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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
III-Del Plan Quinquenal a las purgas |
La victoria de Hitler
Siguiendo instrucciones directas de Stalin y la Comintern, el Partido Comunista Alemán denunció la política de frente único defendida por la Oposición de Izquierdas como socialfascista y contrarrevolucionaria, e insistió en considerar a la socialdemocracia como el principal enemigo de la clase obrera y argumentó que no había ninguna diferencia entre la democracia y el fascismo. En septiembre de 1930, el órgano del Partido Comunista Alemán, el Rote Fahne, proclamó: "La pasado noche fue el día del señor Hitler, pero la llamada victoria electoral de los nazis es el principio del fin". Durante todos estos años, la Comintern siguió con esa política criminal. Incluso en mayo de 1932, el periódico comunista británico Daily Worker atacaba orgullosamente la política de los trotskistas en Alemania de esta manera: "Es significativo que Trotsky se haya pronunciado por un frente único entre los partidos comunista y socialdemócrata contra el fascismo. En un momento como el actual no se podía haber dado una dirección de clase más contrarrevolucionaria y obstruccionista". Mientras, Trotsky había escrito cuatro documentos y decenas de artículos y manifiestos, y en todas partes los trotskistas aprovechaban el menor resquicio para presionar a la Comintern para que cambiase su política. En vano. En enero de 1933, Hitler pudo tomar el poder sin ningún tipo de oposición en el país con la clase obrera más organizada y el Partido Comunista más grande fuera de la Unión Soviética. Por primera vez en la Historia, se permitía a la reacción tomar el poder sin ninguna resistencia por parte de los trabajadores.
Con esta traición, el Partido Comunista Alemán quedaba condenado. Pero la Comintern, lejos de reconocer la catástrofe, ratificó solemnemente la política del Partido Comunista Alemán y de la Internacional como perfectamente correctas. En lugar de reconocer el episodio como una importante derrota para los obreros alemanes, la Comintern lo declaró una victoria con la consigna "¡después de Hitler nos toca a nosotros!". La degeneración de los partidos de la Internacional Comunista había llegado hasta tal punto que no hubo ni un murmullo de protesta u oposición en sus filas. La única conclusión que cabía sacar, al igual que con la Segunda Internacional en 1914, era que la Tercera Internacional (Comunista) estaba muerta políticamente y ya no se podía considerar como un instrumento para la revolución socialista. En marzo de 1933, Trotsky cambió su perspectiva de reforma de los partidos comunistas y de la URSS: en vez de luchar por la reforma del Partido Comunista Alemán, ahora hizo una llamada a la construcción de un nuevo partido. En julio, Trotsky escribía:
"Con la impotencia cada vez mayor de la Comintern, con la parálisis de la vanguardia proletaria internacional y, en estas condiciones, con el avance inevitable del fascismo mundial, el triunfo de la contrarrevolución sería inevitable en la URSS. Naturalmente, los bolchevique-leninistas seguirán trabajando en la URSS pese a las condiciones imperantes. Pero lo único que puede salvar al Estado obrero será la intervención del movimiento revolucionario mundial. Nunca en la Historia las condiciones objetivas para esta regeneración han sido tan favorables como ahora. Lo que falta es el partido revolucionario. La camarilla estalinista sólo puede gobernar destruyendo el partido, tanto en la URSS como en el resto del mundo. Sólo se puede salir de este círculo vicioso rompiendo con la burocracia estalinista. Hay que construir un nuevo partido, bajo una bandera limpia". (Trotsky, Escritos 1933-34, pp. 26-7)
Una organización que no puede aprender de las lecciones de la Historia está condenada. Como fuerza para el socialismo mundial, la Internacional Comunista estaba muerta. La Oposición Internacional de Izquierdas rompió con ella y proclamó la necesidad de una nueva Internacional. Pero lo que estaba claro para la vanguardia que había abandonado el intento de reformar la Comintern no estaba claro para las masas. Sólo grandes acontecimientos podían enseñarles. Sobre la base de estos acontecimientos Trotsky llegó a la conclusión de que había que construir nuevos partidos y una Cuarta Internacional. Esta fue la tarea a la que se dedicó hasta su asesinato por un agente de Stalin en agosto de 1940.
En la Unión Soviética estaba claro que la burocracia se había independizado cada vez más de la clase obrera. Los últimos vestigios de control obrero habían sido eliminados. Stalin se había vanagloriado de que los "cuadros sólo podrían ser apartados mediante una guerra civil". La cantidad se había transformado en calidad. Esto llevó a Trotsky a la conclusión de que la contrarrevolución estalinista había alcanzado un nuevo punto de inflexión y que se necesitaba una revolución adicional (una revolución política) para desplazar a la burocracia y restablecer un régimen de auténtica democracia obrera.
"Luego de las experiencias de los últimos años sería infantil suponer que se puede eliminar a la burocracia estalinista a través de un congreso del partido o de los sóviets", escribía Trotsky. "En realidad, el último congreso del Partido Bolchevique, el duodécimo, tuvo lugar a comienzos de 1923. Todos los posteriores fueron mascaradas burocráticas. Y hoy hasta éstos quedaron descartados. No quedan caminos 'constitucionales' normales para eliminar a la camarilla dominante. Sólo por la fuerza se podrá obligar a la burocracia a dejar el poder en manos de la vanguardia proletaria". Y concluía diciendo: "De todos modos, no se tratará de una insurrección armada contra la dictadura del proletariado, sino de la extirpación de una maligna excrecencia de ésta". (Trotsky, Escritos 1933-34, pp. 179-80). La posición anterior de reforma del partido y del Estado soviético había quedado obsoleta. Este análisis iba a ser confirmado en breve por la experiencia sangrienta de las purgas.
La Internacional Comunista siguió aplicando esta falsa política hasta 1934. Cuando los fascistas en Francia, envalentonados por los éxitos del fascismo en Austria y en Alemania, organizaron manifestaciones armadas por derrocar al gobierno liberal y el parlamento, el Partido Comunista ordenó a sus militantes manifestarse con ellos. Pero ahora el peligro que Hitler representaba para la Unión Soviética era evidente para todo el mundo. Stalin y la burocracia estaban aterrorizados. Despreciando cínicamente la capacidad de la Comintern como instrumento de la revolución mundial, Stalin la convirtió más abiertamente en un instrumento de la política exterior rusa. En una sociedad clasista, una organización que deja de representar a la clase obrera cae inevitablemente bajo la presión e influencia de la burguesía. Stalin, en su búsqueda de aliados, se orientó a la burguesía de Gran Bretaña y Francia. La política de frente popular fue iniciada y aprobada en el que iba a ser el séptimo y último congreso de la Internacional, celebrado en 1935. Lenin había combatido toda su vida contra esta política de coalición con los capitalistas liberales. Representaba una nueva etapa en la degeneración de la Comintern y del primer Estado obrero del mundo.
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III:
Del plan Quinquenal a las purgas
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