RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

V-De la guerra a la ‘desestalinización’

 Cambia la marea

En condiciones de guerra, se desarrolló rápidamente un nuevo alto mando. La nueva generación de oficiales soviéticos se formó bajo el fuego. Estos salieron de entre los oficiales más jóvenes que habían sido formados en las tradiciones de la Revolución de Octubre y la guerra civil. Los Voroshilovs y Budyonnys fueron apartados discretamente. Se liberó a hombres que habían sido encarcelados durante las purgas para tomar el mando del Ejército Rojo. Estos oficiales de talento eran el resultado de la escuela revolucionaria del genio militar de Tujachevski. Ellos dirigieron el Ejército Rojo en el avance más espectacular en la historia de la guerra. Así, no sólo en la esfera económica, sino también en el terreno del talento militar, la Revolución demostró lo que era capaz de hacer. Basta con comparar el comportamiento del Ejército Rojo con el de las fuerzas zaristas en 1914-17 para ver la diferencia. La brillante victoria de Rusia en la guerra fue, en sí misma, la confirmación más destacada de la superioridad de la economía planificada sobre la anarquía capitalista.

Después de arrastrar los pies en un primer momento, el gobierno soviético evacuó recursos humanos y materiales a escala gigantesca. De julio a noviembre de 1941, se sacaron y desplazaron físicamente de las zonas amenazadas más de 1.523 fábricas industriales, de las cuales 1.360 fueron descritas como a gran escala. Esto fue una gesta increíble, sin igual en la historia de la guerra. Con el avance alemán, decenas de millones de personas se desplazaron hacia el Este. La economía soviética sin embargo sufrió duros golpes. Para noviembre de 1941 más de trescientas fábricas de armamento habían sido tomadas por los alemanes. En el mismo año 1941, la producción industrial fue sólo un 51,7 por ciento de la de noviembre de 1940. Entre 1940 y 1942 se produjo una caída masiva en la producción. La producción de hierro cayó (en millones de toneladas) de 14,9 a 4,8; la de acero de 18,3 a 8,1; los productos de tren de laminado de 13,1 a 5,4; el carbón de 165,9 a 75,5; la de petróleo de 31,1 a 22; y la electricidad (en miles de millones de kw/h) de 48,3 a 29,1. En 1942 los alemanes habían ocupado el norte del Cáucaso y la cuenca del Don lo que le costó a la URSS las mejores zonas de grano que le quedaban y los yacimientos petrolíferos de Maikop, y durante un período se detuvo el suministro vital de petróleo de Baku. Las cosechas quedaron devastadas. Sólo en marzo de 1942 ¾ a pesar de la continuación de las derrotas y retiradas— empezó a recuperarse la producción de manera sostenida.

Engels en una ocasión explicó que en una economía sitiada, las leyes del capitalismo ya no se aplican. Enfrentada a un dilema de vida o muerte, la burguesía recurrirá a medidas de planificación, centralización y nacionalización. Este hecho por sí sólo es una respuesta aplastante a todos aquellos que proclaman a los cuatro vientos la supuesta superioridad del mercado. Por cierto, durante la segunda guerra mundial los niveles de vida aumentaron en Gran Bretaña y los EEUU, a pesar de la enorme cantidad de la producción que se dedicó a la economía de guerra. Así, incluso en occidente, no se dudaba de las ventajas de la planificación centralizada durante la guerra (parcial, por supuesto, ya que la auténtica planificación no es posible en una economía capitalista). Pero en el caso de la Unión Soviética, la superioridad abrumadora de la economía planificada quedó demostrada contundentemente, especialmente cuando se la sometió a la prueba más dura de todas, la sangrienta ecuación de la guerra.

Se dio la vuelta a la situación de manera espectacular, lo que fue la clave para la victoria. Se reorganizó la industria de guerra y se puso sobre unos cimientos más sólidos. Se liberó a especialistas de los campos de trabajo de Stalin para trabajar en las industrias de guerra. En 1940 se dedicaba el 15 por ciento de la renta nacional a gastos militares. En 1942 la cifra había aumentado hasta el 55 por ciento. Según Nove, "quizás la más alta que nunca se haya alcanzado en ninguna parte". La economía nacionalizada fue la que lo hizo posible. Tal y como Nove explica: "Sin duda la experiencia de la planificación centralizada en los diez años anteriores fue de gran ayuda. En el proceso de controlar más de cerca los recursos, el gobierno recurrió a planes trimestrales e incluso mensuales, mucho más detallados que en tiempo de paz.

"La práctica de balances materiales se utilizó con éxito para distribuir los materiales y combustible disponibles para usos alternativos de acuerdo con las decisiones del todo poderoso Comité Estatal de Defensa. En agosto de 1941 se adoptó un plan de guerra de emergencia que cubría el resto de ese año y 1942. A partir de entonces hubo planes económicos militares anuales, junto a algunos planes a más largo plazo, incluyendo uno para la región de los Urales que cubría los años 1943-47". (Nove. op. cit., pp 278-9). Estos pocos hechos son suficientes para demostrar la enorme superioridad de la economía soviética.

No sólo la industria soviética fue capaz de producir una enorme cantidad de equipos militares, sino que los tanques, aviones y cañones eran de gran calidad, y se podían comparar favorablemente con sus equivalentes alemanes. Esto, junto a la determinación de la clase obrera soviética de defender los logros de la Revolución, fue lo que determinó el resultado del conflicto, y en última instancia de la segunda guerra mundial en Europa, que fue en la práctica un duelo titánico entre la URSS y la Alemania nazi. Aunque Hitler tenía una gran ventaja al inicio de la guerra y tenía todos los recursos de la Europa ocupada a su disposición, fue derrotado. Ante los atónitos ojos del mundo, el Ejército Rojo se recuperó de lo que para cualquier otro país hubiera sido un golpe mortal, se reagrupó, y contraatacó, empujando al ejército alemán hasta Berlín.

Aunque la marea militar empezó a cambiar muy a finales de 1942, el territorio recuperado muchas veces añadía poco a la potencia económica soviética. Los nazis aplicaban una política de tierra quemada. Así, en 1943, el producto industrial bruto de la Ucrania soviética era sólo el 1,2 por ciento del de 1940. A pesar de eso, las masas soviéticas estaban combatiendo en una guerra de liberación contra los invasores nazis. Si los ejércitos nazis ganaban, hubiera sido un resultado horroroso para el pueblo ruso. Esto fue lo que le dio al Ejército Rojo la moral de combate para derrotar a Hitler. El ejército alemán fue finalmente detenido en Stalingrado. La batalla de Kurks marcó el punto de inflexión en el frente oriental. Esta fue sin duda la batalla más decisiva de la guerra. En una lucha titánica con más de 10.000 tanques por bando, el Ejército Rojo salió victorioso.

A propósito, durante todo este tiempo el ejército británico estaba estacionado en Persia, justo en la frontera de la URSS. Stalin le pidió a Churchill enviar las tropas británicas que no estaban haciendo nada a ayudar al Ejército Rojo en el Frente Oriental. Su ‘aliado’ británico amablemente contrapropuso al generalísimo que las tropas rusas que estaban frente a las suyas al otro lado de la frontera se retirasen del frente, mientras el ejército británico muy amablemente les guardaría la frontera en su lugar. En realidad, Churchill estaba esperando la derrota del Ejército Rojo, para poder ordenar al ejército británico la toma de Baku con su riqueza en petróleo, siguiendo la misma política que cuando el ejército británico invadió el Cáucaso durante la guerra civil. ¡Incluso Stalin podía entenderlo!

El resultado final fue que ambos bandos se mantuvieron en sus posiciones, mientras que las batallas más decisivas de la guerra se libraban en suelo soviético. Desgraciadamente para Churchill, la batalla acabó con la victoria del Ejército Rojo que avanzó rápidamente hacia el corazón de Europa. Los alemanes fueron repelidos, aunque, como consecuencia de la política loca de Stalin, las pérdidas rusas fueron aterradoras. La explicación para esto es más política que militar. Si la Unión Soviética hubiera tenido una política internacionalista, haciendo un llamamiento a los obreros alemanes a derrocar a Hitler, esto hubiera tenido repercusiones importantes, especialmente después de las primeras derrotas alemanas. La perspectiva de una Alemania socialista unida en una federación con la Rusia soviética indudablemente hubiera encontrado un eco en las mentes y corazones de los obreros y soldados alemanes.

De esta manera hubiera sido posible evitar los costes terribles que sufrió el Ejército Rojo en su avance hacia Berlín. La victoria se podía haber conseguido antes y con un coste mucho menor. Pero Stalin siguió una política de carácter totalmente chovinista. Reflejando esta política, Ilya Ehrenburg declaró que "si los obreros alemanes nos reciben con banderas rojas, ellos serán los primeros en ser fusilados". Una política de este tipo garantizaba que el ejército alemán lucharía desesperadamente por cada palmo de terreno. Esto explica las horribles pérdidas humanas en ambos bandos.

Como consecuencia de un error de cálculo enorme de las potencias occidentales, fueron los rusos y no los aliados los primeros en llegar a Berlín. Trotsky explicó que el principal peligro para la economía planificada y nacionalizada no era tanto una derrota militar como los bienes de consumo baratos que llegarían en el tren del equipaje de un ejército imperialista. Lo que pasó fue que los ejércitos de Hitler no trajeron bienes de consumo baratos sino cámaras de gas. Como resultado, no sólo la clase obrera, sino también los campesinos lucharon como tigres para defender la Unión Soviética. La victoria de la URSS en la guerra fue uno de los principales factores que permitió la supervivencia del régimen estalinista durante décadas después de 1945. Para los obreros de Rusia y del mundo, parecía que la burocracia estaba jugando un papel progresista, no sólo defendiendo la economía planificada contra Hitler, sino extendiendo las formas de propiedad nacionalizadas a Europa del Este, y, más tarde, a China. En realidad, estas revoluciones empezaron donde la Revolución Rusa había acabado: como regímenes de bonapartismo proletario monstruosamente deformados. La creación de estos regímenes, lejos de debilitar a la burocracia de Moscú, la fortaleció enormemente durante todo un período histórico.



capítulo V: De la guerra a la desestalinización
apartado.-  Las maniobras de Stalin