RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

III-Del Plan Quinquenal a las purgas

 

Frente Popular

A pesar de que los años 30 vieron la consolidación del poder personal de Stalin, el régimen burocrático no era estable. El bonapartismo, por su propia naturaleza, es un régimen de crisis social. Stalin se obsesionó con la seguridad interna y por lo tanto intentó establecer relaciones diplomáticas normales con las potencias capitalistas. Después de 1933, Stalin esperaba establecer relaciones diplomáticas más cercanas con la Alemania de Hitler. "Por supuesto que estamos muy lejos de ser entusiastas del régimen fascista en Alemania", declaró Stalin, "Pero aquí no se trata del fascismo, aunque sea solamente por el hecho de que el fascismo en Italia, por ejemplo, no ha impedido a la URSS establecer las mejores relaciones con ese país". Pero después de ser desairado por Hitler, y alarmado por el rápido rearme de Alemania, Stalin empezó a buscar otros aliados. Enseguida se unió a la Liga de Naciones, previamente denunciada por Lenin como una "cocina de ladrones". Para contrarrestar la amenaza militar, se urgió a la Comintern a promover la llamada política de "seguridad colectiva". Esto formaba parte de un cambio brusco de política anunciado en el 7º Congreso de la Internacional: la política de frente popular. En 1943, en un nuevo gesto hacia sus aliados imperialistas, Stalin disolvió completamente la Comintern.

La política de frente popular se basaba en alianzas entre partidos obreros y partidos burgueses. Esto era totalmente ajeno al método de Lenin y Marx, que siempre habían insistido en una política de independencia de clase. La concepción de que es posible llegar a un acuerdo entre la clase obrera y la llamada ala democrática de la burguesía es falsa hasta la médula. ¡Este tipo de "unidad" es como la unidad entre caballero y caballo! Pasa por alto el conflicto entre el trabajo asalariado y el capital. La política de los capitalistas, ya sean de corte liberal o conservador, siempre está dictada por sus intereses económicos. En tiempos de crisis, la burguesía puede tratar de apoyarse en los dirigentes obreros para mantener a los trabajadores bajo control, pero sólo para darles en los dientes cuando ya han servido a sus propósitos.

El frente popular era simplemente una mera resurrección de la vieja política "liberal-laborista" de colaboración de clases, criticada implacablemente por Marx y todavía más por Lenin, que combatió toda su vida contra las ilusiones en la burguesía liberal. Mientras que en ciertas condiciones pudiera ser aceptable conformar alianzas temporales con los liberales con objetivos prácticos, toda la historia del movimiento obrero demuestra que las lianzas programáticas acaban en desastre. En los escritos de Marx y Engels, y especialmente en los de Lenin, siempre se caracteriza a la burguesía liberal como una clase cobarde y reaccionaria, incapaz de llevar adelante las tareas de la revolución democrático-burguesa.

Ya Marx y Engels habían entendido y explicado el carácter contrarrevolucionario de la burguesía en 1948-49, en escritos como Revolución y contrarrevolución en Alemania. En 1906, en su libro Resultados y perspectivas, Trotsky señaló que la burguesía en países atrasados y semifeudales como la Rusia zarista había llegado a la escena de la Historia demasiado tarde para llevar adelante su misión histórica. Atada a los bancos por una parte y vinculada por miles de hilos a la clase terrateniente y al imperialismo por otra, era orgánicamente incapaz de luchar contra la monarquía y el feudalismo. Los capitalistas invertían en la tierra y los terratenientes en la industria. De esta manera formaban un bloque reaccionario contra el progreso. Independientemente de las diferencias que pudieran existir entre ellos (y los liberales rusos se enfrentaron con la autocracia frecuentemente, hasta 1905-06), siempre cerrarían filas cuando estuvieran amenazados por un movimiento revolucionario de obreros y campesinos. Lo esencial del argumento de Lenin era que la democracia en Rusia no la conseguirían los liberales, sino solamente la unidad revolucionaria del proletariado y los campesinos pobres contra los liberales, al igual que contra la autocracia. Esto quedó claro en 1905-06, cuando los liberales traicionaron la revolución y llegaron a un acuerdo con la autocracia a costa de los obreros y campesinos.

Incluso en el periodo en que Lenin no creía que pudiera haber una revolución socialista en Rusia antes que en Europa Occidental, siempre se opuso ferozmente a acuerdos o alianzas con la burguesía (excepto temporalmente sobre temas secundarios). La idea de cualquier tipo de bloque programático con los liberales era un anatema para él. Sabía que éstos iban a traicionar la lucha inevitablemente, un hecho que ha sido ampliamente corroborado no sólo por la experiencia de la Revolución Rusa, sino también por el papel de la burguesía nacional en la revolución colonial en todo el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. La idea de entrar en un gobierno de coalición con la burguesía liberal no era la política de Lenin, sino de los mencheviques. La oposición a esta política constituyó el punto central de diferencia entre bolchevismo y menchevismo desde 1904 en adelante, y alcanzó su expresión más clara con el Gobierno Provisional de 1917.

Este Gobierno Provisional era un ejemplo clásico de frente popular, en el que la clase dominante, a través de sus representantes de "izquierdas" (Kerensky), se apoya, a través de una coalición, en los dirigentes de las organizaciones obreras para poder descabezar la revolución. Detrás de la fachada del frente popular, la reacción reagrupa sus fuerzas y prepara un contragolpe, una vez que las masas hayan sido desmoralizadas por la experiencia del frente popular, que, dejando intacto el sistema básico de explotación, pasa de las reformas a las contrarreformas. Lenin sometió a los dirigentes mencheviques y eseristas a una crítica demoledora por haber entrado en el Gobierno Provisional, exigiendo la ruptura con los diez ministros capitalistas y la formación de un gobierno obrero independiente basado en los sóviets. Esta fue la base sobre la que se preparó la Revolución de Octubre.

En esencia, la política adoptada por la Comintern en 1935 fue, para citar a Trotsky, "una caricatura maliciosa del menchevismo". Los gobiernos de frente popular formados en Francia y España, supuestamente para impedir el peligro del fascismo, tuvieron el efecto contrario. En condiciones de crisis social y económica extrema, sólo el derrocamiento del capitalismo y los terratenientes y la transformación radical de la sociedad podía mostrar una salida. La alianza con la burguesía era una receta acabada para el desastre. En todos los casos, bajo la presión de los grandes monopolios y de sus aliados liberales, se atacaron los niveles de vida de los obreros, campesinos y capas medias. Las promesas de reforma se convirtieron rápidamente en su contrario, preparando el terreno para la reacción. El ejemplo más terrible fue lo que sucedió en España.



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