RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

V-De la guerra a la ‘desestalinización’

 Consecuencias de las purgas

En contraste, en 1941, la URSS estaba en un estado lamentable para la guerra. Las purgas habían exterminado la mayor parte del Estado Mayor, incluyendo los oficiales de mayor talento. El perjuicio provocado por las purgas de Stalin no se limitaba solamente al potencial militar de la URSS. También representaron un golpe terrible a la economía. Esto lo reconocen hoy incluso aquellos que ayer justificaban las purgas y todo lo que hizo Stalin. En un estudio publicado por la Universidad de Yale, en aquel tiempo se llamaba la atención sobre los efectos dañinos de las purgas en la economía soviética. En el periódico del PC británico se informó de esto sin comentario a mediados de los años 80:

"‘Es más, en las purgas de 1937-38 fueron encarcelados o ejecutados muchos de los administradores y científicos de la industria química más capaces’, escribe Robert Amann, ‘Para aquellos que no las sufrieron directamente, las purgas tuvieron un efecto entumecedor. Las penas por un fracaso eran tan extremas que se evitaban a toda costa las decisiones que implicaban riesgo, novedad e iniciativa personal’

"‘Sería difícil exagerar hasta que punto las secuelas de estas actitudes han tenido un efecto nocivo sobre el desarrollo a largo plazo de la industria química, y sobre otras industrias soviéticas’. La industria de defensa tampoco quedó inmune: ‘A pesar de todo lo que la política de Stalin había desarrollado el potencial militar e industrial soviético, las purgas y la represión de los años 30 debilitaron enormemente la capacidad defensiva de la Unión Soviética’, escribe David Holloway". (Morning Star, 5/8/82, énfasis mío).

El principal factor que minó la capacidad de combate del Ejército Rojo al principio de la guerra fue la destrucción de sus mejores generales y cuadros en las purgas. La Revolución de Octubre había sacado a la luz a toda una capa de jóvenes oficiales de talento, algunos de ellos, como Tujachevski, Yakir y Gamir, eran estrategas militares brillantes. No es del conocimiento general que la teoría del Blitzkrieg ("guerra relámpago") no fue una invención alemana. La Wehrmacht la copió de los rusos. Mucho antes de la guerra, cuando los jefes de los ejércitos británicos y franceses todavía estaban convencidos que la siguiente guerra sería una guerra de posiciones, como la primera guerra mundial, el genio de Tujachevski le llevó a la conclusión de que en la segunda guerra mundial se combatiría con tanques y aviones. Cuando Tujachevski y sus camaradas fueron asesinados en las purgas, ocuparon sus puestos los compinches de Stalin como Voroshilov, Timoshenko y Budyonny, ¡que pensaban que en la próxima guerra se iba a combatir con la caballería! Se puso al mando del Comisariado de Defensa al inepto y segundón Voroshilov, rodeado de otros del mismo jaez. Se promovió a estos compinches de Stalin a puestos clave no por sus habilidades personales sino por su lealtad servil a la camarilla dominante.

El antiguo general Grigorienko que sirvió en ese tiempo como profesor en la academia militar central soviética, recuerda el efecto desastroso de las purgas en la calidad de la formación militar: "La academia acababa de dar los primeros pasos renqueantes cuando los juicios farsa de Tujachevski, Uborevich, Yakir y otros sembró la sospecha sobre todas las cosas planificadas por Tujachevski. Stalin veía la academia como un ‘centro militar anti-estalinista’ y empezaron los pogroms. Las detenciones empezaron en el invierno de 1936 y se intensificaron en 1937. El personal instructor altamente cualificado reunido por Tujachevski fue casi completamente aniquilado.

"Gente sin experiencia ni talento ocupaban las posiciones. A su vez, algunos de los nuevos profesores fueron arrestados, lo que asustó a los demás dejándolos con poco entusiasmo por sus nuevos empleos. Ya no se podían utilizar textos que habían sido escritos por ‘enemigos del pueblo’, los primeros profesores. Los nuevos profesores escribían apresuradamente resúmenes de sus clases, pero temerosos de ser acusados de tener puntos de vista contrarios a Stalin, llenaban sus lecciones de dogmas caprichosos". Y añade: "Se dejó de lado la teoría de batalla en profundidad desarrollada ampliamente por Tujachevski, Yegorov, Uborevich y Yakir". (Grigorienko, op. cit., pp. 91-2).

Todo esto lo admitió Kruschev en 1956:

"La aniquilación por parte de Stalin de muchos mandos militares y trabajadores políticos durante 1937-41 debido a su suspicacia y a través de acusaciones calumniantes, tuvo consecuencias muy graves, especialmente en relación al inicio de la guerra. Durante esos años, se instituyó represión contra ciertos sectores de los cuadros militares, empezando literalmente al nivel de jefe de batallón y compañía y extendiéndose hasta los centros militares más altos; durante este tiempo, cuadros dirigentes que habían conseguido experiencia militar en España y en el Lejano Oriente, fueron casi completamente eliminados.

"La política de represión a gran escala contra los cuadros militares también minó la disciplina militar, ya que durante varios años se enseñó a oficiales de todos los rangos e incluso soldados en las células del partido y del Kómsomol a ‘desenmascarar’ a sus superiores como enemigos ocultos. (Movimiento en la sala). Es normal que esto provocase una influencia negativa en el estado de la disciplina militar en el primer período de la guerra.

"Y, como vosotros sabéis, antes de la guerra teníamos cuadros militares excelentes que sin duda eran leales al Partido y a la Patria. Baste con decir que aquellos que consiguieron sobrevivir, a pesar de las fuertes torturas a las que fueron sometidos en las cárceles, demostraron ser auténticos patriotas desde los primeros días de la guerra y combatieron heroicamente por la gloria de la Patria; tengo en mente a camaradas como Rokossovsky (que como sabéis fue encarcelado), Gorbatov, Maretskov (que es delegado a este congreso), Podlas (fue un excelente comandante que murió en el frente), y muchos, muchos otros. Sin embargo, muchos de esos comandantes perecieron en los campos y prisiones y el ejército nunca volvió a verles. Todo esto provocó la situación que existía al inicio de la guerra y que era una gran amenaza a nuestra Patria." (Special Report on the 20th Congress of the CPSU por N. S. Kruschev, 24-25 February 1956).

Todavía existen muchas concepciones equivocadas en relación a la segunda guerra mundial, especialmente en lo que se refiere al papel de Stalin. Según Alec Nove (normalmente un comentarista bastante agudo sobre Rusia): "el poder colosal de Alemania era superior al de Rusia y tenía a su disposición las industrias de la Europa ocupada. Sus ejércitos estaban bien equipados, y su equipo había sido probado en el campo de batalla. A pesar de sus enormes esfuerzos y sacrificios en la década anterior, la Unión Soviética se encontraba en desventaja económica y militar" (Alec Nove, An Economic History of the USSR, p. 273).

La verdad es que, en el momento del ataque nazi a la Unión Soviética, la potencia de fuego combinada del Ejército Rojo era mayor que la de la Wehrmacht. Sin embargo, las fuerzas soviéticas fueron rápidamente cercadas y diezmadas. Esta catástrofe sin precedentes no fue el resultado de la debilidad objetiva sino de la mala dirección. Habiendo destruido los mejores cuadros del Ejército Rojo, Stalin puso una confianza ciega tal en su "astuta" maniobra con Hitler, que ignoró los numerosos informes de que los alemanes estaban preparando un ataque. La zona fortificada de Minsk, una potente línea defensiva que se había construido en la frontera occidental de la URSS en previsión de un ataque alemán, fue demolida por orden de Stalin, presumiblemente como gesto de buena voluntad hacia Berlín. Grigorenko, que había trabajado antes de la guerra en la construcción de estas fortificaciones, describe sus sentimientos de indignación cuando fueron demolidas:

"[Estas] fortificaciones tenían que haber protegido el despliegue de grupos de asalto e impedir cualquier intento del enemigo por romper su despliegue. Cuando el ejército atacase, las áreas fortificadas tenían que apoyar las tropas con fuego. En lugar de eso, nuestras zonas fortificadas occidentales no cumplieron ninguna de esas tareas. Fueron voladas sin haber disparado ni una sola vez contra el enemigo.

"No sé cómo los historiadores del futuro explicarán este crimen contra nuestro pueblo. Los historiadores contemporáneos lo ignoran. Yo mismo no puedo dar ninguna explicación. El gobierno soviético exprimió miles de millones de rublos (según mis cálculos no menos de 120 mil millones) del pueblo para construir fortificaciones inexpugnables a lo largo de toda la frontera occidental, del mar Báltico al mar Negro. Entonces, justo antes de la guerra en la primavera de 1941, tronaron enormes explosiones a lo largo de los 1.200 kilómetros de estas fortificaciones. Siguiendo órdenes personales de Stalin se volaron por los aires búnquers y semibunquers de cemento, fortificaciones con una, dos o tres aspilleras, puestos de mando y de observación—decenas de miles de fortificaciones permanentes. No se podía haber hecho un regalo mayor al plan Barbarossa de Hitler." (Grigorenko, op. cit., énfasis en el original).

Si no hubiese sido por las acciones criminales de Stalin, el ataque alemán no hubiese pillado a la URSS por sorpresa, tal y como explicó Kruschev:

"¿Teníamos tiempo y capacidad para tales preparativos? Sí, teníamos el tiempo y la capacidad. Nuestra industria ya estaba tan desarrollada que era capaz de suministrar completamente al ejército soviético todo lo que necesitaba. Esto queda demostrado por el hecho de que, aunque durante la guerra perdimos casi la mitad de nuestra industria y zonas importantes para la producción industrial y alimentaria como resultado de la ocupación enemiga de Ucrania, el norte del Cáucaso y otras partes occidentales del país, la nación soviética todavía era capaz de organizar la producción del equipo militar necesario en las partes orientales del país, instalar allí el equipo sacado de las zonas industriales occidentales y suministrar a nuestras fuerzas armadas todo lo que era necesario para destruir al enemigo.

"Si se hubiese movilizado correctamente y a tiempo a nuestra industria para suministrar al ejército el material necesario, nuestras pérdidas en la guerra hubieran sido decididamente mucho menores. Pero esa movilización no había empezado a tiempo. Y ya en los primeros días de la guerra quedó claro que nuestro ejército estaba mal armado, no tenía artillería, tanques y aviones suficientes como para repeler al enemigo.

"La ciencia y la tecnología soviéticas produjeron modelos de tanques y piezas de artillería excelentes antes de la guerra. Pero no se organizó su producción en masa, y, de hecho, empezamos a modernizar nuestro equipo de guerra sólo en su víspera. Como resultado, cuando el enemigo invadió la tierra soviética no teníamos cantidades suficientes ni de la vieja maquinaria que ya no se utilizaba para la producción de armamento, ni de la nueva maquinaria que habíamos planificado introducir en la producción de armamento.

"La situación en relación a la artillería antiaérea era especialmente mala; no organizamos la producción de munición antitanque. Muchas regiones fortificadas demostraron ser indefendibles tan pronto como fueron atacadas, porque se habían retirado las viejas armas y las nuevas todavía no estaban disponibles. Esto se aplicaba, por desgracia, no sólo a los tanques, artillería y aviones. En el momento de estallar la guerra no teníamos suficientes rifles para armar al potencial humano movilizado. Recuerdo que en aquellos días llamé al camarada Malenkov desde Kiev y le dije: ‘La gente se presenta voluntaria para el nuevo ejército y exigen armas. Tenéis que mandarnos armas’.

"Malenkov me respondió: ‘No podemos enviaros armas. Estamos enviando todos nuestros rifles a Leningrado y tenéis que armaros vosotros mismos’. (Movimientos en la sala).

"Esa era la situación del armamento". (Special Report on the 20th Congress of the CPSU por N. S. Kruschev, 24-25 February 1956).

A pesar del hecho de que la potencia de fuego combinada del Ejército Rojo era mayor que la de los alemanes, las purgas la habían desarbolado. Este fue el elemento decisivo que convenció a Hitler para atacar en 1941. En el juicio de Nuremberg, el mariscal Keitel testificó que muchos generales alemanes habían advertido a Hitler que no atacase a Rusia, argumentando que era un adversario formidable. Rechazando estas advertencias, Hitler dio a Keitel su principal razón—"Los oficiales de alto rango y de primera clase fueron barridos por Stalin en 1937, y la nueva generación aún no puede proporcionarle los cerebros indispensables". El 9 de enero de 1941, Hitler dijo en una reunión de generales nazis planeando el ataque a la URSS: "No tienen buenos generales". (Medvedev, op. cit., p. 242).

"Nuestra derrota inicial", escribe Grigorenko, "fue provocada por aquellos [que estaban] en las posiciones más altas. Miles de mandos capaces del ejército habían sido purgados, nuestros aeródromos fronterizos estaban pobremente desarrollados, teníamos defensas antiaéreas totalmente inadecuadas, nuestros tanques y defensas antitanques habían sido reducidas drásticamente (por capricho de Stalin) inmediatamente antes de la guerra, nuestras zonas fortificadas habían sido voladas, y nuestras tropas habían sido entrenadas sobre la base de una época de paz. No estábamos preparados. Pagamos por esta criminal falta de preparación durante y después de la guerra. Yo señalé a Stalin como principal culpable, pero también mencioné a Voroshilov, Timoshenko, Golokov y Zhukov. No se podía culpar de nuestros fracasos a los fascistas, sino a nosotros mismos" (Grigorenko, op. cit., p. 332).



capítulo V: De la guerra a la desestalinización
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