RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

VI-El período de estancamiento

 

La caída de Kruschev

Una buena cosecha el año siguiente llegó demasiado tarde para salvar a Kruschev. La burocracia decidió que las cosas habían llegado demasiado lejos, y que las políticas del líder actual estaban poniendo a todo el sistema en peligro. Estaban aterrorizados ante la idea de que las reformas por arriba abrieran en la práctica las compuertas, tal y como Tocqueville había afirmado. Y actuaron precisamente como se supone que una burocracia amenazada actúa. Organizaron una conspiración para poner fin a la "irresponsable aventura reformista".

En octubre de 1964 Kruschev fue destituido. De la manera típica, no hubo ni congreso ni explicaciones ni votaciones. El "amado dirigente Nikita Sergeyevich" fue apartado con un golpe organizado por sus compañeros más cercanos. En la política no hay gratitud, ¡por lo menos en el mundo de la burocracia! De la noche a la mañana, el hombre que había sido agasajado por la prensa comunista mundial se transformó súbitamente en una persona no existente. Sin un murmullo, sin preguntas, los dirigentes de los partidos comunistas aceptaron inmediatamente la nueva línea. Esto nos recuerda algo que escribió Gorki:

"Pregunta: ¿Qué es lo que haces cuando ves a un hombre cayendo?

Respuesta: Darle un empujón".

La burocracia esperaba que el cambio por arriba llevara a tiempos mejores. Leonidas Breznev subió al poder. Inmediatamente culpó a Kruschev por los fracasos del pasado, dio la vuelta a una serie de reformas, e incluso fue tan lejos como para esconder las estadísticas de 1964 porque eran demasiado favorables. Pero bajo Breznev la crisis del estalinismo se intensificó, con un declive sostenido de la tasa de crecimiento hasta alcanzar el 3 por ciento o menos. Se necesitaban nuevas medidas para darle la vuelta a esta ralentización.

Para empezar, Breznev se vio obligado a abandonar en la práctica la utopía reaccionaria de la autarquía económica ("socialismo en un sólo país"). En un intento desesperado de estimular la economía, la burocracia decidió participar en el mercado mundial. De hecho, sorprendentemente, esto quedó registrado en el texto de la constitución de Breznev. ¡La primera vez en la historia que se ha elevado la participación en el comercio mundial a la categoría de principio constitucional! Probablemente este hecho reflejaba las contradicciones internas en el seno de la élite dominante.

Lenin y Trotsky defendieron la participación de la Unión Soviética en el comercio mundial, pero no lo consideraban como una panacea, sino sólo como un medio para obtener un respiro temporal hasta que la victoria de los obreros en los países capitalistas avanzados acudiesen a la ayuda de la URSS. En aquel entonces la Unión Soviética era un país muy atrasado. Trotsky predijo que, en la medida en que la economía soviética se desarrollase se vería obligada a abandonar la autarquía y participar cada vez más en la economía mundial. Pero precisamente por eso, la crisis en occidente tendría un efecto mayor que en el pasado, aunque pequeño en términos de caída de la producción. Sin embargo, las consecuencias políticas eran mucho más graves. Lenin insistió, correctamente, en la necesidad de integrar la economía soviética tanto como fuera posible en la economía mundial, para sacar el máximo beneficio de la división internacional del trabajo. La burocracia estalinista, miope, al final se vio obligada, bajo Breznev, a abandonar la autarquía y embarcarse por lo menos en una participación limitada en el mercado mundial.

La participación en los mercados mundiales podía haber proporcionado parcialmente un control sobre la burocracia irresponsable y descontrolada. Bajo el sistema capitalista, el funcionamiento de la ley del valor a través del mercado proporciona hasta cierto punto un control. Es cierto que los grandes monopolios distorsionan y manipulan el funcionamiento del mercado en su propio interés. Las 500 empresas más grandes, que actualmente representan más o menos el 90 por ciento del comercio mundial, utilizan sus enormes stocks estratégicos, movimientos especulativos de capitales, presión política y corrupción abierta para conseguir una parte mayor del trabajo de la clase obrera de lo que sería "normal" debido al funcionamiento de la ley del valor. Sin embargo, en última instancia, incluso estas compañías se ven obligadas a operar sobre la base de la ley del valor.

Desde un punto de vista marxista, la participación de la Unión Soviética en la economía mundial no sólo era inevitable sino progresista. Ya en las páginas del Manifiesto Comunista, Marx y Engels explicaron que el capitalismo desarrolla la economía mundial como una única entidad interdependiente. Es imposible aislar una de sus partes componentes sin introducir distorsiones importantes. La experiencia de la URSS durante medio siglo es suficiente para demostrar esta afirmación. Participando en el mercado mundial, la economía soviética se podría haber beneficiado de la división mundial del trabajo. Sus científicos y técnicos hubieran podido tener acceso a las tecnologías e ideas más modernas. Pero por la misma regla de tres, se vio obligada a compararse con las economías más avanzadas del mundo, y en este espejo se vio obligada a ver como todos sus defectos aparecían de la manera más cruel.

El movimiento total de mercancías de la URSS a finales de los 70 era de 123.000 millones de dólares, un aumento importante, pero todavía insuficiente en comparación con el tamaño de la economía soviética. Si tenemos en cuenta que la cifra equivalente para Holanda (aunque es verdad que esta dedica una proporción excepcionalmente alta de su PIB a la exportación) era de 132.000 millones de dólares, enseguida se ve la diferencia. En los años 60 y 70, el comercio exterior de la URSS aumentó del 4 al 9 por ciento del PIB. Sin embargo, ya que el comercio mundial crecía todavía más rápidamente en ese período, su participación sobre el total del comercio mundial disminuyó del 4,3 al 3,8 por ciento. Este era el porcentaje de la URSS en el comercio mundial y el de otros países:

1979 porcentaje del total del comercio mundial:

URSS 3,8

Gran Bretaña 6,0

Alemania Occidental 10,1

Holanda 4,1

Francia 6,4

EEUU 12,3

Italia 4,6

Japón 6,5

Otros 46,2

Habría que añadir que aunque los EEUU tenían un 12,3 por ciento del mercado mundial esto representaba sólo el 6 por ciento de su PIB. Sin embargo, esta situación cambió más adelante. Con el ataque a los niveles de vida y la reducción consiguiente del mercado interno, los EEUU adoptaron una política agresiva para aumentar sus exportaciones a costa de sus rivales, en primer lugar Japón. En los años 80 aumentó la parte del PIB dedicada al comercio mundial del 6 al 13 por ciento, y tiene planes para aumentarlo hasta un asombroso 20 por ciento para el año 2000. Esto equivale a una declaración de guerra (por lo menos de guerra comercial) contra sus principales rivales, que también están igualmente decididos a aumentar su participación en el mercado mundial. No hace falta decir que en este contexto, las perspectivas para el régimen capitalista ruso no parecen muy brillantes. Pero volveremos al tema más adelante.

En el propio bloque soviético había un potencial enorme, si se hubiese organizado como un conjunto armónicamente integrado. El COMECON era una unidad de 450 millones de personas, con una industria desarrollada, una gran cantidad de científicos y técnicos, una superficie agrícola muy extensa, y acceso a recursos naturales casi ilimitados. La población del COMECON superaba en 180 millones la de la Comunidad Económica Europea de aquel entonces. Si a esto añadimos mil millones de chinos, inmediatamente queda claro el enorme potencial para el desarrollo económico. Pero la condición previa era la formación de una federación socialista de la URSS, Europa del Este y China.

El único obstáculo para hacerlo eran los estrechos intereses nacionales de cada burocracia empeñada en la defensa de sus fronteras contra sus "vecinos" socialistas. De hecho, el grado de integración económica entre los países del COMECON era incluso menor que la que existía entre los Estados miembros de la CEE. Así, la búsqueda del socialismo en un sólo país retrasaba materialmente el progreso de todos estos países. En lugar de poner en común todos sus recursos de manera racional, cada burocracia nacional insistía en construir su propia industria pesada (incluyendo a la minúscula Albania), con los resultados desastrosos que eran de esperar. La bancarrota final fue el espectáculo de las tropas chinas y soviéticas matándose las unas a las otras por una frontera artificial e irracional trazada en el siglo XIX por el zar ruso y el emperador chino.



capítulo VI: El período de estancamiento
apartado.- La Unión Soviética se queda atrás