RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

III-Del Plan Quinquenal a las purgas

 

El exterminio de los viejos bolcheviques

"¡Te damos las gracias, Stalin!
¡Dieciséis bribones,
Dieciséis carniceros de la Patria
Se han reunido con sus antepasados!

Hoy el cielo es azul
¡Tú nos has compensado por las tristezas de muchos años!

¿Pero por qué sólo dieciséis?
Danos cuarenta,
Danos cientos,
Miles;
Haz un puente sobre el río Moscú.
Un puente sin torres ni arcos,
Un puente de carroña soviética-
¡Y añade tu carcasa a las demás!"

Estas líneas fueron publicadas el 29 de agosto de 1938 en el Vozrozhdenye, el periódico parisino de los guardias blancos, siguiendo al anuncio de las ejecuciones después del primer juicio. Los enemigos de Octubre tenían buenas razones para regocijarse. Todos los principales acusados en los juicios eran compañeros cercanos de Lenin antes, durante y después de la Revolución de Octubre. Los acusados lo habían sido inicialmente de intento de restauración del capitalismo en Rusia, acusación que fue abandonada en el juicio de 1936 y sustituida por "ansia de poder" y organización de un plan terrorista para exterminar a Stalin y a otros dirigentes soviéticos.

Una de las calumnias más sucias que ahora se lanzan contra Lenin y Trotsky es que las purgas de Stalin fueron sólo la continuación del Terror Rojo organizado por los bolcheviques después de la Revolución. Aparte del hecho de que es imposible comparar los métodos monstruosos que utilizó Stalin con los que utilizó el gobierno obrero asediado para defenderse contra enemigos potentes y despiadados, este argumento pasa por alto la cuestión más importante: ¿contra quién se utilizó el terror rojo y por qué motivo? De la misma manera hipócrita, los fariseos se echan las manos a la cabeza con horror ante el Terror en la Revolución Francesa. Pero, desgraciadamente, la Historia demuestra que una clase o casta dominante normalmente no abandona su poder y privilegios sin luchar.

Desde un punto de vista revolucionario es imposible considerar la violencia en abstracto. Por supuesto que cualquier persona en su sano juicio aborrece la violencia e intentará evitarla. Pero cuando uno es atacado y corre el peligro de ser asesinado, la mayoría de la gente luchará para defenderse. El Terror revolucionario, tanto en Francia como en Rusia, era la respuesta a la violencia de la reacción. Sin las medidas más decididas de autodefensa, en ambos casos la revolución hubiese sido ahogada en sangre. ¿Cómo se pueden condenar seriamente tales medidas de autodefensa de la revolución contra los que quieren destruirla? La situación es totalmente diferente en el caso de la violencia de la reacción. Después del termidor, se utilizó una violencia terrible contra los jacobinos, pero de ésta casi no se habla. Los fariseos enmudecen o nos dan lecciones hipócritas de moralidad sobre "la revolución devorando a sus propios hijos" y demás. Pero la violencia de la Revolución Francesa en su periodo ascendente estaba dirigida contra la contrarrevolución: aristócratas, curas, especuladores y gente de esa calaña. El terror termidoriano y bonapartista se dirigía contra los revolucionarios. Hay una diferencia cualitativa entre ambos. El que no la vea, no entiende nada.

En 1922, los dirigentes eseristas fueron juzgados acusados de actos de terrorismo contra los dirigentes del Estado soviético, pero nada en común hay entre aquellos procesos y las falsas acusaciones de Stalin. La primera diferencia es que los eseristas eran culpables de los crímenes de los que se les acusaba. No sólo los confesaron, sino que proclamaban orgullosamente sus acciones. Eso no es sorprendente. A diferencia de los marxistas rusos, que siempre se opusieron implacablemente al terrorismo individual, los eseristas (de derechas y de izquierdas) eran herederos de las tradiciones del partido Narodnaya Volya, que había adoptado abiertamente el método del terrorismo. No había la menor duda de que eran responsables de los asesinatos de dirigentes bolcheviques, como Uritsky y Volodarsky, y del intento de asesinato de Lenin. No tuvieron que ser obligados a confesar, ya que consideraban que sus acciones eran correctas y legítimas. En los tiempos del Zar, a menudo se entregaban ellos mismos a las autoridades después de cometer un asesinato. Había todavía otra diferencia fundamental. No sólo se permitió a los dirigentes eseristas tener una defensa legal, sino que pudieron utilizar a abogados extranjeros, entre ellos el dirigente socialdemócrata belga Emile Vandervelde, que era un abogado de renombre. Los crímenes eran castigados con la pensa de muerte, pero se suspendieron las sentencias. Ninguno de los acusados fue ejecutado (aunque algunos fueron fusilados más tarde por Stalin). No se les exigió renunciar a sus puntos de vista y mucho menos calumniarse a sí mismos ante el tribunal.

En los juicios de Stalin las cosas eran diferentes. Se obligaba a los acusados a confesar los crímenes más monstruosos, que nunca habían cometido, y antes de entregarlos al verdugo tenían que arrojarse basura sobre sí mismos. Sólo uno de los acusados, Krestinski, intentó repudiar su confesión en el tribunal. Fue enviado de nuevo a los torturadores de la GPU y cuando volvió, al cabo de 24 horas, lo confesó todo. Bujarin intentó escapar de las acusaciones más atroces, como la idea fantástica de que había intentado asesinar a Lenin. Fue ayudado por un eserista, Boris Kamkov, que cuando fue llamado como testigo de la acusación se negó a justificar la acusación. Indudablemente pagó un precio terrible por este desafío. Bujarin dejó su defensa para la posteridad, haciendo que su mujer, Anna Larina, se aprendiese de memoria su última carta para transmitirla a futuras generaciones. Ella la repitió cada día durante 20 años, "como una plegaria", en los campos de concentración de Stalin, a los que sobrevivió por un milagro.

En esta carta, Bujarin señala la diferencia fundamental entre la vieja Cheka revolucionaria de Dzerzhinsky y la GPU de Stalin:

"A UNA FUTURA GENERACION DE DIRIGENTES DEL PARTIDO"

"Dejo la vida. Inclino la cabeza, pero no ante la guadaña proletaria, que es correctamente despiadada pero también casta. En lugar de eso, soy impotente ante una maquinaria infernal que parece utilizar métodos medievales, pero que posee un poder gigantesco, fabrica calumnias, actúa decididamente y con confianza.

"Dzerzhinsky [el dirigente de la policía secreta, o Cheka, bajo Lenin] ya no existe; las maravillosas tradiciones de la Cheka han ido quedando gradualmente en el pasado, esas tradiciones por las cuales la idea revolucionaria gobernaba todas sus acciones, justificaba la crueldad contra los enemigos, salvaguardaba al Estado contra cualquier contrarrevolución. Por esta razón los organismos de la Cheka se ganaron una confianza especial, un honor especial, una autoridad y un respeto. Ahora, los llamados organismos de la GPU son principalmente una organización degenerada de funcionarios sin principios, disolutos y bien cuidados que, gozando de la autoridad previa de la Cheka, buscando satisfacer la suspicacia patológica de Stalin (temo decir más), persiguiendo rango y gloria, llevan a cabo sus actos obscenos sin entender que simultáneamente se están destruyendo a ellos mismos: ¡la Historia no tolera testigo de actos sucios!

"Estos organismos que 'funcionan de maravilla' pueden hacer trizas a cualquier miembro del Comité Central, a cualquier miembro del partido, convertirlo en polvo, transformarlo en un terrorista traidor, saboteador, espía. Si Stalin dudara de sí mismo, instantáneamente tendría una confirmación.

"Nubes de tormenta se agitan por encima del Partido. Mi muerte, culpable de nada, por sí sola implicará a otros miles de inocentes. Porque, después de todo, hay que crear una organización, una organización bujarinista que en realidad no sólo no existe ahora, cuando llevo ya siete años sin una sombra de desacuerdo con el Partido, sino que no existió entonces, en los años de la Oposición de Derechas. Nunca supe nada de organizaciones secretas en Ryutin y Uglanov. Junto a Rykov y Tomski, expuse mis puntos de vista abiertamente.

"Desde los 18 años he estado en el Partido, y el objetivo de mi vida siempre ha sido la lucha por los intereses de la clase obrera, por la victoria del socialismo. Estos días el periódico con el nombre sagrado, Pravda, imprime la mentira más despreciable, que yo, Nicolás Bujarin, quería destruir la conquista de Octubre para restaurar el capitalismo. Esta es una obscenidad sin precedentes. Es una mentira cuya obscenidad sólo puede ser comparada con la historia de que [el zar] Nicolás Romanov dedicó su vida a la lucha contra el capitalismo y la monarquía, a la lucha por el triunfo de la revolución proletaria". (Citado en Anna Larina, This I cannot forget, p. 343-4).

Recordemos al leer estas líneas que Lenin había descrito al hombre que las escribió como "el favorito del Partido" y uno de sus principales teóricos. Es cierto que Bujarin cometió muchos errores, algunos de ellos graves, pero era un revolucionario honesto, a diferencia de los que lo asesinaron. El principal objetivo de las purgas era trazar una línea de sangre entre la burocracia y las auténticas tradiciones del marxismo y el leninismo. Era necesario romper el nudo de la Historia, destruir totalmente las tradiciones de la democracia obrera y el internacionalismo, no dejar nada que pudiera recordar a las futuras generaciones el auténtico significado de Octubre. Así, no bastaba con torturar y asesinar a los viejos bolcheviques. Tenían que cubrirse de lodo ellos mismos, renunciar públicamente a sus crímenes y cantar loas a Stalin. Zinoviev, Kámenev, Bujarin, Rykov, Rakovski y muchos otros revolucionarios confesaron haber sido agentes imperialistas toda la vida. Su acusador, el fiscal general Vychinski, era un antiguo abogado menchevique que había colaborado con la contrarrevolución blanca.

Prácticamente toda la vieja guardia bolchevique fue exterminada. Entre las víctimas estaba A. V. Shotman, un viejo miembro del partido que se encargó de proteger la vida de Lenin cuando se vio obligado a pasar a la clandestinidad después de las Jornadas de Julio de 1917. En 1918, Lenin escribió: "Shotman es un viejo camarada del Partido al que conozco muy bien. Merece confianza absoluta". Sin embargo fue detenido y murió en 1939. Muchos comunistas extranjeros también murieron. Fritz Platten, el revolucionario suizo que había colaborado con Lenin y organizado el famoso tren sellado que le llevó de Suiza a Rusia en 1917 y que había sobrevivido a las prisiones zaristas, alemanas y rumanas, murió en uno de los campos de Stalin. Toda la dirección del Partido Comunista Polaco fue liquidada, incluyendo a I. S. Ganetsky, al que Lenin había recomendado personalmente para la militancia en el partido ruso.

Las purgas en la práctica liquidaron lo que quedaba del Partido Comunista Soviético. Entre 1939 y 1952 no se celebró ni un solo congreso del Partido, aunque incluso durante el periodo más difícil de la guerra civil este organismo supremo se había reunido anualmente. A principios de 1939, de los 139 miembros del Comité Central elegido en el 17º Congreso, en el que Stalin celebró su victoria sobre la Oposición, 110 habían sido detenidos. Del Comité Central del Partido Bolchevique de Octubre de 1917, sólo dos sobrevivieron: Alejandra Kollontai, que fue enviada como embajadora a Suecia, y el propio Stalin. De toda la militancia del partido, sólo quedaron unos pocos protegidos de Stalin, cuidadosamente elegidos, y sus matones: los Molotovs, Kaganovitchs, Mikoyans y Voroshilovs.

Se reescribió la historia del partido. La tristemente famosa Historia del PCUS (Bolchevique) Curso Breve la redujo a una serie de mentiras y leyendas, diseñadas para glorificar a Stalin. Los Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed, que había sido alabado por Lenin como una versión veraz de la Revolución, fue prohibido. No sólo se borró el nombre de Trotsky y se eliminó su imagen de las fotos, sino que incluso figuras como Krasin, Noguin, Chicherin y Lunacharski fueron borradas. Finalmente, se completó la transformación del partido de la vanguardia de los obreros revolucionarios en una palanca del aparato burocrático. Ésta es la respuesta definitiva a todos los calumniadores de Lenin y Trotsky. Aquellos que intentan demostrar que el bolchevismo y el estalinismo son el mismo fenómeno todavía tienen que explicar como puede ser que, para poder triunfar, el régimen totalitario burocrático se viera obligado a aniquilar al Partido Bolchevique, arrancar de raíz cualquier vestigio de leninismo, reescribir la Historia y enterrar las viejas tradiciones de democracia obrera e internacionalismo bajo una montaña de cadáveres.

Si Stalin y Lenin fueran iguales, ¿no hubiese sido posible llegar a un compromiso? Esto no sólo hubiera sido racional, sino mucho más económico. Los enemigos de Octubre no tienen respuesta a esta pregunta, excepto los rancios clichés de costumbre sobre "revoluciones devorando a sus hijos" que no explican nada en absoluto. Sin embargo la respuesta es clara e innegable para cualquier observador auténticamente objetivo: el bolchevismo y el estalinismo son tan incompatibles como revolución y contrarrevolución. Para los que son incapaces de distinguir entre ambas, realmente no tenemos nada más que decir.



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