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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
III-Del Plan Quinquenal a las purgas |
'La marca de Caín'
El horror de las purgas fue tal, que la clase obrera soviética quedó aturdida. Todos los viejos bolcheviques dirigentes, los compañeros de armas de Lenin, fueron acusados de haber sido agentes de la Gestapo. De esta manera, todos los vínculos vivos con Octubre se habían roto, lo que más adelante preparó el terreno para la reacción. Los dirigentes de los partidos comunistas del mundo jugaron un papel especialmente pernicioso. A pesar del carácter monstruoso de las acusaciones y la historia de los acusados, los dirigentes "comunistas" no perdieron el tiempo a la hora de condenar a los acusados y apoyar al verdugo. Estaban tan estalinizados que ni un sólo dirigente de los partidos comunistas del mundo habló contra los horrores de las purgas. Se habían convertido en obedientes lacayos de Moscú. La complicidad de estos dirigentes "comunistas" en los crímenes de Stalin es uno de los episodios más vergonzosos de la historia del movimiento obrero mundial. Participaron en todos y cada uno de los zigzags de la política de Moscú, justificando el asesinato de los viejos bolcheviques y alabando a Stalin, preparando así, y teniendo por tanto gran parte de responsabilidad en la catástrofe actual, el camino para el colapso de la URSS décadas más tarde.
Como manifestó el estalinista inglés Andrew Rothstein en un libro escrito cuando Stalin todavía vivía, "Los ciudadanos de la Unión Soviética sintieron la fuerza de su país, durante esos años, de una manera que no habían sentido nunca antes". Y seguía: "A finales de la primavera de 1936, una serie de detenciones de agentes nazis y conspiradores trotskistas reveló la existencia de una organización mucho más amplia -un comité central terrorista que incluía no sólo Zinoviev y Kámenev, sino también a varios destacados trotskistas. Las investigaciones preliminares y las pruebas presentadas en el juicio revelaron que, a través de alemanes que habían sido enviados a la URSS por el propio Trotsky, la organización estaba en contacto cercano con la Gestapo alemana. Zinoviev, Kámenev y sus asociados fueron sentenciados a muerte". (A. Rothstein, A History of the USSR, pp. 239-42).
En un libro publicado en 1939, otro miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña ridiculizó la idea de que se había utilizado tortura para extraer falsas confesiones. J. R. Campbell cita un pasaje de la transcripción oficial del juicio del trotskista y héroe de la guerra civil Muralov:
"Vychinski: '¿Fue usted maltratado?'
Muralov: 'Se me privó de mi libertad'.
Vychinski: '¿Pero quizás se utilizaron métodos bruscos contra usted?'
Muralov: 'No. No se utilizaron este tipo de medidas. Y tengo que decir que en Novosibirsk y aquí fui tratado decente y educadamente". (J. R. Campbell, El juicio del centro trotskista antisoviético, pp. 231-2).
Esto era en el periodo en que las medidas represivas de las cárceles de Stalin adquirieron su expresión más cruel. Con la sustitución de Yagoda por Yezhov a la cabeza de la GPU, por primera vez se permitió la tortura durante el interrogatorio. Sin embargo, Campbell escribía:
"Trotsky nos pide que creamos que uno de sus seguidores más destacados, un hombre que nunca hizo la paz con el Partido Comunista de la Unión Soviética, no sólo confesó crímenes de los que no era culpable, sino que también declaró falsamente que había sido tratado de la manera más educada". (Campbell, Soviet Policy and its Critics, p. 250).
En otra parte describe los comentarios de Trotsky sobre el caso de Muralov como "una hipótesis desde una celda acolchada". (Ibid., p. 252). Campbell dice: "Algunas de estas actividades fueron realizadas siguiendo instrucciones directas de los servicios secretos alemanes". (Ibid., p. 220). Y de nuevo: "Es desafortunado que esta gente estuviera en posiciones importantes, pero no que aquellos que eran traidores hayan sido ejecutados y los que eran degenerados e ineficaces, sustituidos. Los traidores trotskistas también creían en una purga, una purga posible sólo sobre la base de una victoria fascista (...) La purga es la respuesta final y aplastante a esta fantasía. Revela no el triunfo de la burocracia, sino el triunfo de la Democracia Socialista. Revela que el pueblo de la Unión Soviética está en contra de los cobardes, renegados y desertores". (Ibid., p. 236).
La pérfida acusación de que revolucionarios destacados colaboraron con Hitler para derrocar la Unión Soviética fue contestada decisivamente cuando se abrieron los archivos alemanes después de la guerra: "La enorme cantidad de material nuevo que ha surgido desde la derrota de Alemania en 1945 ha sacado a la luz algunas pruebas de conspiración entre la NKVD y la Gestapo, pero ninguna de contactos entre los alemanes y los oposicionistas. Finalmente, en los casos en que las pruebas presentadas en el juicio se referían a acontecimientos pasados, cualquiera que tenga acceso a las fuentes a disposición de un historiador puede demostrar fácilmente que esos acontecimientos fueron falsificados y distorsionados por la acusación". (L. Schapiro, The Communist Party of the Sóviet Union, p. 424, énfasis del autor).
El periódico del Partido Comunista británico, Daily Worker, publicó una serie de artículos exigiendo la ejecución de los acusados, con consignas como "¡Fusilad a los reptiles!". Durante la Segunda Guerra Mundial, el PC publicó un panfleto contra los trotskistas británicos con el título de "Los agentes secretos de Hitler". Incluso exigieron su ilegalización. Esto es sólo una muestra de los métodos gangsteriles habituales de los estalinistas en el movimiento obrero internacional de aquella época. Sin embargo, las acusaciones no tenían ningún fundamento en absoluto. Todas y cada una de las víctimas eran inocentes de los cargos de los que se les acusaba. Esto fue uno de los crímenes más viles cometidos en toda la Historia. Y los que lo perpetraron y aquellos que les aplaudieron desde la barrera llevarán para siempre la marca de Caín.
No se puede alegar ignorancia. Durante todo este periodo, León Trotsky y su hijo, León Sedov, publicaron una enorme cantidad de material demostrando de manera concluyente que las acusaciones eran falsas. Los dirigentes del PC tenían acceso a ese material. En uno de los juicios se puso gran énfasis en una supuesta reunión de Trotsky con uno de los acusados, que se suponía que había volado a Noruega. Trotsky demostró que ningún avión había aterrizado en el aeropuerto en cuestión en la fecha citada ni en ninguna fecha cercana. Había gran cantidad de contradicciones por el estilo. En 1937, una Comisión Internacional de Investigación imparcial, dirigida por el filósofo americano John Dewey, investigó las acusaciones que el Kremlin lanzaba contra León Trotsky y su hijo. Después de un análisis exhaustivo de las pruebas presentadas, la Comisión llegó a la conclusión de que los juicios de Moscú eran un montaje y que Trotsky y Sedov no eran culpables de 18 acusaciones concretas presentadas por el fiscal. En 1956, en la sesión secreta del 20º Congreso del PCUS, Kruschev reconoció que los juicios eran un montaje y que los fusilados eran inocentes de los crímenes que se les imputaban.
Kruschev intentó poner la responsabilidad de estos crímenes contra el socialismo en las espaldas de un hombre (Stalin), ¡como si un solo hombre pudiera ser responsable de un régimen tan monstruoso! Leopold Trepper, que llegó a ser el dirigente de la red de espionaje soviético en la Europa ocupada durante la Segunda Guerra Mundial, refuta esta idea. "¿Cómo pudieron aceptar que se condenara sin pruebas a sus camaradas de combate?", se pregunta Trepper. "Después del 20º Congreso del partido comunista celebrado en 1956, todos esos dirigentes fingieron quedar estupefactos. Según decían, el informe de Kruschev era para ellos una verdadera revelación. Pero, en realidad, habían sido cómplices conscientes de la liquidación de numerosos militantes e incluso miembros de sus propios partidos". Y continúa: "De aquel sombrío período he conservado unos recuerdos que aún no se han borrado de mi mente (...) el temor al mañana y la angustia de vivir quizás nuestras últimas horas de libertad determinaban nuestros actos. Y además el miedo, que se había convertido en nuestra segunda piel, nos incitaba a la prudencia, a la sumisión. Yo sabía que mis amigos habían sido detenidos y, no obstante, me callaba. ¿Por qué a ellos los habían detenido? ¿Y por qué no a mí? Aguardaba mi turno y me preparaba para aquél epílogo". (Leopold Trepper, El gran juego, p. 66-7).
A pesar de las revelaciones de Kruschev, se rehabilitó a muy pocas de las víctimas de las purgas. Con la llegada al poder de Gorbachov, se realizó algún progreso, como parte de la glasnost (apertura). En julio de 1987 se tomó la decisión de rehabilitar a Bujarin y Rykov, fusilados en 1938. En febrero de 1988, el Tribunal Supremo Soviético cambió la decisión de su Colegio Militar en el caso del bloque trotskista de derechas de 1938. Sin embargo se dejaron en suspenso los juicios de 1935, 1936 y 1937, al igual que otros juicios-farsa anteriores, de 1928 a 1932. Gorbachov tenía un claro interés en rehabilitar a Bujarin, ya que se había acercado a toda una serie de sus ideas, especialmente la necesidad de restaurar el mercado. Así, en noviembre de 1987, Gorbachov denunciaba a Trotsky como un "político astuto" y al trotskismo como "una corriente, cuyas ideologías (...) en esencia ocupaban posiciones capitalistas", mientras que "el centro político del Partido, encabezado por Stalin, defendió lealmente el leninismo en esta lucha ideológica" contra la oposición trotskista.
Aunque los juicios-purga quedaron al descubierto como un montaje, Trotsky no sólo no fue rehabilitado, sino que hubo nuevos intentos de demonizarlo. Esto demostró que la élite dominante todavía temía sus ideas, las ideas del auténtico bolchevismo-leninismo. Incluso en octubre de 1988, Pravda publicó un artículo sobre Trotsky con el título de El demonio de la revolución, en el que se acusaba a Trotsky de provocar la oleada de terror en la URSS con sus actividades propagandísticas fuera del país (!).
"Específicamente con relación a León Trotsky", dice Medvedev, "sus actividades y trágico destino requieren una evaluación política y legal cuidadosamente sopesada". Sin embargo, Medvedev afirma: "Trotsky nunca fue un espía de la Gestapo. Y tenemos que recordar que las sentencias de muerte dictadas contra Trotsky en los tres principales juicios de Moscú no se quedaron en papel mojado. El 'veredicto' fue llevado a la práctica en 1940 en México por un grupo de la NKVD 'para misiones especiales en el extranjero". (Medvedev, Que juzgue la Historia, pp. 18-9).
Daremos la última palabra a un hombre que, aunque nunca fue trotskista, estaba bien situado para juzgar lo que sucedió, a la luz de su propia vida trágica. Examinando su conciencia décadas más tarde, Leopold Trepper recordó su angustiosa experiencia en la universidad de Moscú en la época de las purgas:
"Yugoslavos, polacos, lituanos, checos, todos desaparecían. En 1937 ya no era posible encontrar ni siquiera a uno de los principales dirigentes del Partido Comunista Alemán, excepto Wilhelm Pieck y Walter Ulbricht. La locura represiva carecía de límites: la sección coreana estaba diezmada, los delegados indios habían desaparecido, los representantes del Partido Comunista Chino se hallaban encarcelados (...) Los fulgores de Octubre iban extinguiéndose en los corpúsculos carcelarios. La revolución degenerada había engendrado un sistema de terror y horror, en el que eran escarnecidos los ideales socialistas en nombre de un dogma fosilizado que los verdugos aun tenían la desfachatez de llamar marxismo.
"Y sin embargo, desgarrados pero dóciles, nos había seguido triturando el engranaje que habíamos puesto en marcha con nuestras propias manos. Cual ruedas del mecanismo, aterrorizados hasta el extravío, nos habíamos convertido en instrumentos de nuestra propia sumisión. Todos los que no se alzaron contra la máquina estalinista son responsables, colectivamente responsables. Tampoco yo me libro de este veredicto.
"Pero, ¿quién protestó en aquella época? ¿Quién se levantó para gritar su hastío?
"Los trotskistas pueden reivindicar ese honor. A semejanza de su líder, que pagó su obstinación con un pioletazo, los trotskistas combatieron totalmente el estalinismo, y fueron los únicos que lo hicieron. En la época de las grandes purgas, ya sólo podían gritar su rebeldía en las inmensidades heladas a las que los habían conducido para mejor exterminarlos. En los campos de concentración su conducta fue siempre digna e incluso ejemplar. Pero sus voces se perdieron en la tundra siberiana.
"Hoy día los trotskistas tienen el derecho de acusar a quienes antaño corearon los aullidos de muerte de los lobos. Que no olviden, sin embargo, que poseían sobre nosotros la inmensa ventaja de disponer de un sistema político coherente, susceptible de sustituir el estalinismo, y al que podían agarrarse en medio de la profunda miseria de la revolución traicionada. Los trotskistas no 'confesaban' porque sabían que sus confesiones no servirían ni al partido ni al socialismo". (Trepper, op. cit., pp. 67-8, énfasis del autor).
capítulo
III:
Del plan Quinquenal a las purgas
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