RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

V-De la guerra a la ‘desestalinización’

 Victoria en China

Cuando Mao tomó el poder en China a la cabeza de un ejército campesino en 1949 se desarrolló un proceso análogo. Hasta la revolución rusa incluso Lenin había negado la posibilidad de la victoria de una revolución proletaria en un país atrasado. La Revolución China de 1944-49 no siguió el modelo de la de 1917 o de la revolución china de 1925-27. Fue una guerra campesina, que tuvo lugar precisamente por la incapacidad total de la burguesía de llevar a cabo las tareas de la revolución democrático-burguesa —acabar con el feudalismo, conseguir la unificación nacional y la expulsión del imperialismo—, y acabó en la victoria de los estalinistas chinos. Ese fue un enorme paso adelante para el pueblo chino y para los obreros y campesinos oprimidos de todo el mundo. De hecho, después de la revolución rusa, la revolución en China representa el segundo acontecimiento más importante en la historia de la humanidad. Una nación imponente de 800 millones de personas, que habían sido tratadas por sus amos extranjeros como animales de carga, de repente se puso en primera fila de la historia, un lugar que todavía ocupa.

Pero aunque sacudió al mundo, la revolución de 1949 no fue en absoluto como la Revolución de Octubre. El programa de los estalinistas chinos en 1949 no era fundamentalmente diferente del de Castro una década más tarde en Cuba: 50 ó 100 años de capitalismo nacional y una alianza con la burguesía nacional. De ahí la creencia de muchos burgueses americanos de que eran "reformadores agrarios". Sólo la tendencia marxista en Gran Bretaña se posicionó contra los estalinistas y otros cuando explicamos no sólo la inevitabilidad de la victoria de Mao y el establecimiento de un Estado obrero deformado, sino también la inevitabilidad de una escisión entre la burocracia china y la de Moscú en un momento determinado. Esta era en una etapa en que Mao y el Partido Comunista Chino tenían un programa de capitalismo y ‘democracia nacional’.

Se conquistó el poder mediante una guerra campesina entregando la tierra a los soldados del ejército de Chiang Kai-shek. Entonces, cuando se consiguió la victoria militar, se abolió el capitalismo y el feudalismo, pero de una manera peculiar, bonapartista, sin la participación consciente de la clase obrera. Esto fue posteriormente aceptado como algo normal e incluso se tomó como modelo para la revolución en los países coloniales. Pero estaba completamente alejado de las concepciones de Marx y Lenin. Nunca antes en la historia se había planteado ni siquiera teóricamente que una guerra campesina clásica pudiera llevar a un Estado obrero, por muy deformado que fuera.

Los obreros de China se mantuvieron pasivos a lo largo de toda la guerra civil por razones en las que no vamos a entrar aquí. De hecho, lo que tenemos aquí es un ejemplo perfecto de una clase: los campesinos en forma de Ejército Rojo, que lleva a cabo las tareas de otra: la clase obrera. No es la primera vez que sucede en la historia. Los Junkers alemanes llevaron a cabo las tareas de la revolución democrático-burguesa en Alemania, y las mismas tareas fueron llevadas a cabo por el régimen feudal en Japón. Pero cuando una clase lleva a cabo las tareas históricas de otra, surgen distorsiones inevitables. De este hecho fluyen ciertas consecuencias.

En el pasado, el ejército campesino era el instrumento clásico, no de la revolución socialista, sino del bonapartismo (burgués). De manera típicamente bonapartista, basándose en el Ejército Rojo, Mao se equilibró entre las clases para consolidarse en el poder. Se apoyó en los obreros y campesinos para perfeccionar un estado a imagen y semejanza de Moscú, después de lo cual pudo librarse de la burguesía sin ningún problema. En palabras de Trotsky, para matar un león necesitas un rifle, ¡para matar una pulga, te basta con el dedo meñique! Habiéndose equilibrado entre la burguesía, los obreros y el campesinado para impedir la toma del poder por parte de los obreros, Mao y la dirección estalinista pudieron expropiar a la burguesía antes de volverse contra los obreros y campesinos para aplastar cualquier elemento de democracia obrera que pudiera haberse desarrollado.

A continuación, la burocracia desarrolló una dictadura totalitaria de partido único, alrededor de la dictadura bonapartista de un sólo individuo: Mao. Por supuesto, semejante régimen no tenía nada en común con un Estado obrero sano, por no hablar del socialismo. No tenía nada en común con los métodos de la revolución proletaria en Rusia en 1917, donde el poder estaba en manos del proletariado a través de soviets electos de obreros y soldados. El régimen maoísta estaba deformado desde el principio, en la forma de un horrible Estado totalitario de partido único. La Revolución China de 1949 empezó donde la Revolución Rusa había acabado.

La revuelta campesina china que acabó en la guerra campesina de 1944-49 dirigida por Mao Tse-Tung, en cierto sentido se derivaba de la revolución fracasada de 1925-27, pero era totalmente diferente a ella en relación al papel de la clase obrera. Era una guerra campesina llevada a cabo primero en la forma de guerra de guerrillas y culminando en la conquista de las ciudades por parte de los ejércitos campesinos. La revolución socialista en contraste con todas las revoluciones anteriores requiere la participación consciente y el control de la clase obrera. Sin esta, no puede haber revolución que lleve a la dictadura del proletariado en el sentido que le dieron Marx y Lenin, ni tampoco puede haber una transición hacia el socialismo.

Una revolución en la que la fuerza principal es el campesinado no puede elevarse a la altura de las tareas planteadas por la historia. El campesinado no puede jugar un papel independiente: o apoya a la burguesía, o apoya al proletariado. Cuando el proletariado no juega un papel dirigente en la revolución, el ejército campesino, con el impás de la sociedad burguesa, se puede utilizar, especialmente con la existencia de modelos anteriores, para la expropiación de la sociedad burguesa, en las maniobras bonapartistas entre las clases y la construcción de un Estado siguiendo el modelo de la Rusia estalinista. Este fue el caso en China, Yugoslavia, y más tarde Cuba, Vietnam , Birmania y en los otros países de bonapartismo proletario.

No es por casualidad que la teoría marxista ha adjudicado la tarea de la revolución socialista y la transición al socialismo a la clase obrera. ¡La emancipación de la clase obrera es la tarea de los propios obreros! Esta no es una afirmación arbitraria. Es producto del papel único que el proletariado juega en la producción, que le da una conciencia específica colectiva que no tiene ninguna otra clase. Y menos que ninguna otra, la clase del pequeño propietario campesino. Una revolución basada en esa clase por su propio carácter estaría condenada a la degeneración y al bonapartismo. La dictadura bonapartista proletaria tuvo éxito en tantos países subdesarrollados en el período de la posguerra precisamente porque protege los intereses de la élite del Estado, el ejército, la industria y los intelectuales del arte y la ciencia.

Desde un punto de vista marxista, pensar que un proceso de ese tipo es normal es una aberración. Sólo se puede explicar por el impás del capitalismo en China, la parálisis del imperialismo, la existencia de un poderoso Estado bonapartista deformado en la Rusia estalinista y, lo más importante, el retraso de la victoria de los obreros en los países industrialmente avanzados. Los países coloniales no podían esperar. Los problemas eran demasiado acuciantes. No había ninguna salida sobre la base del capitalismo. De ahí las aberraciones peculiares en los países coloniales. Pero el precio de esto era, como en la Unión Soviética, la necesidad de una segunda revolución, una revolución política, para poner el control de la sociedad, la industria y el Estado en manos del proletariado. Sólo de esta manera se podría empezar una auténtica transición, o más bien dar los primeros pasos hacia el socialismo.

En Cuba, más tarde, se dio un proceso similar cuando Castro llegó al poder sobre la base de una guerra de guerrillas. El amplio apoyo al "socialismo" no sólo entre la clase obrera, sino también entre los campesinos y amplios sectores de la pequeña burguesía en las ciudades de los países coloniales era la expresión del callejón sin salida del feudalismo y del capitalismo en los países ex-coloniales de la época moderna. También fue el resultado de las revoluciones rusa y china y sus logros a la hora de desarrollar la industria y la economía. Estos factores sentaron las bases para el desarrollo del bonapartismo proletario. En última instancia, el Estado se puede reducir a cuerpos de hombres armados. Con la derrota y la destrucción de la policía y del ejército de Chiang Kai-shek, con la destrucción del ejército de Batista en Cuba, el poder estaba en manos de Mao y Castro respectivamente. El hecho de que nominalmente Mao fuese un "comunista" y Castro, en un primer momento, un demócrata burgués no cambiaba nada.

El dominio de la burocracia rusa hubiese quedado rápidamente minado con la llegada al poder de los obreros en líneas clásicas en estos países. Pero en Europa del Este y en China, el viejo Estado burgués fue destruido, y sustituido por un régimen de bonapartismo proletario. El establecimiento de regímenes de este tipo no representaba ninguna amenaza para Moscú. Al contrario, fortalecieron el dominio de la burocracia por todo un período.

El ejército de campesinos descalzos de Vietnam infringió la primera derrota militar real en la historia de los EEUU. Los obreros y campesinos argelinos consiguieron, después de una lucha larga y sangrienta, forzar al imperialismo francés a abandonar la dominación directa. La incapacidad del imperialismo para aplastar estas revoluciones de las antiguas colonias fue el resultado en gran medida de la oposición de las masas en Europa y EEUU. Cuando un ejército ya está cansado de luchar y los obreros unánimemente dicen "no", no hay poder en la tierra que pueda moverlos. Este hecho explica la concesión de la independencia a la India y la incapacidad de los EEUU de enviar tropas para luchar del lado de Chiang Kai-shek, aunque enviaron gran cantidad de armamento, la mayor parte del cual acabó en manos del Ejército Rojo.

La victoria de la Revolución China, a la que Stalin se opuso inicialmente, y el derrocamiento del capitalismo en Europa del Este, cambiaron radicalmente la correlación de fuerzas a nivel mundial, desventajosamente para el imperialismo. Al mismo tiempo, estas revoluciones no tuvieron el mismo efecto que la Revolución de Octubre de 1917 que provocó una oleada de radicalización revolucionaria en los países avanzados. En cada caso, el capitalismo fue derrocado, pero de manera bonapartista distorsionada, con los obreros jugando un papel subordinado. En cada caso los regímenes que se formaron lo hicieron siguiendo de cerca el modelo de la Rusia estalinista: con todas las deformaciones burocráticas monstruosas, el terror policíaco, las desigualdades y la falta de libertad. Semejantes regímenes no tenían ningún atractivo fundamental para los obreros de los países capitalistas avanzados, aunque sí lo tuvieron para las masas oprimidas de Africa, Asia y América Latina.



capítulo V: De la guerra a la desestalinización
apartado.-  De Stalin a Kruschev