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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
V-De la guerra a la desestalinización |
De Stalin a Kruschev
La victoria de la Rusia estalinista en la guerra, seguida por la Revolución China de 1949, y el establecimiento de nuevos regímenes estalinistas en Europa del Este, significó un fortalecimiento del régimen por todo un período histórico. Embriagados de éxito, los estalinistas pudieron presentar su sistema como "la única forma de socialismo posible". Sin embargo, la principal razón del aguante de la burocracia estalinista fue que, durante todo este período, consiguió desarrollar las fuerzas productivas. Rusia pasó de ser un país atrasado y campesino a convertirse en la segunda potencia industrial de la tierra y en la primera potencia militar.
Durante un largo período estuvo de moda hablar del "milagro alemán" y del "milagro japonés" después de 1945. Pero esos logros, indudablemente reales, palidecen por su insignificancia comparados con los avances colosales de la Unión Soviética en el período de reconstrucción de la posguerra. Ningún otro país había sufrido una devastación igual. Veintiséis millones de muertos, y la destrucción a gran escala de su industria e infraestructura; éste fue el balance de cuatro años y medio de guerra sangrienta en suelo soviético. Además, a diferencia de Alemania y Japón, la URSS no se benefició del Plan Marshall. Sin embargo superó la devastación de la guerra en cinco años, no con ayuda exterior, sino mediante la utilización planificada de los recursos, y los esfuerzos colosales de la población.
Como ex-oficial de la Inteligencia Británica en Moscú, el escritor Edward Crankshaw no puede ser considerado en modo alguno como un simpatizante de la Unión Soviética. Por lo tanto su evaluación de los logros de la economía soviética se puede considerar como bastante objetiva. Es más, los observadores occidentales en ese tiempo comparten ampliamente su punto de vista. Sólo ahora, en su indecente precipitación para enterrar la memoria de Octubre, recurren a la falsificación escandalosa de la historia para demostrar que realmente no se consiguió nada con la economía planificada. Las siguientes cifras citadas por Crankshaw en su libro La Rusia de Kruschev, ilustran gráficamente la situación:
"En vísperas del primer Plan Quinquenal, en 1928, la producción de acero era de 4,3 millones de toneladas; de carbón de 35,5 millones; de petróleo 11,5 millones; de electricidad de 1,9 millones de kilovatios. Al final del primer Plan, en 1934, la producción había aumentado de la siguiente manera: acero 9,7 millones de toneladas; carbón 93,9 millones de toneladas; petróleo 24,2 millones de toneladas; electricidad 6,3 millones de kilovatios.
"En 1940, justo antes de la invasión alemana de la Unión Soviética, la producción era la siguiente: acero 18,3 millones de toneladas; carbón 166 millones de toneladas; petróleo 31 millones de toneladas; electricidad 11,3 millones de kilovatios. Al final de la guerra, en 1945 la producción había caído de la siguiente manera: acero 11,2 millones de toneladas; carbón 149,3 millones de toneladas; petróleo 19,4 millones de toneladas; electricidad 10,7 millones de kilovatios. Esto a pesar del hecho de que gran parte de la industria pesada había sido trasladada al Este, y que tenía una prioridad absoluta.
"En 1946 Stalin estableció nuevos objetivos. En primer lugar había que restaurar el país, extender rápidamente la economía, para que la Unión Soviética, en sus palabras, estuviera "a prueba de todo accidente". Él diseñó una serie de por lo menos tres Planes Quinquenales. Y sus nuevos objetivos para 1960 como muy temprano, eran: acero 60 millones de toneladas; carbón 500 millones de toneladas; petróleo 60 millones de toneladas. Esto era lo más lejos que podía llegar la imaginación de Stalin. No sólo a los observadores extranjeros sino también a los rusos y al propio Stalin, les parecía que conseguir esos objetivos en 15 años, iba a significar por lo menos otros 15 años de privaciones y trabajo sin recompensa para el pueblo soviético.
"Y cuando se alcanzase el objetivo en 1960, la Unión Soviética todavía estaría muy por detrás de la producción americana de 1950: acero 90 millones de toneladas; carbón 700 millones de toneladas; petróleo 250 millones de toneladas.
"¿Qué es lo que sucedió? En todos los casos, los objetivos de Stalin para 1960 fueron superados: en 1958 la producción de acero sólo estaba 2 toneladas por debajo del total para 1960; la cifra para carbón de 1960 se alcanzó; la cifra de 1960 de petróleo casi se duplicó, 113 millones de toneladas.
"Así que podemos ver que aunque la fanfarronada de Dimitri Yermeshov fue un poco exagerada (la Unión Soviética estaba produciendo bastante menos que 60 millones de toneladas de acero en 1956, y de hecho está previsto que produzca bastante menos que las 100 toneladas de Yermeshov ¾ 86-91 millones de toneladas¾ en 1965), las cosas se mueven muy rápidamente. Y, todavía más importante, se están moviendo en un contexto de aumento del bienestar en todo el país, de aumento de la libertad de pensamiento sobre todo en la esfera económica.
"La presentación del nuevo Plan de Seis años en enero de 1959 fue un canto triunfal de confianza que, tal y como lo expresó Kruschev se puede resumir en boom o fracaso. Los nuevos objetivos hacen que los sueños de posguerra de Stalin parezcan raídos y pasados de moda: acero 91 millones de toneladas; carbón 609 millones de toneladas; petróleo 240 millones de toneladas". Y añade: "Esto se llama pisar los talones a América ¡y tanto!". (Crankshaw, Khruschevs Russia, pp. 25-7)
Otro comentarista, Leonard Schapiro, del que tampoco se puede sospechar remotamente que sea un amigo de la Unión Soviética, llega a la siguiente conclusión:
"En 1948 el país había llegado de nuevo al punto en que estaba empezando a superar la destrucción de la guerra. La recuperación después de 1947 fue de hecho destacable. En 1947 la producción industrial global todavía no había alcanzado el nivel de 1940. En 1948 ya la había superado y el último año de vida de Stalin, 1952, la superaba en dos veces y cuarto. Según la política bien establecida, el principal avance se dio en la producción de medios de producción; así, en 1952, la producción en esta categoría era dos veces y media la de 1940, mientras que la producción de bienes de consumo sólo había aumentado un poco más que una vez y media." (L Schapiro, op. cit., p. 510). ¿Pueden estas cifras ser el resultado de estadísticas manipuladas? El mismo escritor añade en una nota a pie de página: "Las cifras oficiales pueden ser exageradas [y refiere al lector a otro estudio que hace pequeñas críticas] pero todos los expertos occidentales están de acuerdo en que la tasa de recuperación industrial después de 1947 fue destacable." (Ibid, p. 511, énfasis mío).
Es cierto que los niveles de vida siguieron siendo bajos. La política de la dirección era la de concentrarse en la industria pesada a costa de los bienes de consumo, aunque eso era inevitable hasta cierto punto debido a la destrucción masiva provocada por la guerra. Pero mientras las fuerzas productivas se desarrollaban, los obreros sentían que la sociedad iba hacia adelante. El país desbordaba alegría y triunfalismo militar por el enorme golpe asestado al fascismo, y el derrocamiento del capitalismo en Europa del Este y China. Hubo nuevos avances en la sanidad y la educación. Dentro de la URSS surgió toda una nueva correlación de fuerzas, con el avance de la economía y la eliminación en la práctica del analfabetismo. Sin embargo, la parte del león de la riqueza creada por los obreros se la llevó la burocracia, mientras que la clase obrera no tenía ni voz ni voto sobre cómo distribuir los recursos de la URSS.
A pesar de los bajos niveles de vida y de las dificultades materiales (el problema de la vivienda era especialmente grave), había un ambiente general de optimismo. Esto contrasta bruscamente con la situación actual, cuando el colapso del nivel de vida asociado al movimiento en dirección al capitalismo no provoca ningún optimismo, sino sólo miedo y falta de confianza en el futuro. Esto se puede demostrar fácilmente en relación a la tasa de crecimiento de la población. Después de la guerra, la tasa de nacimientos creció rápidamente. En los últimos cinco años, la tasa de nacimientos se ha desplomado, no sólo en Rusia, sino en toda Europa del Este. Esta respuesta humana elemental nos dice mucho más sobre la auténtica actitud de la gente hacia la sociedad que ninguna estadística electoral.
Con estos éxitos interiores y exteriores, la burocracia miraba hacia el futuro con gran optimismo. Su poder y prestigio aumentaba paralelamente a los de la Unión Soviética. La casta dominante tenía la perspectiva de continuar su misión histórica durante siglos. Al mismo tiempo, la distancia entre los funcionarios privilegiados y las masas siguió creciendo mucho más rápidamente que el crecimiento de la producción.
Después de la guerra los diferenciales siguieron aumentando. Se introdujeron sobornos directos, bajo el nombre de pakety (paquetes), en las instituciones superiores del Partido y el Estado. Cada mes, los funcionarios superiores recibían un paquete con una gran cantidad de dinero además de su salario. Estos eran pagos especiales que se hacían por un canal especial, no pagaban impuestos, y se mantenían totalmente en secreto. "Por lo que se refiere a los miembros del Politburó y el propio Stalin", escribe Medvedev, "el coste de su mantenimiento no se somete a cálculo. Las numerosas dachas y apartamentos, el enorme personal doméstico, los gastos de su personal y guardias sumaban millones de rublos cada año. Por lo que se refiere al coste de mantener a Stalin, eso casi desafía el cálculo". (Medvedev, Que juzgue la historia, p. 843). El ingreso de la burocracia se consigue por medios "legales" e "ilegales".
"Los privilegios de la burocracia son abusos de poder", dijo Trotsky. "Oculta sus privilegios y finge no existir como grupo social. Su apropiación de una inmensa parte de la renta nacional es un hecho de parasitismo social". (Trotsky, La revolución traicionada, pág. 219.) Este hecho no contradice las numerosas campañas demagógicas por parte de Stalin y otros dirigentes soviéticos contra la "burocracia", que se llevaban a cabo para cortar periódicamente los excesos de la casta. No tenían la intención de debilitar a la élite burocrática, sino de fortalecerla.
En los años de la posguerra, la ratio entre los salarios reales de un obrero industrial y el salario del funcionario más alto llegaron a una diferencia increíble. El diferencial salarial entre obreros y gerentes era en general incluso mayor que en el occidente capitalista. "En un pequeño instituto de investigación que se dedicaba a los problemas de la formación de obreros manuales y profesionales en el que trabajé durante 10 años," recuerda Roy Medvedev, "la diferencia entre el salario más bajo para un auxiliar de investigación, 60 o 70 rublos al mes, y el del jefe de sección mejor pagado era de 1 a 13. En los institutos más grandes de la academia de las ciencias la ratio entre el salario de un auxiliar de laboratorio o un investigador nuevo sin grado y el de un académico importante responsable de un departamento es de 1 a 15 o de 1 a 20.
"En los ministerios soviéticos y las instituciones militares importantes la ratio entre los salarios más altos y los más bajos también es de 1 a 20 o incluso de 1 a 30, pero si tenemos en cuenta la gran cantidad de servicios a disposición de los oficiales a cargo del público (cupones de comida, tratamiento médico, vacaciones, transporte personal, etc.) el valor total trasladado a términos monetarios haría que la ratio fuese de 1 a 50 o a veces incluso de 1 a 100". (Medvedev, On Socialist Democracy, p. 224-5).
Esta situación no podía continuar indefinidamente. La clase obrera está dispuesta a hacer sacrificios bajo ciertas circunstancias, especialmente cuando está convencida de que está luchando para transformar la sociedad en líneas socialistas. Pero la condición previa para esa convicción es que tiene que haber igualdad de sacrificios. Pero cuando se abusa de los sacrificios y esfuerzos de los obreros para crear privilegios monstruosos para unos pocos, más pronto o más tarde el fraude provocará una explosión. Esto es más cierto todavía en una sociedad que pretende hablar en nombre del socialismo y el comunismo.
capítulo V: De la guerra a la desestalinización
apartado.- La
última purga de Stalin