|
RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
V-De la guerra a la desestalinización |
La Revolución Húngara
Inmediatamente después de la denuncia de Stalin por Kruschev, estalló la Revolución Húngara de octubre de 1956. Esto fue un intento de la clase obrera de convertir Hungría en un Estado obrero sano. Los obreros organizaron comités revolucionarios a los que no llamaron soviets porque el dominio estalinista había hecho que la palabra apestara. Sin embargo, de manera instintiva trataron de volver a las ideas de Lenin y Trotsky. El triunfo de la Revolución Húngara hubiese significado el colapso del régimen burocrático en Rusia. Por este motivo, Kruschev lo ahogó en sangre. La prensa estalinista denunció el movimiento de la clase obrera húngara como "fascista" y "contrarrevolucionario". Sin embargo, los soldados rusos estacionados en Hungría vieron la revolución con simpatía y confraternizaron con la población. Un sector se pasó de bando y se unió a la lucha contra la odiada AVO (policía secreta). Si hubiese habido una dirección revolucionaria consciente con un programa internacionalista, hubiera podido ser el punto de partida de una transformación completa de toda Europa del Este y Rusia. El mismo año hubo la huelga general en Polonia y la propia Rusia estaba en un estado de fermento después de la denuncia de Stalin por parte de Kruschev en el 20 Congreso del PCUS.
Debido a que no podían confiar en las tropas soviéticas en Hungría, Moscú tuvo que retirarlas y sustituirlas por tropas atrasadas del Extremo Oriente soviético a las que se les dijo que estaban siendo enviados a aplastar una revuelta fascista en Berlín. Se les hizo entrar directamente en acción en tanques, sin posibilidad de hablar y confraternizar con la población.
A pesar de todo, los obreros húngaros combatieron como tigres, organizando dos huelgas generales y dos insurrecciones armadas, antes y después de la invasión rusa. ¡Estas no son las armas propias del fascismo! Años más tarde, un oficial ruso que había servido en la segunda guerra mundial dijo a Alan Woods que nunca había visto una resistencia tan feroz, ni siquiera en la toma de Berlín en 1945. Pero, inevitablemente, sin una dirección internacionalista capaz de ganarse a las tropas rusas, los obreros húngaros fueron derrotados.
Se pueden sacar muchas lecciones del levantamiento húngaro de 1956. En primer lugar, como Trotsky había previsto, enfrentada a un levantamiento general del proletariado, la burocracia se escindió. Sólo un puñado minúsculo de los elementos más corruptos y degenerados, principalmente los que estaban conectados a la AVO, estaban dispuestos a resistir. Miles de miembros de base del Partido Comunista rompieron sus carnés y se unieron a la revolución. El gobierno de Imre Nagy quedó suspendido en el aire. Todo el poder estaba en manos de los consejos obreros, especialmente el consejo obrero de Budapest, formado exclusivamente por delegados elegidos en las fábricas. El programa de los consejos obreros era similar en líneas generales a los cuatro puntos que Lenin elaboró en 1917 como condición previa para el poder obrero. A todos estos puntos, significativamente, los húngaros añadieron uno nuevo: ¡el fin del estado de partido único! Después de la experiencia del totalitarismo estalinista, la clase obrera nunca más va a confiar el poder a un sólo partido.
"Hoy, 14 de noviembre de 1956, los delegados de los Consejos Obreros de Distrito formaron el Consejo Obrero Central del Gran Budapest", dice la declaración del Consejo. "Se le ha dado poder al Consejo Central Obrero para negociar en nombre de los obreros de todas las fábricas de Budapest, y decidir sobre la continuación de la huelga o la vuelta al trabajo. Declaramos nuestra lealtad inquebrantable a los principios del socialismo. Consideramos los medios de producción como propiedad colectiva que estamos dispuestos a defender en todo momento". (Citado en Eyewitness in Hungary, Bill Lomax (editor), p. 177).
En poco tiempo los obreros aprendieron muy rápidamente. Esto se demuestra por el hecho de que el primer comunicado de radio Budapest fue un llamamiento pidiendo ayuda a las Naciones Unidas, pero el último fue un llamamiento a los obreros del mundo. Éste fue un episodio heroico similar a la Comuna de París. Demostró lo que podía haber pasado en Rusia, si hubiese existido una dirección consciente, como la del partido bolchevique en 1917. Desde el primer momento habrían lanzado un llamamiento revolucionario a los obreros de Polonia, de toda Europa del Este y sobre todo a los obreros de la URSS. O la victoria más grande o la derrota más grande. No había otra alternativa para los obreros húngaros en 1956.
El retraso de la revolución política en Rusia, y el hecho de que el régimen durase otros 35 años, tuvieron un efecto muy negativo en la conciencia de las masas. Ha significado que el impás del estalinismo haya llevado, por lo menos por el momento, a un movimiento en dirección al capitalismo. La lección es clara. Nada puede sustituir al partido y a la dirección revolucionaria. No existe un mecanismo automático que permita pasar las lecciones de una generación a la siguiente. Sin el partido, cada generación tiene que aprender dolorosamente las lecciones del pasado a través de su propia experiencia. Por eso Lenin siempre insistió en la necesidad de un partido de vanguardia formado por cuadros, como memoria de la clase. Toda la historia posterior, la de 1956 incluida, ha demostrado que esto es absolutamente necesario. Desgraciadamente la clase obrera de Europa del Este y Rusia tendrá que aprender todas las lecciones de nuevo. Pero las aprenderán, de eso no cabe duda.
El 4 de octubre de 1957 Rusia lanzó el primer Sputnik, al que seguiría el primer hombre en el espacio en 1967. El programa espacial soviético empleaba al doble de personal que el americano. La confianza de la burocracia era tal, que en el 21 Congreso del PCUS se proclamó el objetivo de "construir el comunismo" (¡!) en 20 años. En octubre de 1961, en el 22 Congreso Kruschev anunció la intención de Rusia de sobrepasar a EEUU en 1980. De acuerdo con ese objetivo, "la productividad del trabajo de la industria soviética sobrepasará el nivel actual de productividad en los EEUU más o menos en un 100 por ciento" (The Road to CommunismReport of the 22nd Congress of the CPSU, p. 515). Kruschev anunció: "Vamos a enterraros".
Hoy en día se descalifica irónicamente esta afirmación como una fanfarronada vacía. Al contrario. Sobre la base de unas tasas de crecimiento soviético del 10 por ciento, el objetivo de superar a EEUU en 20 años hubiera sido totalmente posible. Eso, por supuesto, no hubiera significado la construcción del socialismo en la URSS, y menos el comunismo, una sociedad sin clases, en la que la desigualdad, el Estado y el dinero se convierten en reliquias de un pasado distante, y las leyes y la coerción son substituidas por una asociación libre de productores. Sin embargo, bajo la economía planificada, la Rusia atrasada había desarrollado la industria, la ciencia y la tecnología hasta el punto en que existían ya las bases materiales para el inicio del movimiento hacia el socialismo, que, como explicó Marx, requiere un nivel de desarrollo por lo menos igual al del país capitalista más avanzado. Ahora, la Unión Soviética se situaba a una distancia de América que le daría una posibilidad real de alcanzarla. Sólo la burocracia se interponía en el camino. Y la burocracia había demostrado en Hungría que no tenía intención de desaparecer de la escena.
A pesar de lo que hoy dicen, el avance meteórico de la economía soviética preocupó seriamente a la clase dominante de occidente. La producción industrial soviética había alcanzado un 75 por ciento de la de los EEUU durante los años 60. La burocracia creía que podría gobernar para siempre. Parecía que el régimen estalinista pensaba que las cosas sólo podían ir hacia adelante. Nada podía interponerse en su camino. La alta tasa de crecimiento continuo sirve para explicar la estabilidad de la que disfrutó el régimen burocrático en el último período. Bajo Stalin, la burocracia gobernaba mediante el terror abierto. Pero en las últimas tres décadas o más, pudo mantener su dominación principalmente debido a la inercia de la clase obrera. Esto a su vez, se puede explicar por dos factores: por un lado, el miedo a una intervención imperialista, y por otro porque las masas sentían que la burocracia, a pesar de todo, todavía era capaz de hacer avanzar la sociedad. Pero entonces, todos los factores que habían posibilitado a la burocracia sobrevivir por tanto tiempo, dialécticamente se convirtieron en su contrario.
La agricultura seguía siendo el punto más débil del régimen. La escasez de comida y el aumento de los precios eran motivo importante de descontento. La cosecha de grano de 1963 fue mala, y Rusia se vio obligada a importar grandes cantidades de trigo de occidente. Había dificultades en el suministro de pan, y especialmente de harina. El descontento crecía. La política de Kruschev había sido la de llevar a cabo una reforma controlada desde arriba, para evitar una explosión social desde abajo. Los acontecimientos en Hungría sirvieron de advertencia para el régimen de lo que le podía pasar. No obstante, esta política también tenía sus riesgos. El historiador-sociólogo francés Alexis de Tocqueville en su clásico estudio El Antiguo Régimen y la Revolución Francesa, señala que el momento más peligroso para una autocracia es precisamente cuando intenta aflojar las tuercas después de un largo período de represión. Esto quedó demostrado en un episodio sobre el que generalmente se ha pasado en silencio: los acontecimientos de Novocherkassk.
capítulo5:
De la guerra a la desestalinización
El levantamiento de
Novocherkassk