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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
III-Del Plan Quinquenal a las purgas |
El fin de la Comintern
En sus mejores días, la Internacional Comunista movilizaba por millones. Si dejamos de lado a los primeros cristianos que dirigieron a las masas oprimidas contra el Imperio Romano y al Islam que levantó a la nación árabe, éste fue el mayor movimiento revolucionario en la Historia de la humanidad. Lenin y Trotsky habían previsto que a la Revolución Rusa le seguiría una oleada de revoluciones que pondría fin al aislamiento del Estado obrero. Con este objetivo establecieron la Internacional Comunista. Sus cuatro primeros congresos fueron un compendio extraordinario de teoría revolucionaria, con el fin de educar a los partidos comunistas de Europa Occidental, EEUU y Asia, recién creados e inexpertos. Esos escritos siguen siendo hoy en día una mina rebosante de ideas y teoría marxista.
Si la Internacional Comunista se hubiera mantenido en esa línea, sin duda hubiera conseguido la victoria en uno o varios países, cambiando de esa manera la correlación de fuerzas. Pero la reacción estalinista representó un cambio decisivo no sólo en Rusia, sino en todos los partidos comunistas. Aquí vemos la superioridad del método marxista sobre el empirismo. Ya en 1928, en un momento en el que los dirigentes comunistas estaban realmente intentando actuar como una internacional marxista revolucionaria, Trotsky predijo que, si la Internacional adoptaba la teoría del socialismo en un solo país, eso sería inevitablemente el inicio de un proceso que sólo podía acabar con la degeneración nacional-reformista de todos los partidos comunistas del mundo. La predicción de Trotsky fue recibida con desprecio, pero ahora la Historia se ha tomado su cruel revancha. Setenta años más tarde, la poderosa Internacional Comunista ya no existe y los partidos comunistas de todo el mundo han degenerado hacia posiciones nacionalistas y reformistas, tal y como Trotsky predijo.
Este proceso no empezó ayer. Incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, bajo la influencia perniciosa de Stalin, los partidos de la Comitern se habían empapado de oportunismo de la peor especie. Los zigzags eran continuos: de la conciliación con los socialdemócratas a la locura ultraizquierdista del tercer periodo. Hoy, los dirigentes de los partidos comunistas no defienden ni una sola de las ideas básicas del marxismo-leninismo. Antes de la guerra, los partidos comunistas desarrollaron la alianza "antifascista" entre la Unión Soviética y las llamadas democracias occidentales. Bajo esta bandera, en 1936 traicionaron la revolución en España y en Francia, cuando la clase obrera hubiera podido tomar el poder. Siguiendo servilmente los dictados de la política exterior de Stalin, había que sacrificar la revolución en el altar de la "alianza".
Con el auge de Hitler, de nuevo como consecuencia de las políticas de Stalin, se incrementó todavía más el dominio de la burocracia en la URSS. La casta burocrática se elevaba cada vez más por encima de las masas soviéticas, aumentando su poder. Pero esa progresiva degeneración implicó cambios cualitativos. De no ser capaz de asegurar otra cosa que derrotas para la clase obrera mundial, el estalinismo empezó a oponerse a la revolución obrera en otros países. Los juicios de Moscú, el asesinato de los viejos bolcheviques, las purgas, el asesinato y el exilio de la flor y nata de los obreros comunistas rusos completaron la contrarrevolución estalinista en la Unión Soviética.
Los acontecimientos en Francia y en España estaban frescos en la conciencia de todos los revolucionarios. La Comintern jugó un papel decisivo a la hora de evitar la revolución. De hecho se destapó como la punta de lanza de la contrarrevolución. Las derrotas de la clase obrera llevaron inevitablemente a una nueva guerra. Irónicamente, la Segunda Guerra Mundial se precipitó por un acuerdo entre Hitler y Stalin. De esta manera, Stalin asestaba nuevos golpes a la clase obrera mundial y a la Comintern. En una nueva pirueta, lanzó una campaña por la paz que beneficiaba a Hitler, hábilmente disfrazada de política "revolucionaria". Como Trotsky anticipó al predecir el pacto Hitler-Stalin en un artículo escrito en marzo de 1939:
"El principal rasgo de la política internacional de Stalin en los recientes años ha sido éste: comercia con el movimiento obrero como si comerciase con petróleo, manganeso u otras mercancías". En esta frase no hay ni pizca de exageración. Stalin consideraba las secciones de la Comitern en los diferentes países y la lucha de liberación nacional de las naciones oprimidas como calderilla para sus pactos con las potencias imperialistas.
"Cuando requiere la ayuda de Francia, subordina al proletariado francés a la burguesía radical. Cuando tiene que apoyar a China frente a Japón, subordina al proletariado chino al Kuomintang. ¿Qué haría en el caso de un acuerdo con Hitler? Hitler, claro está, no necesita particularmente la ayuda de Stalin para estrangular al Partido Comunista Alemán. El papel secundario de éste está motivado por toda su política anterior. Pero es muy probable que Stalin acordaría suprimir toda ayuda financiera para el trabajo ilegal en Alemania. Esta es una de las más pequeñas concesiones que tendría que hacer, y estaría bastante deseoso de hacerla.
"Uno debería también asumir que la ruidosa, histérica y más aparente que real campaña contra el fascismo que la Comitern ha estado impulsando en los últimos años será diluida disimuladamente". (L. Trosky, Writings 1938-39, p. 202-3). Estas líneas proféticas fueron brillantemente confirmadas por el pacto Hitler-Stalin.
Después de cinco años de exigencias vociferantes de un pacto entre la Unión Soviética y las "democracias" occidentales, Stalin dio un giro de 180º y pactó con Hitler en el otoño 1939. Trotsky advirtió que esto prepararía el camino para importantes victorias del fascismo, al desorientar a los obreros de Gran Bretaña, Francia y otros países. El acuerdo precipitó la Segunda Guerra Mundial, que Stalin creía que podía evitar con ese truco diplomático de cambio de alianzas. Los partidos comunistas, como consecuencia, cambiaron su política de "seguridad colectiva" y empezaron a atacar a los "aliados traficantes de guerra". El periódico del PC británico, Daily Worker, por ejemplo, en la llamada guerra-farsa de 1939-40, estaba exigiendo una paz con las condiciones de Hitler. Incluso el ilegal Partido Comunista Alemán tenía esa misma postura. Después de la invasión alemana de Francia, el Partido Comunista Francés (PCF) envió una delegación a los alemanes pidiéndoles permiso para publicar su periódico, L´Humanité, legalmente bajo la ocupación nazi. Fueron fusilados. Sin embargo, en Noruega, también ocupada, se permitió al PC publicar legalmente su periódico durante algunos meses, pidiendo "paz", etc., a la par que se suprimían los periódicos socialdemócratas. Naturalmente, una vez hecho el trabajo sucio, fueron prohibidos, cuando Hitler preparaba su invasión de Rusia.
Esta política de Stalin y el "cadáver putrefacto" de la Comintern colapsó irreparablemente cuando los nazis invadieron la Unión Soviética en 1941. Después de esto, la línea política de la Internacional Comunista tuvo que efectuar un nuevo giro para convertirse otra vez en el felpudo de Roosvelt y el imperialismo británico, movilizando a los partidos comunistas para apoyar a las "democracias" en su "guerra contra el fascismo". El británico Daily Worker publicó un titular de dos pulgadas con las palabras: "El único alemán bueno es el alemán muerto". Pero con la creciente dependencia de Stalin del imperialismo americano y británico, se dio también una presión creciente por parte de los aliados imperialistas. Especialmente EEUU exigía la disolución de la Comintern, como última garantía contra el peligro de revolución social en Europa después de la caída de Hitler.
La deseada pretensión se materializó en 1943. Stalin disolvió la degenerada Comintern en un intento de ganarse la "buena voluntad" de los imperialistas. Esta política criminal no tuvo el efecto que Stalin quería. Los comunistas de base desplegaron una heroica resistencia en toda la Europa ocupada. Pero cuando los partidos comunistas tuvieron la posibilidad de tomar el poder en Francia, Italia, Bélgica, etc., en lugar de eso entraron en gobiernos de coalición. Después, cuando el capitalismo se sintió a salvo, fueron expulsados sin contemplaciones. Esto dio paso a la guerra fría, un periodo de tensiones y rivalidad entre el estalinismo y Occidente.
capítulo IV: El carácter
de clase del estalinismo
apartado.-La controversia sobre el carácter de clase de la URSS