RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

V-De la guerra a la ‘desestalinización’

 

 ‘Para los archivos’

A mediados de junio de 1941 Hitler había concentrado enormes cantidades de recursos militares en la frontera soviética. Se desplazaron cuatro millones de tropas alemanas en la frontera preparadas para invadir. También había 3.500 tanques, unos 4.000 aviones y 50.000 cañones y morteros. Se intentó mantener todos estos preparativos en secreto, pero dado su tamaño, se enviaron al gobierno soviético numerosos informes de unidades fronterizas por los servicios de inteligencia soviéticos e incluso de oficiales de los gobiernos de los EEUU y británico. Stalin se negó a actuar sobre la base de estos informes; en lugar de eso escribió sobre ellos "para los archivos", y "para archivar". Todo esto lo confirmó el general Zhukov en sus Reminiscencias y reflexiones. Cuando el mando militar soviético pidió permiso para poner las tropas soviéticas en alerta, Stalin se negó. Se negaba a creer que Hitler invadiría. "Cada vez más aeroplanos entraban en el espacio aéreo soviético", informa el mariscal del aire A. Novikov, "pero no se nos permitía detenerlos". (Citado en Medvedev, Que juzgue la historia, p. 332).

En su discurso al 20 Congreso del PCUS, Kruschev señaló que el 3 de abril de 1941, Churchill, a través de su embajador en la URSS, el ministro británico Stafford Cripps, advirtió personalmente a Stalin que los alemanes habían empezado a reagrupar sus unidades armadas con la intención de atacar a la Unión Soviética. Churchill afirmó en sus escritos que trató de "advertir a Stalin y llamarle la atención sobre el peligro que le amenazaba." Churchill insistió repetidamente en sus comunicaciones del 18 de abril y de los días siguientes. "Sin embargo", dijo Kruschev, "Stalin no tomó en cuenta estas advertencias. Es más, Stalin ordenó que no había que dar credibilidad a información de este tipo, para no provocar el inicio de las operaciones militares.

"Tenemos que afirmar que información de este tipo en relación a la amenaza de una invasión armada alemana del territorio soviético estaba llegando también desde nuestras propias fuentes diplomáticas y militares; sin embargo, debido a que la dirección estaba condicionada contra este tipo de información, estos datos eran enviados con miedo y valorados con reserva.

"Así, por ejemplo, información enviada desde Berlín el 6 de mayo de 1941, por parte del agregado militar soviético, capitán Vorontsov, decía: ‘el ciudadano soviético Bozer... comunicó al viceagregado naval que, según una declaración de cierto oficial alemán del cuartel general de Hitler, Alemania se está preparando para invadir la URSS el 14 de mayo a través de Finlandia, los países bálticos y Letonia. Al mismo tiempo, Moscú y Leningrado serán bombardeadas severamente y se enviarán paracaidistas a las ciudades fronterizas...’

"En su informe del 22 de mayo, 1941, el viceagregado militar en Berlín, Khlopov comunicó que: ‘... se informa que el ataque del ejército está planificado para el 15 de junio, pero es posible que empiece en los primeros días de junio...’

"Un telegrama de la Embajada de Londres fechado el 18 de junio, 1941, declaraba: ‘Ahora Cripps estaba profundamente convencido de la inevitabilidad de un conflicto armado entre Alemania y la URSS, que empezará antes de mediados de junio. Según Cripps, los alemanes actualmente han concentrado 147 divisiones (incluyendo fuerza aérea y unidades de servicio) a lo largo de las fronteras soviéticas...’

"A pesar de estas advertencias especialmente graves, no se tomaron los pasos necesarios para preparar adecuadamente al país para la defensa e impedir que se le tomase por sorpresa"

Y de nuevo: "En relación a esto, no podemos olvidar, por ejemplo, el siguiente hecho: Poco antes de la invasión de la Unión Soviética por el ejército de Hitler, Kirponos, que era el jefe del Distrito Militar Especial de Kiev (más tarde murió en el frente), escribió a Stalin que los ejércitos alemanes estaban en el río Bug, donde estaban preparando un ataque frontal y que en un futuro próximo probablemente empezarían su ofensiva. En relación a esto, Kirponos propuso que se organizase una fuerte defensa, que se evacuase a 300.000 personas de las zonas fronterizas y que se organizaran varios puntos fuertes: búnquers antitanque, trincheras para los soldados, etc.

"Moscú respondió a esta propuesta con la afirmación que esto sería una provocación, que no se debía de realizar ningún trabajo defensivo preparatorio en las fronteras, que no se tenía que dar ningún pretexto a los alemanes para iniciar una acción militar contra nosotros. Así, nuestras fronteras estaban insuficientemente preparadas para repeler al enemigo. Cuando los ejércitos fascistas invadieron el territorio soviético y empezaron las operaciones militares, Moscú ordenó no responder al fuego alemán. ¿Por qué? Porque Stalin, a pesar de los hechos evidentes, pensaba que la guerra no había empezado todavía, que eso era sólo una acción provocadora por parte de sectores indisciplinados del ejército alemán, y que una reacción podría servir a los alemanes para empezar la guerra.

"También conocemos el siguiente hecho: En la víspera de la invasión del territorio de la Unión Soviética por parte del ejército de Hitler, un cierto ciudadano alemán cruzó la frontera y declaró que los ejércitos alemanes habían recibido la orden de empezar la ofensiva contra la Unión Soviética en la noche del 22 de junio a las 3 en punto. Stalin fue informado de esto, pero incluso esta advertencia fue ignorada.

"Como veis, todo fue ignorado: avisos de ciertos mandos del ejército, declaraciones de desertores del ejército enemigo, e incluso la hostilidad abierta del enemigo. ¿Es esto un ejemplo del estado de alerta del jefe del Partido y del Estado en este momento histórico particularmente significativo? Y, ¿cuáles fueron los resultados de esta actitud descuidada, de este desprecio hacia hechos claros? El resultado fue que, ya en las primeras horas y días, el enemigo había destruido en nuestras regiones fronterizas gran parte de nuestras Fuerzas Aéreas, artillería y otro equipo militar; aniquiló gran cantidad de nuestros cuadros militares y desorganizó nuestra dirección militar; como consecuencia no pudimos impedir que el enemigo se adentrase profundamente en el país." (Special Report on the 20th Congress of the CPSU por N. S. Kruschev, 24-25 Febrero 1956).

Increíblemente no había planes de defensa preparados para el caso de un ataque alemán. Muchos tanques soviéticos estaban sin personal. Incluso cuando Hitler ya había lanzado la ofensiva, Stalin ordenó al Ejército Rojo que no se resistiera. Así, las poderosas fuerzas armadas soviéticas quedaron paralizadas las primeras 48 críticas horas. La Fuerza Aérea Roja fue destruida en tierra. Debido a esta confusión y parálisis por arriba, se perdieron enormes superficies de territorio en las primeras semanas. Millones de soldados soviéticos fueron capturados sin apenas resistencia. No hay duda de que, con una dirección adecuada, se hubiera podido rechazar a los invasores alemanes hacia Polonia al inicio de la guerra. Se habría infligido una derrota decisiva a Hitler ya en 1941. La guerra se hubiera podido acabar mucho antes, evitando las horribles pérdidas sufridas por Bielorrusia, Rusia occidental y Ucrania. La pesadilla que sufrieron los pueblos de la URSS fue el resultado directo de la política irresponsable de Stalin y su camarilla.

Stalin temía la guerra con Alemania porque tenía miedo que podía llevar a su derrocamiento. Estaba especialmente temeroso del ejército. Después de la desastrosa campaña de Finlandia en 1939-40, ordenó la liberación de miles de oficiales que habían sido encarcelados durante las purgas, pero Medvedev resalta que incluso en "1942, ordenó que en los campos de reclusión fuesen fusilados nutridos grupos de oficiales de alta graduación; los consideraba una amenaza para sí mismo, en el caso de que se produjesen acontecimientos desfavorables en el frente germano-soviético" (Medvedev, Que juzgue la historia, p. 342).

Después de la guerra se hicieron arduos esfuerzos en el Kremlin para extender el mito de Stalin como el "gran líder en la guerra". Esto no resiste el más mínimo examen. Ya hemos visto cómo la política de Stalin dejó a la URSS a merced de Hitler. Cuando Hitler invadió, los dirigentes soviéticos estaban totalmente desorganizados. Stalin inicialmente entró en pánico y se escondió. Sus acciones equivalen a una capitulación total. A pesar de esto se concedió el título de ‘generalísimo’ y embelleció su papel en la Gran Guerra Patria. Pero Kruschev reveló la auténtica situación en los siguientes términos:

"Sería incorrecto olvidar que, después del primer desastre importante y derrota en el frente, Stalin pensó que eso era el fin. En uno de sus discursos en esos días dijo: ‘Todo lo que Lenin creó lo hemos perdido para siempre’. Después de esto Stalin no dirigió las operaciones militares durante un largo período de tiempo y dejó de hacer nada en absoluto. Volvió a la dirección activa sólo cuando algunos miembros del Bureau Político le visitaron y le dijeron que era necesario tomar algunos pasos inmediatamente para mejorar la situación en el frente.

"Por lo tanto, el peligro amenazante que se cernía sobre nuestra Patria en el primer período de la guerra se debió en gran medida a los métodos erróneos de dirección de la nación y el partido por parte del propio Stalin. Sin embargo, no hablamos sólo del momento en que empezó la guerra, que llevó a una importante desorganización de nuestro ejército y nos infligió pérdidas graves. Incluso después del inicio de la guerra, el nerviosismo y la histeria demostrados por Stalin, interfirieron con las operaciones militares, causando un daño importante a nuestro ejército.

"Stalin estaba muy lejos de entender la situación real que se estaba desarrollando en el frente. Esto era natural ya que, durante toda la Guerra Patria, nunca visitó ningún sector del frente ni ninguna ciudad liberada excepto un breve viaje por la autopista de Mozhaisk durante un período de estabilización del frente. A este incidente se dedicaron muchas obras literarias llenas de fantasías de todo tipo y muchos cuadros. Simultáneamente, Stalin interfería en las operaciones, sacando órdenes que no tenían en consideración la situación real en el frente y que no ayudaban sino que provocaban enormes pérdidas de personal.

"En relación a esto me permitiré mencionar un hecho característico que ilustra cómo Stalin dirigía las operaciones en los frentes. En este congreso está presente el mariscal Bagramian, que fue el jefe de operaciones en los cuarteles generales del frente sur-occidental y que puede corroborar lo que voy a deciros.

"En 1942, cuando se desarrolló una situación excepcionalmente grave para nuestro ejército en la región de Kharkov, nosotros habíamos decidido correctamente abandonar una operación cuyo objetivo era el de cercar Kharkov, porque la situación real en aquel momento hubiera puesto en peligro nuestro ejército con consecuencias fatales si continuábamos con la operación. Le comunicamos esto a Stalin, declarando que la situación exigía cambios en los planes de operaciones de tal manera que se pudiera impedir al enemigo liquidar una concentración importante de nuestro ejército. Pero contra todo sentido común, Stalin rechazó nuestra sugerencia y publicó la orden de continuar con la operación de cercar Kharkov, a pesar de que en ese momento muchas concentraciones del ejército estaban bajo peligro de ser rodeadas y liquidadas ellas mismas.

"Llamé a Vasilevsky y le supliqué: ‘Alexander Mijailovich, toma un mapa’—Vasilevsky está presente aquí—‘y muéstrale al camarada Stalin la situación que se ha desarrollado’. Tenemos que hacer notar que Stalin planificaba las operaciones en un globo terrestre. (Animación en la sala). Sí, camaradas, solía tomar el globo y trazar en él la línea del frente." (Special Report on the 20th Congress of the CPSU por N. S. Kruschev, 24-25 Febrero 1956).

Cientos de miles de soldados soviéticos fueron capturados en los primeros días de la guerra. Las pérdidas que sufrió más tarde el ejército soviético fueron mucho peores debido a la insistencia de Stalin en ataques frontales, independientemente del coste en vidas. Cuando el Ejército Rojo contraatacó a finales de 1941, en lugar de tratar de sobrepasar al enemigo por los flancos con maniobras tácticas, Stalin exigió la toma de una ciudad tras otra. "Debido a esto," explicó Kruschev, "pagamos con grandes pérdidas, hasta que nuestros generales, sobre cuyas espaldas descansaba todo el peso de la dirección de la guerra, consiguieron dar la vuelta a la situación cambiando a operaciones flexibles de maniobra, lo que inmediatamente produjo cambios importantes en el frente a nuestro favor". (Ibid.)

A finales de noviembre de 1941 la retirada soviética había provocado la pérdida de un territorio que contenía el 63 por ciento de toda la producción de carbón, el 68 por ciento del hierro, el 58 por ciento de acero, el 60 por ciento de aluminio, el 41 por ciento de las líneas férreas, el 84 por ciento del azúcar, el 38 por ciento del grano, y el 60 por ciento de los cerdos. Algunos centros importantes, especialmente Leningrado estaban aislados en la práctica. Enormes suministros de materiales básicos y equipamiento fueron cortados, y muchos otros fueron puestos en peligro por el raudo avance alemán. Enfrentado a la perspectiva de una derrota y derrocamiento inminente, Stalin, muy a su pesar, sustituyó a sus marionetas sin talento e incompetentes por otros mandos más capaces, algunos de ellos sacados de la cárcel con ese objetivo:

"Después de temer por su vida y estar amenazado con una pérdida total de poder, comprendió que necesitaba especialistas para dirigir una guerra con éxito, y en su búsqueda incluso recurrió a aquellos que habían sido detenidos. Se liberó a hombres de la cárcel para enviarlos a altos puestos de mando, Rokosovsky y Gorbatov entre otros; pero esto, por supuesto, no solucionó todo el problema. Era imposible rellenar con ladrillos individuales el enorme agujero que la loca actividad terrorista de Stalin había dejado en la dirección de las fuerzas armadas". (Grigorenko, op. cit., p. 221)



capítulo V: De la guerra a la desestalinización
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