RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

IV-El carácter del estalinismo

 

 La teoría del ‘capitalismo de Estado’ hoy

El debate sobre el carácter de clase de la URSS no es un ejercicio académico, sino que tiene importantes consecuencias prácticas. Trotsky ya había advertido de que la tendencia que adoptó la teoría falsa del capitalismo de Estado se arriesga a convertirse en "el instrumento pasivo del imperialismo". Pero en el momento en que se da un movimiento hacia la restauración del capitalismo en Rusia y Europa del Este, las teorías del capitalismo de Estado juegan el papel más pernicioso imaginable. La ligereza y falta total de comprensión teórica de Cliff y sus seguidores se demuestra por su completa incapacidad a la hora de explicar los procesos que se están dando en Rusia ante nuestros ojos. Se le resta importancia al asunto con la frase alucinante de que la burocracia simplemente "se quitó de en medio" (¡!), que por supuesto no explica nada sobre el régimen social en Rusia ni antes ni después. No nos dice nada sobre las relaciones de producción, el carácter de clase del Estado, o el contenido social de la contrarrevolución que está teniendo lugar. Esto es lógico. Después de haber negado el significado revolucionario de la propiedad estatal, los defensores de la teoría del capitalismo de Estado, en la práctica, ¡se ven obligados a negar que se esté dando una contrarrevolución! Así, el concepto de capitalismo de Estado en el momento de la verdad resulta ser no sólo una bancarrota teórica, sino también un desastre en la práctica.

Al defender su postura, Cliff descalificó el análisis de Trotsky del carácter de clase de la Unión Soviética como "contradictorio" con el marxismo. Según él, el análisis de Trotsky "sufría una seria limitación, un apego conservador al formalismo, que por su propio carácter es contradictorio con el marxismo que subordina la forma al contenido" (Cliff, Russia: A Marxist Analysis, p. 145). Este punto de vista lo comparte otro destacado compañero de Cliff, Duncan Hallas, que afirma: "El análisis de Trotsky de la lucha de clases en la URSS después de 1927 ha demostrado claramente ser erróneo". (T. Cliff and others, The Fourth International, Stalinism and the Origins of the International Socialists, p. 8.) Y de nuevo, "no hay duda de que en 1928 una nueva clase había tomado el poder en Rusia (...)", dice otro defensor de la teoría de Cliff, Chris Harman. "La Oposición de Izquierdas estaba lejos de tener claro lo que estaba combatiendo. Trotsky, hasta el día de su muerte, creyó que el aparato que iba a perseguirle y asesinarle, era un Estado obrero degenerado." (Binns, Cliff and Harman, op. cit., p. 35). Trotsky y sus seguidores resistieron al estalinismo, pero, según Harman, sus "propias teorías sobre Rusia hicieron esta tarea más difícil". (Ibid., p 36.)

Ya en 1936, Trotsky, en una deducción brillante, predijo que la burocracia inevitablemente buscaría la propiedad individual de los medios de producción, si los obreros no tomaban el poder. ¿Y los defensores del capitalismo de Estado? El intento de restaurar la propiedad individual pilló a estas damas y caballeros totalmente por sorpresa. ¿Qué alternativa podían ofrecer a la desnacionalización de la industria y la abolición del plan? Esta no es una cuestión simplemente teórica, sino que es vital para los intereses de la clase obrera rusa. Es necesario dar una respuesta concreta. ¿Cómo cuadra esto con el capitalismo de Estado?

A pesar del hecho de que los comentaristas burgueses en Occidente y la prensa burguesa están apoyando abiertamente la restauración capitalista, Chris Harman afirma que: "el movimiento de la economía dirigida al mercado no es ni un paso atrás ni un paso adelante, sino un paso hacia un lado, de una forma de organización de la explotación capitalista a otra" (C. Harman and E. Mandel, The Fallacies of State Capitalism, p. 79)(¡!). Para Tony Cliff, "la privatización es una cuestión irrelevante".

La posición, por supuesto, es bastante lógica si aceptas que la contrarrevolución capitalista ya tuvo lugar hace décadas. Ahora tratan de decir que se oponen a las privatizaciones en los Estados ex-estalinistas de la misma manera que se oponen a las privatizaciones en Occidente, aunque los motivos para hacerlo siguen siendo un misterio. ¿Acaso el ‘‘capitalismo de Estado" es progresista después de todo? ¡De esta manera, los defensores de esta postura van de mal en peor! Las contradicciones en las que incurren como consecuencia, no pasan inadvertidas por lo menos para algunos de ellos. Un orador destacado en su escuela de verano de 1990 declaró que Trotsky "hacia un fetiche de la economía nacionalizada". De hecho, su postura pone en cuestión la propia noción de una economía nacionalizada como condición previa para un movimiento hacia el socialismo. ¿Pero que conclusiones tenemos que sacar de esto?

Si la nacionalización es "irrelevante" y lo que ha sucedido en Rusia es sólo un "paso hacia un lado", ¿entonces porque hay que oponerse? ¿Acaso no tendría que sernos indiferente si la burguesía naciente toma control del capitalismo de Estado? ¡Por supuesto que para los trabajadores amenazados con la privatización, las cosas no parecen tan simples! Pero desde el punto de vista de la teoría del capitalismo de Estado, no hay absolutamente nada que escoger entre ambos, y por lo tanto la única postura coherente sería la neutralidad completa. (Esto también se aplicaría a la cuestión de la privatización en Occidente). ¡Sin embargo, lo última de lo que se puede acusar a los defensores de esta teoría es de coherencia!

Ya sea en el Este o en Occidente, el deber elemental de cualquier obrero con conciencia de clase es el de defender las conquistas del pasado. Los únicos logros históricos que quedan de la Revolución Rusa es la economía nacionalizada y planificada. El gobierno pro-burgués de Yeltsin, apoyado y promovido por el imperialismo occidental, está intentando destruir la economía nacionalizada, despedazarla y venderla a través de la privatización. Si lo logran, esto representará la eliminación completa de las conquistas de la Revolución de Octubre. Significará la destrucción completa del Estado obrero deformado y el establecimiento de un nuevo Estado capitalista. Después de todo esa es la intención de la burguesía naciente en Rusia y de los imperialistas occidentales. La situación no podría ser más clara. Y sin embargo los defensores de la teoría del capitalismo de Estado se las arreglan para poner la situación boca abajo y sembrar la máxima confusión.

Desde el triunfo de la Revolución de Octubre, los marxistas han defendido consistentemente los derechos de propiedad nacionalizada surgidos de la Revolución. No apoyamos la reacción estalinista ni la política del régimen estalinista. Esta política, lejos de defender la revolución, ayudaba a debilitarla y minarla. En un momento u otro, tal y como había previsto Trotsky, la burocracia trataría de consolidar su posición mediante la restauración capitalista. Eso es lo que ha estado sucediendo en los últimos seis años más o menos en Rusia y Europa del Este. Para Cliff y sus seguidores , el capitalismo de Estado no sólo existía en la URSS, Europa del Este, y otros Estados estalinistas dónde se había abolido la propiedad privada, sino que aparentemente también estaba muy extendido en Asia, África y América Latina en los años 30, 40 y 50. En palabras de Harman, "la intervención estatal fue más lejos en muchos de los llamados países en desarrollado, dónde los grupos capitalistas individuales eran demasiado débiles como para impedir que el Estado dominase el sector industrial de la economía". Harman da como ejemplos a Egipto, Siria, Brasil, Argentina, España, Irlanda, y Corea del Sur como diferentes formas de capitalismo de Estado.

"Éste [el Estado] se comportaba en gran medida como los Estados de Europa del Este (...)" escribe Harman. "Era una expresión de una tendencia internacional, desde los años 30 a mediados de los 70, de recurrir a intervenciones administrativas, capitalistas de Estado, en economías propensas a la crisis. Sin embargo, esa fase de la historia capitalista está llegando a su fin. El Estado todavía interviene, pero con una eficacia cada vez menor. En Occidente esto ha llevado a un retorno a la recesión clásica; y en el Este significa que para las burocracias cada vez es más difícil no ir por el mismo camino". (C. Harman, Class Struggles in Eastern Europe 1945-83, p. 327).

Harman retuerce tortuosamente los hechos para que encajen en la teoría del capitalismo de Estado. Países como Argentina bajo Perón y el Egipto de Nasser, no eran nuevas sociedades de capitalismo de Estado, sino que eran economías capitalistas que utilizaban la intervención estatal, lo cual es característico de todos los países capitalistas en la época del imperialismo, para proteger los intereses de la burguesía nacional contra la competencia de las grandes potencias imperialistas. Dado el alcance de la intervención estatal, siguiendo la lógica de Harman, ¡el sistema del capitalismo de Estado sería prácticamente universal! Parece ser que la guerra fría y las relaciones hostiles entre la URSS y Occidente fueron sólo un gran malentendido, en lugar de un antagonismo fundamental entre dos sistemas sociales, ya que los países capitalistas de Estado estaban en ambos lados del telón de acero. Si eran básicamente lo mismo, ¿por qué tanto ruido, tensiones militares y diplomáticas y la carrera de armamentos?

"¿Cómo tenemos que ver el fin de la guerra fría, el colapso de la URSS y la orientación inicial de Rusia hacia los EEUU?" se pregunta Dave Crouch, el seguidor de Cliff en Moscú. Según él, el colapso del estalinismo no fue una victoria para el imperialismo americano, a pesar de lo que dijeron los comentaristas burgueses internacionalmente. "No hubo ninguna ‘capitulación’ a los americanos. Cuando la clase dominante rusa dejó de tambalearse por las derrotas que le infringió la población después de 1989 pasó a fortalecer su posición tanto interior como exterior. El gran show de la amistad entre Rusia y los EEUU convenía a ambas partes. El Kremlin necesitaba convencer a su pueblo de que los malos días del pasado se habían acabado y que la reforma les llevaría a un futuro de mercado opulento". (International Socialism, no. 66, Spring 1995, pp. 12-4)

¿Acaso se puede embrollar todavía más? ¡Según Dave Crouch el colapso del estalinismo ha resultado en el fortalecimiento del capitalismo de Estado, "en el interior y en el exterior"! Crouch, a pesar de estar en Moscú evidentemente vive en otro planeta. No ve el colapso de las fuerzas productivas, el caos, la miseria de las masas, las convulsiones políticas, y la catástrofe militar que afecta al pueblo ruso. No. No sólo no ha habido ningún cambio real, sino que por algún medio misterioso que sólo Dave Crouch entiende, ¡el antiguo régimen se ha fortalecido! Aquí abandonamos totalmente el marxismo y entramos en el reino de la ciencia-ficción.

Aparentemente, los ‘capitalistas de Estado’ en Rusia y Europa del Este, en un intento de solucionar sus problemas, se vieron obligados a ir hacia una forma más convencional de capitalismo de mercado. En otras palabras, las convulsiones en Rusia y Europa del Este son simplemente problemas ‘tácticos’ que los diferentes sectores de la clase capitalista tratan de solucionar. La privatización, elemento clave de la contrarrevolución burguesa, es considerada como algún tipo de truco porque la propiedad realmente no está siendo transferida en absoluto; ¡la venta de acciones era simplemente un ‘mecanismo’ mediante el cual los capitalistas de Estado conseguirían beneficios! Según estos caballeros, los socialistas no deben defender una forma de capitalismo contra otra. A principios de los años 50 esta posición hizo que Tony Cliff se mantuviera neutral durante la guerra de Corea, cuando el Estado obrero deformado del Norte estaba siendo atacado por el imperialismo. Pero en la guerra de Vietnam, debido a la presión de los estudiantes y pequeñoburgueses en sus filas, estaba de moda apoyar al ‘capitalista de Estado’ Vietnam del Norte contra el imperialismo americano. Hoy no está de moda defender la economía planificada de la antigua URSS y Europa del Este contra la contrarrevolución pero sí estaba de moda apoyar las reivindicaciones de los estudiantes rumanos por la restauración del capitalismo.

La vida siempre se toma su venganza de una teoría falsa. Toda la construcción artificial del capitalismo de Estado estaba en ruinas. Sin embargo, en lugar de admitir honestamente su error, intentan agarrarse con la punta de los dedos al naufragio. Ahora intentan argumentar que no ha habido ningún cambio real. Esto les lleva inmediatamente a un pequeño error: ¡el de ser incapaces de distinguir entre revolución y contrarrevolución! Según la teoría de Tony Cliff y otros, la contrarrevolución capitalista hoy en día en Rusia es imposible. Ya que la burocracia ‘poseía el Estado’ y jugaba el mismo papel que la clase capitalista, ¿dónde está la diferencia? ¡Desde este punto de vista, da lo mismo si la propiedad estatal es privatizada o no porque todo es ‘capitalismo’! Así, la llamada teoría del capitalismo de Estado, si fuera aceptada por los obreros rusos de hoy en día, les desarmaría totalmente ante la naciente burguesía. Este hecho por sí solo es suficiente para subrayar la importancia de la teoría, que, más pronto o más tarde, tiene que aplicarse en la práctica.

Trotsky dejó su postura clara en el Manifiesto de la Cuarta Internacional: "Sin duda, la nacionalización de los medios de producción en un sólo país, y un país atrasado, no garantiza la construcción del socialismo. Pero es capaz de imponer los prerrequisitos para ella, a saber: el desarrollo planificado de las fuerzas productivas. Desentenderse de la nacionalización de los medios de producción alegando que ésta, en sí y por sí, no crea el bienestar de las masas, es tanto como criticar la construcción de cimientos de granito porque no se puede vivir sin paredes ni techo. El obrero consciente sabe que una lucha victoriosa por su liberación total es impensable sin defender las conquistas ya alcanzadas, por modestas que sean. Tanto más obligatoria es, por tanto, la defensa de una conquista tan colosal como la de la economía planificada frente a la restauración de las relaciones capitalistas. Quienes no saben defender las posiciones ganadas, no podrán conquistar otras nuevas." (Trotsky, Manifiesto de la IV Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial, en El Programa de Transición, p. 148)



CAPITULO V: De la guerra a la desestalinización
apartado.- Una vez más: las ventajas de la economía planificada