RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VI- El período de estancamiento

 

Niveles de vida en los años 70

Antes de la guerra, cuando Stalin anunció el amanecer "de una vida feliz" Trotsky señaló que en la Unión Soviética sólo había medio par de zapatos por cada obrero. Bajo Breznev la situación era diferente. En 1979, la URSS producía más zapatos que ningún otro país y había cinco pares de zapatos por persona. Durante un período de 30 años después de la muerte de Stalin la tasa de consumo creció una media de 3,6 por ciento por año. El nivel de vida se multiplicó por más de dos. Es cierto que el nivel de vida en la URSS en los años 70 seguía estando bastante por detrás de los de occidente. Sin embargo el consumo siguió aumentando bajo Breznev como demuestra la siguiente tabla:

Nivel de vida soviético
 

Año 1965

Año 1978

Salario mensual l 96,5 Rbs 159,9 Rbs
Número de médicos 554.000 929.000
Familias con TV 24 % 82%
Familias con nevera 11% 78%
Espacio habitable por persona (áreas urbanas) 10 m2 12,7 m2
Consumo de carne/productos cárnicos por persona 41 kg 57 kg.
Consumo de verduras por persona 72 kg 90 kg
Consumo de patatas por persona 142 kg 120 kg
Consumo de pan/grano por persona 156 kg 140 kg.
(Fuente: The Guardian, 17/8/81. Citado en F. Halliday, The Making of the Second Cold War, p. 139).

Sin embargo el crecimiento del nivel de vida se ralentizó gradualmente en los años 70, como demuestran las cifras siguientes:

 

Aumento del consumo 1966-78

1966-70 1971-75 1976-78
5% 2,9% 2,1%

Aumento del consumo de comida 1966-78
1966-70 1971-75 1976-78
4,2% 1,7% 0,6%

Marx dio por supuesto que el punto de partida de un movimiento en dirección al socialismo sería un alto nivel de vida. Sólo satisfaciendo completamente las aspiraciones materiales de hombres y mujeres será posible llegar a un nivel en que esas aspiraciones dejen de dominar las vidas y pensamientos de las personas, preparando el camino para un nivel cualitativamente superior de civilización humana. Mientras exista la escasez, y con ella la lucha humillante por las cosas materiales, nunca se podrá superar la barbarie clasista, y todos los males que la acompañan. La visión de una sociedad sin clases seguirá siendo un fantasma que no se puede alcanzar, como el horizonte que se aleja cada vez más a medida que te vas acercando. Esto explica el estado de ánimo de escepticismo e incluso cinismo entre capas de la sociedad soviética en relación a los discursos hipócritas de los burócratas que vivían rodeados de lujo mientras los ciudadanos soviéticos normales y corrientes tenían que esperar en colas interminables para conseguir productos que escaseaban.

Sin embargo no cabe duda que los niveles de vida de la población soviética experimentaron una mejora en comparación al pasado. Según un informe en el The Guardian a mediados de los 80:

"Ahora casi todas las casas tienen TV y nevera. El setenta por ciento de los hogares disponen de lavadora, y un 40 por ciento tienen aspiradora y alrededor del 15 por ciento tienen coche. Casi la mitad tienen moto o motocicleta". (The Guardian, 7/2/86).

Es más, estas cifras no nos cuentan toda la historia. El crecimiento de los niveles de vida se consiguió prácticamente sin inflación. Y por encima de todo, los precios de los productos básicos se mantuvieron bajos. El pan era tan barato que los campesinos se lo daban a los animales en lugar de grano. Un logro especialmente importante fueron los alquileres bajos. Mientras que un obrero en occidente se gasta entre un tercio y la mitad de su salario en alquiler, la situación en la URSS era totalmente diferente. De cada 200 rublos mensuales de salario, sólo 10 rublos al mes iban para el alquiler que incluía agua caliente, calefacción central, y, por lo menos en Moscú, llamadas telefónicas locales gratis. La educación y la sanidad eran completamente gratuitas, no había paro y todo el mundo disfrutaba de un mes de vacaciones gratis en centros gestionados por los sindicatos. La Unión Soviética tenía probablemente el mejor sistema de transporte público del mundo, con precios increíblemente baratos: cinco kopeks para cualquier distancia en el metro de Moscú por ejemplo.

Sin embargo, a pesar de todas estas mejoras, los niveles de vida todavía iban por detrás de por lo menos los de los países capitalistas más avanzados. La falta de viviendas seguía siendo un problema grave. Las condiciones de alojamiento para la mayoría todavía eran muy apretadas y en muchos casos intolerablemente malas. Una cuarta parte de las familias compartían baño y/o cocina. Los obreros ya no sufrían las privaciones del período anterior. No había escasez real, por lo menos de los productos básicos. Por supuesto que había colas, pero al final la gente conseguía lo que quería. Pero la calidad de los productos producidos bajo el sistema burocrático era harina de otro costal. Trotsky ya había señalado antes de la guerra que la calidad eludía a la burocracia como un fantasma fugaz. Como regla general, cuanto más cerca estaba un producto del consumidor, peor era su calidad. La falta de control democrático se revelaba de la manera más obvia en el terreno de los bienes de consumo. Sobre todo en una sociedad que decía haber construido el "socialismo", el bienestar material de la población no se podía medir solamente en términos de cuánto pan y cuántas patatas se consumían, ni siquiera cuánta carne y mantequilla.

Existe un vínculo estrecho entre el crecimiento económico y el nivel de vida. Por encima de todo, la correlación correcta entre la industria pesada y la industria ligera, y entre la industria y la agricultura, son cuestiones clave. En 1971 el Ministerio de la Industria Ligera recibió quejas sobre 7,6 millones de pares de zapatos, 1,5 millones de pares de calcetines, 1,7 millones de piezas de géneros de punto, y 170.000 de trajes. En la primera mitad de 1971, la red de tiendas al por menor de Moscú rechazó bienes industriales por valor de 33 millones de rublos. En el mismo año, las pérdidas por productos industriales rechazados se estimaron en 600 millones de rublos, pero la revista Finansy USSR comentaba que "las pérdidas en realidad eran mucho mayores". En 1970 y 1971, el 50 por ciento de los productos inspeccionados por la Inspección del Ministerio de Comercio de la República Soviética Rusa no cumplían los criterios oficiales mínimos. Esto provocó un aumento de los stocks de productos no vendidos en los almacenes de año en año. De 1968 a 1971, el excedente de productos no vendidos representaba el 32-52 por ciento de las ventas. A principios de 1972, este excedente alcanzaba el valor de 3.400 millones de rublos.

Aquí vemos el principal defecto de la planificación burocrática. Sin el control democrático y la participación de la clase obrera, esta lleva inevitablemente a un florecimiento descontrolado de despilfarro, corrupción y mala gestión. Esto siempre era cierto —incluso en el mejor período de la URSS—, pero en una economía moderna y sofisticada que producía un millón de productos diferentes cada año, se convirtió en una pesadilla. La prensa soviética del periodo al que nos referimos estaba llena de los ejemplos más escandalosos de chapucería burocrática. El siguiente es un ejemplo típico:

"¡Cuanto más caro es el material, menos tela se necesita para cumplir el plan! (...) Cuanto más barato es el modelo, hay que producir más coches para cumplir el plan, y eso requeriría capacidad y mano de obra adicional (...) Un ingeniero de energía una vez me alabó por dejar la luz encendida: ‘¡Muy bien! ¡Cuanta más energía consumáis, mayor será nuestra paga!’ El director de la planta electromecánica de Riga comentaba: ‘Cualquier índice cuantitativo que se utilice para planificar y evaluar, inevitablemente será unilateral y en última instancia dañino. Si se mide por toneladas, la producción se hará más pesada. Si se mide por rublos, entonces se hará más cara. Si se utilizase como base la satisfacción del consumidor, entonces ciertamente el volumen de producción nunca sería la medida". (Directores de empresa citados en Literaturnaya Gazeta, Noviembre 1976).

El punto de vista puramente cuantitativo de la planificación inevitablemente provocaba las distorsiones más grotescas ante la ausencia de la participación y el control democráticos de la clase obrera:

"Si el director puede salir adelante produciendo sólo unos pocos modelos de zapatos, entonces tendrá producción a gran escala y podrá recortar los costos. Si puede desviar su producción hacia zapatos de tallas pequeñas y dejar de lado las grandes, puede ahorrarse piel. Finalmente, aunque el Estado marca el precio de sus zapatos, diferentes modelos le darán diferentes márgenes de beneficio. El director puede intentar especializarse en aquellos modelos que le reporten un mayor beneficio.

Hasta dónde puede llegar el director depende de lo fuerte que sea su posición a la hora de regatear. En el pasado, esta posición ha sido de hecho buena. Siempre se ha producido menos que lo que los consumidores iban a comprar. Así, has sido muy fácil tratar con los mayoristas; ya que podían vender cualquier cosa, ¿para que pelearse con el productor en un mercado de vendedores? Sólo el consumidor final se quejaba amargamente sobre los resultados de este sistema". (David Granick, The Red Executivo, p. 34)

Trotsky señaló que presentar el crecimiento económico puramente en términos de volumen es como tratar de demostrar la fuerza de un hombre sólo sobre la base de su anchura de pecho. El punto de vista puramente cuantitativo de los objetivos lleva a la producción de los vehículos más pesados e incómodos, para que se llegue al objetivo en toneladas; o a que se produzcan miles de zapatos pero todos del pie izquierdo. Por supuesto, los obreros detectaron estos "errores", pero ante la ausencia de la libertad de expresión y de sindicatos libres, no había manera de denunciarlos. Las críticas demasiado abiertas sólo conducían a problemas, despidos, encarcelamientos y encierro en hospitales siquiátricos. Era mejor mantener la cabeza gacha y la boca cerrada, recibir la paga a final de mes y esperar que las cosas mejorasen, lo que parecía estar sucediendo en muchos casos.

En un discurso al Congreso del Partido en 1986, Gorbachov describió la situación de la industria ligera:

"El año pasado se devolvieron a las fábricas o fueron marcados como bienes de grado inferior millones de metros de tela y millones de pares de calzado de piel y otros bienes de consumo. Las pérdidas fueron importantes: materias primas derrochados y el trabajo de cientos de miles de obreros desperdiciado". Y añadió: "La burocracia hoy en día es un obstáculo importante (...) Las distorsiones burocráticas se manifiestas más fuertemente en aquellos sitios en los que la gente tiene que rendir menos cuentas de lo que hace". (The Times, 27/2/86).

Libre de todo control por parte de la población, la burocracia se comportaba de una manera totalmente irresponsable. Mostraban la misma miopía, el mismo desinterés criminal por los intereses generales de la sociedad que los grandes monopolios. En general fueron igual de malos que la burguesía en relación al medio ambiente. Esto quedó demostrado con el desastre nuclear de Chernobyl, la destrucción del mar de Aral, el envenenamiento del mar Caspio y el lago Baikal y el hundimiento de buques nucleares en el Océano Ártico.

Un indicio del caos y la desorganización absoluta era la loca proliferación de ministerios de todo tipo. Sólo en el sector de la máquina-herramienta había no menos de 11 ministerios diferentes —el Ministerio de Construcción de Maquinaria General, el Ministerio de Construcción de Maquinaria Pesada, etc.¾ . En el transporte había cinco ministerios, etc. Había muchos ejemplos de los problemas creados por esta situación. Por ejemplo, se descubrió gas natural en Asia Central. Pero para empezar la explotación se tenían que conseguir las firmas de 27 ministerios y departamentos diferentes. Se tardó siete años en conseguirlas, pero para entonces el gas ya se había perdido.

 



capítulo VI: El período de estancamiento
apartado.- El problema de la calidad