RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

IV-El carácter del estalinismo

 

"Un sindicato en el poder"

Al tratar con el "capitalismo de Estado", vemos el tipo de fetichismo del que Marx hablaba y que puede afectar incluso al movimiento revolucionario, ¡cámbiale el nombre a una cosa y le cambias la esencia! Trotsky describió este fenómeno como radicalismo ideológico. Pero ponerle etiquetas al fenómeno del estalinismo no cambia el carácter del régimen. De hecho, si la idea del capitalismo de Estado o el colectivismo burocrático fuera correcta, toda la teoría de Marx se convertiría en una utopía. Vamos a partir de proposiciones fundamentales. Según la teoría de Marx, ninguna sociedad desaparece de la escena de la historia hasta que ha agotado todo el potencial inherente a ella. Durante todo un período histórico, el régimen soviético dio enormes pasos adelantes, mucho mayores que nada de lo que hemos visto en Occidente. Según los defensores del capitalismo de Estado, tenemos el absurdo de una nueva revolución, la revolución proletaria de 1917, transformando la economía en capitalismo de Estado. Tal y como Trotsky explicó: "se ha tratado de disfrazar el enigma soviético con el término capitalismo de Estado, que presenta la ventaja de no ofrecerle a nadie un significado preciso" (Trotsky, La Revolución Traicionada, p. 216).

Mientras que Trotsky encontró la prueba de un Estado obrero en la transformación de las formas de propiedad, los defensores de la teoría del capitalismo de Estado encuentran prueba de lo contrario. Ellos pueden argumentar que a no ser que la clase obrera tenga el control directo del Estado, no puede haber un Estado obrero. En ese caso, tendrían que rechazar la idea de que nunca hubo un Estado obrero en Rusia, con la única posible excepción de los primeros meses después de Octubre. Incluso aquí es necesario reiterar que la dictadura del proletariado se realizó a través del instrumento de la vanguardia de la clase, es decir, el Partido, y en el Partido a través de la dirección del Partido. Bajo las mejores condiciones esto será efectuado con la mayor democracia dentro del Estado y dentro del Partido. Pero la existencia de la dictadura, su necesidad para lograr el cambio en el sistema social, es ya una prueba de las profundas contradicciones sociales que pueden encontrar, en circunstancias históricas desfavorables, un reflejo dentro del Estado y dentro del Partido. Ni el Partido, ni el Estado, pueden automática y directamente reflejar los intereses de la clase. No es por casualidad que Lenin pensaba que los sindicatos eran un factor necesario para la defensa de los trabajadores contra su Estado, así como un baluarte para la defensa del Estado.

Aquí vemos de nuevo los resultados de sustituir el pensamiento formal por un análisis dialéctico. Los defensores de esta teoría se basan en puras abstracciones: un Estado obrero en general, en oposición a un Estado obrero formado en condiciones de atraso espantoso, pobreza y analfabetismo. Un materialista estudia el tema de una manera totalmente diferente. Aunque el proletariado es la clase más homogénea en la sociedad, no es totalmente homogénea. Existen diferencias importantes entre diferentes sectores de la clase: cualificados y no cualificados, atrasados y avanzados, organizados y no organizados, etc. Los mismos procesos que se dan en otras clases pueden darse en la clase obrera, en condiciones concretas.

La historia de las organizaciones obreras bajo el capitalismo, que bajo ciertas condiciones pueden experimentar un proceso de burocratización, especialmente cuando los trabajadores no participan activamente, es una analogía útil. Trotsky, en última instancia comparó el Estado obrero a un sindicato que hubiese tomado el poder. Después de una huelga prolongada, en la que no se ve posibilidad de victoria, los obreros tienden a caer en la inactividad y la apatía, empezando por los elementos más atrasados. De la misma manera, en Rusia, después de años de guerra, revolución y guerra civil, los obreros estaban agotados. Gradualmente cayeron en la inactividad. Como consecuencia y a lo largo de un período de tiempo, los soviets, los sindicatos y otros organismos de poder obrero se burocratizaron. Podemos ver un proceso parecido en la revolución Francesa, aunque con un contenido de clase diferente. Si fue posible que un partido de la clase obrera (la socialdemocracia), especialmente a través de su dirección, degenerase bajo las presiones ajenas del capitalismo, ¿por qué es imposible que el Estado formado por los trabajadores siga un camino similar? ¿Por qué es imposible que el Estado gane independencia de la clase, y al mismo tiempo (en su propio interés) defienda las nuevas formas económicas creadas por la revolución? En realidad, la transición de una sociedad a la otra resultó ser mucho más compleja que lo que podía haber sido previsto por los fundadores del socialismo científico.

Al proletariado le ha sido dado el privilegio, no más que a cualquier otra clase o formación social, de tener inevitablemente un viaje tranquilo en la transición a su dominación, y posteriormente su desaparición sosegada e indolora en la sociedad: el socialismo. Era una variante posible. Pero la degeneración tanto de la socialdemocracia como del Estado soviético en determinadas condiciones no era en absoluto accidental. Representaba en un sentido las relaciones complejas entre una clase, sus representantes y el Estado, que más de una vez en la historia dieron motivo de lamentaciones a la clase dominante, burguesa, feudal o esclavista. Refleja, en otras palabras, la multiplicidad de factores históricos que son la base para el factor decisivo: el económico.

Contrastemos el amplio punto de vista de Lenin, con el mecanicista de los defensores del capitalismo de Estado. Lenin insistía una y otra vez en la necesidad de estudiar los períodos de transición de las épocas pasadas, especialmente del feudalismo al capitalismo, para entender las leyes de la transición en Rusia. Él habría rechazado la concepción de que el Estado surgido en Octubre tendría que seguir una norma preconcebida, o si no dejaría de ser un Estado obrero. Lenin sabía bien que el proletariado, su partido y dirección, no tenían un poder divino que les llevara suavemente, sin contradicciones, hacia el socialismo una vez que el capitalismo había sido derrocado. Esta es necesariamente la única conclusión que se puede extraer de las normas kantianas categóricamente afirmadas por los que proponen la teoría del capitalismo de Estado. Por eso Lenin subrayó por adelantado que la dictadura del proletariado cambiaría tremendamente en diferentes países y bajo diferentes condiciones.

Sin embargo, Lenin insistía constantemente en el punto, de que en la transición del feudalismo al capitalismo, la dictadura de la burguesía ascendente estaba reflejada en la dictadura de un hombre. Una clase podría gobernar a través del dominio personal de un hombre. Cliff es bastante complaciente al aceptar esta concepción para aplicarla a la burguesía. Pero se podría sacar la conclusión de sus argumentos, que tal cosa sería imposible en el caso del proletariado. El dominio de un hombre implica absolutismo, dictadura arbitraria conferida en un único individuo, sin derechos políticos para la clase dominante a cuyos intereses, en última instancia, él representa. Pero Lenin sólo hizo este comentario para demostrar que bajo determinadas condiciones la dictadura del proletariado podría ser realizada también a través de la dictadura de un sólo hombre. Lenin no desarrolló esta concepción. Pero hoy a la luz de la experiencia de Rusia y Europa del Este, China, Cuba y los otros Estados obreros deformados, podemos profundizar y entender no sólo el desarrollo presente de la sociedad sino también los acontecimientos del pasado.

Bajo ciertas circunstancias la dictadura del proletariado puede ser realizada a través de la dictadura de un hombre. No estamos hablando de un Estado obrero sano, sino de una distorsión que pueden surgir de la separación del Estado de la clase a la que representa. Esto significa que el aparato casi inevitablemente tenderá a hacerse independiente de su base y así adquirirá intereses creados propios, hostiles y ajenos a la clase que representa como en el caso de la Rusia estalinista. Cuando estudiamos el desarrollo de la sociedad burguesa, vemos que la autocracia de un individuo, con las determinadas contradicciones sociales, servía a las necesidades del desarrollo de esa sociedad. Está claramente demostrado en el dominio de Cromwell y Napoleón. Pero aunque ambos mantenían una base burguesa, en un estadio determinado de la autocracia burguesa, se convierte, de un factor favorable para el desarrollo de la sociedad capitalista, en un obstáculo para el pleno y libre desarrollo de la producción burguesa.

Sin embargo, entonces, el régimen dictatorial no se diluye sin dolor. En Francia e Inglaterra fueron necesarias revoluciones políticas adicionales antes de poder cambiar la autocracia burguesa en democracia burguesa. Pero sin la democracia burguesa habría sido imposible el desarrollo libre y pleno de las fuerzas productivas hasta sus límites bajo el capitalismo. ¿Si esto se aplica a la evolución histórica de la burguesía, cómo no aplicarlo al proletariado en un país atrasado y aislado donde la dictadura del proletariado ha degenerado en la dictadura de Stalin, de un hombre?.

Para que el proletariado pudiera tomar el camino del socialismo, se necesitaba una nueva revolución, una revolución política, para transformar el Estado bonapartista proletario en una democracia obrera. Tal concepción coincide con la experiencia del pasado. De la misma manera en que el capitalismo ha pasado a través de muchas fases, contradictorias y turbulentas (y están lejos de haberse acabado como demuestra nuestra época), en condiciones determinadas históricas el dominio del proletariado también pasó por ellas en Rusia. Y también por una reacción mutua, Europa del Este y China pasaron por esta fase de bonapartismo proletario

La noción peculiar de que un Estado obrero siempre nace tan inmaculado como la Virgen María y en todas las circunstancias tiene que aparecer en la forma clásica de una democracia obrera perfecta, o de lo contrario hay que condenarlo como un "nuevo Estado clasista", es una idea mística que no tiene nada en absoluto que ver con el método materialista del marxismo. Es el producto de pensar en categorías abstractas, formales. De hecho, encontramos la explicación de la degeneración estalinista en las interrelaciones entre la clase y su Estado en condiciones históricas concretas, no en abstracciones suprahistóricas.

De hecho, incluso hoy, el carácter de clase del Estado ruso no ha sido determinado de manera decisiva. Pero los protagonistas de la teoría vacía y superficial del capitalismo de Estado son los menos capaces de echar luz sobre los procesos que se están desarrollando en la antigua Unión Soviética. Si el actual movimiento hacia la restauración capitalista no tiene éxito, a largo plazo, el factor económico (las relaciones de propiedad), después de muchas convulsiones y catástrofes, será el decisivo. Se trata de qué relaciones de propiedad prevalecerán en última instancia: nacionalización o propiedad privada. Esta lucha todavía se está desarrollando, pero el resultado no está decidido. Por supuesto que si aceptamos que Rusia ha sido capitalista (incluso si es "capitalista de Estado") en los últimos 60 o 70 años, entonces esto es sólo un pequeño detalle del cual no tendríamos que preocuparnos mucho.

La clase obrera rusa, a través de una experiencia dolorosa, ha entendido que hay una diferencia fundamental entre la economía nacionalizada y planificada y el capitalismo. En el momento de escribir estas líneas los mineros rusos están en huelga contra el gobierno burgués de Moscú. Cada vez hay más obreros que entienden la necesidad de defender lo que queda de la industria nacionalizada contra los depredadores de la naciente clase capitalista. ¿Significa eso algún tipo de capitulación ante la burocracia? En absoluto. Los obreros rusos combatirán contra la burguesía naciente con sus propios métodos: huelgas, manifestaciones, huelgas generales. Al hacerlo, pronto redescubrirán las grandes tradiciones revolucionarias del pasado. Pero la condición previa es una lucha abierta contra la amenaza inmediata de la contrarrevolución capitalista.

Habiendo bloqueada el camino a la contrarrevolución capitalista mediante la lucha, se darán cuenta de su propia fuerza y adquirirán la conciencia necesaria que les permitirá derrocar a la burocracia y organizar una democracia obrera sana a un nivel superior. Este desarrollo no será una vuelta a la situación del Estado soviético, débil y empobrecido de 1917. Sobre la base del desarrollo tecnológico y científico que la economía nacionalizada y planificada hizo posible en el pasado, podrán decretar inmediatamente una reducción general de la jornada laboral. Con uno, o a lo sumo, dos planes quinquenales, con la participación y control democrático de las masas, toda la situación se transformará. Dado el nivel de desarrollo actual, sería posible introducir rápidamente la semana laboral de 32 horas, seguida por una reducción mayor de horas de trabajo y un aumento general de los niveles de vida y cultura. Entonces el Estado obrero se corresponderá, más o menos, con la norma ideal desarrollada por Marx y Lenin.



CAPITULO IV: El carácter de clase del estalinismo
apartado.-  La teoría del ‘capitalismo de Estado’ hoy