RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

IV-El carácter del estalinismo

 

 Termidor y bonapartismo

Existen amplios parecidos entre los procesos que ocurren en revoluciones, incluso cuando su carácter de clase es diferente. Las comparaciones entre la Revolución Rusa y la Gran revolución Francesa de 1789-94 pueden arrojar luz sobre algunos de los procesos fundamentales dentro de ciertos límites. Esto se aplica a la utilización de términos como "termidor" que se refiere al episodio del 27 de julio (9 termidor en el viejo calendario revolucionario) de 1794, cuando el ala de derechas de los jacobinos se alió con el centro (el ‘pantano’) para derrocar a Robespierre, iniciando así el camino de la reacción política que acabó con la dictadura bonapartista de Napoleón. Representó el fin del período de ascenso revolucionario y el inicio de la caída. Esto se reflejó en el hecho de que mientras en el período de ascenso (1789-94) el Terror se dirigía casi totalmente contra los enemigos de la revolución y los que querían un compromiso con la reacción, después de termidor, se dirigía contra el ala revolucionaria.

Por extensión, se puede considerar termidor como aquel punto en una revolución en que empieza a notarse cierto cansancio, reflejándose en una retirada que prepara el camino para la reacción abierta. En Francia esto sucedió cuando un sector de la "montaña" (el ala revolucionaria de la Convención Nacional) se cansó del terror y de las convulsiones de la revolución en general. La escisión en la "montaña" llevó a la reacción termidoriana. De la misma manera se pueden achacar los orígenes de la reacción estalinista en Rusia a un estado de ánimo difuso entre los funcionarios soviéticos y la pequeña burguesía al final de la guerra civil de que ya era hora de parar las innovaciones revolucionarias y ponerse a "restablecer el orden". La teoría del socialismo en un sólo país resumía este estado de ánimo de reacción. Por supuesto que como cualquier analogía histórica, la utilización del término termidor era sólo una aproximación, y como tal tenía un carácter condicional. En sus artículos de 1929 Trotsky explica la situación de la siguiente manera:

"Me refiero principalmente al problema del termidor y, por esa misma razón, al carácter de clase del Estado soviético. La fórmula del termidor es, desde luego, como toda analogía histórica, condicional. (...) El termidor señala la primera etapa victoriosa de la contrarrevolución, es decir, la transferencia directa de poder de manos de una clase a otra: esta transferencia, aunque viene acompañada inexorablemente de guerra civil, queda, no obstante, oculta políticamente por el hecho de que la lucha se libra entre dos fracciones de un partido que hasta ayer estaba unido. (...) Indica el pasaje directo del poder a manos de otra clase, tras lo cual la clase revolucionaria sólo puede recuperar el poder mediante una insurrección armada. Esta, a su vez, exige una nueva situación revolucionaria, cuyo comienzo depende de un complejo de causas locales e internacionales". (Trotsky, Escritos 1929-30, pp.386-7).

Unos años más tarde, en un artículo llamado El Estado obrero, termidor y bonapartismo, Trotsky volvió a evaluar esta posición sobre el termidor. Explicó que la analogía del termidor había estado abierta a malas interpretaciones. El grupo ultraizquierdista del difunto Vladimir Smirnov, el grupo Centralismo Democrático, en oposición a la Oposición de Izquierdas, había declarado en 1926 que el proletariado ya había perdido el poder y se había restaurado el capitalismo en Rusia. Para Trotsky esto era totalmente falso y era como enterrar la revolución mientras seguía viva. Sin analogías históricas no podemos aprender de la historia. Pero también tenemos que entender sus límites, sus similitudes y sus diferencias. Ese era el caso con el termidor.

"El Termidor de 1974 produjo el traspaso del poder de algunos grupos de la Convención a otros, de uno a otro sector del ‘pueblo’ victorioso. ¿Fue contrarrevolucionario? La respuesta depende de la extensión que le demos, en cada caso concreto, al concepto de ‘contrarrevolución’. El cambio social que se dio entre 1789 y 1793 fue de carácter burgués. En esencia se redujo a la sustitución de la propiedad feudal fija por la ‘libre’ propiedad burguesa. La contrarrevolución ‘correspondiente’ a esta revolución tendría que haber significado el restablecimiento de la propiedad feudal. Pero el Termidor ni siquiera intentó tomar esa dirección. Robespierre buscó apoyo entre los artesanos, el Directorio entre la burguesía mediana. Bonaparte se alió con los banqueros. Todos estos cambios, que por supuesto no sólo tenían un sentido político sino también un sentido social, se dieron sin embargo sobre la base de la nueva sociedad y el nuevo Estado de la burguesía. El Termidor fue la reacción actuando sobre los fundamentos sociales de la Revolución.

De las mismas características fue el Dieciocho Brumario de Bonaparte [esta es la nueva fecha para el 9 de noviembre de 1799, cuando Napoleón tomo el poder y creó una dictadura militar], la siguiente etapa importante en el avance de la reacción. En ninguno de los dos casos se trataba de restaurar las viejas formas de propiedad o el poder de los antiguos sectores dominantes, sino de dividir las ganancias del nuevo régimen social entre los distintos sectores del victorioso ‘Tercer Estado’. La burguesía se fue haciendo dueña de mayores posesiones y de más poder (ya sea directa e inmediatamente o a través de agentes especiales como Bonaparte), pero no atentó en lo más mínimo contra las conquistas sociales de la Revolución; por el contrario, solícitamente trató de fortalecerlas, organizarlas y estabilizarlas. Napoleón protegió la propiedad burguesa, incluida la de los campesinos, tanto contra la ‘chusma’ como contra los plañideros expropiados. La Europa feudal odiaba a Napoleón como la representación viva de la Revolución, y desde su punto de vista tenía razón" (Trotsky, Escritos 1933-34, pp. 259-60).

Aquí de lo que se trata es de una serie de contrarrevoluciones políticas sobre las mismas relaciones de propiedad burguesas. Utilizando esta analogía por comparación, Trotsky revela el carácter y la dinámica del estalinismo, no como un sistema de explotación de una nueva clase, sino como parasitismo social en el Estado obrero. La clase obrera había perdido el poder político, pero la contrarrevolución no había restaurado la burguesía. La propia burocracia estalinista había usurpado el poder político. Era un producto de las contradicciones sociales que surgían de un Estado obrero aislado en condiciones de atraso crónico.

La contrarrevolución política de la burocracia liquidó completamente el régimen de democracia obrera soviética, pero no destruyó las nuevas relaciones de propiedad establecidas por la revolución de octubre. La burocracia, elevándose por encima de los trabajadores, intentó regular estas contradicciones en su propio interés. Se basaba en la economía nacionalizada y planificada y jugaba un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque, en palabras de Trotsky, a tres veces el coste del capitalismo, con un enorme desperdicio, corrupción y mala gestión. Lejos de erradicar estas contradicciones sociales, la burocracia acumulaba nuevas contradicciones. Al final se elevó por encima del proletariado y estableció un régimen de absolutismo burocrático, en el que se había expropiado a la clase obrera de sus derechos y su voz en la dirección de la sociedad.



capítulo IV: El carácter de clase del estalinismo
apartado.-  ¿Qué es el bonapartismo?