RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

III-Del Plan Quinquenal a las purgas

 

La masacre del Estado mayor

Cada asesinato tenía que ser tapado con otros diez. Los propios carniceros estalinistas Yagoda y Yezhov fueron purgados. Había que encontrar cabezas de turco por cada chapuza económica, y éstas eran inevitables sin el control democrático de los obreros. Cada día se presentaba a un nuevo grupo de funcionarios como contrarrevolucionarios a sueldo. En el baño de sangre perecían por igual obreros bolcheviques y burócratas de dedos ligeros. Figuras queridas, como el escritor Máximo Gorki, cuyos constantes alegatos a favor de víctimas de las purgas eran inconvenientes para Stalin, murieron misteriosamente. Más tarde hubo gente acusada de haberlo envenenado, con lo cual podemos suponer sin miedo a equivocarnos que su muerte no fue natural. La literatura (especialmente el drama en condiciones de analfabetismo masivo), que había jugado un importante papel en la comunicación de masas desde la revolución, fue brutalmente suprimida. Cualquiera que tuviera la más tenue conexión con Octubre fue liquidado, incluso algunos de los lugartenientes y cómplices de Stalin, como fue el caso de Ordzhonikidze.

Se potenciaron las denuncias e informadores, y todos los amigos o parientes de sospechosos de oposicionistas fueron encarcelados. En medio de la paranoia masiva, cualquier policía celoso encontraba tantas víctimas como podía fabricar, para evitar que le denunciasen a él. Se animaba a los niños a que denunciaran a sus padres. El general Petro Grigorienko recuerda como casi fue denunciado por su propia esposa. El alcance de la represión fue enorme. Nadie puede decir cuánta gente murió. Según una estimación, uno de cada cinco habitantes de Leningrado fue asesinado, encarcelado o enviado al exilio. En los juicios no se presentó una sola carta o documento auténticos, ni una sola prueba impecable. Las únicas "pruebas" eran las confesiones de los acusados, extraídas bajo tortura. Kámenev y Zinoviev, ya moralmente rotos por la capitulación, llegaron a pedir su propia ejecución porque se les había prometido que serían perdonados. Pero Stalin les traicionó y fueron los primeros en ser fusilados.

Ese tipo de métodos para destruir personas y obligarles a admitir los crímenes más espantosos, de los cuales eran totalmente inocentes, no se habían utilizado desde las cazas de brujas medievales y la Inquisición española. En su autobiografía, el antiguo general y disidente Petro G. Grigorienko detalla el tipo de torturas que se utilizaban sobre los que caían en manos de la GPU, basándose en el testimonio de su propio hermano:

"Habló de falsas acusaciones de sabotaje, terrorismo y espionaje, de las biografías que los 'enemigos' se veían obligados a escribir y las torturas que se utilizaban: apaleamientos, aplastamiento de dedos y órganos sexuales, quemaduras de cigarrillos en cara y cuerpo, obligar a permanecer de pie, luces cegadoras y sed".

Y de nuevo:

"La tortura de permanecer de pie consistía en obligar a un hombre a mantenerse en pie durante largo tiempo en una celda especial en la que no podía girarse ni cambiar de postura. Gradualmente, debido a la falta de aire y el cansancio, el prisionero perdería la consciencia y se hundiría. Entonces se le sacaría de la celda, se le reanimaría y se le encerraría de nuevo. Al estar de pie durante tanto tiempo, la circulación en sus piernas se interrumpía y se hinchaban por la sangre estancada. Este hombre tenía las piernas horriblemente hinchadas. Hablaba en un susurro. 'No estéis asustados de la gente que está aquí. Sé lo que estáis pensando: «Ellos son todos fascistas, enemigos del pueblo, y yo llegué aquí por accidente, por error»... Yo también lo pensé. Pero ahora lo sé: no hay enemigos aquí. Alguien nos está obligando a llamarnos a nosotros mismos «enemigos del pueblo»'. Le contó a Iván su interrogatorio. Era un ingeniero de la metalúrgica de Zaporozhe; subsiguientemente firmó una confesión diciendo que había estado planificando poner una bomba en la fábrica. Después de otro interrogatorio, el hombre le dijo a Iván: 'Todavía no te están torturando. Eso quiere decir que te podrían liberar. Te necesitan por algún motivo también. Si te dejan salir, intenta no olvidar nada de lo que has visto aquí". (P. G. Grigorenko, Memoirs, p. 96).

Los métodos que Stalin utilizó en los juicios, según el informe de Kruschev en el 20º Congreso, eran los siguientes: "Stalin personalmente llamaba al juez investigador, le daba instrucciones, le aconsejaba sobre los métodos de investigación que había que utilizar; esos métodos eran muy simples: golpear, golpear y golpear de nuevo". Y continuaba: "Las confesiones de culpabilidad de muchos de los detenidos y acusados fueron obtenidas con la ayuda de torturas crueles e inhumanas". En su informe al 22º Congreso, Kruschev se refiere a los métodos que se utilizaban para conseguir confesiones de los dirigentes del Ejército Rojo:

"Muchos excelentes comandantes y comisarios políticos del Ejército Rojo fueron destruidos. Hay compañeros entre los delegados presentes -no quiero dar sus nombres para no causarles dolor- que pasaron muchos años en la cárcel. Fueron 'convencidos', convencidos con ciertos métodos, de que eran espías alemanes, británicos o de otros países. Y algunos de ellos 'confesaron'. Incluso cuando se les decía que las acusaciones de espionaje contra ellos habían sido retiradas, insistieron en sus declaraciones previas ya que pensaban que sería mejor mantener sus declaraciones falsas para escapar a la tortura, para morir más rápidamente". (The Road to Communism. Report of the 22nd Congress CPSU, p. 113).

Las purgas, que afectaron a todos los niveles de la vida, causaron estragos en la medida en que se eliminaba a cuadros dirigentes del partido, oficiales del ejército, técnicos, estadísticos, planificadores, gerentes y trabajadores. Se desencadenó una histeria contra lo que Stalin denominó "enemigos del pueblo". Después de los éxitos iniciales de los planes quinquenales, se denominó al 17º Congreso del Partido, en enero de 1934, con el que Stalin pretendía consolidar su poder, Congreso de los Vencedores. Años más tarde, en su famoso "discurso secreto", Kruschev señaló que de los 1.966 delegados a ese congreso, ¡por lo menos 1.180 fueron más tarde acusados de crímenes contrarrevolucionarios! En palabras de Kruschev, Stalin "escogió el camino de la represión y de la aniquilación física".

Justo antes de la guerra, todo el Estado Mayor fue arrestado, y estrategas militares brillantes como Tujachevski, Yakir, Gamarnik, de los días de la guerra civil, fueron ejecutados por Stalin, que evidentemente temía la posibilidad de un golpe de Estado. Cientos de miles fueron fusilados y millones de personas enviadas a los campos de concentración, todos ellos condenados solemnemente por espías, saboteadores, asesinos y, lo peor de todo, "trotsko-fascistas".

Las purgas diezmaron al Ejército Rojo. Entre 1937 y 1938 se liquidó entre 20 y 35.000 oficiales del Ejército Rojo. El 90% de los generales y el 80% de todos los coroneles fueron asesinados por la GPU. Tres mariscales, 13 comandantes, 57 comandantes de cuerpo, 111 comandantes de división, 220 comandantes de brigada y todos los comandantes de los distritos militares fueron fusilados por los pelotones de ejecución de la GPU. El número de detenciones en este periodo incluye tres de los cinco mariscales; tres de los cuatro altos jefes del ejército; 60 de los 67 comandantes de cuerpo; 136 de 199 jefes de división; y 221 de los 397 jefes de brigada; los dos almirantes de primer rango y los dos almirantes de segundo rango de la flota; los seis almirantes de primer rango y nueve de los 15 de segundo; los 2 comisarios de primer rango de la flota, los 15 de segundo rango, 25 de los 28 comisarios de cuerpo, todos los comisarios de división y 34 de los 36 comisarios de brigada. También hubo pérdidas importantes entre los suboficiales y oficiales de campo.

De todo esto Roy Medvedev comenta:

"La verdad, aunque nos choque, fue muy sencilla. Nunca los mandos de ningún ejército sufrieron tanto en tiempo de guerra como en la paz sufrió el Ejército Rojo.

"Años enteros dedicados a formar los cuadros militares se redujeron a nada. La base del partido en las Fuerzas Armadas se vio drásticamente reducida. En 1940 la relación otoñal del inspector general de Infantería mostraba que entre los 225 jefes de regimiento que permanecían en activo durante el verano de aquel año, ninguno había salido de una academia militar, 25 habían completado su formación en una escuela militar y los 200 restantes habían realizado cursos para jóvenes tenientes. A comienzos de 1940, más del 70% de los comandantes de división, cerca del 70% de los jefes de regimiento y el 60% de los comisarios militares y jefes de las divisiones políticas hacía sólo un año que ocupaban sus puestos. Y todo esto ocurría precisamente antes de la guerra más cruel de la Historia". (Roy A. Medvedev, Que juzgue la Historia, p. 242).

Un número incontable de gente desapareció sin dejar rastro en las prisiones de la GPU, muertos por tortura o fusilados. De hecho, hubo mucha más gente que murió sin confesar que los que lo hicieron. Millones de personas perecieron en los campos de Stalin por hambre, frío o fusilados. La ración de comida en los campos se limitaba siempre a niveles de hambre, en algunos casos sólo 400 gramos de pan al día, y no todos los días. Con esas raciones se ponía a los prisioneros a trabajar en la construcción y la minería en las condiciones extremas del Ártico. Esta es una descripción de uno de los campos:

"No voy a repetir las cosas que he oído pero no he visto yo mismo. Sólo relataré cómo gente murió ante mis propios ojos, cada día, por docenas, se les 'enviaba a la colina', muriéndose en las tiendas, congelándose y apiñándose ante las estufas de acero, cayendo por hambre y frío, de disentería y malnutrición...

"La alta tasa de enfermedades y muerte en Adal se debía al hecho de que cuando llegó la gente de Vorkuta no sólo las tiendas no estaban preparadas -de tal manera que la gente pilló resfriados por dormir en el suelo congelado a cielo descubierto- sino que tampoco había comida y no había cocina, panadería ni casa de baños. Desesperada, la gente se precipitaba sobre patatas congeladas que se pudrían al aire libre. Al estar podridas provocaban disentería y diarrea a todos los que las comían, después de lo cual los más débiles empezaron a caer como moscas. Se hervía una especie de bacalao apestoso, una parte del cual se había congelado y otra se había congelado y deshelado de nuevo, en calderas sobre fuegos abiertos y después se servía directamente sobre las manos sucias de la gente. No había pan. En lugar de eso hervían unos terrones de pasta en las mismas calderas sobre fuegos abiertos. A cada persona se le daba uno, medio húmedo e hirviendo, y le tenía que durar todo el día. La gente medio muerta de hambre se lanzaba sobre ellos avariciosamente e inmediatamente se retorcín por el dolor de estómago". (George Saunders (editor) Samizdat: Memoirs of a Bolshevik-Leninist, p. 170.)

Incluso en estos sitios infernales, los trotskistas mantuvieron su organización y su fe revolucionaria. Tenían discusiones políticas e intentaban seguir los acontecimientos de la URSS y el mundo. Finalmente, bajo presiones intolerables, en octubre de 1936, se declararon en huelga de hambre, algo sin precedentes en los campos de trabajo.. En las barracas ocupadas por los trotskistas la huelga fue sólida al 100%. Incluso los ordenanzas se declararon en huelga. Unos mil prisioneros participaron en la huelga en las minas de Vorkuta, que duró más de cuatro meses y sólo terminó en marzo de 1937, cuando los huelguistas recibieron un cable del cuartel general de la GPU concediendo todas sus reivindicaciones. Pero, más tarde, el régimen carcelario empeoró. Finalmente, en marzo de 1938, los trotskistas de Vorkuta fueron llevados a la tundra en grupos y fusilados:

"Las ejecuciones en la tundra se prolongaron durante todo el mes de abril y parte de mayo. Normalmente, un día de cada dos o un día de cada tres, se llamaba de 30 a 40 prisioneros. Es necesario destacar que, cada vez, se incluía a algunos criminales comunes reincidentes.

"La GPU, con objeto de aterrorizar a los prisioneros, hacía pública de vez en cuando la lista de los fusilados por medio de la radio local. Habitualmente las emisiones empezaban así: 'Por agitación contrarrevolucionaria, sabotaje, bandidaje en los campos, negativa a trabajar, intentos de fuga, han sido fusilados los siguientes...' seguido de una lista de nombres de presos políticos mezclados con un grupo de criminales comunes.

"En cierta ocasión, un grupo de casi cien presos, compuesto mayoritariamente por trotskistas fue conducido fuera de los barracones para ser fusilados. Mientras marchaban, los condenados cantaban La Internacional, coreada por los cientos de prisioneros que se quedaban en el campo.

"A principios de mayo, un grupo de mujeres fueron fusiladas. Entre ellas se encontraba la comunista ucraniana Chumskaya, esposa de I. N. Smirnov, bolchevique desde 1898 y ex comisario del pueblo (la hija de Smirnov, Olga, una joven apolítica, apasionada por la música, había sido fusilada un año antes en Moscú); las esposas de Kosior, Melnais, etc. (...) Una de estas mujeres tenía que caminar con muletas. Cuando se ejecutaba a un preso, su esposa -también presa- era automáticamente condenada a la pena capital; y cuando se trataba de miembros conocidos de la Oposición, esta regla se aplicaba igualmente a todos sus hijos de más de 12 años de edad". (Ibid., pp. 215-6).



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