RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

IV-El carácter del estalinismo

 

La controversia sobre el carácter de clase de la URSS

Según Lenin, el Estado "siempre ha sido un cierto aparato que se separaba de la sociedad y consistía en un grupo de gente dedicada única, o casi únicamente, o principalmente, a gobernar. La gente se divide en gobernados y los especialistas en gobernar. Los que se elevan por encima de la sociedad son conocidos como gobernantes, representantes del Estado.

"Este aparato, este grupo de gente que gobierna a otros, siempre se pone al mando de un cierto aparato de coerción, de fuerza física, independientemente de sí esta coerción de la gente se expresa en el palo primitivo o ¾ en la época del esclavismo— en tipos de armas más perfeccionadas, o en las armas de fuego que aparecieron en la Edad Media, o, finalmente, en las armas modernas que, en el siglo veinte, son maravillas de la técnica y se basan totalmente en los últimos logros de la tecnología moderna.

"Los métodos de coerción cambiaron, pero siempre que había un Estado existía en todas las sociedades un grupo de gente que gobernaba, que dirigía, que dominaba y que, para poder mantener su poder, poseían un aparato de coerción física, un aparato de violencia, con aquellas armas que mejor correspondían al nivel técnico de una época dada. Y examinando estos fenómenos generales, preguntándonos por qué no existía el Estado cuando no existían las clases, cuando no había explotadores ni explotados, y por qué surgió cuando surgieron las clases, sólo de esta manera podemos encontrar una respuesta definitiva a la cuestión de la esencia del Estado y su significado.

"El Estado es una maquinaria para mantener el dominio de una clase sobre otra". (Lenin, Collected Works, El Estado, vol. 29, p. 477).

¿Por qué razón afirmó Marx que la clase obrera no puede tomar control de la maquinaria estatal capitalista tal como es y utilizarla para sus propios fines? No por motivos místicos, sino debido a ciertos hechos muy concretos. En el Estado moderno todas las posiciones clave están en manos de gente que está bajo el control de la clase dominante: han sido seleccionados especialmente por educación, puntos de vista, y condiciones de vida, para servir a los intereses de la burguesía. Las ideas y puntos de vista de los oficiales del ejército, especialmente los de mayor graduación, los altos funcionarios del Estado, y los técnicos más importantes, son moldeadas para servir a los intereses de la clase capitalista. Todos los cargos de dirección en la sociedad son ocupados por gente en la que la clase capitalista pueda confiar. Por este motivo la maquinaria del Estado es una herramienta en manos de los capitalistas que no puede ser utilizada por la clase obrera y debe ser aplastada y apartada por ésta. Ahora, ¿qué quiere decir aplastar la maquinaria del Estado?

Es posible que cuando la clase obrera llegue al poder utilice a muchos, quizás incluso a la mayoría de los funcionarios del Estado capitalista. Pero estarán subordinados a comités y organizaciones obreras. Por ejemplo en la Unión Soviética, al principio, después de la disolución del ejército zarista, el Ejército Rojo se vio obligado a utilizar los servicios de ex-oficiales zaristas, bajo el control de comisarios políticos. Igualmente, en el aparato estatal soviético había una proporción considerable de ex-funcionarios zaristas. Debido a los factores históricos desfavorables esto posteriormente jugó un papel importante en la degeneración del régimen ruso. No es casualidad que Lenin dijera que el Estado soviético era "una maquinaria burguesa zarista ... levemente barnizada con socialismo".

El proletariado, según el concepto clásico, aplasta la vieja maquinaria del Estado y procede a crear un semi-estado. Sin embargo, se ve obligado a utilizar los viejos técnicos. Pero el Estado, incluso en las mejores condiciones, por ejemplo en un país avanzado con un proletariado educado, sigue siendo una reliquia de la sociedad clasista, y con él está implícita la posibilidad de degeneración. Por ese motivo, los marxistas insisten en el control de las masas, para asegurar que el Estado no se desarrolla como una fuerza independiente. Tan rápidamente como sea posible debería disolverse en la sociedad. Por las razones explicadas más arriba, el Estado puede ganar cierta independencia de la base que representaba en un principio. Engels explicaba que a pesar de que la superestructura —Estado e ideología— depende de la base económica, sin embargo tiene un movimiento propio independiente. Durante un período bastante prolongado, puede haber un conflicto entre el Estado y la clase que éste Estado representa. Por ese motivo, Engels habla de que el Estado normalmente o en períodos típicos representa directamente a la clase dominante. Sólo se puede entender la sociedad clasista si se tiene en cuenta la interdependencia y antagonismos multifacéticos y dialécticos entre todos los factores dentro de ella.

Cuando estudiamos el desarrollo de la sociedad, hay que considerar a la economía como el factor dominante. La superestructura que se desarrolla sobre esta base económica se separa de ésta y se convierte en su antagonista. Al fin y al cabo, la esencia de la teoría marxista de la revolución es que los cambios graduales en la producción, llegados a cierto punto, entran en conflicto con la vieja forma de la superestructura tanto de la propiedad como del Estado. Según Marx: "De formas de desarrollo de las fuerzas productivas estas relaciones se convierten en sus frenos". Se desarrolla una contradicción profunda que sólo se puede resolver aboliendo la superestructura y reorganizando la sociedad sobre la base del nuevo modo de producción que se ha desarrollado dentro del viejo.

A largo plazo la economía y las relaciones de propiedad son decisivas, aunque no agotan la cuestión del carácter de clase del Estado, que en momentos diferentes se define de maneras diferentes. Debido a esto, tal y como todos los maestros marxistas se esforzaron en explicar, en última instancia la superestructura tiene que corresponderse con éstas. "Con el cambio del cimiento económico, toda la enorme superestructura se transforma más o menos rápidamente" en palabras de Marx. Si se abandona este criterio, se puede llegar a todo tipo de construcciones arbitrarias y superficiales. Uno se perdería inevitablemente en el laberinto de la historia, al igual que Perseo en la mitología de la antigua Grecia estaba perdido en el Palacio de Minos, pero sin un hilo para poder salir. El hilo de la historia es la estructura económica básica de la sociedad, o la forma de propiedad, que es su reflejo legal. En palabras de Engels: "Consideramos las condiciones económicas como las que en última instancia condicionan el desarrollo histórico". (MESW, Engels a W. Borgius in Breslau, Vol. 3, p. 502).

En 1793 los jacobinos franceses tomaron el poder. Tal como Marx y Engels señalaron, fueron más allá del marco de las relaciones burguesas y completaron en unos pocos meses lo que la burguesía hubiera tardado décadas conseguir: la limpieza de Francia de toda traza de feudalismo. Sin embargo este régimen permaneció enraizado en las formas de propiedad burguesas. A éste le siguió el Termidor francés y el gobierno del Directorio, seguido por la dictadura clásica de Napoleón Bonaparte. Napoleón reintrodujo muchas formas feudales, se coronó Emperador y concentró el poder supremo en sus manos. Sin embargo, todavía podemos clasificar este régimen como burgués. Con la restauración de Luís XVIII el régimen siguió siendo capitalista. Y después tuvimos no una sino dos revoluciones, 1830 y 1848. Estas revoluciones tuvieron consecuencias sociales importantes. Provocaron cambios significativos incluso en el personal del propio Estado. Sin embargo las calificamos a ambas como revoluciones políticas burguesas en las que no se dio ningún cambio en la clase que detentaba el poder: la burguesía.

Vayamos más allá. Después de la Comuna de París de 1871 y la sacudida a las relaciones sociales que ésta representó, tuvimos la organización de la Tercera República con una democracia burguesa que se prolongó por décadas. A esta le siguieron los regímenes de Petain y posteriormente De Gaulle, y después toda una serie de gobiernos hasta nuestros días. Consideremos por un momento la sorprendente diversidad de estos regímenes. Para alguien que no fuera marxista parecería absurdo definir en la misma categoría, por ejemplo, a los regímenes de Robespierre y el de De Gaulle o Chirac. Sin embargo los marxistas los definimos fundamentalmente de la misma manera: regímenes capitalistas. ¿Cuál es el criterio? Uno sólo: las formas de propiedad, la propiedad privada de los medios de producción. Tomemos, de manera similar, la diversidad de regímenes en tiempos más modernos para ver las diferencias extremas de superestructuras que corresponden a la misma base económica. Por ejemplo, comparemos el régimen de la Alemania nazi con el de la democracia parlamentaria británica. Son superestructuras tan fundamentalmente diferentes que muchos teóricos de la escuela no marxista o ex-marxista han considerado al fascismo como una nueva estructura de clases y un sistema de sociedad totalmente nuevo. ¿Por qué decimos que representan la misma clase y el mismo régimen? La respuesta es: a pesar de la diferencia en la superestructura, la base económica de estas sociedades sigue siendo la misma.



capítuloIV: El carácter de clase del estalinismo
apartado.- El Estado transicional después de Octubre