiene ni siquiera los miserables derechos de un preso. No tiene derecho alguno. El doctor puede hacer lo que le parezca y nadie se interpondrá en su camino, nadie le defenderá. Ninguna de sus quejas saldrán nunca del hospital. Sólo le queda una esperanza, la honestidad de los médicos". (Ibid, p. 295).
Algunos médicos eran de hecho honestos, e intentaban proteger a los pacientes de los peores abusos. Pero ya que todo el sistema estaba bajo el control de la KGB, y los principales médicos como el tristemente famoso profesor Lunts, eran de hecho oficiales de la KGB en activo, tales intentos estaban condenados a la impotencia. Toda la concepción del sistema privaba al preso de sus derechos. "Estaban totalmente a merced del personal de estos hospitales". (Ibid., p. 407).
Todos estos horrores se dieron en un momento en que el gobierno de la URSS todavía proclamaba que estaba "construyendo el comunismo", es decir, la forma superior de la civilización humana, una sociedad sin clases en la que el Estado se ha disuelto y la necesidad de la coerción ha sido sustituida por una cooperación libre y voluntaria entre los miembros de la sociedad. Los dirigentes de los Partidos Comunistas ahora se rasgan las vestiduras y expresan su crítica tardía ante todos estos horrores de los que parece que ellos eran los únicos que no sabían nada. Pero en ninguna parte se nos da una explicación de cómo podían ocurrir tales monstruosidades bajo el "socialismo real". Así, toda la cuestión queda mistificada y se nos presenta simplemente como acciones arbitrarias por parte de algunos individuos. Pero eso los relega a la categoría de accidentes (es decir, algo que no se puede explicar). Y eso significa que ese tipo de cosas pueden suceder en cualquier sociedad, incluyendo una sociedad socialista. ¡Un buen anuncio para el socialismo! De hecho, un marxista lo puede explicar fácilmente como medidas mediante las cuales la casta dominante trataba de defender su poder y riqueza contra la mayoría de la sociedad. Una vez que se entiende este hecho, no tiene nada de misterioso ni accidental. Simplemente reproduce un esquema de comportamiento que es muy familiar a cualquier estudiante de historia serio que sabe que, utilizando las palabras de Engels, en cualquier sociedad en la que el arte, la ciencia y el gobierno son el monopolio de una minoría, esa minoría utilizará y abusará de su posición en su propio interés.
Los capitalistas son necesarios para el capitalismo. Son "depositarios de los medios de producción". El sistema capitalista no puede funcionar sin beneficio privado la única fuente del fondo de inversión¾ . El afán por la plusvalía es por lo tanto la fuerza motriz del sistema. Los obreros lo consideran normal. Un obrero puede exigir una parte mayor de la plusvalía que se deriva de su trabajo, pero nunca se le ocurriría exigir que los empresarios no reciban nada de beneficio. ¿Pero de dónde viene la riqueza material de la burocracia? Todo lo que les corresponde desde un punto de vista económico es lo que Marx llamó el salario de superintendencia. Cualquier cosa que reciban por encima de eso, no lo reciben como agentes productivos, sino como ladrones, gángsters y parásitos.
Por lo tanto, era demasiado peligroso conceder incluso el más básico de los derechos democráticos, ya que el primer punto que se habría planteado hubiera sido el de recortar los privilegios. No obstante desde un punto de vista económico esto hubiera sido absolutamente correcto. Pero desde el punto de vista de casta de la burocracia, era el beso de la muerte. Esta es la auténtica base material del régimen totalitario.
Lejos de simplificarse la administración con la participación cada vez mayor de las masas, se había consolidado una monstruosa maquinaria burocrática, con un ratio de funcionarios en relación a los trabajadores mucho mayor que en cualquier país capitalista. Comparado con ésta, incluso el Estado americano con su enorme complejo militar-industrial se quedaba pequeño. Lejos de ayudar al movimiento hacia el socialismo, esta masa de ministerios, departamentos y subdepartamentos y su enorme montaña de papeleo, directivas y burocracia constituía uno de los principales obstáculos para el desarrollo de las fuerzas productivas. La política no se determinaba en base a los intereses de la sociedad y la clase obrera sino de los intereses creados de un abultado ejército de funcionarios.
Lo más criminal de todo es que, bajo Breznev, en la Unión Soviética existían las condiciones materiales para por lo menos iniciar el movimiento hacia el socialismo. La división de la sociedad en clases está determinada históricamente por la división del trabajo, por encima de todo, por la división entre el trabajo manual e intelectual. Pero ahora existían las bases para abolir esta división. En 1917, sólo había cuatro millones de obreros en Rusia. En la Unión Soviética en 1980 había 120 millones de obreros. Esta era la mayor clase obrera y probablemente la más educada del mundo.
Sobre la base del desarrollo masivo de la industria, la ciencia y la tecnología, no había ninguna razón por la que no debería de haber el florecimiento más pleno de la democracia obrera. La precondición necesaria para esto era que la dirección de la industria y el Estado estuviera en manos de la clase obrera. Tendría que haber habido plenos derechos para que todos los partidos y tendencias defendieran sus opiniones, incluso para los pocos nostálgicos que quisieran volver al capitalismo. Un régimen de democracia obrera de este tipo hubiera sido la preparación para el inicio del movimiento hacia el socialismo. Pero la precondición necesaria era el derrocamiento de la burocracia, que estaba decidida a mantenerse en el poder por todos los medios a su alcance.
Esta contradicción se hizo cada vez más clara, más obvia y más insoportable, a medida que la Unión Soviética superaba su atraso y desarrollaba una economía moderna. El dominio de la burocracia seguía siendo un obstáculo insuperable que bloqueaba el camino hacia el socialismo. Por eso aumentó el nivel de represión en lugar de disminuir como Lenin había previsto, y como tendría que haber sucedido con la desaparición de las bases materiales para el conflicto social. De hecho, la Unión Soviética se estaba alejando cada vez más del socialismo, las diferencias crecían cada vez más, los antagonismos sociales se agudizaban, el dominio de la burocracia era cada vez más intolerable. El Estado totalitario era sólo la manifestación más palpable de este hecho, no su causa.
capítulo VI: El
período de estancamiento
apartado.- Arte y ciencia