RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

IV-El carácter del estalinismo

 

 Estalinismo: una forma de bonapartismo

Al analizar el papel del Estado, la pregunta más importante a la que hay que responder es ésta: ¿a qué clase representa? El Estado tiene que ser el instrumento de una clase, ¿a qué clase representaba en Rusia? No podía representar a la clase capitalista ya que ésta fue expropiada en 1917. No se puede defender que representaba los intereses del campesinado, o de los pequeños propietarios en las ciudades. Claramente representaba los intereses de la burocracia estalinista. Pero como forma especial de bonapartismo proletario, en última instancia, representaba a la clase obrera en la medida en que defendía la nacionalización de los medios de producción, la planificación y el monopolio del comercio exterior.

Bajo un régimen fascista o bonapartista, como hemos visto, incluso a pesar de que los gángsters puedan tener a la burguesía agarrada por el cuello, sigue existiendo una clase capitalista en cuyos intereses opera la economía en su conjunto y de la que cuelga esta excrecencia parásita. Algunos formalistas dicen que la burocracia soviética constituía una nueva clase dominante en Rusia. Pero si analizamos esta afirmación seriamente veremos que esto no era así. Lo que están diciendo es que el Estado es una clase. La burocracia "poseía" el Estado; el Estado "poseía" los medios de producción", por lo tanto la burocracia "poseía" los medios de producción y por lo tanto era una clase dominante. Pero esto es manipular la cuestión. La premisa es falsa. La burocracia no posee el Estado. En la práctica lo que están diciendo es que el Estado posee el Estado. Así, el intento de resolver el asunto mediante el método de la lógica formal acaba en una pura tautología, que no resuelve nada en absoluto.

Entonces ¿era la burocracia la clase dominante en la sociedad soviética? Este argumento, claramente, carece de fundamento. En una sociedad capitalista, o en cualquier sociedad clasista, no importa lo privilegiados que puedan ser los funcionarios de más alto rango, ellos esgrimen el instrumento para proteger la clase dominante que tiene una relación directa con los medios de producción, porque es su propietaria. Sabemos a quien representaba Napoleón. Sabemos a quienes representaban Luis Bonaparte, Chiang Kai-shek, Hitler, Churchill y De Gaulle. Pero ¿a quién representaban los burócratas estalinistas? ¿A ellos mismos? Esto es claramente falso. El Estado, por su propio carácter se compone de funcionarios, oficiales, generales, jefes de policía, etc. Pero estos individuos no constituyen una clase dominante, son un instrumento de una clase incluso aunque puedan estar enfrentados a ella. La burocracia consiste en millones de individuos a diferentes niveles en el aparato del Estado. Está el pequeño jefe local y están los dignatarios de alto rango. Así pues, ¿qué sector de la burocracia "posee" el Estado? No pueden ser todos los burócratas, ya que estos (la propia burocracia) están divididos jerárquicamente. El pequeño funcionario es tan parte de la burocracia como el gran burócrata.

En su libro Alemania, el único camino, Trotsky analiza de esta manera la cuestión del bonapartismo:

"En su momento, nosotros caracterizamos al gobierno de Brüning como bonapartista (‘una caricatura de bonapartismo’), es decir, un régimen de dictadura policíaco-militar. Tan pronto como la lucha entre los dos estratos sociales —los poseedores y los desposeídos, los explotadores y los explotados— llega a su máxima tensión, las condiciones están dadas para el gobierno de la burocracia, la policía y los soldados. El gobierno se hace ‘independiente’ de la sociedad. Recordemos una vez más: si se pinchan dos tenedores simétricamente en un tapón de corcho, éste se puede aguantar de pie incluso en sobre la punta de una aguja. Ese es precisamente el esquema del bonapartismo. Seguro, este gobierno no deja de ser el servidor de los propietarios. Pero el servidor se sienta sobre la espalda del jefe, le restriega el cuello hasta dejárselo pelado, e incluso a veces no duda en hundirle las botas en la cara.

"Se podía haber asumido que Brüning se mantendría hasta la solución final. Sin embargo, en el transcurso de los acontecimientos, apareció un nuevo eslabón: el gobierno Papen. Para ser precisos, nosotros deberíamos de haber introducido una rectificación en nuestra antigua denominación: el gobierno Brüning era un gobierno pre-bonapartista. Brüning sólo era un precursor. En una forma perfecta, el bonapartismo entró en escena con el gobierno Papen-Scheicher". (Trotsky, Germany, the Only Road, p. 276).

El bonapartismo en la época de declive y crisis es diferente del bonapartismo en la juventud del capitalismo. Puede adoptar muchas formar, implicando diferentes combinaciones, dependiendo de las condiciones concretas. El gobierno de Napoleón o de Oliver Cromwell —bonapartismo clásico— se basaban en el surgimiento de la sociedad burguesa. El bonapartismo en la etapa de auge del capitalismo es fuerte y confiado. En condiciones de un desarrollo poderoso de las fuerzas productivas, adquiere una cierta estabilidad. Pero el bonapartismo del declive capitalista se ve afectado por su senilidad. Surge de la crisis de la sociedad capitalista y no puede resolver ninguno de los problemas a los que se enfrenta. La crisis del período de entre guerras dio lugar a toda una serie de regímenes bonapartistas, intentando equilibrarse entre las fuerzas de la revolución y la contrarrevolución. En el mundo ex colonial, debido a la debilidad de la democracia burguesa, también muchos de los regímenes son de carácter bonapartista. Vemos como períodos de gobierno parlamentario débil dejan paso a dictaduras militares.

En contraste, el gobierno fascista significa la expropiación total de la burguesía. Se aplastan todos los derechos democráticos. La clase capitalista entrega el poder a los advenedizos fascistas que utilizan las fuerzas de masas de la pequeña burguesía enloquecida como fuerza de choque contra la clase obrera. Bajo el gobierno fascista el proletariado queda totalmente atomizado.

"En el fascismo hay un elemento de bonapartismo", declara Trotsky. "Sin este elemento, es decir, el levantamiento del poder estatal por encima de la sociedad debido a una agudización extrema de la lucha de clases, el fascismo hubiera sido imposible. Pero nosotros señalamos desde el principio que se trataba primariamente de una cuestión de bonapartismo en la época de declive imperialista, que es cualitativamente diferente del bonapartismo de la época de auge burgués (...) Los ministros de Brüning, Schleicher y la presidencia de Hindenburg en Alemania, el gobierno de Petain en Francia—todos ellos han sido, o tienen que ser, inestables. En la época de declive imperialista un bonapartismo puramente bonapartista es completamente inadecuado; el imperialismo encuentra indispensable movilizar a la pequeña burguesía y aplastar al proletariado bajo su peso". (Trotsky, Writings 1939-40, p. 410).

Se podrían dar innumerables referencias para demostrar que un Estado capitalista presupone la propiedad privada —la posesión individual de los medios de producción¾ . El Estado es el aparato de dominación, no puede ser él mismo la clase dominante. La burocracia es simplemente parte del aparato del Estado. Puede "poseer" el Estado, en el sentido de que se eleva por encima de la sociedad y se independiza relativamente de la clase económicamente dominante, es decir, la clase dirigente. Este fue el caso en la Alemania nazi, donde la burocracia dictaba a los capitalistas qué debían producir, cómo, etc., para mantener la guerra. Lo mismo sucedía con la economía de guerra en Gran Bretaña, EEUU y en todas partes: el Estado dictaba a los capitalistas qué y cómo tenían que producir. Esto no le convertía en clase dominante. ¿Por qué? Porque estas medidas eran en defensa de la propiedad privada y de los intereses de la clase capitalista en su conjunto.

Claramente, la burocracia dirige y planifica la industria. Pero, ¿de quién es la industria que ellos dirigen y planifican? En la sociedad capitalista, los directores planifican y dirigen la industria en las empresas y trusts individuales. Pero esto no les convierte en propietarios de esas empresas. Por ejemplo, las empresas nacionalizadas en Gran Bretaña eran dirigidas por una burocracia de gerentes, pero éstos no eran los propietarios de estas industrias. Eran propiedad del Estado—el Estado capitalista—y dirigidas en interés de la economía capitalista en su conjunto. La burocracia en la URSS dirigía toda la industria. En ese sentido es verdad que tienen más independencia de su base económica que otra burocracia o maquinaria estatal haya tenido en toda la historia humana. Pero como Engels subrayó y debemos subrayar de nuevo, en última instancia las bases económicas son decisivas.

Los sociólogos burgueses recurren a definiciones arbitrarias para caracterizar todo tipo de grupos y subgrupos sociales, oscureciendo la auténtica base de clases de la sociedad. Por el contrario, el marxismo define una clase en términos de relaciones de propiedad. Defender que su función como directores de alguna manera convierte a los burócratas en una clase dominante no tiene ni pies ni cabeza. Y ciertamente no tiene nada en común con la definición marxista de una clase capitalista. La burocracia, en su papel como estrato gerente, jugaba un papel en la producción, de la misma manera que los directores de empresas capitalistas. Pero hay una diferencia fundamental. Los directores de empresas en occidente trabajan para los propietarios privados de la industria (o para el Estado burgués, que opera como asistente del sector privado). No son propietarios de la industria y no constituyen una clase social aparte.

Como directores, les corresponde lo que Marx llamó "el salario de superintendencia", y nada más. Esto también se aplica a los directores en un Estado obrero, incluyendo por cierto un Estado obrero sano, donde en el período transicional seguiría habiendo un diferencial entre los salarios para el trabajo cualificado y no cualificado. Pero lo que caracterizaba a la burocracia estalinista era que devoraba una parte enorme de la riqueza producida por la clase obrera. Esto no tenía nada que ver con sus funciones de dirección, o el "salario de superintendencia".

Si se toman más, lo hacen de la misma manera en que la burocracia fascista o bonapartista consume una parte de la plusvalía producida por los obreros. Pero no son una clase en el sentido marxista de la palabra, sino una casta parásita. "Por la función de reguladora y de intermediaria, por el cuidado que tiene en mantener la jerarquía social, por la explotación, con estos mismos fines, del aparato del Estado, la burocracia soviética se parece a cualquier otra y, sobretodo, a la del fascismo. Pero también se distingue de ésta en caracteres de una extrema importancia. Bajo ningún otro régimen, la burocracia alcanza semejante independencia". (Trotsky, La Revolución Traicionada, p. 218).
Los privilegios de la burocracia estalinista empezaban precisamente donde acababan sus funciones productivas. De hecho no surgían en absoluto de la esfera de la producción, sino de la esfera de la distribución. En condiciones de pobreza generalizada, era necesario decidir quién recibía qué. Trotsky lo compara a una cola en una panadería. Si hay escasez de pan, y la cola es muy larga, se puede hacer ingobernable. Es necesario poner a un policía para mantener el orden en la cola y asegurarse que todo el mundo recibe su parte. Sucede a menudo que en el proceso el policía se lleva más que nadie. Esto no creará una actitud muy favorable hacia el policía. ¡Pero en modo alguno le convierte en una clase dominante en el sentido marxista de la palabra!

La burocracia estalinista no era una nueva clase dominante tal y como afirmaron J. Burnham, M. Shachtman, M. Djilas, J. Kuron y T. Cliff (y con ellos la burguesía y la derecha del movimiento obrero), sino una casta parásita, que no juega ningún papel necesario en el proceso productivo. Precisamente por esta razón se pueden descartar reformas significativas por arriba. Los ignorantes intelectuales "disidentes" polacos pensaban, argumentaban que, si era posible tener sindicatos libres bajo el capitalismo, ¿por qué no deberían de ser permitidos bajo el "capitalismo de Estado"? Es cierto que para los capitalistas, en circunstancias normales, la "democracia" burguesa (es decir democracia formal, en la que se conceden ciertos derechos a los trabajadores, pero los bancos y monopolios deciden en última instancia lo que sucede) es la forma más económica y segura de gobierno, preferible al monstruoso saqueo y despilfarro del Estado que se da bajo el fascismo o el bonapartismo. Pero bajo el estalinismo, los derechos democráticos amenazaban inmediatamente la posición de la burocracia. La democracia formal y el estalinismo son incompatibles.

Trotsky se mantuvo firme en su consideración de que la burocracia no era una nueva clase dominante. En una polémica con un seguidor francés, Yvan Craipeau en 1937, explicaba: "Esta vez deduce su extraordinaria prueba de una frase de La Revolución Traicionada en el sentido de que ‘todos los medios de producción pertenecen al Estado y el Estado pertenece, hasta cierto punto, a la burocracia’ (el énfasis es mío). Craipeau está jubiloso. Si los medios de producción pertenecen al Estado, y el Estado a la burocracia, ésta se torna en el propietario colectivo de los medios de producción, y por eso solamente, en la clase poseedora y explotadora. El resto del argumento de Craipeau es casi de carácter puramente literario. Nos dice una vez más, con aire de polemizar contra mí, que la burocracia termidoriana es mala, rapaz, reaccionaria, sedienta de sangre, etc. ¡Una verdadera revelación! ¡Sin embargo nunca dijimos que burocracia estalinista fuera virtuosa! Solamente le negamos la calidad de clase en el sentido marxista, es decir, con respecto a la propiedad de los medios de producción" (Trotsky, Escritos 1937-38, pp. 49-51).

El Estado es un instrumento de la clase dominante, de coerción, un policía glorificado. Pero el policía no es la clase dominante. La policía puede convertirse en infrenable, puede convertirse en bandidos, pero no se convierte en una clase capitalista, feudal o esclavista. El carácter parasitario de la burocracia se demuestra por el hecho de que se ven obligados a pretender que no existen como capa privilegiada. En palabras de Trotsky: "Su apropiación de una parte enorme del ingreso nacional tiene carácter de parasitismo social" Goza de sus privilegios bajo la forma de abuso del poder. Esconde sus ingresos. "Los departamentos más grandes, el bistec más jugoso y los Rolls Royce no bastan para transformar a la burocracia en una clase dominante independiente" (Trotsky, Escritos 1933-34, p. 172).

La democracia obrera bajo Lenin y Trotsky fue sustituida por el régimen burocrático de Stalin. Aunque las formas políticas eran radicalmente diferentes de las de los primeros años de la revolución, lo que se mantuvo fueron las relaciones de propiedad nacionalizadas. Este hecho, la existencia de una economía nacionalizada y planificada, era el que definía el carácter de clase básico de la Unión Soviética. Era un Estado obrero que había quedado horriblemente deformado por una contrarrevolución burocrática. "Un tumor puede adquirir un tamaño enorme e incluso estrangular al organismo vivo, pero un tumor nunca se puede convertir en un organismo independiente" resaltó Trotsky.

La burocracia soviética era similar a otras burocracias, especialmente la burocracia fascista, con una diferencia importante. La burocracia fascista se basaba en la propiedad privada de los medios de producción, y era la expresión más monstruosa de un régimen en declive. La burocracia estalinista se basaba en las nuevas formas de propiedad establecidas por la revolución, que durante todo un período demostraron una vitalidad colosal. Hasta recientemente, la burocracia rusa se veía obligada a defender la propiedad estatal como fuente de su poder e ingresos. Este hecho por sí solo le permitió jugar un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo, incluso en el mejor período, seguía siendo una excrecencia parásita en el Estado obrero, la fuente de un despilfarro, corrupción e ineficacia sin fin. Tenía todos los vicios pero ninguna de las virtudes históricas de una clase dominante.

En palabras de Trotsky "Si la maraña bonapartista es una clase esto significa que no es un aborto sino un hijo viable de la historia. Si su parasitismo merodeante es ‘explotación’ en el sentido científico del término, esto significa que la burocracia tiene un futuro histórico como clase dominante indispensable en un sistema económico dado" (Trotsky, In Defence of Marxism, p. 24). Este claramente no es el caso. La economía soviética, sin duda, ha dado enormes pasos adelantes, pero este impulso no fue debido a la burocracia en sí, sino debido a la economía nacionalizada y planificada. La burocracia se convirtió en un freno enorme para el desarrollo cultural y técnico de Rusia. Como mucho, la burocracia soviética jugó un papel relativamente progresista en el desarrollo de la industria pesada, pero con un despilfarro tremendo.

El Estado bajo Stalin no tenía nada en común con el de Octubre, aparte de la propiedad estatal y la planificación. Todos los logros de la revolución en la introducción del control y administración obreras de la industria y el Estado quedaron abolidos. La burocracia tenía un control absoluto. Las llamadas elecciones eran una farsa, en la que los candidatos de un partido único eran elegidos regularmente con el 99 por ciento de los votos, algo imposible incluso desde un punto de vista técnico (a veces la gente se muda de vivienda e incluso mueren). La clase obrera estaba a merced de la burocracia, sujeta a despidos arbitrarios, exilio, encarcelamientos, encierro en hospitales mentales, y todos los demás métodos con los cuales un Estado totalitario mantiene al pueblo en un Estado de miedo omnipresente. Además de los órganos de represión normales, la burocracia tenía a su servicio un ejército de espías, informadores y gente de confianza, en todas las fábricas, oficinas, clases o bloques de casas.

Es cierto que en los últimos años, especialmente después de la muerte de Stalin, se introdujeron grandes reformas que llevaron a un aumento de los niveles de vida, mejores servicios sociales, etc. Pero en todo momento el control siguió firme en manos de la burocracia. Las reformas que se introdujeron, siempre venían de arriba y no modificaban de manera fundamental la relación entre la clase obrera y la casta dominante. No existía ningún elemento de democracia obrera en absoluto.



capítulo IV: El carácter de clase del estalinismo
apartado.- "Colectivismo burocrático"