RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VI- El período de estancamiento

 

Avance tecnológico

En los años 30, cuando la economía todavía era relativamente primitiva y las tareas en relación a la construcción de la industria pesada relativamente simples, el método de dirigismo autocrático desde arriba todavía podía conseguir resultados, aunque a un coste terrible. Sin embargo, más adelante, cuando en la URSS se producían un millón de productos diferentes, y con todas las interrelaciones sensibles de una economía moderna compleja, el método insensible del control burocrático, sin la participación de las masas, llevó a un caos absoluto. Las leyes del funcionamiento del capitalismo son fundamentalmente diferentes de las de una economía planificada nacionalizada. Bajo el capitalismo, por lo menos en el pasado, el mecanismo del mercado servía como control aproximado de la ineficacia (aunque hoy en día los grandes monopolios pueden manipular el mercado en su propio interés, distorsionando todo el proceso). Pero en una sociedad en la que toda la economía está en manos del Estado, el mecanismo automático del mercado ya no es aplicable. El único control posible es el control consciente de las masas en cada fase de la elaboración y aplicación del plan.

Trotsky explicó que una economía planificada necesita la democracia tanto como el cuerpo humano necesita oxígeno. Sin control y gestión de los trabajadores, sin sindicatos libres y el derecho de discutir y criticar sin miedo, habría inevitablemente corrupción, despilfarro y nepotismo desenfrenados. El robo y la estafa florecieron a un nivel inimaginable. La Unión Soviética era un subcontinente, con una cantidad enorme de empresas. Bajo Stalin, todas las decisiones económicas, desde la más importante a la más insignificante, las tomaban 15 ministerios en Moscú. Incluso en estos ministerios hubieran sido todos genios, se producirían inevitablemente todo tipo de chapucerías y mala gestión, sin el control necesario de la democracia obrera. Mientras la economía fue más o menos primitiva los problemas provocados por la burocracia se podían tolerar porque la economía avanzaba a un ritmo muy rápido.

Una economía moderna y sofisticada como lo era la URSS ya en este período, es un mecanismo muy delicado. No se pueden establecer las relaciones precisas entre la industria pesada, la agricultura, la ciencia y la técnica mediante el dictado administrativo. Ante la ausencia de competencia, la única manera de evitar chapuzas y corrupción es a través del control consciente de la sociedad, mediante la administración democrática de la clase obrera. La crisis de la URSS y Europa del Este no era del mismo tipo que la del capitalismo en occidente, que es básicamente una crisis de sobreproducción que se manifiesta en una crisis de sobre capacidad, inherente al sistema capitalista de producción. La crisis del estalinismo era una crisis del sistema burocrático de control y planificación, que estaba minando las ventajas de la economía planificada. En occidente, las fuerzas productivas se estrellan contra la barrera de la propiedad privada y el Estado nacional, mientras que en Rusia y Europa del Este, las fuerzas productivas estaban aprisionadas por la camisa de fuerza del Estado nacional junto con el control burocrático. Esto quedaba de manifiesto de forma clara en el terreno clave de la tecnología. Así, para el socialismo, la democracia no es un "extra" opcional, sino una precondición fundamental. Ya se habían alcanzado los límites de la planificación burocrática. Este hecho se manifestaba en una caída sostenida de la tasa de crecimiento, no sólo en la URSS sino en toda Europa del Este:

Tasa de crecimiento 1950-55 1955-60 1960-65 1965-70
URSS 11,3% 9,2% 6,3% 4% Polonia 8,6% 6,6% 5,9% 6,7%
Checoslovaquia 8,0% 7,1% 1,8% 3,4% Bulgaria 12,2% 9,7% 6,5% 4,5%

En los años 70 el crecimiento cayó todavía más, y ya en 1979 la economía de la URSS sólo creció un 3,6 por ciento. Esto significaba que el papel relativamente progresista que la burocracia había jugado en desarrollar las fuerzas productivas en la Unión Soviética se había agotado. La burocracia se había convertido en un freno absoluto para el desarrollo de la economía. La media de crecimiento anual de la productividad del trabajo todavía seguía aumentando en los años 60 y principios de los 70. Pero de 1975 a 1980 esta cayó al 3,4 por ciento y en 1982 era del 2,5 por ciento al año. En 1979, el PIB creció sólo un 0,9 por ciento, y en 1980 un 1,5 por ciento. Los avances que se habían conseguido como consecuencia de la economía nacionalizada y el plan, se veían anulados por el estrangulamiento burocrático. La tasa de crecimiento —que había llegado a ser la mayor del mundo— ya no era muy diferente de las tasas raquíticas del occidente capitalista.

En la época de los primeros Planes Quinquenales el capitalismo demostró ser un freno absoluto sobre las fuerzas productivas, con paro masivo y la gran depresión. La URSS era un faro de esperanza para millones. No sólo los obreros sino también los mejores intelectuales se sentían atraídos por la Unión Soviética. Pero en los años 70 la situación era diferente, por lo menos en relación a los países capitalistas avanzados. El sistema burocrático totalitario con su economía esclerótica no era atractivo para las masas en Europa occidental, EEUU y Japón. ¿Cómo podía serlo, si estaba desarrollando las fuerzas productivas a un ritmo menor que el capitalismo en períodos de boom como en los años 80?

Hoy en día está de moda negar que la URSS hubiese conseguido nada que valiese la pena en el terreno de la tecnología. Eso es una mentira. Los científicos e ingenieros de la URSS eran tan buenos como los de occidente, si no mejores. Esto se demostró no sólo en el programa espacial y armamentístico, sino en la ingeniería, especialmente en proyectos a gran escala, difíciles. El Financial Times (18/2/86) escribió que: "el desarrollo de la tierra yerma y con un clima espantoso de Siberia en los últimos 15 años es un logro de ingeniería que iguala en escala y dificultad la construcción del Canal de Panamá." (énfasis mío). Había numerosos proyectos por el estilo. Los científicos y técnicos soviéticos hicieron una cantidad asombrosa de inventos y descubrimientos, un terreno en el que alcanzaron a los EEUU, y superaron a Japón, Gran Bretaña y Francia.

"La Unión Soviética y los EEUU están a la par a la hora de patentar invenciones, registrando unas 80.000 cada uno al año, muy por delante de las 50.000 registradas en Japón, y muy por delante de las 10.000 de Gran Bretaña y Francia. Actualmente existen más de 20.000 patentes soviéticas registradas en el extranjero, y el país gana unos 100 millones de dólares al año de licencias extranjeras. Esta cantidad va a aumentar bruscamente cuando la nueva generación de inventos soviéticos esté disponible. Este mes, parecen haber perfeccionado su línea de transmisión eléctrica de 1.500 kilovatios, la más potente del mundo". (The Guardian, 19/11/86.)

Pero la enorme promesa de la ciencia y la tecnología soviética nunca pudo realizarse. Al igual que en la agricultura, donde no podían conseguir los mismos resultados que en occidente aunque la inversión era mayor, así tampoco podían utilizar plenamente todas las innovaciones y la tecnología a su disposición. El sistema burocrático actuaba como un enorme freno a todos los niveles. A principios de los años 80, la economía soviética era un organismo altamente complejo, con 50.000 fábricas que producían 20 millones de productos diferentes. Los viejos métodos de control burocrático estaban estrangulando la producción. En un estudio de 526 páginas producido en 1982, destacados académicos soviéticos trataban de analizar los problemas de la economía, basándose en estudios modelo de ocho industrias soviéticas, incluyendo la química, bienes de equipo, control de procesos industriales y ramas de la industria de defensa:

"Concentran la atención en las estructuras y procedimientos de planificación y gestión demasiado rígidas, y en los problemas provocados por la separación de la ciencia de la industria, su burocratización y su fragmentación organizativa. Hablan de conservadurismo e inercia ampliamente extendidos que ven la innovación como un problema mayor que lo que vale, la ausencia de elementos competitivos, la existencia de un ‘mercado de vendedores’ y la falta de relaciones a largo plazo entre productores y consumidores" (Morning Star, 5/8/82, énfasis mío).

El académico Vadim Trapeznikov, vicepresidente de la Comisión Estatal para la Ciencia y la Tecnología, escribiendo en Pravda, hacia la observación que:

"Las plantas soviéticas a veces pueden salir mejor paradas continuando la producción de productos viejos con máquinas viejas, que no instalando nueva maquinaria y lanzando nuevos productos. La innovación —la aplicación rápida en los talleres de los últimos logros de la investigación— hoy en día es el asunto clave al que se enfrentan los planificadores y gestores soviéticos y se discute ampliamente en la prensa soviética. La Unión Soviética tiene más científicos e ingenieros que cualquier otro país del mundo, y está al frente en muchos terrenos de investigación teórica, con logros importantes en relación a su aplicación práctica en toda una serie de campos. Pero el nivel general de la tecnología soviética y la tasa de absorción de los nuevos avances, va por detrás de la mayoría de los países capitalistas, y la mayor parte de productos soviéticos todavía no pueden competir en los mercados de exportación con los mejores que puede ofrecer el capitalismo". (Citado en Morning Star, 5/8/82.)

Lo mismo era cierto en relación a otros campos de tecnología avanzada, como por ejemplo robots industriales. En 1980, en el COMECON sólo operaban un 3,6 por ciento de los 14.000 robots industriales del mundo, comparado con un 9,3 en Alemania Occidental y un 43 por ciento en Japón. Sin embargo, el COMECON había previsto la instalación de más de 200.000 robots industriales en el período de cinco años hasta 1990, de los cuales más de la mitad en la Unión Soviética. Había otros planes para la producción masiva de microprocesadores, micro y macro ordenadores y también el desarrollo de nuevos campos de la electrónica, la robótica, la ingeniería atómica y otras áreas de nueva tecnología.

No había ninguna razón objetiva por la que no se pudiesen alcanzar esos objetivos. Pero no se alcanzaron. A pesar del número impresionante de científicos y técnicos en la Unión Soviética y Europa del Este, no podían conseguir los mismos resultados que en occidente. En todo este período, la diferencia entre occidente y el este siguió creciendo en toda una serie de campos como ordenadores. A estas observaciones hay que añadir otra. El movimiento hacia el capitalismo, lejos de ayudar el desarrollo de la ciencia y la tecnología en Rusia, ha tenido el efecto más desastroso. Baste con dar un ejemplo de la joya de la corona de las conquistas tecnológicas soviéticas: el programa espacial. En este terreno, la superioridad de la URSS no estaba en duda. Dirigía al resto del mundo. Pero ya no es así. Aunque el destacable programa Mir con sus estaciones espaciales sigue siendo una prueba elocuente de los logros del pasado, el movimiento hacia el capitalismo ha significado la introducción de enormes recortes que han minado de forma vergonzosa una gran historia de éxito soviético. En 1996, por falta de fondos, sólo despegaron 11 de los 26 lanzamientos espaciales previstos. Ahora, Rusia ocupa el puesto 19 en la tabla mundial de presupuesto para programas espaciales.

Lenin explicó muchas veces que el futuro de la Unión Soviética no se podía separar de la situación del capitalismo mundial, y especialmente de sus países más avanzados empezando por los EEUU. A pesar de los extraordinarios avances, la URSS siguió siendo relativamente atrasada en relación a los EEUU, en toda una serie de terrenos. Por ejemplo, la red de ferrocarril de los EEUU, a pesar de estar en una superficie mucho más pequeña era dos veces y media más grande que la de Rusia. La URSS iba mucho más atrasada en relación a ordenadores y equipos automatizados. Un libro publicado por Medvedev en 1972 señalaba que: "La energía eléctrica y la producción de electricidad en los EEUU es todavía el doble que la de la URSS. Los Estados Unidos producen dentro de sus fronteras casi una vez y media más petróleo y tres veces más gas natural que la Unión Soviética. A finales de los años 60 la Unión Soviética manufacturaba una cuarta parte de la cantidad de camiones producidos en Estados Unidos y Japón. Producimos muchos menos vagones de pasajeros que países como Italia, Francia, Japón y Alemania del Este. Los Estados Unidos producen casi 20 veces más que nosotros.

"Nosotros fabricamos la mitad de radios que los Estados Unidos y una cuarta parte de los de Japón. Por lo que se refiere a neveras, estamos más o menos al nivel de los EEUU en 1950. En la producción de resinas sintéticas y plásticos seguimos por detrás de casi todos los países europeos, incluyendo Italia; los EEUU producen seis veces más que nosotros. En 1970, Japón produjo cinco veces más fibra sintética que nosotros y los EEUU diez veces más". (R. Medvedev, On Socialist Democracy, págs. 5-6).

La principal debilidad era la incapacidad para elevar suficientemente la productividad del trabajo. Marx explicó que en último análisis, el éxito de un sistema económico dado se puede reducir a la productividad del trabajo, o la economización del tiempo de trabajo. La productividad se incrementó, pero la diferencia con la economía capitalista más avanzada—EEUU—seguía siendo muy grande. La diferencia entre los dos países se acortó considerablemente como resultado de los éxitos de los Planes Quinquenales. Hay que recordar que antes de la Revolución, la Rusia zarista estaba al nivel de una economía tercermundista de hoy en día, y no de las más desarrolladas. En 1913, la productividad de la industria rusa se calculaba en un 25 por ciento de la americana. En 1937-39 había aumentado a un 40 por ciento de la de los Estados Unidos.

Aunque la productividad del trabajo aumentó, en el período de posguerra la tasa de crecimiento cada vez era más lenta; entre 1956 y 1960, la media anual de crecimiento de la productividad industrial era del 6,5 por ciento; entre 1961 y 1965 había bajado a 4,6 por ciento. En 1980 un obrero industrial americano producía lo mismo que 2,8 obreros rusos, es decir, la productividad global del trabajo en la URSS era más o menos un tercio de la de los EEUU. Estas cifras, mucho más que las del volumen total de la producción, nos muestran la diferencia real entre el nivel de desarrollo económico alcanzado, y por lo tanto tienen una importancia crucial. Para la burocracia, el hecho de ir por detrás de occidente, especialmente en el terreno vital de la productividad del trabajo, seguía siendo la cuestión clave. Con una clase obrera mayor, con más del doble de técnicos e ingenieros, la URSS producía sólo el 65 por ciento de la producción americana a mediados de los años 60. Dos terceras partes de los obreros no eran capaces de trabajar eficazmente, y como mínimo un tercio de la producción se perdía por mala gestión, estafa, sabotaje y robo.



capítulo VI: El período de estancamiento
apartado.- La agricultura, el talón de Aquiles