RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

III-Del Plan Quinquenal a las purgas

 

Familias aniquiladas

El abismo que separaba al estalinismo del bolchevismo era tan profundo, tan grande la necesidad de Stalin de eliminar todos los vestigios del pasado y todos los testigos, que la matanza se extendió mucho más allá de las filas de los oposicionistas activos. La larga y sangrienta pesadilla no sólo afectó a gente políticamente activa. Stalin hizo extensiva su venganza rencorosa a las familias de sus víctimas, sus esposas, hijos y nietos, e incluso a sus vecinos. Los hijos de los oposicionistas detenidos eran enviados a orfanatos especiales, donde muchos desaparecieron. En los campos de concentración no se permitía a los prisioneros tener fotografías de sus hijos. El hijo de la mujer de Bujarin, Anna Larina, fue apartado de su madre cuando sólo tenía un año y no se le permitió verla de nuevo hasta 20 años después. Su supervivencia y el reencuentro con su hijo fue una excepción.

Sverdlov escapó al verdugo al morir de muerte natural en 1919, pero su hermano fue asesinado. Sergo Ordzhonikidze había sido durante años un cercano colaborador de Stalin, pero a pesar de ser un aliado del secretario general estaba horrorizado por las purgas y trató de proteger a alguna de las víctimas. Empujado por Stalin, se suicidó en 1937: "Un hermano mayor de éste, Papulia, fue encarcelado y ejecutado después de indecibles torturas; luego se mandó a Sergo un acta falsificada. Varios de sus amigos y conocidos fueron fusilados, mientras que algunos de los principales funcionarios de la industria pesada nombrados por Ordzhonikidze fueron detenidos. Stalin le mandó una serie de falsas declaraciones de los arrestados, obtenidas mediante torturas, con el comentario: 'Camarada Sergo, mira lo que se dice de ti". (Roy A. Medvedev, Que juzgue la Historia, p. 221). Ordzhonikidze sabía demasiado sobre Stalin. Al igual que otras víctimas, su crimen era el recuerdo del pasado. Muchos otros estalinistas perecieron por la misma razón.

En toda la historia del movimiento obrero internacional, no hay nada parecido a la persecución que sufrieron Trotsky y sus seguidores. Toda la familia de Trotsky fue aniquilada en este terror asesino. Sus dos yernos, Platón Volkov y Nevilson, fueron detenidos por oposicionistas en los años 20. Después de la deportación de Trotsky a Alma-Ata, se privó a sus dos hijas, Nina y Zinaida, de toda ayuda, aunque Nina estaba gravemente enferma de tuberculosis. La persecución de su padre y el encarcelamiento de su marido precipitaron su muerte, a la edad de 26 años, en junio de 1928. Los maridos de Nina y Zinaida fueron fusilados más tarde. La primera mujer de Trotsky, Alejandra Sokolovskaya, se hizo cargo de la hija de Nina, Volina, nacida en 1925. Pero cuando Sokolovskaya fue detenida, la criatura fue tomada en custodia y desapareció sin dejar rastro. La hija mayor de Trotsky, Zinaida, que también estaba enferma de tuberculosis y profundamente deprimida por la detención de su marido y la muerte de su hermana, pidió permiso para reunirse con su padre en Prinkipo, junto a su hijo pequeño, Esteban Volkov, que estaba enfermo. Se le concedió pero, estando fuera del país, el gobierno de Stalin le retiró traicioneramente la ciudadanía, privándola de cualquier perspectiva de volver a ver nunca más a su marido y a su hija, lo que acabó por desequilibrar la mente de esta infeliz mujer que ya estaba en tratamiento por depresión profunda. Zinaida se suicidó.

El destino de su madre, Sokolovskaya, fue especialmente trágico. A pesar de todo el sufrimiento y la adversidad, se mantuvo firme en su actividad revolucionaria y pagó el precio. Exiliada a Siberia en 1935, donde la esperanza media de vida era de 2 a 3 años, murió habiendo perdido no sólo a sus hijos, sino también sus nietos. La hija de Zinaida, Alejandra, a la que había dejado en la URSS, fue enviada a un campo de concentración tan pronto como tuvo la suficiente edad. Milagrosamente, Alejandra sobrevivió muchos años en los campos, aunque con su salud minada, y murió en 1989. Solo queda Esteban Volkov, que vive en México, después de haber sobrevivido a un intento de asesinato. El hijo mayor de Trotsky, León Sedov, que jugó un papel crucial en la Oposición de Izquierdas Internacional, fue asesinado por agentes de Stalin en París, mientras se recuperaba de una operación, en febrero de 1938, en vísperas del juicio de Bujarin. Pero el golpe más duro para Trotsky fue la detención de su hijo menor, Serguei, que no era un activista político y se quedó en la URSS cuando su padre fue al exilio. Se negó a condenar a su padre y fue fusilado en 1937, aunque nadie lo supo en aquel entonces.

Trotsky tenía dos hermanas, una murió de muerte natural en 1924. La otra, Olga Kamenova, la esposa de Kámenev, primero fue exiliada después de la detención de su esposo, detenida de nuevo en 1935 y enviada a prisión y luego a un campo de concentración. Junto a miles de otros oposicionistas fue fusilada por órdenes de Stalin en 1941. La persecución de la familia Trotsky no se detuvo aquí. Sus sobrinos, Boris Bronstein y Yuri y Alexander Kámenev, fueron fusilados. Su hermano mayor, Alexander, fue otra de las víctimas de Stalin. La reciente biografía de Trotsky de Dimitri Volgokonov está escrita desde un punto de vista abiertamente antirrevolucionario y en general carece de mucho valor. Sin embargo, Volgokonov tuvo acceso a materiales de los archivos de la KGB y a otras fuentes no disponibles anteriormente que sirven para confirmar todo lo que Trotsky y la Oposición de Izquierdas escribieron sobre las purgas. Vale la pena citar lo que dice:

"El hermano mayor de Trotsky, Alexander, trabajó durante los años 20 y 30 como agrónomo en el molino de azúcar de Novokislyaevsk en la provincia de Voronezh. Tal y como me dijo un habitante del distrito, A. K. Mironov, Alexander era un experto educado que se había ganado el respeto de los aldeanos. Aparentemente viajaba en un faetón tirado por dos hermosos caballos. Cuando empezaron los ataques contra Trotsky, Alexander fue expulsado del partido, exiliado y se le obligó a repudiar públicamente a su hermano. Experimentó un cambio muy marcado, replegándose sobre sí mismo como si le pesase la conciencia. Sin embargo, el retractarse no le ayudó, y en el verano de 1936 fue súbitamente detenido por la noche y fusilado al año siguiente en la prisión de Kursk como 'trotskista activo y no desarmado'. La larga mano de Stalin les había alcanzado a todos, excepto a los principales objetivos: su mujer y sus dos hijos.

"Después de las muertes de Nina y Zina había un temor real por la seguridad de los hijos de Trotsky, especialmente Serguei. Él no quería dejar el país con su padre, prefiriendo dedicarse a sus actividades científicas. Sin interés por la política, Serguei primero había querido ser artista de circo, pero después se interesó por la tecnología, acabando la Politécnica, donde se convirtió en profesor antes de los 30 años. Se caso dos veces y la hija de su segundo matrimonio, Julia, sigue viva en los EEUU. Su primera esposa, Olga Grebner, una mujer mayor inteligente y vivaracha cuando hablé con ella en 1989, soportó los campos estalinistas y el exilio. Recordaba a Serguei sólo de manera parcial: había sido un muchacho travieso y un hombre divertido y con talento. Claramente, en la familia era el chico mayor, Lev, el favorito. Olga y Serguei se habían casado cuando él tenía 20 años y ella 19.

"Cuando la familia fue expulsada del Kremlin hacia la calle Granovsky", recordaba ella, "no teníamos ningún sitio dónde vivir. Nos refugiábamos en cualquier esquina que podíamos encontrar. Lev Davidovich era siempre hospitalario. Yo estaba especialmente impresionada por sus ojos azules, vivaces e inteligentes. Exteriormente, Natalia Ivanovna no era una mujer interesante. Era baja, gorda y poco atractiva. Pero estaba claro lo mucho que representaban el uno para el otro. Como dije, Serguei tenía talento, lograba cualquier cosa que se propusiese. Cuando deportaron a Trotsky, Natalia Ivanovna me dijo: 'Cuida a Seryosha'. A él lo detuvieron el 4 de marzo de 1935. Parecía una tragedia. Llegaron cinco de ellos. El registro se prolongó durante horas. Se llevaron los libros de Serguei y un retrato de su padre. Se llevaron a mi marido a la Lubyanka. Estuvo allí unos dos o tres meses. Le dijeron las acusaciones: espionaje, ayudar e instigar a su padre y sabotaje. En cualquier caso, lo enviaron a Siberia. Estaba condenado".

En enero de 1937, Pravda publicó un artículo con el título 'Serguei Sedov, el hijo de Trotsky intenta envenenar a trabajadores con un escape de gas. En una reunión en la metalurgia de Krasnoyarsk, un encargado llamado Levedev declaró: 'Tenemos trabajando aquí como ingeniero al hijo de Trotsky, Serguei Sedov. Este digno descendiente de un padre que se ha vendido al fascismo intentó envenenar a gran cantidad de obreros de esta fábrica con gas'. La reunión también discutió sobre el sobrino de Zinoviev, Saks, y el gerente de la fábrica, Subbotin, que supuestamente protegía a ambos. Los tres fueron condenados. "Enseguida condenaron a Serguei", recordaba Olga Grebner. "Durante aquel verano recibí una postal que de alguna manera había conseguido enviarme. Decía: 'Me llevan al norte. Por mucho tiempo. Adiós. Un abrazo.' Hubo rumores de que había sido fusilado en 1941 en alguna parte de Kolyma, pero Olga Grebner no estaba segura. De hecho, había sido ejecutado el 29 de octubre de 1937". (D. Volkogonov, Trotsky, pp. 354-5).


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