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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
III-Del Plan Quinquenal a las purgas |
La política exterior soviética
"En todas partes llamamos a la revolución obrera mundial (...) Rusia será poderosa y abundante si abandona todo desánimo y fraseología, si, con los dientes apretados, reúne todas sus fuerzas y tensa todos los nervios y músculos, si se da cuenta de que la salvación sólo se encuentra en el camino de la revolución socialista mundial, de la que hemos dado el pistoletazo de salida" (Lenin, Obras Completas, vol. 27, pp. 160-1).
"Howard: ¿Acaso esta declaración suya quiere decir que la Unión Soviética ha abandonada en alguna medida sus planes e intenciones para efectuar una revolución mundial?
Stalin: Nunca tuvimos tales planes o intenciones.
Howard: Sin duda se dará cuenta, señor Stalin, de que el mundo durante mucho tiempo ha tenido una idea diferente.
Stalin: Eso es el resultado de un malentendido.
Howard: ¿Un malentendido trágico?
Stalin: No, cómico. O quizás tragicómico..."
Roy Howard y Stalin (entrevista Howard-Stalin, marzo-abril, Communist International, 1936)
"Fuerzas de derechas y de propaganda en los EEUU presentan nuestro interés en América Latina como una intención de provocar una serie de revoluciones socialistas allí. ¡Eso es una tontería! La manera en que nos hemos comportado durante décadas demuestra que no estamos planificando nada parecido". (Mijail Gorbachov, Perestroika - Un nuevo pensamiento para nuestro país y el mundo, pp. 187-8).
La política exterior es la continuación de la política interior. Cuando los bolcheviques llegaron al poder, toda su perspectiva se basaba en la revolución mundial. El tema clave era aguantar tanto como fuera posible mientras promovían la revolución socialista en el extranjero. El gobierno soviético publicó inmediatamente un decreto por una paz sin anexiones. Este llamamiento, en palabras de Lenin, "debe dirigirse tanto a los gobiernos como a los pueblos. No podemos dejar de lado a los gobiernos, porque eso alejaría la posibilidad de concertar la paz, y un gobierno del pueblo no puede exponerse a eso" (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 16), y añadía "Nuestra propuesta de armisticio tampoco debe tener carácter de ultimátum, pues no daremos a nuestros enemigos la posibilidad de ocultar la verdad entera a los pueblos, escudándose en nuestra intransigencia" (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 21).
Como consecuencia, la Revolución Rusa provocó una oleada de fervor revolucionario en las filas de la clase obrera de todo el mundo. Para las masas, cansadas de la guerra, desilusionadas y amargadas, fue un mensaje de esperanza, inspiración y coraje, mostrando un camino de salida del caos sangriento en el que el capitalismo había sumido la sociedad.
Pero la Rusia soviética estaba rodeada por potencias hostiles, y se vio obligada a firmar una paz humillante con el imperialismo alemán en Brest-Litovsk. Poco después, la república soviética se enfrentaba a la guerra civil y la intervención extranjera enviada para aplastarla. Sin embargo, en noviembre de 1918 estallaba la revolución en Alemania. El gobierno soviético recibió el siguiente mensaje: "Saludos de paz y libertad a todos. Berlín y los distritos colindantes están en manos del Comité de Diputados de Obreros y Soldados...". Tan pronto como las noticias de la revolución alemana llegaron a Rusia hubo manifestaciones espontáneas, descritas de esta manera por Karl Radek: "De todos los rincones de la ciudad salieron manifestaciones hacia el sóviet de Moscú... Decenas de miles de obreros estallaron en aplausos salvajes. Nunca he vuelto a ver nada igual. Obreros y soldados del Ejército Rojo desfilaron hasta tarde. Había llegado la revolución". (Karl Radek, The German Revolution and the Debate on Soviet Power, p. 35).
Lenin escribió a Trotsky y Sverdlov que "la revolución internacional se ha acercado tanto en una semana que hay que considerarla una cuestión de los próximos días (...) Estamos dispuestos a morir para ayudar a los obreros alemanes a avanzar en la revolución que ha empezado en Alemania. En conclusión: 1) Hay que hacer un esfuerzo diez veces mayor para asegurarnos el grano (vaciar todas las reservas para nosotros y para los obreros alemanes). 2) Multiplicar por diez los alistamientos en el ejército. En la primavera tenemos que tener un ejército de tres millones para ayudar a la revolución obrera internacional". (Lenin, Obras Completas, vol. 28, pp. 364-5). El colapso del imperialismo y del capitalismo fue señalado por revoluciones en Alemania, Austria, Hungría y por situaciones revolucionarias en Italia, Francia e incluso Gran Bretaña. Desgraciadamente, la revolución alemana fue descarrilada por los dirigentes socialdemócratas, que conspiraron con los junkers y los capitalistas para destruir la revolución y devolver el poder a los capitalistas. Fue una derrota sangrienta para los obreros alemanes, que vieron a dos de sus mejores representantes, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, asesinados. En Baviera y Hungría se proclamaron sendas repúblicas soviéticas, pero fueron derrotadas por la contrarrevolución. La socialdemocracia salvó al capitalismo. Las poderosas burocracias sindicales y socialistas se pusieron a la cabeza del levantamiento de las masas para desviarlo por canales inocuos.
Pero precisamente debido al colapso del socialismo de la Segunda Internacional, que había traicionado al marxismo, en marzo de 1919 se formó la Tercera Internacional, compuesta por grupos que apoyaban la revolución bolchevique. Sus objetivos e intenciones eran el derrocamiento del capitalismo mundial y la construcción de una cadena mundial de Repúblicas Socialistas Soviéticas unidas a la URSS, que no se concebía como una entidad independiente, sino simplemente como una base para la revolución mundial. La oleada revolucionaria que barrió Europa levantó enormes expectativas. El fantasma de la revolución recorría toda Europa. Las autobiografías y escritos de prácticamente todos los políticos capitalistas de ese momento reflejan la desesperación y la falta de confianza de la burguesía ante el desarrollo de la revolución. En Italia, en 1920, los obreros habían ocupado las fábricas. En lugar de dirigir a los obreros a la conquista del poder, el Partido Socialista les ordenó que abandonaran ese proceder "inconstitucional". La situación se repetía en toda Europa.
El fracaso de la revolución fuera de Rusia se debió principalmente a las traiciones de los viejos dirigentes y también a la debilidad de los partidos y grupos comunistas existentes. Sólo en 1920, después de la formación de la Tercera Internacional, surgieron partidos comunistas de masas en Alemania, Francia, Italia y Checoslovaquia, a través de escisiones y convulsiones en las organizaciones de masas tradicionales. Sin embargo, comparado con el ruso, esos partidos eran muy jóvenes e inexpertos, lo que llevó a errores trágicos en el periodo 1920-23. Muchos de estos recién formados partidos adolecían de ultraizquierdismo y sectarismo. En 1920, Lenin se vio obligado a plantear el tema de estas enfermedades "infantiles" en el 2º Congreso de la Comintern y escribió su obra El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo.
Las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, entre 1919 y 1922, son un conjunto de tácticas y estrategia para guiar al movimiento comunista. El éxito de la revolución mundial parecía asegurado por la marcha de los acontecimientos. Todo estaba en su lugar para la oleada revolucionaria que se estaba desencadenando. Sin embargo, las posiciones correctas de Lenin fueron socavadas por Zinoviev y Stalin. Sus métodos burocráticos tuvieron un efecto particularmente desastroso en Alemania, donde la dirección del Partido Comunista quedó desorientada tras el asesinato en 1919 de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Paul Levy fue el primero en ponerse a la dirección. Levy mostró toda una serie de tendencias oportunistas que fueron duramente criticadas por el ala ultraizquierdista del partido (Ruth Fischer y Arkady Maslow). Lenin y Trotsky también eran críticos con Levy, pero lo defendieron contra los "izquierdistas". Nunca siguieron la política de apartar burocráticamente a dirigentes, aunque cometieran errores. En una ocasión, Lenin advirtió a Bujarin: "Si quieres obediencia, obtendrás tontos obedientes". Preferían educar a la militancia a través de la explicación paciente, la discusión y la crítica amistosa.
Cuando, contra el consejo de Lenin, los "izquierdistas" finalmente apartaron a Levy y éste más tarde evolucionó hacia la derecha, Lenin comentó: "Bien, perdió la cabeza. Pero tenía una cabeza para perder". Pronto su escepticismo respecto a la nueva dirección "izquierdista" demostró ser correcto. En marzo de 1921, bajo la dirección de Fischer y Maslow, el inexperto Partido Comunista Alemán se embarcó en una insurrección mal preparada, sin apoyo de masas, que acabó en una grave derrota para los comunistas. La ofensiva revolucionaria de la llamada Acción de marzo llevó a la perdida de 200.000 afiliados y al aislamiento del partido. Como resultado de este desastre, Lenin y Trotsky tuvieron que abrir una dura lucha contra los ultraizquierdistas que defendían esa aventura, ya que si se permitía la continuación de semejantes actividades el movimiento comunista se habría roto. En lugar de la impaciencia y el aventurerismo, los comunistas necesitaban "explicar pacientemente" y ganar a la mayoría de la clase obrera para su causa. Siguiendo sus métodos habituales, Zinoviev hizo apartar a Fischer y Maslow y los sustituyó por los "derechistas" Brandler y Thalheimer. En lugar de intentar reeducar el partido y la dirección en el transcurso de la acción y la discusión común, estos métodos zinovievistas (maniobras utilizando el aparato para "resolver" las disputas internas del partido) tuvieron un efecto desmoralizador sobre sectores de la militancia y desorientaron a la dirección.
capítulo
III:
Del plan Quinquenal a las purgas
siguiente.-La Revolución Alemana de 1923