RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

V-De la guerra a la ‘desestalinización’

 ¿Imperialismo soviético?

No es correcto afirmar, como hace la burguesía y los defensores de la teoría del capitalismo de Estado, que la relación entre la Unión Soviética y Europa del Este era de tipo imperialista. En general no se conoce que, aparte el período inicial después de la guerra en que Moscú desangró a Europa del Este, los términos del comercio eran en realidad extremadamente favorables a los países de Europa del Este. Como regla, Rusia compraba sus productos a precios más altos que los niveles del mercado mundial, y a cambio les vendía petróleo y gas natural a precios por debajo del mercado mundial. En realidad, Europa del Este estaba recibiendo subsidios por parte de la URSS; justo lo contrario de una relación imperialista.

Es cierto que en el período inmediatamente después de la guerra, la burocracia rusa saqueó Europa del Este. Desmantelaron industrias enteras y las enviaron a Rusia, no sólo de Alemania y Hungría, sino incluso de Yugoslavia. Después de la guerra, Milovan Djilas, en ese momento dirigente destacado de la Liga de los Comunistas Yugoslavos, fue enviado a Moscú para negociar, entre otras cosas, la vuelta a Yugoslavia de vagones de trenes que se había enviado a Rusia. En sus memoria, Djilas reproduce su conversación con A. I. Mikoyan, el ministro soviético de comercio exterior:

"Mikoyan nos recibió fríamente, dejando entrever su impaciencia. Entre nuestras peticiones estaba la de que los soviets entregasen los vagones de ferrocarril de su zona de ocupación, como ya nos habían prometido, ya que muchos de esos vagones habían sido sacados de Yugoslavia, y los rusos no podían utilizarlos porque su ancho de vía era mayor que el nuestro.

"‘¿Y que queréis decir conque os los demos, bajo qué condiciones, a qué precio?’ Nos preguntó Mikoyan fríamente.

"Yo respondí: ‘Que nos los deis como regalos’

"El respondió secamente: ‘Mi negocio no es el de dar regalos sino el comercio’" (M. Djilas, op. cit., p. 130).

Mucho más que cualquier estadística este pequeño incidente nos muestra la actitud altanera y despótica de la burocracia de Moscú hacia sus ‘hermanos’ de Europa del Este. Sin embargo las relaciones no eran en absoluto imperialistas, en el sentido marxista de la palabra. Esto quedó claro más tarde cuando se dio la vuelta a la relación.

La introducción del régimen de nacionalización y planificación permitió a las economías de estos países registrar altas tasas de crecimiento, transformándose de economías agrícolas atrasadas en países modernos desarrollados. En la Unión Soviética encontraron un mercado amplio para sus productos, garantizado contra los giros bruscos de la economía capitalista mundial y una fuente de materias primas baratas.

Lejos de explotar Europa del Este como una potencia imperialista explota sus colonias, si excluimos este período inmediatamente posterior a la guerra, la URSS en realidad les dio subsidios durante décadas. El nivel de vida en la Unión Soviética era en general más bajo que en los países de Europa del Este. En el período que estamos considerando, hubo un desplazamiento del comercio de la URSS de Europa del Este hacia el resto del mundo. En 1960 el 52 por ciento de su comercio era con Europa del Este. En 1979, la cifra era del 44 por ciento, todavía muy alta.

El petróleo soviético se vendía a Europa del Este en ese período a un precio un 17 por ciento inferior al del mercado mundial. En el período anterior el descuento había sido todavía mayor, pero esto representaba aún una enorme ventaja, especialmente si tenemos en cuenta que todo el mundo occidental se estaba tambaleando por el aumento súbito de los precios del petróleo después de la guerra de los seis días entre Israel y Egipto. Este descuento en el precio del petróleo por sí sólo representaba un subsidio de 2.900 millones de dólares al año. Además de esto, la URSS pagaba sus importaciones a precios por encima de los del mercado mundial a sus socios del COMECON (el equivalente de la Unión Europea en Europa del Este).

Tan sólo Cuba recibió un subsidio de 1 millón de dólares al día desde los años 60 hasta el colapso de la URSS. En 1978, por ejemplo, la URSS compraba azúcar cubano a 40 centavos la libra, cuando los precios mundiales eran sólo de 18 centavos la libra. En 1977, Cuba compraba petróleo ruso a 7,4 dólares el barril, cuando los precios mundiales estaban a 20,5 dólares por barril —¡un descuento de más del 60 por ciento!¾ . En el período de 1966-78, la ayuda soviética fue de un total de 13.000 millones de dólares, una cantidad considerable para una pequeña isla. Esto incluía préstamos libres de interés, en contraste con la sangría a la que occidente somete al tercer mundo a través de la "ayuda" —préstamos con tasas de interés exorbitantes— y que ha llevado a una transferencia masiva de riqueza de las antiguas colonias a los países capitalistas ricos en las últimas décadas. Sólo hay que comparar los dos casos para ver la falsedad total de la descripción de la URSS como potencia "imperialista".

Por supuesto, eso no significa que no hubiese opresión nacional. Robespierre en una ocasión hizo la profunda observación de que nadie da la bienvenida a misioneros con bayonetas. La larga historia de supresión de, por ejemplo, la libertad polaca y húngara a manos de la Rusia zarista, significaba que había que tratar las relaciones entre la Unión Soviética y estos países con mucho tacto, tal y como Lenin siempre había abogado en relación a Georgia y otros pueblos no rusos de la URSS. En lugar de eso, la burocracia rusa trató sin miramientos las aspiraciones nacionales de los pueblos de Europa del Este. En todas partes, Moscú implantó un régimen a su propia imagen y semejanza. Se impusieron gobiernos títeres, que llevaban a cabo servilmente las exigencias del Kremlin. No se toleraba ninguna disidencia. Se purgó sin piedad las direcciones de los partidos comunistas, con juicios farsa que seguían el modelo de los infames juicios del Moscú de preguerra.

Junto al poder absoluto llegó la paranoia. Viendo enemigos en todas partes, Stalin lanzó una purga sangrienta en los partidos comunistas de Europa del Este, que provocó directamente la escisión con Yugoslavia. En su lucha contra Tito, Stalin organizó una serie de juicios farsa contra titoístas imaginarios en toda Europa del Este. Fue el período del juicio de Slansky en Checoslovaquia, el juicio Rajk en Hungría, y el juicio Kostov en Bulgaria. Slansky y otros diez fueron declarados culpables de "espionaje y sabotaje" y fusilados. En 1963, el Tribunal Supremo de Praga anuló los veredictos. Rajk y sus camaradas fueron colgados por el régimen como agentes de la Gestapo. Fueron rehabilitados en 1956, siendo los cargos rechazados como falsos. Traicho Kostov fue acusado de sabotear el comercio búlgaro-soviético y ejecutado. Georgi Dimitrov, que había considerado formar un bloque con Tito para crear una Federación Balcánica, también fue probablemente asesinado por la GPU. Todo esto fue acumulando frustración y resentimiento que finalmente explotaron en los levantamientos de 1953 y 1956.

En el verano de 1953, poco después de la muerte de Stalin, hubo un movimiento revolucionario de los obreros de Alemania del Este. Empezó con una huelga espontánea de los obreros de la construcción en Berlín que protestaban contra las condiciones intolerables y las normas de producción imposiblemente altas. Abandonaron las herramientas y marcharon a lo largo de la Stalinhallee, gritando consignas que pronto se convirtieron en políticas. La manifestación provocó un movimiento de masas que podía haber llevado al derrocamiento del régimen estalinista en Alemania del Este. El régimen era impotente. Pero Moscú no podía tolerar un desarrollo de ese tipo, y envió los tanques para aplastar la revuelta.

En 1956 el movimiento estalló de nuevo, esta vez en Polonia, empezando una lucha prolongada de la clase obrera polaca para liberarse del dominio burocrático. Una y otra vez en las siguientes tres décadas, las masas polacas entraron en acción para sacarse de encima el yugo estalinista, que era mucho más duro de soportar porque se identificaba con la opresión histórica del pueblo polaco por parte de Rusia. Aunque de manera confusa, el proletariado polaco estaba luchando por un régimen de democracia obrera, que les permitiese vivir con honor y dignidad, como dueños de su propia casa, no esclavos de una dominación extranjera odiada.

Tal y como la burocracia había temido, la denuncia de los crímenes de Stalin por parte de Kruschev en el 20 Congreso fue la chispa inmediata que hizo estallar la situación. El "deshielo" había abierto las compuertas. En junio de 1956, aprovechándose de la confusión en Moscú, las masas polacas se levantaron. Una huelga general en Poznan se extendió a todo el país. Se formaron comités obreros en las fábricas, embriones de soviets que podían haber representado la transferencia del poder a los obreros. Pero el movimiento fue secuestrado por el Partido Comunista, que bajo la dirección de Wladyslaw Gomulka (que había estado encarcelado por Stalin) proclamó la reforma y la independencia.

La llamada "vía polaca al socialismo" sirvió como hoja de parra para la continuación del dominio de la burocracia. Pero temporalmente consiguió descarrilar el movimiento en líneas nacionalistas. Se manifestaron 800.000 personas declarando su apoyo a Gomulka, el representante de la burocracia polaca, que en la práctica se estaba apoyando en las masas polacas para conseguir concesiones de Moscú. Dándose cuenta de que una invasión significaría un baño de sangre, Kruschev se resignó a lo inevitable y llegó a un compromiso con Gomulka, seguro de que la "fraternal" burocracia polaca mantendría la línea, e impediría que la clase obrera llegase al poder.



capítulo5:
De la guerra a la desestalinización
 La Revolución Húngara